Los “muertos de De la Rúa” y el sesgo peronista
La ley enda peronista ha construido un De la Rúa autista, listo para reprim ir al pueblo e insensible a sus reclam os y a los de la oposición. Pero lo cierto es que, m ás allá de sus dudosas cualidades de líder, De la Rúa nunca fue un autoritario ni un autista sino un hom bre acorralado que estaba dispuesto a entregar los principales resortes del poder con tal de m antener la continuidad dem ocrática. Por eso propuso lo que era im prescindible en esos m om entos: un gobierno de unidad nacional ante la crisis.
Así lo dem uestra su últim o discurso, pocas horas antes de su renuncia, donde le ofreció todo al peronism o m enos, com o correspondía, avalar la ruptura del orden institucional 27 ; por ej em plo, “m odificaciones en el sistem a m onetario” y “m ay or liquidez” (léase: salida de la Convertibilidad), un program a productivo y un seguro de desem pleo. Es decir, exactam ente lo que proponía el Partido Populista devaluacionista prom ovido por lo peorcito de la UIA y liderado por el peronism o con la com plicidad de m uchos radicales.
Finalm ente, dem ostrando perfecta conciencia del rol de atizador de incendios que estaba j ugando el peronism o, De la Rúa convocó al incendiario a apagar el incendio: “He ofrecido al j usticialism o, que triunfó en las elecciones del 14 de octubre y tiene m ay oría en am bas cám aras, que participe en un gobierno de unidad nacional. Los convoco con toda am plitud y generosidad para que traigan sus ideas, sus propuestas y cam bios. Estoy dispuesto a los cam bios que sean necesarios. Les pido por eso un gesto de grandeza para atender j untos los reclam os de la gente y preservar las instituciones, la paz y el futuro nacional. Un cam bio sustancial han reclam ado. Lo haré... Hay que asegurar paz social y estoy dispuesto a hacerlo preservando a las personas y los bienes; por eso he dictado el estado de sitio. Una pronta respuesta del j usticialism o, sin em bargo, es necesaria. No puede seguir el cuadro de violencia en la calle que arriesga a situaciones m ás peligrosas”.
Estado de sitio para evitar m ales m ay ores, com o habían hecho Perón en 1951 28 y 1955 y Alfonsín en 1989, y pedido de respuesta urgente al peronism o para encontrar una salida dentro de la continuidad dem ocrática. No parece un plan autoritario, ni autista, ni descabellado. Tenía, sí, tres problem as: una Policía Federal educada para confundir el control del espacio público con la represión indiscrim inada, una Policía Bonaerense a las órdenes del peronista Ruckauf y el propio peronism o, que llevaba dos largos años alej ado del poder y de los beneficios del poder.
El populism o argentino ha glorificado la supuesta gesta del 20 de diciem bre de 2001 con el m ism o entusiasm o que su alm a gem ela, el nacionalism o argentino, ha
glorificado la supuesta gesta de Malvinas. Desde entonces, sobran las declaraciones j ustificatorias de la operación que llevó a la destitución de De la Rúa, un m al presidente elegido por nueve m illones de argentinos, y a su reem plazo por un presidente horrible, Eduardo Duhalde, elegido por los trescientos cincuenta y tres m iem bros de la Asam blea Legislativa. Así, sin cuestionam ientos m ay ores por parte de una oposición política, periodística e intelectual, se popularizó la ley enda peronista según la cual De la Rúa habría caído en m edio de una sublevación popular espontánea. Casi todos los argentinos aceptaron esta m entira en silencio, por ignorancia o tem or. Y así com o había sido im posible criticar el prim er gobierno de Perón sin ser acusado de apoy ar los bom bardeos de la Plaza de May o, o m encionar los crím enes de la Juventud Maravillosa sin ser acusado de cóm plice de Videla, tam poco fue posible hacer una crítica del golpism o peronista de diciem bre de 2001 sin ser descalificado com o cóm plice del asesinato de treinta y ocho argentinos.
La j ustificación populista del golpe contra De la Rúa fue una pieza clave del m ecanism o que nos llevó a la Década Saqueada por el kirchnerism o. El principal recurso que se usó para taparle la boca al que denunciara el abism o destituy ente que el peronism o había abierto en 1989 y reabierto en 2001 fue el de “los m uertos de De la Rúa”. Sin em bargo, De la Rúa fue incapaz de pilotear la crisis que heredó del peronism o pero de ningún m odo fue un crim inal. La opereta del pueblo asaltando la Plaza de May o y la represión generalizada no es m ás que una distorsión de los hechos efectivam ente acaecidos. Para com probarlo, he recurrido a fuentes escasam ente neoliberales: la agencia periodística Paco Urondo y la Correpi 29 . Según sus datos, de los 38 m uertos en los disturbios de diciem bre de 2001, m uchos de los cuales no cay eron en m anifestaciones políticas sino en los saqueos perm itidos por la Policía “para preservar vidas”, sólo tres (Benedetto, Alm irón y Riva) m urieron en los alrededores de la Plaza de May o y uno en Congreso (Cárdenas). Junto a otros tres m uertos en la ciudad de Buenos Aires que cay eron lej os del centro del poder político, son siete y no treintaiocho los caídos en el único distrito argentino baj o j urisdicción exclusiva del Poder Ej ecutivo Nacional; en tanto los restantes treintaiuno cay eron en las provincias, donde la intervención del peronism o fue decisiva tanto en el im pulso de los saqueos com o en su represión a m anos de policías provinciales com andadas por gobernadores m ay oritariam ente peronistas.
Aquí están, estos son, los “m uertos de De la Rúa”: diez víctim as fatales en la Santa Fe de Reutem ann; once, en la Buenos Aires de Ruckauf; tres, en la Córdoba de De la Sota; uno, en el Tucum án de Miranda. Veinticinco m uertos sobre treinta y ocho en provincias m anej adas por gobernadores peronistas. Pero, por esas cosas del sesgo peronista, sólo De la Rúa fue a j uicio por las siete m uertes ocurridas en la Ciudad de Buenos Aires.
De m anera que la ley enda del pueblo peronista en las calles y las fuerzas represoras antiperonistas que causaron treintaiocho m uertos no es m ás que eso, una ley enda. Una parte de la Ley enda Peronista sólo explicable por el perm anente sesgo peronista de la inform ación del que son responsables m uchos políticos, intelectuales y periodistas que se declaran obj etivos. Hoy, después de diez años de desprestigio de las fuerzas de seguridad y de su reducción a escoltas de bandas de facinerosos, sería bueno que la sociedad argentina reflexionara acerca de las consecuencias de la confusión entre control del espacio público y represión ilim itada e indiscrim inada; confusión que lleva a la renuncia del estado a su rol de protector de la vida y de los bienes públicos y privados.
Si los argentinos dej áram os de confundir la dem ocracia con la anarquía y el orden con el fascism o, quizás algún gobierno se anim e alguna vez a la necesaria tarea de generar fuerzas policiales no corruptas, ni im potentes, ni crim inales. Acaso entonces la opción dej e de ser “caos o m uerte”. Para no hablar de la Policía Bonaerense, que en el futuro debería ser intervenida, j unto con la Provincia de Buenos Aires, ante el m enor atisbo de zonas liberadas.
El peronism o kirchnerista se pasó m ás de diez años m asacrando a la Alianza, de la que m uchos de ellos habían form ado parte, corriendo a quien le señalara sus contradicciones con “los treintaiocho m uertos de De la Rúa” y postergando sin fecha la restructuración de las fuerzas policiales y la recuperación del control del espacio público por parte del Estado. Así, un buen día de diciem bre de 2013 volvió a haber m uertos en Argentina, trece por lo m enos, durante los saqueos de Córdoba y Tucum án; m uertos que en vez de lam entar y llorar el kirchnerism o festej ó en la Plaza de May o, ocasión que la Presidente aprovechó para burlarse de quienes habían protestado contra su gobierno golpeando cacerolas. Pocos días después, el cam peonato ganado por San Lorenzo lo tapaba todo, hasta los dos m uertos de la fecha final de un torneo que se distinguió por la original prohibición de la presencia de hinchas visitantes. Resum o: diez años de crucifixión para el radicalism o, ni un solo día para los m uchachos peronistas. Eso es el peronism o. Un sesgo perm anente en la percepción de lo que sucede en Argentina del que son responsables tanto el Partido Populista com o las agachadas de los opositores y los m edios de com unicación.
En la Argentina, desde hace décadas, con la viej a y con el peronism o nadie se m ete. Y nadie se m ete porque el que se m ete es crucificado por cipay o, por gorila y por querer que los niños se m ueran de ham bre. Consciente del enorm e poder que le han conferido, el peronista no se siente en la obligación de contestar los argum entos y las acusaciones. Le basta decir que los argum entos aj enos son goriladas y acusar de cipay os a sus críticos; com o si el peronism o no sólo fuera la patria y la dem ocracia, sino tam bién la verdad.
Es horrible contar m uertos, pero es im posible responder de otra m anera a quienes desde el inicio de su historia política viven de su evocación. Son los m ism os que se apropian hasta de las m uertes aj enas sosteniendo, por ej em plo, que los 30.000 desaparecidos eran peronistas; com o si alguien pudiera tener una estadística confiable sobre el tem a; com o si el Golpe m ás siniestro de la Historia argentina se hubiera dado contra el peronism o y no contra la dem ocracia; com o si no hubiera habido reconocidos peronistas y filoperonistas en las fuerzas arm adas genocidas; com o si fuese posible ignorar que las prim eras desapariciones en Argentina ocurrieron baj o el gobierno de Isabel Perón; com o si el candidato presidencial del peronism o, Italo Luder, no hubiera incluido en su program a de gobierno el reconocim iento de la autoam nistía m ilitar, y com o si no hubiera sido el radicalism o el que asum iendo enorm es riesgos puso a Videla, Massera y Agosti en el banquillo de los acusados cuando aún gozaban de un enorm e poder, m ientras los peronistas rechazaban la CONADEP.
Siete fueron los m uertos de De la Rúa en 2001. Veinticinco, los m uertos de los gobernadores peronistas. Más de trece, los m uertos de Cristina durante los saqueos de Córdoba y Tucum án. Ninguno de ellos, creo y espero, por orden deliberada de De la Rúa, de Cristina o de los gobernadores de las provincias. Todos ellos, culpables de su negligencia en el desem peño de sus funciones, que incluy en la form ación y el entrenam iento de las fuerzas de seguridad baj o su com ando. Es ésta otra de las prom esas fallidas del peronism o kirchnerista, cuy a consecuencia últim a ha sido la m uerte del fiscal Nism an cuando era custodiado por fuerzas de seguridad dependientes de la Presidencia de la Nación. Son estas las contabilidades de la tragedia y la devastación argentinas, y las consecuencias finales del sesgo peronista.
Es horrible contar m uertos, pero es im posible dej ar de contarlos cuando la m entira, el encubrim iento, la Ley enda y el Relato sustituy en a la verdad, y cuando los saqueos y las puebladas reem plazan al orden constitucional. ¿Qué hubiera pasado en 2001 si en vez de j ugar con fuego el peronism o hubiera aceptado form ar parte del gobierno de unidad nacional propuesto por De la Rúa? ¿No nos hubiéram os evitado decenas de m uertes y el abism o de anarquía al que el país se asom ó entre fines de 2001 e inicios de 2002? ¿No es razonable suponer que la salida de la crisis hubiera sido m ás fácil al ser realizada consensuadam ente entre todos los partidos, sin alterar el orden constitucional y baj o el program a que había triunfado en las elecciones de octubre de la m ano del peronism o, com o propuso De la Rúa en su últim o m ensaj e? ¿No tendríam os hoy, probablem ente, un país razonable en el que el peronism o no hubiera podido apoderarse indefinidam ente del poder usando el argum ento de que son los únicos que pueden gobernar? ¿Y no habrá sido por este m otivo, precisam ente, que todo esto no sucedió?
Gracias a los silencios de la oposición y el periodism o, siem pre m ás sensibles a la acusación de “gorilas” que a sus obligaciones políticas y profesionales, la m ay or parte de la población argentina conserva de todo lo sucedido en 2001 el vago recuerdo de que la m aléfica Alianza recortó los sueldos e im puso el corralito, el pueblo se sublevó y Duhalde y el peronism o salvaron a la Patria. La Historia Populista se ha transform ado así en la nueva Historia Oficial, com o bien previeron quienes afirm aron que la Historia la escriben los que ganan. No el país, sino el peronism o. Y bien, el capítulo m ás inverosím il de la Historia Oficial Peronista es el de Duhalde salvador de la Patria, que salvador de la Patria no fue, pero salvó a la patria peronista.