LA IGLESIA ORTODOXA: UNA APROXIMACIÓN A SU
HISTORIA, PATRÍSTICA, ICONOGRAFÍA Y VIDA
SACRAMENTAL
Trabajos para la obtención del Doctorado en
Teología
de
FRANCISCO ORTIZ AGUILERA
Prof. Director: Ángel Francisco Sánchez Escobar
(Associate Dean)
Saint Stephen Harding
Theological College and Seminary
Saint Seraphim School of Orthodox Theology
(Winston-Salem, North Carolina)
©Francisco Ortiz Aguilera
The St. Stephen Harding College Publishing House Winston-Salem, NC, 2009
ABOUT THE AUTHOR
Rt. Reverend Dr. Francisco Ortiz Aguilera (+Esteban) was born in Seville, Spain. He studied Nursing and Biology in Belmont University, Nashville (USA), where he lived for five years (1980-1985). He later gained his Bachelor’s in Nursing in the University of Seville.
In 2006, he graduated from the Seminario Ortodoxo de la Santísima Trinidad (IOAE:
Iglesia Ortodoxa Autónoma de España) in Orthodox Theology. He also holds a
Doctorate in Theology (2009) from Saint Stephen Harding Theological College and Seminary-Saint Seraphim School of Orthodox Theology (Winston- Salem, USA). +Esteban is an expert in Liturgy.
ÍDICE
INTRODUCCIÓN GENERAL ... 8
LA SANTA TRADICIÓN: ELEMENTOS... 9
PARTE PRIMERA... 18
HISTORIA DE LA IGLESIA ORTODOXA... 18
INTRODUCCIÓN A LA PARTE PRIMERA ... 19
EL SETIDO DE LA HISTORIA E LA IGLESIA ORTODOXA ... 19
CAPÍTULO PRIMERO... 21
MOMENTOS CLAVES EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA BIZANTINA ... 21
INTRODUCCIÓN... 21
LOS PRIMEROS CUATRO SIGLOS ATES DE COSTATIO ... 22
1. LA REVOLUCIÓN CONSTANTINIANA: EL EDICTO DE MILÁN Y LA LIBERTAD DE CULTO DE LOS CRISTIANOS ... 29
2. LA FORMULACIÓN DEL CREDO ORTODOXO: EL CONCILIO DE NICEA (325) Y EL CONCILIO DE CONSTANTINOPLA (381)... 38
3. LA CRISIS ICONOCLASTA ... 53
CAPÍTULO 2 ... 68
MOMENTOS CLAVES EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA RUSA ... 68
INTRODUCCIÓN... 68
1. EL BAUTISMO DE RUSIA ... 70
2. EL YUGO MONGOL Y EL SURGIMIENTO DE MOSCÚ COMO CENTRO ECLESIÁSTICO (SIGLOS XIII-XV) ... 80
3. MOSCÚ: LA “TERCERA ROMA” (SIGLO XV) ... 86
PARTE SEGUNDA ... 99
LOS PADRES DE LA IGLESIA ... 99
INTRODUCCIÓN A LA PARTE SEGUNDA... 100
LA IGLESIA ORTODOXA: UA IGLESIA PATRÍSTICA ... 100
COCEPTO DE LA PALABRA “PADRE“ ... 101
CAPÍTULO 3 ... 105
LOS PADRES DE LA IGLESIA: LOS PADRES ANTE-NICENOS... 105
LOS PADRES APOSTÓLICOS ... 105
LA DIDACHÉ O ESEÑAZA DE LOS DOCE APÓSTOLES ... 107
CLEMETE DE ROMA Y SU CARTA A LOS CORITIOS ... 117
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DE CLEMENTE ... 126
IGACIO DE ATIOQUÍA... 128
POLICARPO DE ESMIRA ... 134
PAPÍAS DE HIERÁPOLIS ... 142
EPÍSTOLA DE BERABÉ... 147
HERMÁS... 150
PADRES APOLOGISTAS Y ANTI-HERÉTICOS... 155
SA JUSTIO MÁRTIR ... 159
LA PRIMERA APOLOGÍA... 162
LA SEGUNDA APOLOGÍA ... 165
DIÁLOGO CON TRIFÓN ... 166
IREEO DE LYO... 170
CAPÍTULO 4 ... 177
LOS PADRES NICENOS Y POST-NICENOS (SIGLOS IV Y V) ... 177
INTRODUCCIÓN... 177
LOS CUATRO PRIMERO COCILIOS ... 178
SAN ATANASIO... 182
OBRAS Y PENSAMIENTO DE ATANASIO ... 184
LOS PADRES CAPADOCIOS... 192
SA BASILIO EL GRADE ... 194
OBRAS DE SAN BASILIO EL GRANDE ... 202
SA GREGORIO ACIACEO ... 211
OBRAS DE GREGORIO NACIANCENO ... 214
GREGORIO DE ISA ... 224
OBRAS DE GREGORIO DE NISA ... 225
CAPÍTULO 5 ... 235
LOS PADRES BIZANTINOS (VI-XV) ... 235
LOS PADRES BIZANTINOS POSTERIORES (SIGLOS V-VIII) ... 236
ITRODUCCIÓ... 236
MÁXIMO EL COFESOR ... 237
OBRAS DE MÁXIMO EL CONFESOR... 239
JUA DAMASCEO... 247
OBRAS DE JUAN DAMASCENO ... 249
LOS PADRES BIZANTINOS RECIENTES (SIGLOS VIII-XV) ... 260
SA SIMEÓ EL UEVO TEÓLOGO ... 260
SA GREGORIO DE PALAMÁS ... 267
PARTE TERCERA ... 281
PRAXIS:... 281
ICONOGRAFÍA Y VIDA SACRAMENTAL... 281
INTRODUCCIÓN A LA PARTE TERCERA... 282
CAPÍTULO 6 ... 285
ARTE SAGRADO: ICONOS ... 285
ANTECEDENTES E HISTORIA ... 285
FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DE LOS ICONOS ... 298
SENTIDO Y SIMBOLOGÍA DE LOS ICONOS ... 307
CAPÍTULO 7 ... 316
LA VIDA SACRAMENTAL DE LA IGLESIA ORTODOXA ... 316
INTRODUCCIÓN... 316
LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA ORTODOXA ... 318
LA EPÍCLESIS EN LOS SACRAMENTOS ... 323
LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN CRISTIANA: BAUTISMO, CONFIRMACIÓN Y EUCARISTÍA... 327
Bautismo y Confirmación ... 327
La Eucaristía ... 337
SACRAMENTOS DE LA CURACIÓN (PENITENCIA Y UNCIÓN DE LOS ENFERMOS) ... 346
La penitencia ... 346
La Unción de los Enfemos ... 352
SACRAMENTOS AL SERVICIO Y MISIÓN DE LOS FIELES (ORDEN Y MATRIMONIO... 361
Sacramento del Orden Sacerdotal... 361
APÉNDICES ... 379
APÉNDICE A: CANON DE MURATORI ... 380
APÉNDICE B: CREDO "QUICUMQUE" O "DE SAN ATANASIO" ... 382
APÉNDICE C: RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA DE SAN ATANASIO ... 384
APÉNDICE D: CRONOLOGÍA DE LA CONTROVERSIA ARRIANA ... 387
BIBLIOGRAFÍA ... 392
FUENTES PRIMARIAS... 392
FUENTES SECUNDARIAS... 394
OTRAS WEBS UTILIZADAS EN LOS TRABAJOS ... 401
ILUSTRACIOES Ilustración 1: San Pedro y San Pablo ... 22
Ilustración 2: Canon Muratori ... 23
Ilustración 3: Emperador Trajano... 26
Ilustración 4: Visión de Constantino en la batalla del puente Milvio ... 29
Ilustración 5: Cruz de la visión de Constantino... 31
Ilustración 6: Iglesia de los Santos Apóstoles ... 37
Ilustración 7: Concilio Ecuménico de Nicea (325) ... 40
Ilustración 8: San Germán de Constantinopla ... 57
Ilustración 9: San Esteban el Joven ... 60
Ilustración 10: Cirilo y Metodio ... 68
Ilustración 11: el Príncipe Vladimir ... 71
Ilustración 12: El bautismo de Rusia... 77
Ilustración 13: El príncipe de Moscú Dimitry acudiendo a San Sergio para pedirle su bendición ... 82
Ilustración 14: Moscú en sus comienzos ... 85
Ilustración 15: Los doce Apóstoles ... 109
Ilustración 16: Clemente de Roma ... 117
Ilustración 17: San Policarpo... 135
Ilustración 18: Martirio de Policarpo ... 139
Ilustración 19: St. Papías ... 143
Ilustración 20: San Justino Mártir ... 159
Ilustración 21: Ireneo de Lyon... 170
Ilustración 22: San Atanasio... 182
Ilustración 23: Basilio y Gregory de Nacianzo ... 193
Ilustración 24: San Basilio el Grande ... 194
Ilustración 25: Pontus hoy en día ... 198
Ilustración 26: San Gregorio Nacianceno... 211
Ilustración 27: Gregorio de Nisa ... 224
Ilustración 28: Obras de San Gregorio de Nisa ... 227
Ilustración 29: Máximo el Confesor... 237
Ilustración 30: Juan Damasceno ... 247
Ilustración 31: Monasterio de Mar Saba... 248
Ilustración 32: Simeón el Nuevo Teólogo... 260
Ilustración 33: Monte Athos (Grecia)... 267
Ilustración 34: Gregorio de Sinaí, maestro de Palamás... 269
Ilustración 35: San Gregorio Palamás ... 270
Ilustración 36: la Santa Faz ... 287
Ilustración 38: Curación de un paralítico (Dura-Europos) ... 289
Ilustración 39: Pantocrátor con libro cerrado ... 294
Ilustración 40: La Trinidad de Rublev... 298
Ilustración 41: icono de la Transfiguración... 300
Ilustración 42: la Dormición de María ... 314
Ilustración 43: Bautismo de Jesús ... 330
Ilustración 44: el Apóstol Ananías unge al Apóstol Pablo... 334
Ilustración 45: La Última Cena ... 337
Ilustración 46: Jesús perdona los pecados a Maria Magdalena ... 347
Ilustración 47: Curación del ciego... 352
Ilustración 48: Unción de los Enfermos ... 357
Ilustración 49: Las Bodas de Caná ... 368
Ilustración 50: Las coronas en la boda ortodoxa ... 374
Ilustración 51: Iconos nupciales ... 378
TABLAS Tabla 1: Los siete concilios ... 12
Tabla 2: El Credo Apostólico ... 13
Tabla 3: El Credo Niceno-Constantinopolitano ... 14
Tabla 4: Personajes destacados en la controversia iconoclasta ... 54
Tabla 5: Controversia iconoclasta: Hechos notables... 54
Tabla 6: Obra de S. Atanasio... 186
Tabla 7: Obras de San Basilio el Grande... 203
ITRODUCCIÓ GEERAL
En las siguientes páginas vamos a desarrollar distintos aspectos de la Iglesia
Ortodoxa que, como sabemos, tiene su origen en la iglesia primitiva y en el ministerio
encargado por Jesús para la diseminación del evangelio del Reino. Trataremos de
desarrollar los siguientes siete puntos, en sendos capítulos, y en tres partes.
PARTE PRIMERA: HISTORIA
1. Momentos Claves en la Historia de la Iglesia Bizantina 2. Momentos Claves en la Historia de la Iglesia Rusa
PARTE SEGUNDA: PATRÍSTICA 3. Los Padres Ante-Nicenos
4. Los Padres Nicenos y Post-Nicenos 5. Los Padres Bizantinos
PARTE TERCERA: PRAXIS 6. El Arte Sagrado: Iconos
7. La Vida Sacramental de la Iglesia Ortodoxa
Estos 7 puntos cubren un amplio espectro de la historia, tradición patrística y
praxis de la Iglesia Ortodoxa. Pero antes de continuar, es importante comprender qué
significa para la Ortodoxia la Tradición, la Santa Tradición, al igual que su concepto de
historia. Esto nos ayudará a darle sentido al trabajo presente.
Deseo hacer indicar respecto a las citas que a veces están en inglés porque nos
ha sido imposible encontrar una traducción al español. En este caso, el procedimiento
siempre ha sido explicar o resumir brevemente el contenido de ellas antes o después de
LA SATA TRADICIÓ: ELEMETOS
Para la Iglesia Ortodoxa, la Tradición es la fuente de su fe y su doctrina, y la
hace distinguirse de otras iglesias cristianas. En contraste, por ejemplo, con el
cristianismo occidental que profesa un tipo de dicotomía entre la Biblia, considerada
como la palabra revelada de Dios y la tradición de la Iglesia, considerada tan importante
como la Biblia (la Iglesia Católica Romana) o secundaria, e incluso insignificante
(Protestantismo), la Iglesia Ortodoxa mantiene la posición de que la Tradición incluye
la Biblia, porque la Biblia es el epifenómeno, la forma exterior de nuestra Tradición
Cristiana. Como Maximos Aghiorgoussis indica:
La tradición de la Iglesia no es otra cosa que la vida de la Iglesia, una vida en el Espíritu Santo. Desde un punto de vista cristiano, la Iglesia no es una mera sociedad humana de manera que podemos identificar la tradición con la historia de esta sociedad. La Iglesia es el cuerpo viviente de Cristo, con una historia en lo que respecta a sus miembros humanos se refiere, pero también con una vida interior que escapa a los ojos del historiador, y sólo es visto por el ojo de la fe.
Aghiorgoussis distingue entre una fuerza interior que guía la historia y el espíritu
que la inspira, y esta fuerza está en el Espíritu Santo, y en las manifestaciones humanas
externas de la vida del Espíritu en la Iglesia. Las enseñanzas impartidas por los doce
apóstoles, los setenta o misioneros como Pablo fueron entregadas a la comunidad
apostólica y siguen viviendo en la comunidad cristiana. La Tradición es pues una
“continuidad viva” desde la comunidad apostólica de la iglesia primitiva hasta la
comunidad que la continuó. La misma fe, enseñanzas y doctrina se han perpetuado a lo
largo de la historia de la Iglesia. La Tradición es la vida de la Iglesia. Es histórica y, al
mismo tiempo, suprahistórica, porque, aunque vive en la historia, la sobrepasa por la
misma vida en el Espíritu Santo que conlleva. Además, la Tradición no es inmóvil sino
que se recrea con la vida de la comunidad y sus experiencias de Dios.
Al final del siglo II se estableció el canon de las Escrituras, 49 libros del Antiguo
“Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos
que su testimonio es verdadero. Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las
cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros
que se habrían de escribir. Amén.” Es decir, muchas enseñanzas de Jesús no se vieron
incluidas sino que permanecieron siendo parte de la Iglesia, que las perpetuó con la
Tradición, y es ésta, con su luz, como dice San Basilio, las que hacen que las Escrituras
no sean mera letras. Es el Espíritu el que hace que la Tradición siga viva en la Iglesia y
en la experiencia del creyente. San Pablo dice en su epístola a los Gálatas (5,25): “Si
vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”
En términos de fe, la tradición dogmática o doctrinal de la Iglesia, de acuerdo
con Aghiorgoussis, es el componente que con mayor relevancia representa dicha
tradición, pero hay otros elementos integrados en ésta de gran importancia también para
su conformación:
a) Las Sagradas Escrituras (Nuevo y Antiguo Testamento). Es la parte de
mayor autoridad dentro de la Santa Tradición de la Iglesia. La Biblia es el producto y el
epifenómeno de la vida de la Iglesia. Es la labor de los hombres, pero también la obra
del Espíritu Santo de Dios, que obra en la vida de la Iglesia. Esta es la razón por la que
la Iglesia se somete a la autoridad de la Biblia. De acuerdo con la Iglesia Ortodoxa, el
Espíritu Santo inspira y el autor evangélico, dentro de su imperfección, sigue su guía
para expresar el mensaje perfecto del Espíritu. En este sentido, podemos entender las
posibles imperfecciones en los libros de la Biblia, ya que son el resultado de la
cooperación entre el todo perfecto Autor Divino, el Espíritu, y el autor humano
imperfecto. La crítica textual bíblica es completamente normal y aceptable por los
ortodoxos, ya que ve la Biblia desde ese punto de vista. Nada humano es perfecto,
Pero la Santa Biblia, y más concretamente el Nuevo Testamento, no contienen
toda la doctrina y las enseñanzas de Cristo. La Iglesia, que ha producido la Biblia, no se
somete totalmente a sólo uno de los epifenómenos de su vida, incluso si se trata de la
más autorizada. Una parte importante de las enseñanzas y la doctrina de Cristo siguen
siendo actuales y se entregan a las generaciones de los santos a través de otros medios y
formas que también son parte de la vida de la Iglesia, una vida en el Espíritu Santo. Uno
de esos medios y métodos a través de los cuales la verdad de Cristo viene a nosotros es
la doctrina de los Santos Padres de la Iglesia.
b) Los Padres de la Iglesia. El término “Padres“, tal como lo entendemos, se refiere a personas de gran fe y santidad de la vida, grandes maestros de la verdad de
Cristo, defensores de la Iglesia y combatientes de los enemigos de la fe cristiana y la
verdad (los llamados “herejes“). Estos padres, como veremos, impartieron siempre la fe
en la fidelidad y la continuidad con nuestros orígenes cristianos. Por un lado, edificaron
espiritualmente a los fieles, al rebaño de Cristo, con la verdad del Evangelio en su
sentido más completo, que fue entregado a ellos en la tradición de los Santos junto con
el Evangelio. Por otra parte, estos mismos Padres siguieron los pasos de los Apóstoles
en su oposición a los herejes, a “los opositores de la fe” (Tit. 1, 9; 1 Tim. 6, 4-5; 2 Tim.
4, 3-5), y defendieron la integridad de la verdad. Los Padres siempre defendieron la
integridad de la verdad en su totalidad y plenitud (olon kata = catolicidad,
universalidad). La Iglesia depende de todos estos Padres y de sus experiencias acerca de
la fe viva, presente en continuidad desde la Iglesia primitiva a la Iglesia actual.
c) Los grandes concilios. La doctrina de la Iglesia se estableció mediante los llamados concilios ecuménicos, esto es “universales” o “imperiales”, a los que haremos
alusión”. La iglesia ortodoxa reconoce autoridad a los decretos de los siete primeros
doctrinas básicas sobre la Trinidad y la Encarnación, además de otros asuntos
cristológicos y dogmáticos. Estos son:
1- Concilio de Nicea (año 325)
2- Concilio Primero de Constantinopla (año 381). 3- Concilio de Éfeso (año 431)
4- Concilio de Calcedonia (año 451)
5- Concilio Segundo de Constantinopla (año 553)
6- Concilio Tercero de Constantinopla (del año 680-681) 7- Concilio Segundo de Nicea (año 787)
A la Iglesia Ortodoxa se le llama la “Iglesia de los siete concilios.” Veamos un
resumen de sus doctrinas o disposiciones en el siguiente cuadro:
LA IGLESIA DE LOS SIETE COCILIOS
Para la Iglesia Ortodoxa, en los siete primeros concilios queda fijada la doctrina cristiana que será para siempre la base y el contenido de la fe de la Iglesia Ortodoxa. La doctrina cristológica y pneumatológica es elaborada por los Padres de la Iglesia y sancionada como dogma por los concilios ecuménicos. El primer concilio ecuménico, I de Nicea (325), proclama que el Hijo de Dios es consubstancial con el Padre. El segundo, I de Constantinopla (381), confiesa la divinidad del Espíritu Santo. El tercero, Éfeso (431), confiesa la unidad de persona, la divina, en Jesucristo y la maternidad de María. El cuarto, Calcedonia (451), proclama la doctrina de las dos naturalezas de Cristo, la humana y la divina, en una sola persona, sin confusión ni división. El quinto, II de Constantinopla (553), con la cuestión de los “tres capítulos,“ ahonda en la condena del nestorianismo. El sexto, III de Constantinopla (680-681), contra el monoenergismo y el monotelismo, declara la doctrina de las dos voluntades, propias de cada una de las naturalezas en Cristo. El séptimo, II de Nicea (787), proclama la licitud de la veneración de los iconos, doctrina nuevamente cristológica, puesto que se funda en la encarnación del Verbo de Dios. Todos estos concilios responden a la preocupación de la Iglesia por defender y definir, ante las desviaciones que van apareciendo, su fe vivencial en Jesucristo Dios y hombre. Y la Iglesia Ortodoxa proclamará siempre la actualidad y vivencia de su doctrina. (Sebastián Janeras, Historia de la Iglesia Ortodoxa)
Tabla 1: Los siete concilios
Veremos en más detalles estos concilios.
d) El Credo de la Iglesia
El cristianismo occidental utiliza los siguientes credos, que considera como
“ecuménicos”:
• El Credo Apostólico • El Credo de Atanasio
Para la Iglesia Ortodoxa, los dos primeros credos no son “ecuménicos” o
“universales”. El Credo Apostólico1 es en realidad el Credo de la Iglesia de Roma, que
refleja la fe apostólica común. Dicho credo continúa siendo utilizado como profesión
bautismal de fe en la mayoría de las iglesias occidentales.
El Credo Apostólico
Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro; que fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos;
al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.
Tabla 2: El Credo Apostólico
El Credo de Atanasio2 es, igualmente, un credo occidental, creado en Occidente
(probablemente en el sur de Francia) en torno al final del siglo V o principios del VI,
que refleja el desarrollo del concepto trinitario y cristológico dogmas hasta ese
momento.
El único verdadero “credo ecuménico” para la Ortodoxia es el credo de
Niceno-Constantinopolitano, o, simplemente, el Credo. Fue promulgado, en primer lugar, por el
1
El Credo apostólico consiste en una breve declaración resumida de la fe cristiana según la tradición atribuida a los doce apóstoles. Al igual que la mayoría de los credos cristianos, consta de tres párrafos, uno para cada persona de la Trinidad. El primer párrafo empieza con, “Creo en Dios Padre Todopoderoso“; el segundo, “Creo en Jesucristo“; el tercero, “Creo en el Espíritu Santo“. Estas tres afirmaciones corresponden a las tres preguntas dirigidas a los candidatos al bautismo en la Iglesia primitiva. Hasta el siglo XV se creía que el credo de los apóstoles había sido escrito por ellos mismos, habiendo contribuido cada uno de ellos a una cláusula. Ahora se sabe que el credo no era de origen apostólico, aunque el propio título sugiere que cada una de sus cláusulas tiene sus raíces en el Nuevo Testamento y que el credo tuvo su origen en época muy temprana. De forma genérica se piensa que el credo de los apóstoles se desarrolló como la confesión bautismal de fe. (http://www.doctrinacristiana. org/doctrina/credo_apost%C3%B3lico.htm)
2
El Credo llamado de San Atanasio, también conocido como Quicumque (Quienquiera), se recitaba antes en el Oficio Divino de los domingos. La Iglesia Anglicana y otras iglesias protestantes lo aceptan como válido. Por mucho tiempo se ha creído que su autor fue San Atanasio (295-373), obispo de la iglesia de Alejandría en Egipto. Sin embargo, no es probable que lo fuese porque las iglesias orientales no comenzaron a conocer este Credo hasta el siglo XII. Actualmente se considera más probable que fuese compuesto al sur de la actual Francia durante el siglo V. La copia más antigua que se conoce pertenece a una colección de homilías hecha por San Cesáreo de Arles (503-542). (http://www.librolibre.org.ni/ DocCa./oraciones/ credos/credo-atan.html). Ver texto completo en Apéndice.
Concilio de Nicea (325), y se revisó y completó en el Primer Concilio de
Constantinopla (381). Para la Iglesia Ortodoxa este credo constituye el resumen de su
doctrina, y se utiliza tanto para la catequesis como para el culto de la Iglesia.
El Credo iceno-Constantinopolitano
Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra y de todo lo
visible e invisible. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, que nació del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz; Dios verdadero de Dios verdadero; nacido, no creado; consubstancial con el Padre, por quien todo fue hecho; Quien por nosotros los hombres y para
nuestra salvación, descendió de los cielos, se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, se hizo Hombre; fue crucificado por nosotros en tiempos de Poncio Pilatos; padeció, fue sepultado y al tercer día resucitó conforme con las Escrituras. Y subió a los cielos, está sentado
a la diestra del Padre; y vendrá otra vez con gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos, y Su reino no tendrá fin.
Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador, Quien procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, que habló por los profetas. Y en Una Iglesia que es Santa, Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la
resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.
Tabla 3: El Credo iceno-Constantinopolitano
e) Concilios posteriores
Por cuestiones pastorales, la Iglesia Ortodoxa no da el nombre de concilios
ecuménicos a aquellos que se celebraron tras la separación del cristianismo oriental y
occidental ocurrida en 1054, puesto que no representan a la iglesia indivisa del Imperio
Bizantino. No obstante, se convocaron concilios importantes en términos de fe tras el
cisma. Los concilios de 1341 y de 1351 establecieron doctrinas muy importantes en
relación con la gracia divina, las energías divinas de Dios y la “luz increada“, de
acuerdo a la doctrina de San Gregorio Palamás.
Durante el siglo XVII se convocaron también concilios importantes para
contrarrestar las infiltraciones protestantes en el Este y establecer la doctrina ortodoxa
frente a las enseñanzas protestantes tales como el concilio de Jassi (1662) y el de
Jerusalén (1672). A los documentos producidos en estos consejos, o ratificados por
prelados ortodoxos y maestros (San Photios, Michael Cerularius, Marcos de Éfeso,
Gennadios de Constantinopla, Jeremías II de Constantinopla, Metrophanes Kritopoulos,
Peter Moghila, etc.), se les da el nombre de “libros simbólicos” de la Iglesia Ortodoxa.
Éstos son sin duda testigos de la fe ortodoxa “entregados a los santos” y perpetuados en
la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, su autoridad se somete a la autoridad de los concilios
ecuménicos y a la de los antiguos Padres de la Iglesia.
f) La Divina Liturgia
A la Iglesia Ortodoxa se le conoce por su rica tradición litúrgica. La liturgia
ortodoxa se caracteriza por su poesía, de raíces bíblicas y su exactitud dogmática. Los
libros litúrgicos ortodoxos están repletos de citas y reminiscencias de las Escrituras.
Como comenta Aghiorgoussis, ninguna persona puede tener dificultad alguna en
denominar “culto bíblico” al culto ortodoxo. Las citas del Antiguo y el Nuevo
Testamento abundan en toda la liturgia ortodoxa. Por otra parte, esta misma liturgia, que
celebra los misterios de la fe, de que la Resurrección de Cristo tiene un lugar central,
está repleta de declaraciones dogmáticas y doctrinales y declaraciones, ya sea de la
doctrina de los concilios o de la de los Padres de la Iglesia. Hay una tercera
característica del culto ortodoxo que parece contradecir su precisión doctrinal: su poesía
y las libertades que esta pudiera permitir. Sin embargo el lenguaje poético de la liturgia
no es en absoluto nocivo para la fe, todo lo contrario, le añade una dimensión extra que
la hace llamar a las puertas del corazón del creyente y fortalecerlo.
La Divina Liturgia misma, el texto y las celebraciones de los Santos
Sacramentos, los textos litúrgicos de la Iglesia en general constituyen un rico fondo de
teología precisa y de meditación teológica, que pueden resultar de gran ayuda para el
que quiera conocer la fe mediante la oración y la adoración. En este trabajo nos
g) Los cánones de la Iglesia
La abundante legislación canónica de la Iglesia Ortodoxa constituye también un
recurso de información relativa a la doctrina de la Iglesia. Los cánones aplican la fe —y
los principios morales del cristianismo sobre la base de la fe—a situaciones concretas,
locales e históricas. Los cánones conforman un ejemplo de cómo la Iglesia intenta
reajustar y expresar sus enseñanzas de acuerdos con necesidades contemporáneas.
Además de esto, muchos de los cánones, especialmente los llamados “dogmáticos”
expresan, de una manera clara, los mismos decretos de fe promulgados por los concilios
ecuménicos que produjeron dichos cánones. Dichos cánones son, en verdad,
importantes testigos de la fe de la Iglesia, y deben ser utilizados como una importante
expresión de la fe. Aludiremos a algunos de éstos en esta exposición.
h) Arte cristiano: iconografía, arquitectura
Por último, la tradición doctrinal de la Iglesia se puede expresar en la
arquitectura y la iconografía de la Iglesia, a la que dedicaremos un capítulo. La iglesia
bizantina ha desarrollado un importante simbolismo en relación con la iglesia-edificio:
el nártex o pórtico es la preparación para la entrada en el cielo, el transepto de la iglesia,
con la cúpula por encima de ella, representa el cielo en sí, y el santuario, el “Santo de
los Santos“, con el altar en su centro, representa la “morada santa” de Dios y el trono de
Dios. Este simbolismo es especialmente claro en la celebración de la Divina Liturgia,
durante la cual “el Reino de Dios” se hace presente en medio de la congregación. En el
siglo X, el príncipe Vladimir cambió el curso de la historia de Rusia tras oír las
referencias a la Liturgia de sus enviados a Constantinopla.
La iconografía bizantina, que tuvo que vencer, como veremos, el gran escollo de
la crisis iconoclasta, es también un medio de expresar la fe. Los iconos o “libro de los
el iconógrafo de acuerdo con una tradición austera, en un estilo austero y tras oración y
ayuno, se convierten en “ventanas de los cielos,” con el fin de revelar a los fieles los
misterios celestiales, los misterios de la fe. Los iconos se convierten en una verdadera
presencia sacramental de las personas o realidades representadas en ellos, lo que
conduce a los fieles a la comunión con la persona o la realidad representada en éstos
PARTE PRIMERA
ITRODUCCIÓ A LA PARTE PRIMERA
En los capítulos siguientes, 1 y 2, correspondientes a esta parte histórica, nos
acercaremos a momentos relevantes o claves de la historia de la Iglesia Ortodoxa:
Capitulo 1: Momentos claves en la historia de la Iglesia Bizantina Capitulo 2: Momentos claves en la historia de la Iglesia Rusa
Pero antes de comenzar esta parte histórica, se hace necesario comprender cómo
percibe la Iglesia Ortodoxa el concepto de historia.
EL SETIDO DE LA HISTORIA E LA IGLESIA ORTODOXA
El cristianismo siempre ha sido extraordinariamente sensible a su pasado, y
nunca ha tenido dudas sobre su relevancia. La razón fundamental de esta sensibilidad,
como nos comenta Papadakis, consiste en que la revelación bíblica cristiana tiene lugar
en un contexto histórico y es, sencillamente, una revelación de los datos históricos, de la
actividad de Dios en la historia. Es en el tiempo y el espacio humanos que la salvación
del hombre-Dios se desarrolla del modo elegido para redimirnos. No debe
sorprendernos darnos cuenta, pues, de la riqueza narrativa de la escritura cristiana.
Esto explica la razón por la poderosa atracción que tiene la historia para el
cristianismo ortodoxo. De hecho, como hemos avanzado anteriormente, el mismo culto
ortodoxo, en su riqueza, es testimonio de la historia, y no solamente de la vida terrenal
de Jesús, sino de la vida de la Iglesia, y con ella de la vida de sus santos, ascetas,
mártires y teólogos. Cada liturgia es a la vez celebración de la realidad temporal y de la
escatológica; de lo que está por venir, de lo que está más allá de la historia, al igual que
la rememoración de un pasado histórico concreto.
Pero la historia se encuentra también en la raíz de la Ortodoxia y en su absoluta
convicción de ser la verdadera Iglesia de Cristo en la tierra. Es cierto que la Iglesia ha
histórico; hay solamente que ver la evolución ocurrida por la Divina Liturgia desde los
primeros siglos. Sin embargo, en su identidad esencial, en su espiritualidad es una
continuidad de la iglesia apostólica.
Con esta premisa, en el capítulo 1, dedicado a Bizancio, veremos los siguientes
momentos claves:
• La revolución constantiniana: Edicto de Milán (312) y libertad de culto para los cristianos.
• La formulación del Credo: El Concilio de Nicea (325) y el Concilio de Constantinopla
(381).
• La crisis iconoclasta.
No obstante, antes de comenzar con la historia de la Iglesia Bizantina se hace
CAPÍTULO PRIMERO
MOMETOS CLAVES E LA HISTORIA DE LA IGLESIA
BIZATIA
ITRODUCCIÓ
La Iglesia cristiana comienza propiamente dicha con la efusión del Espíritu
Santo sobre los discípulos en la Fiesta de Pentecostés. Durante este primer siglo los
apóstoles predicaron el Evangelio de Jesús por distintas partes de Palestina primero,
especialmente las llamadas por Pablo “columnas de la Iglesia”, a Jacobo, el hermano de
Jesús, que sería obispo de Jerusalén, a Cefas (Pedro) y a Juan. Esto nos dice Pablo, ya
delimitando en sí el área de acción misionera:
6 Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. 7 Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión actuó también en mí para con los gentiles), 9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión. 10 Solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres; lo cual también me apresuré a cumplir con diligencia. (Gál 2, 1-9)
Es decir, Pedro, Juan y Jacobo desarrollaron su ministerio en un primer
momento —sabemos que Pedro viaja a Antioquia y Roma— en la esfera de la
circuncisión, los que sería los judíos cristianos, mientras Pablo lo hacia en la esfera de la
incircuncisión, especialmente en Asia menor, en tierra de gentiles. Esto crearía en
ambos grupos ciertas tensiones por la divergencia en el mensaje. Excepto Juan, Jacobo,
y Pedro serían martirizados, estos dos últimos en Roma. De los demás apóstoles no
Ilustración 1: San Pedro y San Pablo
LOS PRIMEROS CUATRO SIGLOS ATES DE COSTATIO
Prácticamente durante este primer siglo se escribieron los evangelios y las
epístolas, al igual que los otros libros que conforman el canon del Nuevo Testamento.
No se conservan los originales sino solamente copias transmitidas por escribas en
diferentes códices escritos entre los siglos IV y V y papiros escritos de los siglos II y III.
Además se conocen más de 32.000 citas del NT incluidas en las obras de los Padres de
la Iglesia y otros escritores eclesiásticos anteriores al Concilio de Nicea (año 325). El
NT entero, con excepción de 11 versículos, podría ser reconstruido a partir de esta sola
fuente. En cuanto a la datación de los evangelios, la opinión generalizada de los
especialistas nos la resume John P. Meier:
Marcos, utilizando varios conjuntos de tradiciones orales y posiblemente escritas, compuso su Evangelio alrededor del año 70. Mateo y Lucas, trabajando independientemente el uno del otro, compusieron unos Evangelios más extensos en el período 70-100 (lo más probable entre los años 80 y 90), mediante una combinación y adaptación de Marcos, de un repertorio de dichos de Jesús que los especialistas llaman Q, y de especiales tradiciones propias de Mateo y Lucas. Esto es lo que se conoce como la hipótesis de las dos fuentes. (Tomo I, 67)
El evangelio de Juan se habría compuesto entre los años 90 a 100. En cuanto al
compilado una lista de libros del NT, la cual es idéntica a la actual. Se conserva un
fragmento casi completo de esta lista en el Canon Muratoriano del año 1703. Es también
en esa época cuando se fundaron las primeras comunidades cristianas en las principales
ciudades de Asia Menor, de Grecia, y quizás también de África del Norte. La Iglesia se
implantó igualmente en Roma, la capital del Imperio en aquel momento.
Ilustración 2: Canon Muratori
Hopko opina que el cristianismo fue primeramente un fenómeno urbano y que
después se extendió a las zonas rurales:
Contrariamente a lo que se piensa a veces, la Iglesia Cristiana fue primeramente un fenómeno urbano, extendido solo más tarde a las zonas rurales. Así mismo, se componía en su mayoría de personas que pertenecían a lo que nosotros llamaríamos hoy las “clases medias” de la sociedad; el cristianismo por consiguiente no se implantó en el mundo, como se pretende a veces, entre las personas analfabetas y retrogradas que buscaban un consuelo celestial a sus condiciones de existencia difíciles.
3
El fragmento muratoriano llamado también Canon de Muratori es el elenco o índice más antiguo que se conoce de los libros del NT. Fue descubierto por Luís Antonio Muratori (1672-1750), padre de la historiografía italiana, en un código latino del s. VIII, proveniente de Bobbio y conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. El fragmento contiene 85 líneas, redactadas en un latín lleno de expresiones bárbaras, difícil a veces de llegar a entender plenamente. Está mutilado al comienzo, faltando las primeras --o al menos la primera-- líneas, en las que probablemente deberían hacer referencia a los Evangelios de Mateo y de Marcos. La época de redacción hay que fijarla en la segunda mitad del s. II, extremo en el que concuerdan todos los autores. Refiriéndose, sin duda, al autor del Pastor de Hermas dice así en las líneas 74-76: “uperrime, temporibus nostris, in urbe Roma Herma conscripsit, sedente
cathedra urbis Romae Ecclesiae Pío episcopo fratre eius”. (Muy recientemente, en nuestros tiempos, en
la ciudad de Roma, Hermas escribió —el Pastor—, estando sentado como obispo en la cátedra de la Iglesia de Roma su hermano Pío). Pío I gobernó la Iglesia del 140 al 150. Ver texto en Apéndice A.
Como comenta este teólogo, el principal acontecimiento en la Iglesia del primer
siglo fue el de admitir en ella a paganos sin obligarlos a seguir las prescripciones
rituales de la ley de Moisés. Así, aunque la iglesia cristiana había penetrado en la
sociedad de la Roma imperial por medio del judaísmo, pronto se separaría de éste. El
Pueblo de Dios, que profesaba a Jesús como su Señor y Salvador, abarcaba a todas las
naciones. Para entrar en la iglesia cristiana, nos dice Hopko:
Era necesario creer en Jesús como el Señor y Cristo, arrepentirse de sus pecados y ser bautizado en nombre de Jesús, a fin de recibir luego el don del Espíritu Santo. Aquellos que reunían esas condiciones entraban en la Iglesia, presente en cada lugar bajo forma de comunidad local dirigida por un Obispo o “presbyster” (anciano), el que había recibido de los Apóstoles la imposición de mano.
Cada una de estas comunidades tenía su carácter propio al igual que una problemática
específica, pero todas estaban unidas en la enseñanza de las mismas doctrinas y eran
llamadas a practicar las mismas virtudes. Habían de vivir una vida común en Cristo y en
el Espíritu Santo.
Durante el segundo siglo, al mismo tiempo que se extendía la iglesia cristiana
surgían las persecuciones del poder romano. El cristianismo se convirtió en una
“religión prohibida” al transgredir las leyes del estado y rechazar el culto al emperador
como rey, señor y dios. Pablo en su Epístola a los Romanos, sin embargo, incita al
respeto y sometimiento a la autoridad:
1 Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. 3 Los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno y serás alabado por ella, 4 porque está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para hacer justicia y para castigar al que hace lo malo. 5 Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia, 6 pues por esto pagáis también los tributos, porque las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas continuamente a este oficio. 7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. (13, 1-7)
Pero esto no quería decir que debían rendir al soberano terrestre la gloria y el respeto
debidos solamente a Dios y a su hijo Jesucristo. Según observamos en la
correspondencia intercambiada, por Plinio el joven y el Emperador Trajano, que reinó
del 98 al 117, el cristianismo era efectivamente ilegal. Esto nos dice, haciendo mención
a Cristo por comentario de los mismos cristianos:
Nunca he estado en presente en un interrogatorio a un cristiano. Por tanto, no sé hasta donde llegan los castigos que se les imponen, ni las razones por las que se les abre una investigación. […] Yo les he preguntado si son cristianos, y si así lo admiten, repito la pregunta una o dos veces más, mientras les advierto el castigo que les espera. Si insisten, ordeno que se les ejecute; porque sea cual sea la naturaleza de su admisión, considero que una testarudez y obstinación así deben ser castigadas. […] También declararon que de lo único que son culpables es de lo siguiente: reunirse regularmente —un día fijado— antes del alba cantar a Cristo como si fuese un dios, y también dar su palabra de abstenerse de robar, adulterar. […] Esto fue lo que me hizo sospechar y querer descubrir la verdad detrás de todo esto, así que mandé torturar a dos esclavas, a las que ellos llaman diaconisas. No encontré nada más que una secta degenerada hasta extremos extravagantes.4 (http://www.teologia.com.es/index.php/Plinio_el_Joven)
El emperador le respondió que “Los cristianos no han de ser perseguidos
oficialmente. Si, en cambio, son denunciados y reconocidos culpables, hay que
condenarlos”. Aunque había cosas que no se podía pasar por alto como el hecho de
continuar rehusando el culto del emperador. “No es lícito ser cristianos”, continúa.
Víctimas de este período son el obispo de Jerusalén Simeón, crucificado a la edad de
120 años, Ignacio, obispo de Antioquia (+110), llevado a Roma como ciudadano
romano, y allí ajusticiado, Policarpo de Esmirna (+ 156) y el filósofo Justino (+ 165).
4
Ilustración 3: Emperador Trajano
Las persecuciones romanas duraron desde el año 64, bajo Nerón hasta el siglo
IV, al institucionalizarse el cristianismo en la época de Constantino. Éstas ocurrieron
primordialmente bajo el mencionado emperador Nerón, Domiciano, Trajano, Marco
Aurelio, Septimio, Severo, Maximino Tracio, Decio, Valeriano, Aureliano y
Diocleciano. Se pretendía o limitar la extensión del cristianismo o extirparlo
radicalmente del Imperio. La mayor persecución fue la última, la de Diocleciano, a
comienzos del siglo IV, dentro de las reformas de las estructuras de Roma. Se fundó una
Tetrarquía, es decir, el gobierno por un “colegio imperial” de cuatro miembros, que se
distribuían la administración de los inmensos territorios romanos. El régimen
tetrárquico daba a la religión tradicional un papel relevante en la regeneración del
Imperio. Es por ello por lo que no persiguió a los cristianos durante los primeros
dieciocho años de su reinado. Sin embargo, diversos factores, entre ellos sin duda la
influencia del césar Galerio, fueron determinantes en el comienzo de esta tardía pero
durísima persecución (Orlandis)5.
5
De acuerdo con José Orlandis, cuatro edictos contra los cristianos fueron promulgados entre febrero del año 303 y marzo del 304, con el designio de terminar de una vez para siempre con el Cristianismo y la Iglesia. La persecución fue muy violenta e hizo muchos mártires en la mayoría de las provincias del Imperio. Tan sólo las Galias y Britania —gobernadas por el cesar Constancio Cloro, simpatizante con el Cristianismo y padre del futuro emperador Constantino— quedaron prácticamente inmunes de los rigores persecutorios. El balance final de esta última y gran persecución constituyó un absoluto fracaso. Diocleciano, tras renunciar al trono imperial, vivió todavía lo suficiente en su Dalmacia natal para
La fe cristiana tuvo que pasar por durísimas pruebas durante sus primeros tres
siglos. Y si bien es cierto que estas persecuciones no fueron continuas, en los momentos
en los que se recrudecía, los cristianos tenían que dar razón de su fe, la que a muchos les
daba fuerza para seguir en medio de tormentos e infamias. Muchos cristianos dieron
testimonio con el derramamiento de su sangre de su fe en Jesucristo, como muchos de
los apóstoles le habían precedidos en el martirio6. La Iglesia reconocía las víctimas de la
fe, recogía sus cadáveres, les daba honrosa sepultura en los santos lugares de dormición
y se les admitía al honor de los altares (“Las persecuciones y los mártires”).
A pesar de estas persecuciones, el cristianismo se expandió y los fieles
aumentaron. Durante el siglo II, como veremos cuando hablemos de los Padres de la
Iglesia, surgieron los alegatos escritos contra las falsas doctrinas, es decir, apologías de
la fe cristiana contra las herejías, el judaísmo y el paganismo. Durante este siglo, como
nos dice Hopko, ocurrió una serie de fenómenos importantes para la Iglesia: se
desarrolló su doctrina de la Iglesia y comenzó la teología post-apostólica; se estableció
una misma estructura jerárquica (obispo, sacerdotes y diáconos) en cada comunidad
local; se dieron los primeros esbozos de una liturgia cristiana y de una vida sacramental
completamente separadas de la sinagoga; y comenzó la fijación del canon del Nuevo
Testamento.
A finales del siglo II y comienzos del III también aparecieron numerosos
escritos falsos acerca de Cristo, atribuidos a los apóstoles. Eran de tipo fantasioso y
legendarios sobre la infancia de Cristo, la vida de la Virgen María y las actividades de
los apóstoles. En este periodo igualmente surge el gnosticismo. Los cristianos que
permanecieron fieles a la fe ortodoxa tuvieron que combatir esas falsas enseñanzas. En
el curso de esa lucha se elaboró la teología de los apologistas, que asimismo condujo a
presenciar, desde su retiro de Spalato, el epílogo de la era de las persecuciones y los comienzos de una época de libertad para la Iglesia y los cristianos. (http://www.primeroscristianos.com”)
6
la definición de la sucesión apostólica: la verdadera fe y la vida cristiana, que forman la
Santa Tradición, son trasmitidas de Iglesia a Iglesia, de generación a generación y de
lugar en lugar, por la consagración de los obispos, cuyas enseñanzas y prácticas son
idénticas entre sí e idénticas a la de los Apóstoles de Jesús. Por último la iglesia
comenzó a establecer qué escritos debían ser retenidos dentro de las Santas Escrituras.
Su decisión se fundaba en la autenticidad del testimonio apostólico contenido en esos
escritos, así como sobre su uso en las asambleas litúrgicas.
Durante el siglo III, a raíz de las persecuciones de Decio y Valeriano, así como
los tiempos apacibles que precedieron y siguieron, se provocó, tal como nos cuenta
Hopko,
Una grave crisis en el seno de la iglesia. Se planteó la cuestión de saber que conducta adoptar frente a los cristianos que habían renegado de Cristo bajo la amenaza de torturas y de ejecución, o habían, en tiempo de paz, abandonado públicamente la vida cristiana por una vida escandalosa. Aquellos que, en la iglesia, eran de tendencias maximalista insistían para que no hubiera penitencia posible para los pecados graves cometidos después del bautismo. Ellos rechazaban la penitencia para aquellos que habían “faltado” a la vida cristiana, y se oponían a los obispos que admitían a los pecadores arrepentidos a la Eucaristía después de un período de penitencia.
También se produjeron muchos cismas en la iglesia, y algunos incluso la
abandonaron por una forma de cristianismo que ellos consideraban como más ascéticas
y más pura. Entre éstos se encontraba Tertuliano (†220 alrededor), que se convirtió en
montanista. Este siglo III fue igualmente testigo del surgimiento de la Escuela de
Alejandría, en Egipto, fundada por Panteno, desarrollada por Clemente (†215) y
culminada por Orígenes. De esta época se conservan, además, escritos que denotaban un
desarrollo litúrgico que se estaba produciendo como la Didascalia de los Apóstoles, de
Siria, y la Tradición Apostólica de Hipólito de Roma (+235) escritos en Griego
En el siglo IV se produjo la persecución de Diocleciano, la más cruenta realizada
la historia cristiana, pero, afortunadamente, las persecuciones iban a terminar, y tras la
abdicación de Diocleciano, se instaló una lucha por el poder entre los dirigentes del
imperio romano. En el 312 Constantino —hijo y sucesor de Constancio— vencería a
Majencio, su principal rival por el trono de occidente. Con Constantino la historia del
cristianismo daría un giro hacia su institucionalización, desarrollo y expansión (Hopko).
Aquello no significaba que no iban a surgir problemas que le harían pugnar por la
apostolicidad y la Tradición. No hay duda de que cuando uno mira atrás, a la historia del
primer Bizancio, no nos podemos sustraer a la idea de que Constantino, quizás por
decisión de la voluntad de Dios y de su Providencia, promovió una revolución en el
mundo cristiano.
1. LA REVOLUCIÓ COSTATIIAA: EL EDICTO DE MILÁ Y LA LIBERTAD DE CULTO DE LOS CRISTIAOS
Se cree que antes de su batalla contra Majencio, la batalla del puente Milvio,
cerca de Roma, Constantino dijo haber tenido una visión celestial. Había visto la Cruz o
el Labarum (Xhi Rho: XP de Cristo) con estas palabras: “Conquista con esta”.
Ilustración 4: Visión de Constantino en la batalla del puente Milvio7
7
Eusebio, en su Vida de Constantino, en donde le exalta de forma exagerada,
cuenta este episodio:
Convenciéndose de que necesita una ayuda más poderosa que la que le podían proveer sus fuerzas militares y ya que Majencio practicaba diligentemente toda suerte de encantamientos, Constantino pidió socorro Divino, entendiendo que la posesión de armas y numerosos soldados eran de importancia secundaria, y creyendo que el poder cooperador de una divinidad invencible no podía ser socavado. Consideró, pues en cuál de los dioses, apoyarse para protección y socorro. Sumido en esta indagación, se le ocurrió que muchos emperadores habían cifrado sus esperanzas en una multitud de dioses y que le sirvieron a sacrificios y ofrendas a estas divinidades. Pensó que estos emperadores habían sido engañados por predicciones lisonjeras y oráculos prometedores de prosperidad y que todos ellos habían enfrentado finales desafortunados, y que ninguno de los dioses les advirtieron de la ira que contra ellos se desataba desde los cielos; mientras que sólo, quien había seguido un curso totalmente diferente y quien había condenado el error de los otros, y honrado al Supremo Bien durante el transcurso de su vida, encontró que este Supremo Bien fue el Protector y el Salvador de su imperio y el dador de todas las cosas buenas. Reflexionando sobre todo esto y sopesando el hecho de aquellos que habían adorado una multiplicidad de dioses habían caído víctimas de todo tipo de muerte, sin dejar familia, o patrimonio: mientras que el Dios de su padre le había ya provisto a él mismo muchas manifestaciones de su poder. . ., juzgó que era necio adorar a tantos dioses, y sintió que era de su incumbencia adorar al dios de su padre.
Así, clamó a Él en oración honesta y le suplicó que se le revelara y que tendiera Su mano derecha para ayudarle en las dificultades que atravesaba. Y cuando estaba así orando fervientemente, se le apareció una maravillosa señal del cielo, cuyo recuento sería difícil de creer si hubiese venido de alguna otra persona. Pero ya que el propio victorioso emperador le confesó este hecho al que narra esta historia, y confirmó su relato bajo juramento; ¿quién titubearía de dar crédito a su relato, especialmente ahora, que el tiempo ha establecido su veracidad? El emperador dijo que cuando el día empezaba a declinar, vio con sus propios ojos, el trofeo de la cruz que brillaba en los cielos, sobre el sol y con la inscripción CONQUISTA CON ESTA. Ante tal visión el propio emperador quedó anonadado, y también su ejército el cual le siguió en esta expedición y que también contempló el milagro.
Dijo además, que en su interior dudaba del alcance de tal señal. Y mientras lo ponderaba racionalmente, vino la noche y le venció el sueño; y en su sueño, Cristo de Dios se le apareció con el mismo signo que había visto antes en el cielo, y le mandó que hiciera una réplica de ese signo y que la utilizara como protección en todo encuentro con sus enemigos. (Libro I, Capítulo 27-28)8
Constantino hizo colocar este signo en las vestimentas y las armas de los
soldados para lograr la victoria, como finalmente sucedió.
8
Ilustración 5: Cruz de la visión de Constantino
Ya desde el 306, en que comenzó a gobernar la Galia, España y Britania,
Constantino había demostrado una actitud de benevolencia hacia los cristianos,
sentimiento quizás motivado por su madre Elena (santa para la Iglesia Ortodoxa). En el
mismo año en el que derrotó a su rival Majencio, Constantino junto con Licinio, que
gobernaba la parte oriental del Imperio, decretaron una serie de leyes por las que
concedían la libertad de cultos a todos sus súbditos. Acababa la legislación
discriminatoria en contra de los cristianos, y la Iglesia recuperaba los lugares de culto y
propiedades que le habían sido despojados. Este decreto imperial fue confirmado por un
edicto fechado en Milán en 313, el conocido Edicto de Milán, que puso fin a la etapa de
las persecuciones e inauguró un nuevo período de la historia del cristianismo. En este
edicto, en primer lugar se da total libertad de culto, no sólo a los cristianos sino a todas
las otras religiones:
Cuando yo, Constantino Augusto, al igual que yo, Licinio Augusto, afortunadamente nos reunimos cerca de Milán, considerando todo lo pertinente al bienestar y la seguridad pública, pensamos, entre otras cosas, las que vimos serán para el bien de muchos, aquellas regulaciones pertinentes a la reverencia de la divinidad que deben ser ciertamente prioritarias, para que podamos conceder a los cristianos y a otros, completa autoridad para observar esa religión que cada quien prefiriera; desde donde provenga cualquier divinidad en el asiento de los cielos pudiera ser propicia y amablemente dispensada a nosotros y a todos aquellos bajo nuestro decreto. Y así por este consejo entero y la
provisión más honrada, pensamos en coordinar que a nadie y de ninguna manera se le debe negar la oportunidad de dar su corazón a la observancia de la religión cristiana, de esa religión que piense mejor para él, para que la Deidad Suprema, a cuya alabanza rendimos libremente nuestros corazones, pueda mostrar en todas las cosas su acostumbrada benevolencia y favor. […]
También se insta a la restitución a los cristianos de cuantos bienes les habían
sido incautados,
Sobretodo, especialmente en el caso de los cristianos, estimamos de lo mejor que si sucede de aquí en adelante que alguien ha comprado de nuestra propiedad de cualesquiera otra persona, esos lugares en donde previamente se acostumbraban reunir, refiriéndose a tales, había sido hecho cierto decreto y una carta enviada oficialmente a vosotros, los mismos deberán ser restaurados a los cristianos sin el pago o cualquier demanda de recompensa y sin ninguna clase de fraude o de engaño, aquellos, más que todo, que han obtenido el mismo regalo, igualmente habrán de devolverlos a los cristianos inmediatamente. Además, ambos, los que los han comprado y los que los han obtenido por regalo, deben abrogar al Vicario si buscan alguna recompensa de nuestra generosidad, para que puedan ser atendidos por nuestra clemencia. Todas estas propiedades deben ser entregadas inmediatamente a la comunidad de los cristianos a través de su intercesión, y sin retraso.
incluyendo las iglesias, como patrimonio no individual sino colectivo,
Y puesto que estos cristianos como es conocido habían poseído no solamente esos lugares en los cuales estaban acostumbrados a reunirse, sino también otras propiedades, a saber las iglesias, perteneciendo a ellos como a una corporación y no como individuos, todas estas cosas que hemos incluido bajo el reglamento anteriormente dicho, ordenará su restauración para estos cristianos, sin ninguna vacilación o controversia alguna para ellos, es decir para las corporaciones y sus lugares de reunión: previendo, por supuesto, que los arreglos antedichos sean seguidos para que los que devuelvan aquello sin pago, como hemos dicho, puedan esperar una indemnización de nuestra generosidad. 9
El gobierno intervendría de forma eficaz para ayudar a los cristianos velando, al mismo
tiempo del orden público: “En todas estas circunstancias deberá ofrecer su intervención
más eficaz a la comunidad de los cristianos, para que nuestra disposición pueda ser
llevada en efecto lo más rápidamente posible, por lo cual, por otra parte, con nuestra
clemencia, el orden público pueda ser asegurado.”
9
El pacto entre ambos augustos se produjo en Milán porque en esa ciudad la
hermanastra de Constantino I, Constancia, había contraído matrimonio con Licinio. Esta
boda había sido impulsada por aquél en un intento de aliar fuerzas entre los dos
co-emperadores, en contra de Maximino Daya, que gobernaban con Licinio la zona oriental
del Imperio. Constantino I y Licinio acordaron practicar una política religiosa de la
misma índole en sus respectivas zonas de influencia, pero el contenido del Edicto de
Milán no se aplicó realmente en el territorio gobernado por Licinio, que ese mismo año
venció a Maximino Daya.
Sin embargo, Licinio y Constantino se fueron distanciando cada vez más y sus
relaciones se enfriaron, llegando finalmente a una hostilidad abierta. Licinio buscó
entonces apoyo en el partido pagano e intentó recomenzar la intolerancia contra los
cristianos en sus territorios, pero Constantino le derrotó en el año 323, quedando así
dueño de todo el Imperio. El triunfo de Constantino se consideró como una victoria
cristiana. A pesar de su bien conocida conversión en el puente de Silvio, Constantino no
sería bautizado hasta que estuvo en su lecho de muerte, en el 337. Fue bautizado por
Eusebio, Obispo de Nicomedia, aliado de Arrio. En el artículo, sin firmar, titulado “La
revolución Constantiniana“, se nos dan algunas razones y la certitud de su sincera
conversión:
Para nosotros, el signo de la fe sincera en Constantino es que él, al final de su vida, se bautiza. ¿Por qué espera tanto? En aquella época la práctica penitencial era muy dura, no como en nuestros días. Por otra parte, él sabía que el bautismo perdona todos los pecados. Constantino cree en esto, y por eso demora su bautismo, consciente de que el ejercicio de gobierno conllevaba actuaciones moralmente arriesgadas; le urgía presentarse limpio ante Dios. De hecho, hay un dato significativo: cuando Constantino se bautiza, deja de vestir la púrpura para llevar siempre sobre sí una vestidura blanca. Por otra parte, en aquella época la conversión no iba acompañada necesariamente de un bautismo inmediato; de hecho, se dieron casos en que algunos grandes personajes se hicieron bautizar cuando fueron elegidos para el episcopado; y eso no nos hace dudar de su conversión sincera.
No obstante era la primera vez que un emperador se declaraba cristiano y que
demostraba su disgusto por los paganos, a pesar de que esta religión era aún fuerte
gracias a las poderosas familias romanas, que todavía ejercían un peso considerable en
la sociedad. Quizás fuese esa una de las razones, unidas a razones estratégicas de
defensa, la que le empujase a trasladar su residencia a Bizancio (Constantinopla), en la
orilla del Bósforo, situada en la región más cristianizada del Imperio. Pero además
Constantino conocía el valor de Bizancio como posición estratégica y económica en el
límite de Europa y Asia. Desde aquel lugar se podía dominar dos mares, el
Mediterráneo y el Negro. A partir de Constantino, Constantinopla se convertiría en el
centro político, religioso, económico y moral del Imperio.
Constantino dio muchos privilegios a los cristianos, y, como nos cuenta
Vasiliev, no se dio por satisfecho con dar a los cristianos derechos estrictamente iguales,
como hubiese hecho con una doctrina religiosa cualquiera, sino que les ofreció grandes
privilegios, equiparándolos a los gozados por los sacerdotes paganos:
El clero cristiano (“clerici”) obtuvo todos los privilegios que gozaban los sacerdotes paganos. Quedó exento de impuestos, cargos y servicios estatales que hubiesen podido impedirle el ejercicio de sus deberes religiosos (derecho de inmunidad). Se dio a todos el derecho de testar en favor de la Iglesia, la cual recibía, por tanto, “ipso facto,” el derecho a heredar. Así, a la vez que se proclamaba la libertad religiosa, las comunidades cristianas quedaban reconocidas en su personalidad civil. Este último hecho creaba para el cristianismo una situación nueva desde el punto de vista jurídico.
También, los tribunales episcopales obtuvieron destacados privilegios:
Se concedieron muy importantes privilegios a los tribunales episcopales. Se dio a todos el derecho de transferir, de acuerdo con la parte adversaria, cualquier clase de asuntos civiles a los tribunales episcopales, aunque el asunto hubiese sido entablado ya ante un tribunal civil. A fines del reinado de Constantino todavía se ensanchó más la competencia de los tribunales episcopales. Las decisiones de los obispos habían de ser reconocidas, sin apelación, en asuntos concernientes a personas de toda edad. Todo asunto civil podía ser trasladado a un tribunal episcopal en cualquier momento del proceso, incluso contra la voluntad de la parte adversaria. Los jueces civiles habían de ratificar los veredictos de los tribunales episcopales.
Igualmente, como añade Vasiliev, “la Iglesia recibió del Estado donaciones muy
ricas, en forma de propiedades y de gratificaciones materiales (plata y trigo). Los
cristianos no estaban obligados a participar en las fiestas paganas.” Pero paralelamente
estaba ocurriendo un proceso de secularización de la Iglesia, al tener los obispos tareas
más propiamente de funcionarios que de pastores.
De todos modos, Constantino no dejó de inmiscuirse en los asuntos eclesiásticos.
Él se denominaba a sí mismo “el obispo de fuera.” Este contubernio tendría nefastas
consecuencias. La Iglesia permitiría aquello debido al agradecimiento que tendrían por
los pasos dados por el emperador a favor del cristianismo. Posiblemente, fuese Eusebio
el iniciador de este incipiente cesaropapismo, al describir a Constantino, en su
“Discurso en alabanza de Constantino,” como viceregente de Dios:
Este es Él quien tiene un dominio supremo sobre todo el mundo, Quien está sobre todas las cosas y en todas las cosas, y quien permea todas las cosas visibles e invisibles: la Palabra de Dios. De Quien y por Quien nuestro emperador divinamente favorecido, recibiendo, como si se dijera, una trascripción de la administración de los asuntos del mundo proveniente de la soberanía Divina y en imitación de Dios mismo. Investido, como está [el Emperador Constantino] con un poder soberano que es semblanza del poder celestial, por ello encuadra su gobierno terrenal de acuerdo al patrón Divino original, sintiéndose así en conformidad con la monarquía de Dios. Y el Soberano universal le otorga esta conformidad al hombre, y decreta que todos deben estar sujetos al gobierno de uno. Y es seguro que la monarquía trasciende toda otra forma de constitución y de gobierno. Por ende, hay un solo Dios y no dos, o tres, o más... (Cap. 3, 4-5)
Eusebio escribió esta alabanza de Constantino en su 30 aniversario como
emperador (335). Hauser nos explica el cesaropapismo de oriente:
La forma de gobierno del Imperio bizantino fue el cesaropapismo, es decir, la concentración del poder temporal y espiritual en las manos de un autócrata. La supremacía del emperador sobre la Iglesia se fundaba en la doctrina desarrollada por los Padres de la Iglesia y proclamada como ley por Justiniano de que los emperadores lo eran por la gracia de Dios. Esta doctrina debía sustituir el viejo mito del origen divino del rey, que ya no era conciliable con la fe cristiana. Pues si el emperador ya no podía ser “divino”, podía ser, sin embargo, el representante de Dios en la tierra, o, como el propio Justiniano gustaba de llamarse, su “archisacerdote”. En ninguna parte de Occidente fue el Estado en tanta medida una teocracia, ni nunca en la historia moderna el servicio a un