3.6 MEASURING INSTRUMENTS/OPERATIONALISATION
3.6.1 WORK ENGAGEMENT
El “árbol de Porfirio”, símbolo de la Edad media, en conexión con las es- tructuras jerárquicas, representa la sustancia (tronco) y sus nueve accidentes (ramas y hojas), constituyendo diez en total, que sería la suma de todo lo real determinado por números. Para tornar eso más claro, Eco (1994: 52-97) reflexiona en los siguientes términos:
El modelo porfiriano, que nos fue transmitido bajo la forma de “árbol de Porfirio”, deter- mina la utopía de un inventario finito de propiedades [...] Porfirio los enumera entre los predicables género, especie, diferencia, propio y accidente, sustituyendo la definición por la especie, donde la especie es permutable con la definición. [...] No existe un árbol de los árboles, porque el ser no es un summum genus, y los géneros generalísimos son meras categorías, pero eso no impide que pueda haber un número finito de inventarios finitos [...].
Otro modelo bifurcativo es el árbol cabalístico o Sefirótica, revelado por el rabino Isac Lúria en el siglo XVi. Este modelo organiza en diez esferas, in-
terconectadas verticalmente, los mundos visibles e invisibles conforme a sus jerarquías, e inspiró los más diversos estudios místicos del siglo XiX.
Cotidianamente, en la cultura informática se habla en tree, o representa- ción arborescente, donde las relaciones jerárquicas y los niveles de articula- ción son visualizados. Las bifurcaciones, representadas por los nódulos, son nombradas o simbolizadas, y como en otras redes, la naturaleza de los vín- culos, en la jerarquía, puede no quedar evidente. Las diversas estructuras de árbol, aristotélicas por excelencia, presentan dificultades de interpretación, ya que obedecen a una taxonomía que responde a un discurso cientificista. El concepto clásico de red como árbol nos remite a un modelo de definición por dicotomías sucesivas que van del género general a las especies ínfimas.
Pero en las últimas décadas estuvo en auge el modelo epistemológico sociocultural e interaccionista de red elaborada por medio de la construcción social del conocimiento. David Ausubel, Novak y Gowin trabajan con el mapa conceptual, que es la representación esquemática del conjunto de significa- dos conceptuales incluidos en una estructura de proposiciones y sus relacio- nes. Se procura por medio de él encontrar y mostrar las relaciones entre los conceptos contenidos en un texto, partiendo de la idea de que los individuos y los grupos de individuos construyen ideas sobre cómo funciona el mundo.
A partir de dos conceptos, pueden ser hechos mapas complejos. El aprendizaje significativo es producido cuando nuevos conceptos se engloban dentro de conceptos más amplios, más inclusivos, respondiendo a una es- tructura jerárquica. Novak (1991: 66) argumenta sobre la importancia de un método para ilustrar las estructuras cognitivas:
Los mapas conceptuales sirven como una herramienta útil para ilustrar ideas-llave en la teoría de la asimilación. La adquisición de nuevos conocimientos puede variar en un con- tinuo desde el aprendizaje por repetición hasta el aprendizaje significativo.
Según esa propuesta, para adquirir y estructurar conocimientos, los conceptos generales son colocados en la parte superior del mapa y los más específicos, en la parte inferior. Se trata de un recurso importante para el alumno, proveerse de información sobre sus procesos de pensamiento, sea para representar lo que sabe, sea para incorporar un nuevo concepto en el marco de lo ya aprendido.
El mapa conceptual ilustra las estructuras cognitivas o de significado de aquellos que perciben y procesan sus experiencias. Para Novak, los regis- tros son significados e interpretados usándose conceptos, principios, teorías y filosofías ya existentes, para afirmar cómo funciona el mundo estudiado. Ese proceso implica decisiones de valor, ya que toda afirmación, según esta teoría, lleva a juicios de valor.
En este sentido, el profesor interviene en la generación deliberada de las jerarquías de conceptos hasta que el alumno adquiera experiencia suficiente y no necesite ayuda. Se trata de una concepción constructivista que pretende rediseñar la construcción en ciencia y matemática y también la formación de profesores. Para alcanzar esa propuesta se procura cambiar las mentes de las personas, considerando en particular el modo como la enseñanza-aprendiza- je acontece y el que las personas ya conocen.
Jerome Bruner desarrolla un modelo de red de aprendizaje por descu- brimientos y búsqueda de alternativas con la activa participación del alumno. Retoma los actos de habla del lenguaje, con la locución y la fuerza elocutiva, para indicar lo que se pretende en determinadas circunstancias. El nexo en- tre las palabras, la relación de ellas o de las expresiones con otras constitu- ye, junto con la referencia, la esfera del significado. La referencia raramente alcanza la puntualidad abstracta de una expresión definida y singular y está sujeta a la polisemia y, por lo tanto, su significado es siempre indeterminado y ambiguo. Para que alguna cosa tenga sentido en la lengua, Bruner recurre a David Olson para decir que los actos de clarificación lingüistica requieren la negociación de significados, en el intercambio entre las personas. Aun así, se va tramando una red a partir de la lengua y el diseño.
Bruner propone tres tipos de discurso: el primero sería el “andamio” (andamiaje), el segundo la negociación del significado y, el tercero, la trans- ferencia de las representaciones culturales. Las redes establecen su propia organización con relación a esos actos de negociación de la cultura, realiza- dos en la interacción de sus miembros, constituyendo una “red de mutuas expectativas” (Bruner, 2000).
La teoría del actor-red, sustentada en la obra Sociología simétrica:
ensayos sobre ciencia, tecnología y sociedad, organizada por Miquel Do-
entre lo social y lo natural. Esa teoría explica la red tejida por actores hu- manos, fenómenos naturales y técnicos en un movimiento técnico-científico estabilizado. En este proceso no se da prioridad ni para el actor ni para la red, pues es en el fluir, en las formaciones discursivas, que se tejen las relaciones de poder y resistencia. La filosofía de la tecnología, en esta perspectiva, pro- pone la generación de redes de los movimientos sociales, asociaciones locales y globales, compuestas en el encuentro de lo humano con la tecnología y la naturaleza en cierto contexto social. Los autores de esta sociología se apoyan en una simetría generalizada, con fuerte influencia del pensamiento cons- truccionista.
En esa teoría hay una conformación social que sería constituida en redes de objetos híbridos o cuasi-objetos, al servicio de las empresas y corporacio- nes heterogéneas con fuerte connotación de algo natural. El cuasi-objeto es un fenómeno híbrido, un conglomerado de relaciones. Es una posición entre el sujeto y el objeto, un momento final de un proceso significando una posi- ción intermediaria, frágil y efímera que incluye ordenación, distribución y designación de identidades a los materiales relacionados.
En este reticulado heterogéneo, conocer es traer relaciones para el ser e identidades derivadas de ese movimiento en red, es traducir las relaciones de los participantes, objetos humanos y no humanos en un tramado móvil.
Callon y Latour (1988) entienden que todas las negociaciones, intrigas, actos de persuasión o violencia (gracias a los cuales un actor consigue la ad- hesión de otros actores) son los procesos por los cuales un actor teje una red. La resolución de los problemas en esta red puede acontecer por la hibrida- ción y no necesariamente por el cambio sociopolítico, por eso los movimien- tos sociales son importantes y deben contribuir para esas resoluciones.
Deleuze y Guattari privilegian la multiplicidad, la diversidad, las rela- ciones y las dinámicas de las conexiones ramificadas en todos los sentidos. De este modo, la posibilidad cognitiva no está en la secuencialidad y sí en la descentralización del sistema de escritura hipertextual.
El concepto de rizoma, acuñado por Gilles Deleuze y Félix Guattari (1983), es una respuesta a la metáfora del árbol que se va bifurcando y que representa la lógica clásica y los procedimientos binarios y dicotómicos. Des- criben el rizoma recurriendo a la imagen de bulbos y tubérculos de múltiples
ramificaciones para designar un modelo semántico opuesto a las concepciones de árbol con jerarquía, centro y orden de significación.
El rizoma es caracterizado por Deleuze y Gattari (1983: 12-21) según los principios enunciados a seguir, en los cuales Pierre Levy (1993) formula su pro- puesta de hipertexto:
1) Conexión y heterogeneidad: cualquier punto del rizoma puede ser conectado a cualquier otro. La metáfora de árbol o raíz presupone un cierto orden, mientras que el principio aquí referido implica ca- denas semióticas de todo tipo y conectadas a modos de codificación diversos. Un rizoma conecta eslabones semióticos de organización de poder que remiten a las artes, a las ciencias y a la lucha de clases. Un eslabón semiótico es como un tubérculo que aglomera diversos actos lingüísticos, pero también perceptivos, mímicos, gestuales, cogniti- vos. No existe lengua en sí ni universalidad del lenguaje. Contribuyen varios dialectos, pues no hay locutor-auditor ideal ni comunidad lin- güística homogénea.
2) Multiplicidad: lo múltiple va conformándose integrando lo más sim- ple, sobrio, y los rizomas individuales reintegran los hechos históri- cos-sociales a su ser-estar en el mundo, orientados por una utopía general. La multiplicidad es rizomática, se define por lo externo, por la línea de desterritorialización, conforme a lo cual se transforma su naturaleza al conectarse con otras. El plano de consistencia o retícu- la es la parte exterior de las multiplicidades, pues ellas son planas, aunque ocupan todas las dimensiones. El plano es de dimensiones crecientes conforme al número de conexiones que se establecen en el mismo.
3) Ruptura-significante: un rizoma puede ser fragmentado en cualquier parte, pues él torna a brotar siguiendo la misma u otra línea. Todo rizoma acepta líneas de segmentariedad, según las cuales puede ser significado, estratificado, territorializado, organizado, atribuido, et- cétera, pero también sustenta líneas de desterritorialización, por las cuales huye sin parar. En la ruptura se traza una línea de fuga, pero en ella siempre se pueden encontrar organizaciones que reestratifican
el conjunto, atribuciones que reintegran el poder a un significante y que reconstituyen un sujeto (desde el resurgimiento edípico hasta las concreciones fascistas). En el devenir se territorializa un término y se desterritorializa otro.
4) Cartografía y calcomanía: un rizoma no responde a ningún modelo estructural o generativo, pues ellos responden a copias reproducibles hasta el infinito. El rizoma es mapa, ya que es dirigido a una expe- rimentación derivada de la realidad y opera sobre el deseo por im- pulsos externos y productivos. Un mapa construye un inconsciente y contribuye con la conexión de los campos al desbloquear los cuerpos a su máxima apertura sobre un plano de consistencia que es dada por la cantidad de conexiones.
El rizoma posee diversas formas, desde su extensión superficial ramifica- da en todos los sentidos, hasta sus concretizaciones en bulbos y tubérculos:
El rizoma es una anti-genealogía, “procede por variación, expansión, conquista, captura, apertura, se remite a un mapa que debe producirse, construirse, ser demostrable, conecta- ble, invertible, modificable con entradas y salidas múltiples, con sus líneas de fuga. Se trata de un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, definido únicamente por una circu- lación de estados” (Deleuze y Guattari 1983: 6-40).
Procediendo así, va generando un espacio físico y también inmaterial, cuestión aún polémica en nuestra cotidianidad. En el rizoma existe una rela- ción con la sexualidad, pero también con lo animal, lo vegetal, con las cosas de la naturaleza, los artificios y toda clase de devenires.
Al reinventar la práctica en un mundo globalizado, el educador se libera del ostracismo al explorar y migrar para el ciberespacio, reintegrando su pro- ducción en la red. Así, el rizoma incluye la dimensión ético-política, ya que esas conexiones operan con unos y no con otros. El educador, al colocarse en movimiento y establecer el máximo de conexiones con los otros, genera una comunidad por él no percibida hasta entonces.
La alienación sería la paradoja en las redes acéntricas, contraponiéndose al pensamiento único. Ese tipo de red se torna revolucionario, porque en ella el
poder no es poseído, es ejercido, procede por variaciones múltiples y no apenas de forma dialéctica.