2. STORAGE OF ORGANIC FIELD VEGETABLES AND POTATOES
2.6. ECONOMIC ANALYSIS AND MARKET PRICES OF ORGANIC VEGETABLES
2.6.4. Increased returns from storage
2.6.4.1. Will storage pay?
La pedagogía ignaciana no puede reducirse simplemente a una metodología, lo que busca es ayudar a los profesores y alumnos a enfocar su trabajo académico en la formación de hombre para los demás. Además, capta una serie de valores que ayuda al crecimiento de la persona dentro del plan educativo. También, está influenciada por la fe y a la vez es profundamente humana y universal; es humana porque contribuye a la formación integral, intelectual, social y religiosa de la persona y universal porque su método pedagógico se puede aplicar en todas partes del mundo.53
Comienzo diciendo que la pedagogía ignaciana se preocupa por la formación de la persona humana y busca la excelencia porque toma como modelo a Cristo del Evangelio, una excelencia que refleja el misterio y la realidad de la encarnación, una excelencia que respete la dignidad de todas las gentes. San Ignacio lo que buscó a través de su pedagogía era una educación que humanizara, es decir, que transmitiera valores cristianos a las personas y a la sociedad. “La educación debe tener un influjo ético en la sociedad que el proceso educativo se desarrolle no solo en el plano intelectual sino también en el plano moral”.54
La historia ha mostrado que la excelencia educativa estaba estrechamente relacionada con el desarrollo intelectual, sin preocuparse por el ser persona en su desarrollo emocional y su
53Reflexiones educativas y pedagógicas con inspiración ignaciana.
http://www.javeriana.edu.co/Facultades/Educacion/08/docs-generales/REFL-PED-IGN.pdf (consultado 29 de junio de 2010)
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maduración moral55. San Ignacio se dio cuenta que la educación no humanizaba, ni transmitía valores cristianos a las personas y a la sociedad. Por eso, él busco a través del proceso educativo que se desarrollaran valores morales como intelectuales; con esto, pretendió buscar la manera de abordar los problemas y valores de la vida.
La sociedad en nuestra actualidad ve a la educación en términos utilitarios. El énfasis está en el éxito económico y esto puede contribuir a una competitividad exagerada y a una obsesión por un interés egoísta56. En los Estados Unidos la educación es vista como un modo productivo y esto puede llegar a nublar los valores y objetivos de una educación humanística; por eso es necesario que los profesores presenten temas académicos desde un enfoque humanístico, haciendo énfasis en descubrir, analizar, relaciones de hechos, problemas, soluciones, en cada disciplina y saque de estas lo que significa ser persona. La educación jesuítica tiene como objetivo transformar a la juventud, a los sistemas sociales y a sus estructuras y al resto de la humanidad. Esta transformación es radical, porque no sólo forma el pensar y el actuar, sino la forma del entender la vida, como hombres y mujeres competentes y consientes que buscan el “mayor bien” en la realización del compromiso de la fe y la justicia para mejorar la calidad de vida de los pobres, oprimidos y abandonados57. Por lo tanto, es necesario que los maestros puedan facilitar una pedagogía eficaz que estimule la actividad del alumno, fomente el crecimiento de la calidad humana y promueva la formación de la fe y los valores, además de transmitir conocimientos.
La pedagogía ignaciana es humanista y humanizadora. Es humanista porque el hombre
asume una actitud frente a él, frente al otro, frente al mundo y frente a Dios, estos presupuestos se articulan en un estilo de pensar, actuar y sentir; es humanizadora porque presenta un estilo de vivir, un modo de tratar el mundo, a los otros y a la vida. Este camino
55 Pedagogía Ignaciana, un planteamiento práctico.
http://www.safa.edu/documentos/pedag%C2%ADIgnaciana.pdf (consultado 29 de junio de 2010)
56 Ibíd.
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de humanización lo tiene la pedagogía ignaciana y se encuentra en los ejercicios espirituales. En ello hay criterios cruciales y una visión teológica de la pedagogía.
Allí está plasmado el principio rector de la pedagogía ignaciana, facilitar el encuentro del discípulo con el único maestro (Dios de la vida) para que establezca una relación de intimidad. El papel del maestro es de guía, acompañante y facilitador. El discípulos (alumno) debe ir descubriendo desde la apertura al absoluto, la vedad por sí mismo58.
La pedagogía ignaciana es una pedagogía activa porque está centrada en el estudiante, busca el cuidado personal de su libertad, un reencuentro con su propia humanidad. Por lo tanto, el alumno está llamado a aprender a discernir su vida, a examinarla para no caer en un desorden que afecte su proyecto de humanización; es necesario discernir para acoger aquello que lo humaniza y rechazar lo que le impida amar y servir en plenitud.
Así pues, la pedagogía ignaciana se realiza en cinco etapas: contexto, experimentar, reflexionar, actuar y evaluar, cada una de ellas se integran e interactúan, por eso la pedagogía es un proceso consiente y dinámico. La aplicación de estos procesos pedagógicos no solo es en la educación, sino que es necesario aplicarla también en entorno institucional. Toda la institución educa, el paradigma está al servicio de la gestión total y no solo del conocimiento.
La contextualización consiste en situarse en la realidad que se quiere experimentar, conocer, apropiar y transformar.59 Esto supone ver las condiciones sociales económicas, políticas, culturales que puedan deformar la percepción y comprensión de la realidad. La educación jesuita se preocupa por el individuo. Los maestros que prestan un servicio en los colegios y universidades deben conocer la vida de los alumnos. Como la experiencia humana es el punto de partida de la pedagogía ignaciana, se debe conocer el contexto concreto en el que tiene lugar la enseñanza y el aprender. Es importante que el profesor
58 Ibíd. 2.
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entienda el mundo de los estudiantes, la familia, amigos, compañeros, sus costumbres y la subcultura que les rodea a los jóvenes.60 Los profesores deben promover de vez en cuando que los alumnos reflexionen sobre estos dos mundos. Por último, los profesores deben tener la capacidad de distinguir los diferentes estilos de aprendizaje de sus alumnos y de los diversos tipos de inteligencia. También deben ordenar los tipos de nociones propuestas en su materia, para que el alumno vaya descubriendo que lo enseñado por el docente lo puede ubicar en su contexto., esto significa que el profesor debe utilizar las diferentes vías de acceso al aprendizaje, la sensación la emoción, el sentimiento, la institución y la razón. Con estos datos el docente sabrá que experiencia trazar para alcanzar un mayor provecho académico a nivel cualitativo como cuantitativo.
El ambiente educativo puede ser la condición previa y necesaria para una educación en valores y pueda llegar alcanzar una atención en el ambiente escolar en la que está teniendo lugar el desarrollo moral y la formación religiosa del joven. Una enseñanza de calidad, el respeto a los demás, el desarrollo integral de alumno, una auténtica relación personal entre el profesor y el alumno basada en la confianza y amistad, es necesario como condición indispensable para avanzar en el compromiso de los valores.61
La experiencia ignaciana va más allá de la compresión intelectual. La pedagogía ignaciana exige que “todo el hombre” mente, corazón, voluntad se implique en la experiencia educativa, anima a utilizar tanto la experiencia, la imaginación y los sentimientos, como el entendimiento. “La dimensión afectiva y cognoscitiva del ser humano se deben unir para mover a la persona humana a la acción”62 dice San Ignacio.
El tercer elemento pedagógico es el que más recoge la actividad intelectual. En los ejercicios de San Ignacio se impulsa en preguntarse ¿qué es la que se ha vivido en la experiencia? ¿Cuál es el significado? ¿Qué relación tiene con cada una de las dimensiones
60 Pedagogía Ignaciana, un planteamiento práctico, 12.
http://www.safa.edu/documentos/pedag%C2%ADIgnaciana.pdf (consultado 29 de junio de 2010)
61 Ibíd., 14 62 Ibíd.
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de nuestra vida?63 La reflexión es la forma de captar el significado y el valor de lo que se está estudiando, para descubrir su relación con otros aspectos del conocimiento y de la actividad humana.64 También es un proceso liberador y formativo porque forma la conciencia de los alumnos de tal forma que los impulsa a ir más allá del mero conocimiento y pasar a la acción.
La experiencia y la reflexión en la educación ignaciana son términos que presentan un “modo de proceder” más eficaz para lograr la formación integral del alumno, es decir, la experiencia y la reflexión lleva al alumno no sólo a profundizar en los temas sino a buscar un significado para la vida y realizar opciones personales de acuerdo con una visión integradora del mundo.
La acción es la quinta etapa que hace referencia al crecimiento humano interior basado en la experiencia que se ha reflexionado. Este paso para San Ignacio es la prueba más dura del amor es lo que uno hace y dice, el amor se demuestra con hechos y no con palabras.
La reflexión pedagógica ignaciana comienza con la realidad de la experiencia y termina en esa misma realidad para actuar sobre ella. Es necesario profundizar en la propia experiencia dice San Ignacio, son fuerzas que motivan y lo hacen pasar de la comprensión a la acción y al compromiso. Respetando la libertad cada uno, trata más bien de animar a la discusión y al compromiso por el “magis”, el mayor servicio a Dios y de nuestros hermanos y hermanas.65
Cuando se habla del crecimiento humano interior basado en la experiencia sobre que se ha reflexionado, así como su manifestación externa hay que referirse al término acción. Esto supone dos momentos, el primero es cuando el alumno después de reflexionar sobre las experiencias desde un punto personal; los contenidos son analizados y asumidos y opta por la verdad. El segundo momento es cuando los estudiantes interiorizan los contenidos, actitudes y valores y los impulsa a actuar, hacer algo coherente con sus convicciones; un
63 Ibíd., 15. 64 Ibíd., 17. 65 Ibíd., 18.
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ejemplo concreto sería cuando los estudiantes aprecian mejor la necesidad de los pobres después de haber vivido una experiencia de servicio en áreas marginales y haber reflexionado sobre ellas, esto puede influenciar en la decisión de proyectar su carrera al servicio de los pobres.
La pedagogía ignaciana se preocupa por el desarrollo equilibrado de los alumnos “como personas para los demás”. Por eso, es necesario evaluar a los alumnos porque ayudará analizar los progresos en sus actitudes, prioridades y acciones de acuerdo con el objetivo, ser una persona para los demás. El profesor captará a través de la observación las señales de madurez o inmadurez en las clases o actitudes de generosidad en la comunidad.
Por último, el resultado de una pedagogía ignaciana que sirve a la fe a través de la autoreflexion sobre el sentido pleno del mensaje cristiano y de sus exigencias en nuestro tiempo, el servicio de la fe y la promoción de la justicia, es el fundamento del humanismo cristiano contemporáneo. Estas características de la educación jesuítica hoy se llama “excelencia humana.” La educación jesuita forma estudiantes para los demás, personas competentes, concientizados y sensibilizados para el compromiso. Termino diciendo que la pedagogía ignaciana consiste en humanizar a la humanidad a través de los valores del Evangelio.