Data processing and analysis
5.1 WORK PACKAGE 1: LITERATURE REVIEW
¿En diversos pueblos y culturas alrededor del mundo las drogas siempre han sido un problema? La respuesta es negativa, el consumo de estas sustancias ha sido observado desde la antigüedad en numerosos pueblos y culturas en todo el mundo, sin embargo, sólo alcanzó la denominación de “problema” a partir de la década de 1960 (Del Moral y Fernández, 2009); entonces ¿cómo es que en la actualidad representan uno de las principales preocupaciones a nivel de salud y seguridad social? Este cambio es una razón para considerar la concepción de las drogas como un indicador del tipo de sociedad y de conciencia que en ella predomina (Touzé, 1995), los
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imaginarios sobre estas –y sobre sus consumidores– varían según cada cultura y época. Además, estas interrogantes tienen relación con los discursos de los toxicómanos que entrevisté, como se podrá constatar más adelante.
Como ya mencioné, las drogas se han consumido desde el inicio de la civilización. Prácticamente todas las sociedades conocidas han hecho uso de sustancias psicotrópicas. Registros antiquísimos atestiguan que la intoxicación representaba una búsqueda de experiencias sensitivas y alteraciones de la conciencia, se utilizaban con fines religiosos, chamánicos, adivinatorios, por motivos sociales e incluso médicos. Esto brinda elementos para pensar en el consumo de drogas como un fenómeno plural en todos los sentidos: se da en diversas épocas, en una variedad de lugares, por medio de diferentes sustancias y con distintos objetivos (Buffill, 2000; Lora y Calderón, 2010; Martí, 2000; Ralet, 2000; Touzé, 1995).
Enric Buffill (2000) menciona la aportación del arqueólogo Lewis-Williams, quien explica que gran parte de las pinturas rupestres de los pueblos nómadas podrían tratarse de imágenes producto de alteraciones en el sistema nervioso central, lo que da indicios del uso de sustancias psicotrópicas desde hace más de 20,000 años.
Por otra parte, de los griegos proviene el termino phármakon, que significa remedio y veneno simultáneamente. Para esta civilización la toxicidad no se medía en términos morales sino en términos cuantitativos; es decir, la diferencia de dosis era el límite entre beneficio – remedio– y perjuicio –veneno–, con lo que la diferencia de sus efectos no la establecía la sustancia, sino su uso. También existen registros sobre el uso del opio por las escuelas médicas de la Grecia clásica. La Roma antigua atribuía un especial valor al opio por su importancia en la eutanasia y el tratamiento del dolor (Touzé, 1995). No obstante, no se han encontrado referencias sobre personas esclavizadas u ofuscadas por su consumo en ninguna de las culturas mencionadas.
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Dentro de las culturas orientales, en Mesopotamia los registros más antiguos del consumo de alcohol datan de hace 5000 años; además, los mesopotámicos y también los egipcios utilizaron el opio para para tratar el dolor, al igual que los romanos. El cannabis sirvió hace más de 3000 años en rituales religiosos hindúes, la alta estima del budismo hacia el cáñamo se relacionó con sus efectos en las técnicas de meditación, y se conocen diversas preparaciones del mismo en la península indostánica desde el siglo XV a.C. (Buffill, 2000; Touzé, 1995).
Del otro lado del mundo, en la América precolombina, chamanes de sociedades tradicionales, como los indios americanos, utilizaron sustancias psicotrópicas, lo cual se remonta a miles de años. En América Central, los registros del uso de la hoja de coca datan del siglo III a.C., esto se conoce debido a estatuillas encontradas en Ecuador y Perú cuyos rostros, aparentemente, presentan rasgos de intoxicación. Además, la casta sacerdotal Inca la usó en ceremonias religiosas y de adivinación; de hecho, en culturas andinas la hoja de coca sigue siendo considerada un don sagrado de “Pacha Mama”, la “Tierra Madre” (Buffill, 2000; Ralet, 2000; Touzé, 1995).
En las culturas heleno-cristianas, el vino fue considerado sagrado –el espíritu de Dionisos, la sangre de Cristo, un arte milenario de vida–; de esto aún quedan vestigios en el ritual de la comunión, en donde el sacerdote consagra el vino (Ralet, 2000).
Inclusive la integración en la cultura europea de sustancias como el café y el tabaco, fue motivo de controversia y marca distintiva de la burguesía del siglo XVIII, que han fungido como signo de identificación de la clase social en auge desde entonces (Ralet, 2000).
Es hasta mediados del siglo XIX cuando comienza la cruzada prohibicionista debida a tres factores principales: el empuje del sentimiento puritano en defensa de los valores “tradicionales” de los colonizadores, opuesto a cualquier clase de asociación entre el consumo de
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sustancias y el mandato divino; la ola de “opiomanía” desatada a raíz del comercio entre Gran Bretaña y China, la cual tuvo como resultado que el Emperador decidiera poner fin a la situación, prohibiendo su venta en todo el territorio, con lo cual la Reina Victoria declaró las “Guerras del opio”; y, por último a finales de siglo XIX el apogeo de la experimentación con sustancias psicotrópicas y la concurrencia de inmigración china para trabajar las vías férreas en Estados Unidos, originó que los sindicatos norteamericanos, con un sesgo claramente racista, lanzaran una campaña asociando a los inmigrantes chinos con el opio y el crimen26. Este proceso desembocó en que la legislación e ideología de Estados Unidos traspasara los límites territoriales y temporales, y se extendiera por todo el mundo (González, 2000; Ralet, 2000).
Estos ejemplos dan testimonio de la transformación que ha tenido la concepción cultural de las drogas, antaño concebidas como facilitadores de vínculos sociales y vehículos hacia lo sagrado, como experiencia psicológica y artística o práctica religiosa, y cuyo consumo no era considerado “problemático” (Ralet, 2000; Touzé, 1995). Así, considero legítimo que este trabajo parta de la hipótesis inicial o prejuicio de considerar que son las condiciones sociales las que dan el sentido a las drogas. No hay drogas –sustancias “malignas” en sí mismas–, sino sustancias investidas como tales (Lewkowicz, s.f).