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la ensoñación del hijo. Aquí surgen los mejores talentos de esta Luna, que cumple plenamente su función para los demás. Al mismo tiempo, la persona se ha singularizado del océano de fantasías y proyecciones inconscientes asociadas. Sus efectos excesivos ya no invaden la vida personal que, de todas maneras, girará en tomo a una enorme capacidad de afecto y sensibilidad.

Veamos ahora cómo se presentan las dificultades del mecanismo lunar en el plano de los vínculos, sin hacer particulares distinciones en los distintos niveles. Dejaremos para el final los puntos 4 y 5. El rasgo más común, derivado del anhelo de simbiosis materna, es entrar en situaciones donde estas personas se constituyen en madres de otros y, al mismo tiempo, en hijos o hijas; es decir, en la situación de contener y ser contenido al mismo tiempo. Para simplificar, no vamos a especificar el modo como esto ocurre en los varones puesto que, si bien la estructura no se manifiesta de idéntica manera, la modalidad protectora —tanto para varones como para mujeres— siempre presenta rasgos básicamente maternales.

Mientras el mecanismo se impone a la conciencia, esta modalidad suele determinar las elecciones de pareja. La profunda ambivalencia entre el deseo de ser protegido incondicionalmente y la capacidad de proteger a quienes más lo necesitan, llega a un punto máximo en estas situaciones. La persona con Luna en Piscis suele ser tremendamente sensible a las necesidades de los otros; de hecho, sin proponérselo, la potencia de su energía logra que hasta las personas más sólidas y organizadas se distiendan ante ellas, mostrando sus máximas carencias y vulnerabilidades. Ahora bien: en el momento en que la Luna en Piscis toma contacto con el nivel desvalido de otra persona, es invadida por una oleada de sentimientos tan intensa que, posiblemente, no pueda distinguirla del enamoramiento. Automáticamente se forma un arco de atracción entre las dos personas, en el que se produce un fortísimo anhelo de entrega para satisfacer y ver satisfechas sus carencias más básicas. Así, la Luna en Piscis que anhelaba una madre o padre se encontrará súbitamente enamorada/o de un hijo/a. Todo vínculo amoroso se ve atravesado por esta sombra edípica pero en este caso se activa el nivel más básico de la misma, haciendo muy difícil la salida del mecanismo lunar, una vez que la estructura se constituyó.

El principal efecto de esta articulación es el aniñamiento. Invadida por el arquetipo, la persona no comprende que todo su comportamiento lleva a la despotenciación del otro, que se entrega beatíficamente a esa sobreprotección pero que, al mismo tiempo, se refugia en un vínculo que activa sus lados más infantiles y, muchas veces también, su anhelo inconsciente de aislarse del mundo. De hecho, la persona con Luna en Piscis encontrará que casi todo ser humano anhela encontrarse con "la Madre universal"; por ello, la energía de la que es portadora potencia esos aspectos en los otros, a niveles insospechados.

Esto lleva a experiencias tales como la constitución de una maravillosa familia centrada en los hijos, con la total desaparición de la sexualidad en el vínculo de pareja. O tremendas frustraciones ante el incomprensible aniñamiento y la súbita dependencia del otro, que se queda sin trabajo, se enferma o decide abandonar todas sus actividades para dedicarse a escribir poesías, actividad que raramente pasa de ser un sueño. O el sorpresivo abandono por parte del otro/a quien, una vez cumplida la tarea reparadora de la simbiosis, se retira en busca de una "pareja más madura".

No es nada fácil para la Luna en Piscis, en estos casos, comprender qué ha sucedido realmente. Para hacerlo debería penetrar en los laberintos de su mecanismo, rompiendo dolorosamente el velo de ilusión que lo protegía. Sólo así podrá comprenderse a sí misma y los comportamientos vinculares que su energía desencadena.

Al mismo tiempo, el desequilibrio inicial hacia el lado de la Madre hace que muchas personas con esta Luna arrastren una búsqueda — muy compleja y llena de ambivalencias— de la figura del padre. Esto también obstaculizará el encuentro hombre-mujer, si no es elaborado. Mientras perdure su inconsciente sobrevaloración de lo materno en el universo, la persona dispone sólo de estos dos lugares para vincularse: ser hijo/a o madre. Como si en la vida sólo existieran esas funciones y no hubiera lugar para adultos independientes.

• ¿Será por esto que muchas mujeres con esta Luna no se animan a ser madres biológicas?

Es algo bastante común en las Lunas en Piscis o en casa XII. En realidad, esta energía está destinada a ser madre de todos, no de unos pocos. Si tanta energía maternal queda circunscripta a los hijos biológicos es muy probable que se constituya un mundo familiar extremadamente simbiótico, donde resulte muy difícil crecer y llegar a ser adultos plenos. Muchas mujeres con esta Luna temen inconscientemente la experiencia de la maternidad, porque intuyen que desencadenaría un proceso que —por lo menos en su fantasía— las excedería. De hecho, la experiencia del parto y la maternidad es de una intensidad conmovedora para estas personas. Una vez abierto ese canal, suele despertarse un anhelo casi irrefrenable de tener más hijos, nietos, cachorros, gatitos... que los lleva a veces a adoptar —en sentido literal o figurado— a los hijos de otros casi como propios. En estas situaciones la persona podrá experimentar la potencia de la absorción en la maternidad, propia de su energía, y la manera como se genera ese campo absoluto que estaba presente en el inicio de su vida. Con una natural diferencia de intensidad, esto le sucede también a los varones con Luna en Piscis. Esta absorción en el hijo no está inmediatamente ligada a un deseo devorador, como en la Luna en Escorpio. Aunque las palabras no pueden expresarlo correctamente, podemos decir que no está en juego un anhelo de fusión sino la profunda satisfacción de participar en la manifestación de la vida y su misterio creador. O sea, algo que está más allá de todo deseo personal.

Si las sensaciones que esto provoca no llegan a la conciencia con un nivel de elaboración que permita integrar estos contenidos a la totalidad de la personalidad y expresarlos en forma creativa, es probable que las imágenes inconscientes se impongan, con sus efectos no deseados. Estos no son siempre sufrientes ya que la persona puede entregarse como objeto de las corrientes arquetípicas, aceptando los costos que tal posición entraña. Pero, indudablemente, habrán de inhibir otras posibilidades latentes en el resto de la carta, empobreciendo incluso los mejores dones de la Luna en Piscis.

Los talentos de la Luna en Piscis

En realidad, nadie mejor que una madre conoce la diferencia entre el relato mágico que arrulla al niño y el dolor de la existencia, con sus privaciones y sacrificios. Pasar del esfuerzo cotidiano a la ternura que crea el mundo perfecto que necesita el bebé, es el arte de la madre. Ella sabe de esta

distinción: cuándo es necesario ocultarla y cuándo hacerla explícita.

Sólo quien anhela permanecer eternamente en la niñez desea vivir en el estado inicial del vínculo, absolutizando un solo aspecto de la madre. No quiere enterarse de su rostro tenso por el esfuerzo, ni

de sus limitaciones y dolores, o de la energía que ella pone en los deseos que no tienen al hijo como único centro.

La Luna en el signo de Piscis nos obliga a recorrer todas las articulaciones del arquetipo lunar y, por sobre todo, aprender a sortear sus más profundas fantasías.

Dijimos que quien nace en el instante de esta Luna tiene la posibilidad de transmitir toda la sabiduría de la función lunar, pero para hacerlo deberá recorrer previamente el camino de lo que se ha arquetipizado en el inconsciente de la humanidad. Deberá conocer como nadie el patrón de

respuesta colectivo a la función de la Luna en el sistema, con sus hechizos y puntos de inercia o

estancamiento.

Como vimos desde el principio, la absorción de la conciencia en un objeto único absolutiza su importancia y rompe la constelación natural en la cual éste aparece. Esta fragmentación impide la percepción holística y fuerza una circulación de destino en la cual los deseos conscientes no pueden verse satisfechos; aquí el sufrimiento es el complemento obligado de la ignorancia en la que nos ha sumido la fascinación por el objeto.

Así como la sustancia indiferenciada de la Luna —en el plano biológico— lleva en sí la ley de su forma, que progresivamente se manifestará hasta su concreción definitiva, la sabiduría de la madre

incluye la presencia del padre desde el principio. En ésta no existe el "círculo madre-hijo" como

totalidad absoluta: el borde inicial de ese círculo es el padre, que irá ingresando progresivamente en él para articular el triángulo "padre-madre-hijo" y permitir el desarrollo pleno de las posibilidades del niño.

En el imaginario de la humanidad, en cambio, es posible excluir al padre y soñar con un vínculo absoluto sin límite, discriminación ni ley, que no necesite jamás abrirse ni articularse con la diversidad del mundo.

Este sueno colectivo es el núcleo del mecanismo lunar pisciano. En los casos anteriores vimos cómo se configuraba un imaginario —diferente para cada Luna— ligado a la absolutización de las experiencias infantiles. La dificultad arquetípica para dejar atrás la fantasía del absoluto lunar aparecía allí en relación a una particular corriente zodiacal, con su matriz específica. En Piscis, en

cambio, se condensa el imaginario colectivo acerca de la Luna en sí misma.

Si el talento de la Luna en Piscis consiste en manifestar la sabiduría más profunda de la función materna, esto implica la necesidad de singularizar la experiencia arquetípica, transformándola en atributo de un individuo diferenciado. Su mecanismo, en cambio, lleva a perderse en esa corriente colectiva, renunciando a toda capacidad de elaboración para permanecer en el hechizo de la madre

desde el lugar del hijo o la hija. Esto es, desde el ángulo materno, eternizando el momento de

absorción plena en las necesidades del hijo.

Por lo general, las personas con Luna en Piscis tienen una capacidad indudablemente superior a la de los demás para comprender las necesidades de lo que acaba de nacer y de aquello que no puede bastarse a sí mismo, en cualquiera de los reinos de la naturaleza. Sin embargo, sus dificultades comienzan cuando esta energía se irradia sobre aquello que ya no está en esos estadios.

La fijación con el embeleso del momento inicial de la crianza provoca una natural repugnancia a la presencia del límite, la incompletitud y la desilusión, implícitos en todo crecimiento.

Es evidente que para una sensibilidad de estas características, abrirse al hecho de que el dolor, la frustración y la muerte forman parte esencial de la vida y que nadie puede estar más allá de ellos, exige un gran esfuerzo. Pero es fundamental comprender que se trata de una dificultad psicológica; en su nivel esencial, la Luna en Piscis tiene la capacidad de contener todos los pasos de la creatividad de la vida, sin exclusiones.

En realidad, toda vez que una persona con Luna en Piscis se refugia en su sensibilidad interior — que por cierto es limitada puesto que excluye las honduras de la vida— constatará que el destino la

lleva a lugares donde se verá forzada a comprenderlas. Por más que se esconda en la ingenuidad, buscando afanosamente reconstruir el mundo perfecto para sí o para otros, tendrá que enfrentarse con el sufrimiento y la muerte, la soledad, la desilusión, los efectos del poder o de la violencia. Los caminos hacia esos lugares dependerán del conjunto de la matriz energética pero constituyen un itinerario inevitable para consumar la experiencia de la Luna, como lo requiere el signo de Piscis. El don fundamental de esta Luna es el de entregar a cada ser viviente, según su necesidad, la amplitud de una sensibilidad amorosa que no excluya y que al mismo tiempo proteja sabiamente. Pero para esto es necesario desarrollar una verdadera maestría acerca de la Luna. Y aunque todos los elementos están a su disposición, también se enfrenta con la máxima posibilidad de caer en el hechizo de la exclusión y la fragmentación. Maestría acerca de la junción lunar quiere decir, en

realidad, maestría en la relación entre la Luna, Saturno y el Sol.

Al cerrar el ciclo de las Lunas, Piscis nos lleva de nuevo al principio, esto es, a la evidencia de que donde se encuentran las mayores posibilidades, allí debe enfrentarse la mayor dificultad. Ninguna función es absoluta; sólo la correcta articulación de las mismas permite que florezca la síntesis creativa de cada estructura. Esto es válido para cada luna y, en particular, para la que arquetipiza todos sus significados.

Así como de la existencia concreta de las personas con Luna en Acuario, con todo su sufrimiento y dificultad, podemos esperar la inspiración que renueve las emociones humanas hacia una mayor libertad, del trabajo de las Lunas en Piscis puede esperarse una nueva sensibilidad hacia todo lo viviente, para toda la humanidad.

Crear ámbitos que renueven nuestras pautas en relación a la concepción, embarazo, parto y crianza de nuestros hijos; el cuidado y protección de las especies, una mayor sensibilidad hacia la función del ser humano en relación a los otros reinos de la naturaleza. Y, en fin, un sinnúmero de actividades que lleven hacia el conjunto de la vida una ternura y una inteligencia amorosa, infinitamente sutil y necesaria, son algunas de las manifestaciones que podemos esperar de la Luna en Piscis.

Llegados a este punto, podemos entrever cómo la Luna posee distintas significaciones, de acuerdo al grado de integración en el sistema que la conciencia pueda haber desarrollado en cada caso.

A lo largo del texto hemos puesto nuestra atención en los mecanismos lunares, a fin de comprender con el mayor detalle posible las dificultades iniciales que todos tenemos para sintetizar la cualidad de la Luna. Pero esto no agota en absoluto sus significados. Como vimos, a medida que se desarrolla la personalidad integrada afloran los talentos de cada Luna, y su temerosa sensibilidad se transforma en una profunda capacidad afectiva.

Pero cuando comienza a expresarse el nivel sintético del Sí-mismo vincular —o núcleo integrador del mandala natal— la Luna se manifiesta corno una sustancia que entregamos a los demás, como

fuente de nutrición y protección. El origen de esta cualidad atraviesa la memoria de la especie, para

encontrarse en la fuente misma de la vida con la peculiar creatividad de lo receptivo.

Desprendiéndonos ya del análisis en el nivel psicológico e incluso personal, podemos observar cómo cada Luna crea ámbitos acordes con su energía, para que los demás la habiten y se nutran de ella. Como el destilado de una cualidad profunda de la cual la persona "conoce" íntimamente secretos, posibilidades y limitaciones, la energía de la propia Luna queda a disposición de los que la necesitan. O, podríamos decir, el contacto profundo del núcleo del mandala natal con la Luna del sistema solar le permite a ésta manifestarse con toda su potencia y su capacidad de nutrición, a través de la cualidad específica de esa Luna de nacimiento.

Sólo a modo indicativo, podemos decir que la Luna en Aries exteriorizará ámbitos y modalidades a través de los cuales las personas que lo necesiten puedan iniciar nuevos procesos, actuar libre y dinámicamente o descubrir su propia iniciativa; las Lunas en Tauro generarán sustancia para que otros puedan apoyarse y crear con ella desde una base sólida y tangible; las Lunas en Géminis podrán brindar la sustancia del conocimiento y proteger con la palabra a aquellos que necesiten

acceder a regiones inexploradas por la conciencia, y así en cada caso.

Alrededor de cada Luna sintetizada se constela una red de conciencias atraídas por esa sustancia esencial y protectora.

En este nivel de desarrollo la sustancia de la Luna ha dejado de ser un ámbito protector y nutriente para que se produzca una síntesis en el nivel personal. Ahora pasa a ser un elemento integrado a la creatividad de quienes participan de una red vincular más amplia, cuya finalidad específica es la de satisfacer las necesidades más profundas de sus miembros.

APENDICE

Existen otras posiciones de la Carta Natal que expresan fuertes analogías con la descripción de las Lunas según cada signo. Estas son: la casa que ocupa la Luna, los aspectos duros (conjunción, cuadratura, oposición, semicuadratura, sesquicuadratura) de la Luna con otros planetas, la situación (signo y planeta) de la casa IV de la carta y, a veces, la casa cuya cúspide está en el signo de Cáncer. Todas ellas deben ser tenidas en cuenta a fin de realizar una síntesis entre los distintos factores que componen lo que podernos llamar estructura lunar de un sistema.

A modo indicativo enumeraremos algunas de estas posiciones, que deben ser tomadas siempre como

analogías y resonancias (nunca como identidades) y cuya importancia relativa sólo puede establecerse en el contexto global de la Carta Natal.

LUNA EN ARIES

-Aspectos duros entre la Luna y Marte -Aries en la Casa IV

-Marte en la Casa IV -Marte en Cáncer