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3.6 Working creatively everything speaks

3.6.3 Working with objects and materials

La posibilidad de movilizar las interacciones verbales desde los principios de la interacción verbal en el preescolar implica el reconocimiento de estrategias pedagógicas y didácticas desde las cuales este proceso se enriquezca y más aún que convierta el aula en un escenario comunicativo; debido a esto se encuentra que desde el juego, la literatura y el arte se motiva en el preescolar procesos comunicativos.

La relación que se establece entre juego e interacciones verbales se centra en que en el papel del juego en la producción de encuentros sociales en los que construyen usos lingüísticos, se negocian experiencias, se asumen posiciones frente a una realidad, lo cual se desarrolla paulatinamente mediante las interacciones verbales del niño con otros, especialmente padres, docentes y otros niños.

El juego es una de las actividades esenciales de la primera infancia, se hace necesario reconocer cómo éste apoya las interacciones verbales y por ende el desarrollo del lenguaje desde formas lingüísticas que se involucran en el juego y las cuales se complejizan a medida que el niño se desarrolla, favoreciendo la interacción social en el aula.

De otra parte las interacciones verbales permiten crear y mantener el juego desde los usos del lenguaje oral en los que se narran mundos posibles y se argumenta su creación desde la experiencia imaginativa que se desarrolla, como afirma Agudelo, parafraseando a Rosemberg: ―el lenguaje permite el desarrollo del juego, y el juego al requerir la puesta en la interacción de recursos lingüísticos y discursivos más complejos, da lugar a que los niños lo desarrollen‖ (Agudelo, 2006, p. 4)

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El juego posee diferentes tipologías, que para nuestro interés investigativo, se retoma el juego de roles en el que el niño realiza transformaciones de objetos, de realidades y de personas atendiendo a la consolidación de un mundo simbólico, el cual se comparte y negocia desde la oralidad para no generar ambigüedades entre quienes participan del acto lúdico. Desde el juego se posibilita el desarrollo de estrategias discursivas como la narración, la explicación y la argumentación, puesto que es allí en donde se representan vivencias de su cotidianidad.

Los juegos de rol favorecen el desarrollo de la función interactiva del lenguaje al permitir a los niños organizarse, escucharse entre sí, resolver conflictos, a distribuir responsabilidades y trabajo; así mismo la función cognitiva con la cual se analizan, evalúan, interpretan y observan los discursos creados dentro de los mundos posibles y de los retos por superar, involucrarse en las situaciones que emergen dentro y fuera del juego, lo que permite acceder al conocimiento de forma significativa, pues convierte en relevantes informaciones que de otra manera serían absurdas.

Los juegos de rol generan ambientes de aprendizaje que, más que un espacio físico dotado de materiales, son un escenario que propicia condiciones favorables de aprendizaje. De esta manera los participantes desarrollan capacidades, competencias, valores y habilidades, entre otras. Todo esto con el fin de comprender el ámbito social, cultural y afectivo de los individuos en los que se crean relaciones no solo con el conocimiento sino con sus participantes.

Por lo tanto, en el juego de rol se generan aprendizajes sociales, culturales e históricos que le permiten identificarse como sujeto que asume un papel en el grupo social al que pertenece; de igual manera se estimula la creatividad, la autonomía, la curiosidad y se propicia el desarrollo de valores y comportamientos que permiten mejorar la convivencia y desarrollar los procesos de aprendizajes no solo en cuanto a la competencia comunicativa oral, sino también en aspectos

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sociales y competencias ciudadanas. Por ende, el juego es fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, puesto que la calidad con que una persona aprende algo se basa en la utilidad práctica que le encuentre a dicho conocimiento.

Por esta razón es importante reconocer que estos espacios deben organizarse de manera que produzcan en sus participantes el deleite y el placer por aprender, por construir y entender la realidad. Es allí donde la lúdica aparece de manera importante dentro de los ambientes de aprendizaje, pues el juego, como expresa Duarte da lugar a ―los procesos de construcción de identidad y pertenencia cognitiva, opción que se sustenta desde el reconocimiento de que el juego también reside en el lenguaje y atraviesa los procesos educativos constituyéndose en medio y fuente que permite relacionar pensamientos para producir pensamientos nuevos‖ (Duarte, 2003, p.25).

Se debe ser consciente que en la formación del niño interactúan varios factores, y que el juego es un escenario enriquecedor, por lo cual no hay que perderlo de vista si se quieren abordar unas pedagogías interaccionistas en las que se pretende liberar la palabra, crear acuerdos, favorecer las intersubjetividades. La creatividad entra a formar parte del desarrollo cognitivo e integral del individuo, al igual que el juego, dado que ―el motivo de que el juego sea tan esencial consiste en que en él, el paciente se muestra creador‖ (Duarte, 2003, p. 33).

Para explicar lo anterior se puede decir que en el juego se lograr crear y hacer uso de la personalidad, por lo que el individuo manifiesta seguridad y al mismo tiempo se siente libre y autónomo frente a las decisiones que toma en el juego, ya que él mismo puede crear. Así como los niños necesitan jugar, también es necesario ver que la creatividad tiene un papel importante al realizar esta acción. El juego permite a los niños expresar sus sentimientos e ideas. El juego ―conduce de modo natural a la creatividad porque, en todos los niveles lúdicos, los niños se ven

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obligados a emplear destrezas y procesos que les proporcionan oportunidades de ser creativos‖ (Moyles, 1990, p. 87).

Al igual que el juego, las experiencias artísticas enriquecen las interacciones verbales en el aula al generar procesos creativos y expresivos que transforman la realidad con una intensión comunicativa, como afirma Dewey ―el arte es fundamentalmente una cualidad especial de la experiencia, y el proceso mediante el cual se vive depende del uso del pensamiento cualitativo‖ (Dewey, 1934, p. 34), es decir que las experiencias artísticas se encuentra en la vida cotidiana de los seres humanos, de ahí que la escuela pueda fomentar escenarios de enseñanza y aprendizaje mediante el arte.

La experiencia artística surge de las interacciones del niños con su entorno y con otros seres humanos, las cuales pueden ser vivenciadas desde los sentidos pero adquieren significación en la comunicación interactiva al comparar, categorizar y contrastar la experiencia individual, por lo cual se puede afirmar que desde la relación que se establece entre la experiencia artística y las interacciones verbales se logra transformar la experiencia propia en una forma pública mediante textos, conversaciones, usos, dibujos, juegos, pinturas ―las culturas de todo el mundo han proporcionado a sus habitantes los recursos necesarios para transformar la experiencia en una forma pública, de manera que otros puedan experimentarla‖ (Eisner, 1998, p. 41)

Por lo anterior, se hace necesario que los niños, niñas y docentes conviertan el aula escolar en un escenario de experiencias sensibles, artísticas, lingüísticas en las que la cultura de un determinado contexto social pueda ingresar y enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje, para que así se aprenda a dibujar, bailar, escribir, narrar, leer el mundo que se conoce y el cual se representa; es allí en donde las interacciones verbales facilitan este proceso al crear espacios en los que se tiene algo por decir y contar a quienes nos rodean.

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Desde las interacciones verbales, las experiencias artísticas y el juego se crean escenarios de representación que parten del conocimiento que se tiene del mundo en que se habita, el cual se logra recrear en mundos posibles en donde ―el lenguaje conforma, enfoca y dirige nuestra atención: transforma nuestra experiencia en el proceso de hacerla pública‖ (Eisner, 1998, p. 41). El aula escolar se convierte en un sistema de comunicación; como se afirma en párrafos anteriores, en el que se negocian significaciones y se transforman realidades desde las interacciones verbales en las que no se acumulan experiencias y conocimientos; sino más bien se construyen significados acerca de mundo que les rodea y comprender lo que este mismo mundo significa para otros seres humanos.

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