• No results found

4.7 Overview of GWTs

5.1.3 Wavelets for Sampling

Sin lugar a dudas, la forma en que Anthony Giddens define la situación del individuo en la modernidad es muy interesante, puesto que no se limita a diagnosticar la condición de la modernidad actual para describir situaciones societarias. En su análisis se percibe un esfuerzo por replantear la manera en que la modernidad generó situaciones que tienen repercusión directa en el individuo. En este sentido, resulta muy interesante la manera en que establece las categorías de separación de tiempo y espacio, mecanismos de desenclave y reflexividad, puesto que con éstas se puede analizar de una manera multidimensional la forma en que los elementos de la modernidad tienen incidencia en el individuo.

También llama la atención que para este autor británico contemporáneo, la forma en que la modernidad incide en el individuo se manifiesta a través de la creación de una crónica biográfica que se materializa en la adopción de estilos y planes de vida, en las relaciones íntimas y en el cuerpo. Lo interesante de este

planteamiento radica en que estos conceptos constituyen las dimensiones del individuo en su obra. Se puede entender que al hablar de identidad del Yo, este autor se refiera al individuo moderno; por lo tanto, sus dimensiones corresponden a las categorías de estilos de vida, planes, relaciones íntimas y cuerpo.

Además es interesante percibir que Giddens considera que el principal fundamento de las decisiones del individuo es la seguridad ontológica, pues ésta la permite la configuración de su identidad. Aquí existe una diferencia fundamental con Max Weber, ya que éste consideraba que la acción social obedecía a una racionalidad cuya base era una ética que podía ser de responsabilidad o de convicción. En las consideraciones weberianas, el principal sustento de la ética eran los valores, pues éstos son determinantes para la acción social y para la racionalidad en general. Entonces, desde la óptica de Giddens, lo decisivo es la seguridad ontológica que viene asegurada por la conciencia práctica del individuo, la cual, a su vez, es proporcionada por los sistemas abstractos de la modernidad (señales simbólicas y sistemas expertos). La diferencia fundamental es que en la postura weberiana, en las circunstancias de la modernidad, los valores morales aún seguían existiendo en determinadas esferas de acción del individuo, pero para Giddens no, porque considera que los sistemas abstractos vacían los contenidos morales heredados de la tradición y los sustituyen por flujos de información, para que el individuo elija de manera utilitaria aquellos elementos que le proporcionen seguridad ontológica; esto es, para Giddens el individuo está “envuelto” en una pluralidad de opciones, vacía de contenido moral, pero que le brindan determinada seguridad en sus ámbitos existenciales. Sin embargo, es necesario recordar que Max Weber ya había descrito que la modernidad implica para el individuo una “jaula de hierro” determinada por la dominación burocrática y además que la acción social en ésta tiene como base la responsabilidad y la convicción manifestada en esferas vitales.

Por otro lado, llama mucho la atención la manera en que Giddens describe la manera en que el riesgo influye en el individuo moderno. A diferencia de Ulrich

Beck21, considera que este elemento societario no es una categoría analítica que

permita describir a la sociedad contemporánea; atinadamente considera que el riesgo es un elemento presente en las decisiones que adopta el individuo en relación a la conformación de su identidad, factor que es causa de que la seguridad ontológica se desestabilice y que la idea de la contingencia ronde constantemente en la forma en que el individuo constituye su identidad.

Lo interesante de este aspecto radica en que en las consideraciones weberianas el riesgo ante lo contingente, aquellas consecuencias no deseadas, son parte de su estrategia metodológica y permiten describir sociológicamente el curso de la acción social en todos sus aspectos (por ejemplo, el caso de la ética protestante que buscaba el bien y creó un mal), pero Giddens define que la idea de lo contingente sí es parte de la constitución moderna del individuo.

Por otra parte, llama la atención que en las consideraciones de Giddens respecto del individuo, sigan presentes las dimensiones que se pueden encontrar en la obra weberiana (económica, legal, vocacional y sensitiva). Pero a diferencia de Weber, el sociólogo británico establece la forma en que esas dimensiones adquieren la forma de una crónica biográfica coherente. Además, se representan a través de la adopción de estilos y planes de vida, relaciones íntimas y cuerpo. Posiblemente este aspecto podría considerarse como parte de una continuidad del pensamiento sociológico, ya que en la época en la que Max Weber desarrolló sus obras, el interés por el conocimiento científico-social estaba enfocado hacia otros aspectos de la realidad social (por ejemplo, el interés hacia la significación social del cuerpo no recibía una atención cognoscitiva relevante).

Finalmente, a pesar de que Giddens desarrollara un análisis muy coherente acerca del problema del individuo en la modernidad, no se alcanza a ver en su obra un elemento fundamental, que consiste en el papel y el surgimiento de las ideas en el individuo. Sí analiza la forma en que en la modernidad existen mecanismos institucionales, los cuales inciden para que el individuo defina su identidad, pero no existe una descripción detallada de la

manera en que las elecciones de los individuos reproducen patrones de índole ideológica.

Una vez que se han analizado las posturas de estos dos autores contemporáneos (Habermas y Giddens), es posible percibir mayores elementos que ayuden a llevar a cabo la creación del esquema que permite caracterizar al individuo contemporáneo, puesto que si se toman en cuenta los elementos que en Habermas y Giddens resultan pertinentes para establecer una continuidad del pensamiento weberiano, pudiera generarse un espectro que abarque aquellos factores que no fueron considerados, o bien desarrollados ampliamente por el sociólogo clásico.

En Weber puede entreverse que existen cuatro dimensiones en su noción de individuo que están determinadas por la economía capitalista, el Estado, la profesión como vocación, la estética y la erótica. Además de que este sociólogo alemán considera que en el individuo existe un potencial de racionalidad que se refiere a un esquema mental, el cual le permite desarrollar cierto tipo de acción social cuyo contenido es un sentido proporcionado por valores.

Ahora bien, con la utilización de algunos supuestos de Habermas, puede irse apreciando que, por un lado, la racionalidad en el individuo se manifiesta a través de actos de habla que le permiten entablar un entendimiento con sus semejantes y, al mismo tiempo, esta racionalidad comunicativa posibilita al individuo la defensa aquellos elementos subjetivos que le son propios. Por otro lado, con Habermas puede apreciarse la manera en que las dimensiones objetivas se materializan en la adopción de roles por parte del individuo, en los cuales, de una manera más precisa, se da esa relación entre el individuo y la sociedad en la modernidad.

Por otro lado, con la propuesta de Anthony Giddens se amplía la visión de Weber en relación con la manera en que en la modernidad, las dimensiones subjetivas se materializan en estilos y planes de vida, relaciones íntimas y cuerpo. Con la utilización de estas categorías se abarcan aquellos aspectos que Weber apenas alcanzó a esbozar en su obra. En otro sentido, Giddens aporta un

elemento básico y es el que se refiere a la existencia de la seguridad ontológica, la cual le permite al individuo actuar en las circunstancias generadas por la modernidad. Este elemento posiblemente pudiera complementarse con la forma en que los valores y la ética descritos por Weber, son necesarios para el individuo en su relación con la sociedad en la modernidad. Sin lugar a dudas, otro elemento muy interesante que es factible rescatar de Giddens es la forma en que el riesgo tiene una incidencia directa sobre el individuo, el cual, en la modernidad, adquiere la noción de contingencia, cuya importancia radica en la constante redefinición de la identidad del yo en el individuo.

Además, con base en la propuesta de Habermas y Giddens, se alcanzan a ir esbozando los aspectos negativos de la modernidad que se manifiestan en el individuo. Con los argumentos sobre las perturbaciones del mundo de la vida y de la experiencia secuestrada, puede visualizarse que la angustia, la pérdida de sentido, la anomia y las psicopatologías son producto de la modernidad y son elementos que acechan constantemente al individuo.

Sin embargo, para poder completar el espectro que permite caracterizar al individuo moderno contemporáneo, aún es necesario analizar la forma en que los valores y la ética son vistos en la modernidad actual, así como los aspectos que se relacionan con la conformación de ideales individuales en la actualidad. Para destacar estos elementos habrá que revisar las propuestas de Ulrich Beck y de Gilles Lipovetsky, quienes intentan caracterizar estos aspectos de la modernidad actual. Es muy interesante el análisis de estos autores, porque afirman que el pensamiento de Max Weber, y de los clásicos en sociología en general, ya no ayuda a caracterizar a la modernidad contemporánea.

4. DIAGNÓSTICOS ACERCA DEL INDIVIDUO EN LA MODERNIDAD