RAPPORT
SEPTIEMBRE
2001
Año XI
Nº 32
-HIPNOSIS DE MILTON H. ERICKSON,
HIPNOSIS de MILTON H. ERICKSON
-Revista del
Instituto MILTON H. ERICKSON
de Buenos Aires (Argentina)
Director Internacional:
ERNEST L. ROSSI, Ph. D., Baywood Park, CA, U.S.A.
Directores:
EDGAR A. ETKIN y SYLVIA ETKIN
Propietario: EDGAR ALEJANDRO ETKIN
Dirigir correspondencia a: Sánchez de Bustamante1945 P.B. ‘‘A’’ (1425) Buenos Aires, Argentina
Tapa: IMHEBA
e-mail: [email protected]
HIPNOSIS de MILTON H. ERICKSON
Nº 32 - Septiembre de 2001
HIPNOSIS de MILTON H. ERICKSON
Nº 32 - Septiembre de 2001
Obra Completa del Dr. Erickson en 50 números
© Copyright en español E. A. Etkin y S. Etkin 1993 Buenos Aires, Argentina
Existe una comprobación elemental
biológica
que prueba que dos cuerpos adversos – enemigos,
blanco y negro tal
vez-colocados en el mismo ataúd
se pudren juntos como una sola materia
- incluso se ha llegado a confundir
al cabo de las lluvias
la identidad correspondiente a las cenizas.
Pero también existe otra comprobación
que afirma
que esos dos mismos hombres,
posados sobre el mundo -puestos a vivir,
inevitablemente-acabarán diferenciándose, convirtiéndose
en adversarios identificables.
trascendentales como cosujetos dentro de la intersubjetividad
trascendental que constituye el mundo.’’
Edmund Husserl
1- No hay necesidad de que el inconsciente sea hecho consciente: los procesos inconscientes pueden ser facilitados de modo tal que puedan funcionar en forma autónoma a fin de resolver en forma individual los problemas de cada paciente.
2- No hay necesidad de que los mecanismos mentales y las
característi-cas determinadas por la personalidad sean analizados para beneficio del paciente: los mismos pueden ser utilizados como procesos, dinamismos
o sendas que faciliten las metas terapéuticas.
3- No hay necesidad de que la sugestión sea directa: las sugestiones in-directas pueden con frecuencia evitar las limitaciones aprendidas de un paciente y, de este modo, facilitar mejor procesos inconscientes. “Con estas sugestiones indirectas el paciente incorpora la habilidad de pasar a través de esos dificultosos procesos internos de desorganización, reorga-nización, reasociación y proyección de experiencias internas con el fin de ir al encuentro de los requerimientos de [metas terapéuticas].” 4- La sugestión terapéutica no es un proceso de programar al paciente
con el punto de vista del terapeuta: antes bien, las mismas implican
ha-cer “una nueva síntesis interna de la conducta del paciente - síntesis lle-vada a cabo por el paciente mismo.”
The Collected Papers of Milton H. Erickson on Hypnosis, Vol. IV, Edited by Ernest L. Rossi,
Ph. D., Irvington Publishers, 1980. “I. General Introductions to Hypnotherapy”, p. l.
• La Hipnoterapia Ericksoniana es un proceso complejo, mediante el cual, psicoterapeutas especializados ayudan a la gente a utilizar sus asociaciones mentales, recuerdos, ex-periencias, recursos y máximas expresiones de vida y salud para lograr sus propios objetivos terapéuticos.
• Las Sugestiones Hipnoticas Indirectas facilitan la utilización de las habilidades que ya existen en una persona pero que no usa, usa incorrectamente o permanecen subdesa-rrolladas, debido a limitaciones aprendidas, inexperiencia, carencia de oportunida-des, comprensión, o modelos exitosos a seguir.
• El Hipnoterapeuta Ericksoniano (como interfase) crea las condiciones para que el paciente pueda “despertar” los datos operatorios aprendidos a lo largo de su vida (almacenados en su “disco rígido” biológico) que están disponibles sólo inconscien-temente, y que lo limitan severamente cuando se enfrenta con situaciones indeseables (el “input” sensorial) que atraviesa en el presente.
• La Hipnoterapia Ericksoniana utiliza el estado de trance hipnótico (fases alternas de la conciencia) para lograr en el paciente una compenetración más plena con su diná-mica inconsciente y así facilitar y acelerar los cambios que llevarán a la solución de sus problemas. Implica los múltiples niveles mentales y por esta cualidad se constitu-ye en una psicoterapia breve.
• El Acceso Indirecto al Inconsciente, (mediante el lenguaje hipnótico, sugestiones in-directas y el acceso metafórico - metonímico) durante el trance hipnótico, evita y reemplaza, para beneficio del paciente, los dilatados y costosos procesos analíticos conscientes, característica de otras psicoterapias.
• El Acceso Indirecto al Inconsciente hace posible que el paciente supere padecimien-tos psicológicos, psicosomáticos, y acelere la recuperación de la salud orgánica, lle-gando, según recientes investigaciones científicas, a influenciar la estructura y funcionalidad molecular y genética.
• La Hipnoterapia Ericksoniana se destaca en el tratamiento grupal, ya que su tecnolo-gía simbólica potencia y atañe tanto al ámbito privado de cada integrante del grupo como a los objetivos compartidos socialmente por todos, abarcando el nivel conscien-te y el inconscienconscien-te de cada individuo.
HIPNOSIS de MILTON H. ERICKSON
Nº 32 - Septiembre de 2001
Indice
Investigación especial complementaria de la hipnosis.
Realidades hipnóticas y no hipnóticas (1967)
Milton H. Erickson M.D. ... 2551
Realidades hipnóticas. La inducción de la hipnosis clínica
y las formas de sugestión indirecta (1976)
Milton H. Erickson, M.D., Ernest L. Rossi, Ph. D. y Sheila I. Rossi, Ph. D. ... 2573
Hipnoterapia.
Un libro exploratorio de casos (1979)
Milton H. Erickson, M.D. y Ernest L. Rossi, Ph. D. ... 2603
Reglamentación de la práctica de la hipnosis
2551
INVESTIGACIÓN ESPECIAL
COMPLEMENTARIA DE LA HIPNOSIS.
REALIDADES HIPNOTICAS Y NO
HIPNOTICAS (1967)
Milton H. Erickson, D.M.
1. Publicado en The American Journal of Clinical Hypnosis, October 1967, 10, 87-135 2. Publicado en The Collected Papers of Milton H. Erickson on Hypnosis, Vol. I, Ed. by
Ernest L. Rossi, Ph. D., Irvington Publishers, Inc., New York; 1980, 18-82
3. Con autorización de Ernest L. Rossi, Ph. D., Buenos Aires, 1993, para su publicación en Rapport.
DEFINICION Y EXPLICACION DEL PROBLEMA POR
INVESTIGAR
A su debido tiempo, se tomó con-ciencia de que el problema fundamen-tal centrado alrededor de la pregunta intrigante reside en saber ¿cuál es el
significado de la situación de la reali-dad dentro y fuera del trance hipnó-tico, es decir, el hipnotizado aprehen-de, percibe o siente sus realidades cir-cundantes de la misma manera en que lo hace una persona que no está bajo los efectos de un trance hipnóti-co?. Hull fue enfático al afirmar que
cuando se le pidió a un sujeto
hipnóti-co-somnambulístico que mirara hacia donde estaba la persona “A” (una per-sona verdadera y no una alucinación) lo hizo de la misma forma en que lo había hecho cuando estaba en estado de vigilia. El autor, por motivos que él no explicó claramente en su momento, pero que los relacionó con las diferentes ac-titudes del sujeto en el estado de tran-ce, no estaba de acuerdo con la opinión de Hull, pero lo sorprendió la pregunta sobre de qué forma podía diferenciarse la aprehensión que una persona hace en un estado de vigilia, con la que hace en un estado de trance hipnótico. Según, el autor, el estado de trance hipnótico se veía coloreado por lo que se
mina “armonía”. Destaca la presencia de dicho trance a través de elementos muy rígidos sobre el comportamiento como aquellos que derivan de la cata-lepsia así como de otras alteraciones físicas y del deterioro de la realidad misma, la disociación y las manifesta-ciones ideomotoras e ideosensoriales que aparentemente son importantes pero que no siempre están presentes de modo consistente: son las característi-cas del estado somnambulístico. Otra característica del estado de trance resi-de en la aparente toma resi-de conciencia de los sujetos acerca de la realidad y de los correspondientes estímulos que no corresponden a sus respectivos trances ni a la potenciación de otros marcos mentales de referencia. Quizá la mejor analogía puede encontrarse en la per-sistencia que ofrecen las ilusiones vi-suales en el estado de vigilia del indivi-duo, como por ejemplo lo es el bien conocido reconocimiento persistente de un florero y la falta de conocimiento de los dos perfiles parciales que compo-nen el bosquejo de dicho florero. El autor ha empleado, asimismo, otro ejemplo con fines psicoterapéuticos, durante varios años. El mismo consis-tía en escribir el número “710” en una hoja de papel y en preguntarle y pedir-le al paciente que “pedir-leyese lo que yo aca-bo de escribir en el papel de todas las formas posibles. “Se produciría una persistencia del marco numérico de
re-ferencia a través de la lectura del nú-mero escrito mediante las múltiples modificaciones de los dígitos que com-ponen dicho número, incluso cuando la hoja de papel fue dada vuelta hacia aba-jo. A veces, la rigidez del marco núme-ro no puede ser alterada ni siquiera por la medición que implica el escribir la palabra “SOIL” (“tierra” en inglés), y si se le quita la letra “S”, se obtendrá el término “OIL” (“aceite”, en inglés), saliéndose, de tal forma, del marco es-tricto de referencia.
Analizando los puntos que acabamos de enumerar, el autor consideró que era posible (Erickson, 1938) que los suje-tos bajo efecsuje-tos de un estado de trance profundo pudiesen sentir los objetos de la realidad así como otros estímulos que estaban fuera del contexto de alguna manera distinta a la que lo podían ha-cer, pero cuando estaban en estado de vigilia. Erickson (Erickson, 1943a) tam-bién señaló que este principio podía aplicarse para todos los tipos de estí-mulos del marco del trance en sí mis-mo debido a que los sujetos hipnóticos presentan, aparentemente, una gran fa-cilidad para variar las percepciones que tienen de los objetos o de los estímulos por medio de la substitución, en el ni-vel alucinatorio, respecto de las imáge-nes de la memoria. Este proceso de substitución o remplazo de las imáge-nes de la memoria correspondientes
para los estímulos sensoriales que se perciben cuando una persona se encuen-tra en estado de encuen-trance hipnótico confi-gura una manifestación tanto posible como frecuente de la hipnosis, pero, en verdad, no es una parte de la aprehen-sión ordinaria de la realidad que se tie-ne en un estado de vigilia, ni siquiera de una variación ordinaria de la misma. No obstante, aparentemente, parece ser sumamente característico que aquellos sujetos somnambulísticos que, por ejemplo, pueden ver un objeto de la rea-lidad , pueden, consecuentemente, te-ner alucinaciones vivas con consecuen-cias fisiológicas apropiadas. (Erickson, 1943a). Hull objetó con severidad que todos los estímulos sensoriales conti-nuasen siendo constantes en su efecto o en sus condiciones respecto del gra-do de atención en que se encuentra la persona que participa del experimento, pero, que sin embargo, se produjo un bloqueo que afectó sólo la comunica-ción de la experiencia de parte del su-jeto para con el experimentador pero que no alteró la verdadera percepción que el sujeto tenía de la realidad y de sus respectivas experiencias. En este mismo sentido, el autor efectuó un sig-nificativo trabajo sobre la sordera cau-sada por la hipnosis y sobre las respues-tas condicionadas en las que participa-ba el estímulo auditivo. Los resultados de este estudio (Erickson, 1933) han revelado que el autor mismo tuviese
dudas respecto de la identidad que ofre-cía el hipnótico ante las realidades del estado de vigilia. Las discusiones enta-bladas sobre el tema condujo a una desaveniencia significativa entre Hull y el autor de este trabajo ya que Hull consideraba que los puntos de vista del autor eran desleales y poco apreciativos y se dejaba de lado, intencionalmente, la visión de Hull. (No debemos olvidar que, en el momento de las discusiones, el autor era sólo un estudiante, mien-tras que el Dr. Hull era el titular de la cátedra).
En cualquier caso, como resultado de estas discusiones personales con el Dr. Hull, a veces ásperas de parte de los ambos protagonistas, el autor, siempre tuvo en mente la intención de crear su propia investigación experimental de los elementos que realmente configu-raban un estado de trance hipnótico. El autor contó con la ayuda del procedi-miento experimental científico elabora-do por el profesor Joseph Jastrow, en-tonces Jefe del Departamento de Psi-cología; por el Dr. William F. Lorenz, Profesor de Psiquiatría y por el Dr. A. Loefengart, Profesor de Farmacología y experimentalista más entusiasmado debido a su insistencia en el procedi-miento científico completamente con-trolado. Con posterioridad el Dr. William Blackwenn, del Departamento de Psiquiatría, y el Dr. Hans Rees,
Pro-fesor de Neurología, quién había em-pleado muchísimo las técnicas de hip-nosis durante la Primera Guerra Mun-dial en el ejército alemán, se ocuparon de brindar muchos consejos, instruccio-nes y apoyo hacia el proyecto del autor. Los consejeros aprobaron la necesidad de un cuidado intensivo en la formula-ción de conceptos de la metodología de procedimiento y dejaron en claro que era importante no intentar el logro de contrastes directos sino de aquellos pro-cedimientos experimentales que resul-tasen ser una parte incidencial de un marco mayor de trabajo hipnótico. Fehacientemente, llegaron a la conclu-sión de que cualquier descubrimiento de una diferencia de conducta entre los estados hipnóticos y no hipnóticos ten-dría que ser una manifestación espon-tánea y natural y no una mera respuesta a una intervención o sugestión directa. Estos especialistas no pudieron ofrecer sugestiones acerca de cómo solucionar el problema pero, por el contrario, sí dis-cutieron las dificultades con las que debía enfrentarse el autor quien, a su vez, tuvo siempre en cuenta el consejo que ellos le dieron durante el término de muchísimos años.
El autor continuaba preocupado so-bre las siguientes cuestiones:
1.- ¿Cuando un sujeto hipnótico está en un estado de trance profundo, percibe o aprehende un objeto de la realidad de
la misma manera en que lo hace cuan-do no está bajo los efectos de la hipno-sis?
2.- ¿Aquellas personas que están hip-notizadas de alguna manera, “abstraen”, “extraen”, “aprehenden” y “sacan del contexto” de algún modo diferente a los ítems de la realidad del medio ambien-te en que se encuentra, cuando tales ítems no son una parte integrante de la situación hipnótica que esa persona está viviendo?
3.- Un objeto de la realidad concreta que es percibida por el sujeto hipnotizado, en verdad, ¿es aprehendido, sentido, o comprendido de un modo diferente de aquél al que recurre el sujeto pero cuan-do no está hipnotizacuan-do?
4.- ¿Cómo se modifican los medio am-bientes de los objetos de la realidad percibida o aprehendida o los medio ambientes de la realidad propia del su-jeto de manera tal que las relaciones sujeto-objeto queden alteradas de una manera en especial, tal como ha sido indicado por los sujetos hipnóticos cu-yas conductas sugieren la presencia de cambios tan grandes?
5.- ¿Qué elemento de la experiencia de aprehender una realidad en un estado de hipnosis permite que se produzca una sustitución efectiva de las imágenes de
la memoria de otra especie por objetos del medio ambiente circundante? 6.- ¿La realidad del medio ambiente verdadero es la misma para un indivi-duo que está bajo los efectos de un tran-ce hipnótico que para aquél que esté en un estado de vigilia constante?
7.- ¿Existe alguna forma de exclusión o alteración de los hechos que forman parte de la realidad en el estado hipnó-tico que conforme una parte del estado de hipnosis?
No se produjeron expectativas que permitiesen alcanzar respuestas para todos estos interrogantes y ni siquiera para garantizar una respuesta definiti-va a alguno de ellos. Estas preguntas asimismo condujo al hecho de darse cuenta de la importancia de una situa-ción experimental en la cual el sujeto podría reaccionar de acuerdo sólo con sí mismo, no estando influenciado por
la conducta responsiva de otros suje-tos experimentales y sin volverse complaciente cuando se trata de dar respuestas a las preguntas que se le formula. Solamente de esta forma se
produciría una oportunidad verdadera para descubrir las diferencias posibles entre el estado hipnótico de la toma de conciencia y aquel estado de la toma de conciencia pero durante la vigilia, más que para comparar similitudes
aprendi-das o intentaaprendi-das.
A grandes rasgos podemos ilustrar las consideraciones en las cuales se ba-san estas preguntas con el siguiente ejemplo: Las personas “A” y “B”, en el estado de vigilia ordinaria, están senta-das en un escritorio analizando una compleja fórmula matemática. Por más concentrados que ambos sujetos estén en el problema y en el significado de la fórmula matemática, existe un comple-to y valedero y disponible, aunque se-cundario, conocimiento y toma de con-ciencia del escritorio donde están sen-tados, así como de las cuatro paredes del cuarto donde los dos están, el día de la semana, de la hora aproximada, de la conclusión de la discusión entre las dos personas, del conocimiento de las opiniones de “X”, y etc. Aquellas personas que no están en un estado de trance no pierden un conocimiento ge-neral e inmediato del medio ambiente circundante a esa persona en particular ni del contexto general del acto de pen-sar y hablar. Lo hacen de modo parcial a tal punto que llegan a veces a expli-car, sin que se les pida, que “Por un momento o dos me había olvidado de todo y estaba tan concentrado en el pro-blema matemático”. En consecuencia esas personas tendrán que reorientarse a sí mismas para poder hablarles al medio circundante. Pero, en verdad, es el medio ambiente de la realidad la meta
hacia la cual se encaminan dichas per-sonas.
No obstante, esto no sucede con los sujetos que sí están profundamente hip-notizados, aunque se trate de su prime-ra experiencia con la hipnosis; los ojos pueden haber estado continuamente abiertos y pueden, en consecuencia ha-ber sido hipnotizados por alguna técni-ca ritualista a través del empleo de cier-tas palabras o términos claves, o por cualquier otro método que hubiese sido redactado o grabado con anterioridad y que, con posterioridad, pudiese ser exa-minado por significados escondidos o implícitos de las palabras usadas a tal efecto. Sin embargo, sin urgencias de ninguna clase, a medida que los sujetos se sientan cómodamente en las sillas, ya en un estado somnambulístico, se les puede preguntar simplemente “Qué está mirando? Y ellos responderán recu-rriendo a términos de su propia expe-riencia pasada: por ejemplo, “las mon-tañas (árboles, lago, perro, bote, etc.)”. No obstante, las montañas no han sido mencionadas, no hay imágenes suges-tivas o montañas en las paredes, pero los sujetos no sólo las describieron sino que ellos estaban orientándose de algu-na forma hacia esos sitios, ya que iban en busca de la cabaña para cazadores ¿Y el laboratorio?. No existía para ellos. Aparentemente, en este caso, toda la absorción sensorial ha perdido su valor
salvo en lo referente a la toma de con-ciencia de la presencia del experimen-tador como parte integrante de la situa-ción hipnótica. Por otro lado, los estí-mulos de la realidad han sido reempla-zados en las respuestas conductas ex-perimentales de los sujetos intervinientes en la experiencia por las imágenes de la memoria que no están relacionadas de ninguna forma, con la situación de la realidad.
De manera similar, el estado de no trance de concentración puede contras-tarse con un trance somnambulístico profundo repentinamente inducido en individuos voluntarios por medidas que no son conscientemente reconocidas por ellos. Por ejemplo, una mujer que esta-ba muy concentrada en sus propios co-nocimientos, agresivamente se adueñó de la plataforma del disertante e inte-rrumpió la conferencia que estaba dan-do el autor, diciendan-do, en tono de aren-ga: “Lo desafío que me ponga ahora mismo en trance y verá que no existe nada de lo que usted llama “hipnosis”. El autor simplemente respondió: “¡Oh! No me atrevo. Eso es lo que usted
ten-drá que hacer por sí sola”. Luego,
Erickson, giró sobre sus pasos, y siguió hablando a la audiencia, considerando que la mujer, psicológicamente, era vul-nerable por el hecho de que su respues-ta la había dejado sin un blanco para continuar con la agresión. Como
resul-tado, en unos minutos, la mujer entró en un estado de trance profundo, reco-nocible y somnambulístico ,siendo apa-rente para todos los estudiantes presen-tes que la mujer estaba bajo los efectos de un estado de hipnosis. Inmediata-mente, todo el mundo se dio cuenta de que únicamente el orador estaba con-centrado en la audiencia, de sus soni-dos, del podio de la plataforma, de la jarra de agua en el escritorio, etc. La mujer, no obstante, aparentemente, no notó la presencia del medio que la ro-deaba en ese instante, salvo la presen-cia del orador, ni parecía escuchar lo que él le estaba diciendo a la audiencia. Ni parecía, asimismo, darse cuenta del paso del tiempo. Mientras que el autor continuaba con su conferencia, ella se-guía inmóvil, sin parpadear, totalmente sin respuestas, hasta que el autor la ob-servó y le preguntó si deseaba ser vo-luntaria para una experiencia de demos-tración del fenómeno hipnótico. Ella aceptó prontamente. Demostró ser una excelente voluntaria de demostraciones hipnóticas. Al despertarse del trance, la mujer expresó una actitud de confusión debido a su presencia en la plataforma del disertante, pero agregó: “No impor-ta, sólo tuve cierta sensación en mi in-terior, pero aprendí mucho y me voy satisfecha”. Sus amigos que estaban presentes en la sala de conferencias, le informaron acerca de la serie de even-tos que ella había protagonizado
mien-tras estaba bajo efectos del trance pro-fundo. Ella no creía en lo que le decían ni protestó ni puso objeciones en con-trario, y ni siquiera pidió mayor infor-mación al respecto. Ella sólo se limitó a hacer caso omiso a los datos que le iban ofreciendo y, por último, manifes-tó que alguna vez le gustaría ser hipno-tizada.
Durante el transcurso de la demos-tración de los fenómenos hipnóticos con dicha mujer, la misma parecía no poder recordar nada hasta que el autor le diri-gió la palabra directamente a ella. El podía guiar la atención de la mujer ha-cia cualquier objeto que conformara parte de la realidad circundante en tal situación, y la mujer, por su parte, po-día identificarlo como un elemento ais-lado, sin ninguna clase de asociación con el significado de la realidad, ya sea temporal o física. Ese objeto sería iden-tificado a solicitud del experimentador en términos de una situación de la rea-lidad, si así quedase indicado. No obs-tante, la identificación resultaría ser es-pontánea únicamente en el marco espe-cial hipnótico de referencia, pertene-ciente a la mujer, cualquiera que pudie-se pudie-ser dicho marco de referencia. Por ejemplo, ella podía “ver” una silla que se le indicase, pero sólo podía identifi-carla fácilmente como una silla que per-tenecía a su propio hogar, ya que la ve-ría como una silla de la sala de
confe-rencias. Ante esta situación, el autor per-manecía confundido al preguntársele qué había sucedido en la mente de la mujer, respecto de la presencia del res-to del audires-torio. ¿Qué había sucedido con el resto de los estímulos que el au-tor había captado tan bien con anterio-ridad?
A partir de la conducta hipnótica que evidenció la señorita “0”, en 1923, y a partir de la experiencia recién narrada, que tuvo lugar en 1930, se procedió a observar numerosos y diversos ejem-plos comparables con los dos antedi-chos, no habiendo sido tales ejemplos esperados ni provocados de antemano. Estos hechos lograron confundir mucho al autor, pues lo llevaron a la conclu-sión de que el desarrollo de tales even-tos significaba procesos internos de gran potencia para el sujeto interviniente. Mediante esta conclusión, el autor pudo comprender que, cuando él inducía a un trance a otra persona, no siendo su propósito de gran impor-tancia para el sujeto que se había ofre-cido como voluntario, tal circunstancia exigiría una labor prolongada e inten-siva de parte del autor para proporcio-narle al sujeto la conciencia de que el trabajo realizado poseía un valor intrín-seco.
Un ejemplo particular pareció con-firmar lo antedicho. Un psicólogo que
estaba estudiando para lograr su docto-rado había sido capacitado, con mucha labor, por supuesto, para convertirse en un “buen” individuo somnambulístico. En 1932, durante una discusión infor-mal en un grupo acerca de la naturaleza de la hipnosis entrelazada con acotacio-nes casuales que no tenían que ver mu-cho con el tema en cuestión, este suje-to, una mujer, había hecho un comenta-rio sobre el frío y la inestabilidad del tiempo, y señaló que deseaba que fuese primavera para estar en casa. El autor destacó que “Si los deseos fuesen ca-ballos, hasta los mendigos cabalgarían”. Casi instantáneamente, el grupo se dio cuenta de que la mujer había entrado en un trance profundo y que, luego de ello, había asumido la posición de apo-yar su mentón sobre sus manos y sus codos sobre sus rodillas.
De inmediato, se descubrió que ella estaba fuera de toda armonía con el resto del grupo y que, en consecuencia, pare-cía estar en comunión únicamente con sus propios pensamientos, los cuales se apoderaban de su mente.
De a poco, empezó a darse bofetazos en diversas partes del cuerpo, hacién-dole referencia al autor de sus propias experiencias durante cada temporada primaveral. Se dijo a sí misma: “¡Mal-ditos mosquitos! ¡Váyanse de aquí, de una vez por todas!”. Pero, luego de
le-vantar su cabeza y hombros y de cam-biar el aspecto de sus ojos, la dimen-sión de la mirada de la joven pareció modificarse. Ella había captado la pre-sencia del autor, en el espectro de su visión. Erickson le preguntó: “¿Son tan malos los mosquitos?”. “¡Uy, uy! ¿Está esperando a mi papá?” preguntó la mu-jer. “El siempre viene un poquito tar-de”. Le preguntaron: “¿Te gusta el co-legio?”. “Si, y me interesa la hipnosis”. Ella se detuvo en su pensamiento, algo sorprendida, y luego continuó: “el pen-samiento de estar en casa, en el pórti-co, sentada a la luz de la luna, y con esos mosquitos tan malos que me hi-cieron volver a casa y vi a uno de los clientes de mi padre esperándome... todo pasó tan rápido por mi mente, de una manera tan vivaz, que hasta podía sentir las picaduras de los mosquitos”. Ante las preguntas ansiosas del res-to del grupo, la mujer reveló que no se había dado cuenta de toda esa experien-cia, y del paso del tiempo, de los diver-sos intentos para ponerse en contacto con ella misma hasta el momento en que el autor ajustó su acotación fortuita al marco mental de referencia que estaba experimentando.
Muchas veces durante su carrera, el autor se ha tenido que enfrentar a estas experiencias totalmente inesperadas y no planeadas en donde ha participado
el fenómeno de la hipnosis. El efecto acumulativo de las mismas ha hecho que el autor tomase conciencia verda-dera de que el estado hipnótico es una experiencia que le pertenece al sujeto, que deriva de los aprendizajes y memo-rias que el sujeto mismo va acumulan-do en su mente y que no son necesaria-mente reconocidos sino que pueden ser manifestados en un estado especial ca-rente de vigilia. De esta forma, el esta-do hipnótico le pertenece únicamente al sujeto: el operador se limita sólo a proferir estímulos y sugerencias que sir-ven para evocar la conducta responsiva basada en el pasado experimental del propio sujeto.
Esta especie de experiencia que el autor ha tenido que enfrentar desde el comienzo mismo de su carrera profe-sional hipnótica, se encargó de encami-nar a Erickson hacia un pensamiento por demás especulativo. ¿Qué quería decir o qué había de implícito cuando un su-jeto con un doctorado en psicología se limitaba a responder “Aquí”, cuando se le preguntaba “¿Dónde está usted?”, o que respondía “Aquí, justo aquí”, cuan-do la pregunta era “Explique mejor dón-de está usted?”. El sujeto contestaba “En frente de mí”, cuando se le pregun-taba “¿Dónde estoy yo?”, o respondía “Aquí ”, a la pregunta “¿Qué es eso?”. Si uno luego dirige su mirada hacia la silla donde está sentado el sujeto y
vuel-ve a preguntar “¿Dónde está usted?”, la posible respuesta sería “Aquí, en la silla”. Uno podría continuar con estas preguntas banales hasta el momento en que recurriese a un cambio en la mira-da, o en el tono de voz, o directamente, a una pregunta más específica capaz de crear una expectativa a los efectos de obtener respuestas más elaboradas y comprensivas. Pero sería realmente ne-cesario hacer algo para modificar el es-tado somnambulístico de la realidad. Solamente con instrucciones específi-cas emitidas por las palabras, tono de voz, manera o conducta, el sujeto somnambulístico podría dirigirse hacia la inclusión de realidades no hipnóticas, y ello podría alcanzarse con una inten-ción no reconocible de parte del opera-dor. Asimismo, serviría como ilustra-ción la grabailustra-ción del cassette vincula-da con la experiencia que se le hizo a la trabajadora social psiquiátrica.
Todos estos interrogantes que afec-tan a sujetos con un alto índice de edu-cación no darían información rescatable sobre ellos si no se formulasen pregun-tas que sirvan de guía para obtener res-puestas satisfactorias . No obstante, las mismas preguntas hechas antes o luego del estado de vigilia proporcionarían respuestas significativamente diferen-tes, incluyendo respuestas que podrían llegar a asombrar al operador mismo, como, por ejemplo: “¿Por qué me hace
esas preguntas?” o ¿Por qué me dice tal cosa?”, “Usted está aquí, y yo sé que también lo estoy”. “Sus preguntas no tienen ningún sentido”. Es cierto que los sujetos somnambulísticos pueden incluir al operador en sus alucinacio-nes e incluso pueden sugerirle al ope-rador que tome asiento en “Aquella cepa que está junto a la cabaña de caza”. Los sujetos hipnóticos y no hipnóticos per-ciben la presencia del experimentador en el medio ambiente en que están vi-viendo esa experiencia, pero, en el caso de los sujetos no hipnóticos, hay un ambiente real común para ambos y ve-rificable para otros. A través del em-pleo de sujetos somnambulísticos el operador puede “insertar” la experien-cia que implica el hecho de estar en un trance en un medio ambiente compues-to de imágenes de la memoria en las cuales los estímulos provenientes de la realidad circundante son excluidos, o si se los admite, pueden estar , aunque no necesariamente, sujetos a la transforma-ción. De esta manera, el golpe en la puerta del laboratorio puede ser respon-dido por los sujetos como pasos en el sendero del edificio donde está dicho laboratorio (Todos los ejemplos ilustrativos citados o por citarse provie-nen de casos verdaderos). El verdadero significado de todas estas experiencias intrigó mucho al autor, pero, por el con-trario, no le interesó a Hull, ya que este último estaba interesado en los
proce-dimientos de laboratorio necesarios para llevar a cabo el estudio de respues-tas deliberada y planeadamente evoca-das. Por tal motivo, Hull no mostraba interés alguno en las observaciones de campo y en el estudio de las manifesta-ciones conductales espontáneas.
No obstante, esta clase de compor-tamiento ha continuado siendo uno de los intereses que desafiaban al autor en todo su trabajo clínico y experimental hasta el día de la fecha, pues el presen-te trabajo no constituye una explica-ción definitiva del “qué “, “cómo” y “por qué” las realidades hipnóticas son tan diferentes de las realidades del es-tado de vigilia.
En líneas generales, a medida que pasa el tiempo, se reconoció que cual-quier procedimiento experimental satis-factorio tendría que involucrar la pre-sentación de un ítem de la realidad para tantos sujetos como sea posible en los estados de vigilia y de trance hipnótico así como para un gran número de suje-tos que, estando en el estado de vigilia, podrían o no convertirse en individuos hipnóticos. Este objeto o ítem de la rea-lidad debería ser perceptible para los individuos somnambulísticos y en vi-gilia, y los resultados experimentales deben depender totalmente de los co-nocimientos que pertenecen a los suje-tos que están en un estado de toma de
conciencia especial, ya sea de vigilia o no.
Este objeto de la realidad debe ana-lizarse en relación con el medio ambien-te de la realidad circundanambien-te, tal lo ex-perimentado por cada sujeto en su pro-pio modo. Pero a este hecho no se le debe dar una importancia por demás significativa. Debe ser sólo inherente a la tarea que se propone realizar. El pro-cedimiento experimental derivó de co-nocimientos alcanzados a partir de ex-periencias hipnóticas repetidas y obser-vadas durante el término de 10 años, y que eran aprehensibles sólo a través de un estado de trance somnambulístico satisfactorio. La toma de conciencia por casualidad condujo al reconocimiento de potencialidades experimentales que aquellas manifestaciones observadas ofrecieron para la diferenciación de las realidades del estado hipnótico de aque-llas del estado de conciencia ordinaria.
FORMULACION DEL EXPERIMENTO
El experimento que fue formulado finalmente quedó centrado simplemen-te alrededor de la tarea de relacionar un objeto de la realidad con la realidad cir-cundante de una situación experimen-tal. No se ofrecieron situaciones explí-citas respecto del rendimiento exacto del sujeto vinculado en la experiencia.
En su lugar, todos los sujetos, hipnóticos y no hipnóticos, fueron analizados a tra-vés de una tarea simple que consistía en satisfacer una necesidad implícita de satisfacer la realidad de la situación experimental mientras la misma era aprehendida por los sujetos a medida que se iba ejecutando la tarea. El ver-dadero rendimiento de los sujetos hipnóticos no resultó ser el esperado para el experimentador y ni siquiera fue comprensible para los asistentes del experimentador. El rendimiento de los sujetos que no se hallaban en un estado de hipnosis fue el esperado. En un prin-cipio, se esperaba un rendimiento simi-lar de parte de los sujetos hipnóticos. En ningún caso, las expectativas del experimentador influenciaron a los su-jetos hipnóticos, ni a los no hipnóticos. La naturaleza y simplicidad de una ta-rea en sí excluyeron a los experimenta-dores como factores capaces de ejercer influencia sobre los resultados del ex-perimento.
Toda la capacitación hipnótica des-tinada a los sujetos empleados para este estudio se encontraba completamente relacionada con proyectos no vincula-dos con este estudio. Los otros proyec-tos sirvieron sólo para revelar incidentalmente qué sujetos podían de-sarrollar espontáneamente somnambu-lismo o quienes podían aprender el es-tado somnambulístico.
En el presente estudio no hubo dife-rencia en los resultados obtenidos de los sujetos que desarrollaron un estado somnambulístico durante la primera experiencia al ser hipnotizados, de aquellos sujetos que desarrollaron un estado somnambulístico espontánea-mente mientras observaban el acto de hipnosis con otros sujetos, si bien no tenían expectativas en ser hipnotizados debido a su propio interés en observar dicho acto de hipnosis, y de aquellos sujetos que tenían la intención de ser capacitados para poder aprender a de-sarrollar el estado hipnótico.
Asimismo, no fueron diferentes los resultados obtenidos a partir de sujetos somnambulísticos que eran empleados para realizar el experimento central de este informe por los propios asistentes del autor, quienes a su vez habían sido seleccionados ya que no tenían dema-siada experiencia en materia de hipno-sis, y no sabían que los sujetos que ten-drían que tratar estaban en un estado somnambulístico.
Como control complementario del presente estudio experimental, los mis-mos sujetos fueron testeados por asis-tentes del autor que habían sido orien-tados de distinto modo, para asegurar-se que los diversos tipos de procedi-mientos no se verían influenciados por el conocimiento del experimentador ni
por la falta de conocimiento del estu-dio experimental o del estado psicoló-gico de los sujetos intervinientes. Esos hallazgos no fueron incluidos como re-sultados adicionales en el presente ex-perimento. El objeto era evaluar la si-militud e identidad común de los resul-tados experimentales obtenidos del mis-mo experimento a pesar de los cambios y variaciones en el procedimiento, en el personal, en los estados psicológi-cos y en las orientaciones que no eran pertinentes al método experimental, y en verdad, este hecho fue descubierto como tal. Los únicos resultados negati-vos significatinegati-vos quedaron incluidos en el presente informe, y son muy pocos en número.
En general, todos los estudios se hi-cieron sobre más de 260 sujetos, mu-chos de los cuales se usaron reiterada-mente, no como medio de control de medición del experimento en sí, sino también como medio de control de los experimentadores que habían sido diferentemente orientados y que el au-tor los había empleado para que los ayu-daran a conducir el experimento.
Para llevar a cabo el experimento en una forma exitosa, se decidió que no sólo el autor actuaría en calidad de ex-perimentador sino que otras personas, en calidad de asistentes del autor, de-berían conducir experimentos similares.
Algunos de estos asistentes ya tenían cierto conocimiento de hipnosis, pero otros no lo tenían en absoluto; algunos sabían que un experimento de caracte-rísticas de hipnosis estaba por llevarse a cabo; otros, no. Además, la verdadera tarea consistía en variar en ciertos de-talles específicos, aunque el significa-do seguiría siensignifica-do el mismo. El expe-rimento debía realizarse sobre sujetos no hipnóticos, sobre sujetos despiertos, que ya tenían ciertos antecedentes de experiencias hipnóticas, sobre sujetos que estaban en estado somnambulístico, y sobre sujetos despiertos que nunca an-tes habían sido hipnotizados, pero que deseaban ser entrenados a tal efecto, durante meses o, incluso, años para con-vertirse en sujetos hipnóticos para po-der realizar exploraciones sobre nuevos problemas complementarios, o sobre el mismo problema. Todos estos sujetos debían ser usados en intervalos y por diversos experimentadores, incluyendo al autor, a sus colegas e incluso a ami-gos de los colegas quienes no sabían cuál era el propósito del autor.
Se instruyó a los experimentadores señalándoles que los resultados experi-mentales no debían ser objetados de ninguna forma, sin dudas, sin manifes-taciones de asombro o de carencia de conocimiento. En resumen, se instruyó a todos los experimentadores para que formularan una pregunta específica,
re-curriendo a una manera práctica, y para que, del mismo modo, aceptaran cual-quier respuesta vertida de la misma for-ma.
El experimento en sí era bastante simple, fácil, ordinario y casual, siendo el procedimiento ejecutado de acuerdo con una fórmula bastante simple pero bajo una gran variedad de circunstan-cias situacionales. Los antecedentes educativos y culturales de los sujetos intervinientes eran bastante variables. Se encontraban estudiantes universita-rios graduados y por graduarse, pacien-tes, residentes hospitalarios, trabajado-res sociales, estudiantes de psicología graduados y por graduarse, secretarias, enfermeras, miembros de los equipos médicos, no profesionales e, incluso, pacientes psiquiátricos. No obstante, los resultados respecto de los pacientes psi-quiátricos no fueron incluidos en los resultados totales del presente experi-mento. El autor estaba interesado sim-plemente en ver si el experimento tam-bién podía llevarse a cabo con sujetos psicóticos hipnotizables.
Los asistentes contratados para eje-cutar el experimento algunas veces to-maban conciencia de que el experimen-to en cuestión estaba relacionado con la hipnosis, pero algunos pensaban que sólo era un experimento psicológico. Otros lo consideraban no un
experimen-to sino una simple investigación ansio-sa, sin gran significado, o, posiblemen-te con un significado no demasiado cla-ro, o posiblemente con la intención de poner a prueba las capacidades de jui-cio y crítica de los participantes. Otros manifestaban que la tarea encomenda-da era algo que no tenía el menor senti-do y propósito, aunque, por el contra-rio, no implicaba daño alguno durante el transcurso del experimento. Algunos fueron informados de que se trataba de un test de realidades hipnóticas y no hipnóticas pero no contaban con mayor información al respecto. In uso, este grado de sofisticación o refinamiento no llegó a alterar los resultados experimen-tales, aunque fue empleado por muchos psicólogos clínicos con grado de doc-torado.
Algunos de los experimentadores ya sabían que los sujetos se encontraban en un profundo estado de hipnosis. Otros, debido a la extensiva capacita-ción somnambulística de los individuos intervinientes, no constataron que esta-ban tratando con sujetos hipnóticos (Erickson, 1944). Un gran número de sujetos ya había sido entrenado para adoptar una postura somnambulística en estados de trance aún antes de que co-menzara el experimento. Se procuró especialmente que los experimentado-res no recurriesen a sus propios cono-cimientos en la situación experimental,
a menudo a través de una simple medi-ción de una sugestión posthipnótica hacia los sujetos la cual, al ejecutarse la tarea, produciría una amnesia total en el individuo luego de que el experi-mentador le dijese “Muchas gracias”, dando por concluida la participación de dicho individuo en el experimento.
No obstante, se comprobó que los
resultados experimentales eran de-pendientes no del conocimiento de los experimentadores acerca de la tarea ni de la actitud de los sujetos hacia el test. Los resultados derivaban única-mente del rendimiento de los sujetos durante la ejecución de las tareas.
En otras palabras, se les pidió a los sujetos que cumpliesen una tarea que exigiese el ejercicio de sus propias ha-bilidades sin que hubiese la necesidad alguna de guía, consejos, o instruccio-nes provenientes de los experimentado-res. Una vez completada la tarea, el ren-dimiento individual pasaba a ser el re-sultado obtenido. Luego, surgió un he-cho establecido e inalterable debido a que estaba compuesto de una expresión demostrada de una evaluación y juicio personal.
Los sujetos no hipnóticos diferían de los sujetos hipnóticos en el hecho de aceptar la tarea de diversas maneras, con actitudes que iban de un interés serio a
un total desinterés, indiferencia, asom-bro, curiosidad, aburrimiento, odio, des-precio, expectativa, etc. Incluso, las ca-racterísticas y naturaleza de las respues-tas dadas por los participantes eran con-sistentes y había un dejo de cierto re-sentimiento por “haber perdido el tiem-po”. Por otro lado, los sujetos hipnóticos desarrollaron y demostraron, invariable-mente, una actitud consistente de cooperatividad ansiosa e intencional, sin que se tenga en cuenta el uso ante-rior dado por los sujetos no hipnóticos, o por los sujetos que participaron de los experimentos de la primera época, ni se tuvo en cuenta la relación con las ta-reas encomendadas y narradas anterior-mente en este mismo capítulo. Aparen-temente, no se registró un criterio emo-cional y espontáneo acerca de la tarea en sí, tal como quedó demostrado en el caso de los sujetos que estaban en esta-do de vigilia.
Se procedió a comparar los resulta-dos hallaresulta-dos por los distintos experi-mentadores, incluso aquellos que no eran demasiado conocidos del autor. La simplicidad de la tarea de los experi-mentadores y la facilidad con la cual ellos pudieron evitar toda participación que influenciase el rendimiento de cada individuo en particular resultaron ser posiblemente los factores más impor-tantes.
Siempre que era posible, se hacía repeticiones (de dos a doce) en diferen-tes momentos del experimento y en va-rios sujetos, tanto en el estado de vigi-lia como en el estado hipnótico. Estas repeticiones no fueron contabilizadas como experimentos adicionales. No obstante, no era posible garantizar las repeticiones de un experimento en par-ticular con los sujetos en estado de vi-gilia, y, de este modo, había un mayor número de sujetos que se habían des-pertado de una sola vez en comparación con aquellos sujetos que estaban siem-pre en un estado de vigilia, en cuyo caso las repeticiones resultaron ser menores. El objeto de las repeticiones era descu-brir posibles errores de procedimiento. Se contaba con la presencia mucho mayor de sujetos en estado de vigilia que de sujetos en estado de hipnosis. Se hicieron esfuerzos para garantizar la presencia de tantos sujetos “despiertos” como “hipnotizados” como fuese posi-ble, pero el número de los sujetos que se sometieron a una experiencia de tran-ce hipnótico era inferior. Prácticamen-te todos los sujetos que se ofrecieron como sujetos “en estado de trance” se ofrecieron también como sujetos “en estado de vigilia”. A veces, empezaban por el experimento de trance hipnótico, otras veces por el estado de vigilia. Se intentó efectuar una distribución equi-tativa y randomizada de todas estas
al-ternativas.
Por lo general, los experimentado-res provenían de una universidad o de un hospital, siendo los experimentos ejecutados en tales ámbitos. En otras ocasiones, se efectuaron en el salón de conferencias. El formato del experimen-to era simple y consistía en no más de una formulación de una pregunta bas-tante simple:
Mientras estamos esperando (y a
continuación se hacía referencia a una determinada situación que indujese al lector a que se quería cumplir con un propósito diferente al de un acto de hip-nosis) ¿en qué parte de esta
habita-ción, si usted tuviese un cuadro de 1,00 x 1,20 mts. de ... (a
continua-ción se especifica uno de estos cuatro ítems; una persona que sí está presente, una foto instantánea de alguien que le es conocido a cada sujeto interviniente en particular, un bol de frutas verdade-ro, y una foto instantánea real del cua-dro en donde se pintó un bol con fru-tas), en qué parte de esta habitación
colgaría tal cuadro? Piénselo deteni-damente cuando se haya decidido, hágalo saber.
La pregunta estaba redactada a má-quina en una tarjeta. Esta tarjeta confi-guraba la clave de un experimento que estaba en desarrollo. Pero la pregunta
no parecía garantizar una verdadera conclusión al respecto. Por el contra-rio, indicaba que la pregunta era seria. Al presentarse la pregunta, se pro-cedió a colocar el objeto de la realidad que debía mencionarse. Por ejemplo, la persona que estaba presente en la reali-dad podría estar sentada en una silla al lado de una ventana o podría estar in-clinada contra una ventana en alguna posición casual, o esa misma persona podría estar en frente de una bibliote-ca, en busca de algún libro en particu-lar, o estando sentada o de pie junto a un escritorio en el medio del salón o en frente de un pizarrón ubicado diagonalmente a través de un rincón del salón, o bien en cualquier otra posición casual. Como en el caso de las fotos instantáneas, ellas eran sostenidas en una base de madera ranurada y estaban ubicadas casualmente, tal como lo era la posición situada en la parte superior de la biblioteca, en el apoyatizas al pie del pizarrón, en el apoyabrazos de una silla cercana a la ventana, en la parte superior del escritorio, en el medio de la habitación o del salón, o en una pe-queña plataforma situada en un rincón de la habitación del salón. El bol con las frutas fue colocado en diversas y similares posiciones. El sujeto y el ex-perimentador siempre caminaban hacia una posición situada cerca de un metro del objeto de la realidad, cuya
presen-cia sería indicada a través de un gesto con la mano.
Tanto con los sujetos hipnóticos como con los no hipnóticos, fue impor-tante dentro de los 11 experimentos con cada tipo de sujeto que podía ubicarse un sitio múltiple del objeto de la reali-dad sin alterar, por ello, el significado de los resultados que se pudiesen obte-ner. Por ejemplo, podría formularse una pregunta en relación con la persona que, casualmente, está parada en la ventana, y luego, cuando la persona se dirigiese hacia la biblioteca, hacia el escritorio o hacia el pizarrón, se podría formular una pregunta para cada una de las posicio-nes. De la misma manera, se pueden modificar las posiciones del bol de fru-tas o de las fotos o de las fotos instantá-neas. O bien, se podría optar por colo-car todos los 4 objetos de la realidad y entonces se harían preguntas en suce-sión para cada una de las posiciones que adopte cada objeto pertinente. Cada vez que se cambia la posición, se cambia la pregunta. Este múltiple testeo sobre una determinada ocasión no alteró de nin-guna manera la conducta responsiva, salvo que el testeo fuese hecho varias veces, de tal modo que los sujetos que, aparentemente, están en un estado de vigilia, podrían llegar a impacientarse o irritarse. Las repeticiones, no obstan-te, no desgastaron a los sujetos en esta-do hipnótico.
Otro efecto sobre los sujetos no hipnóticos, residió en el hecho de que las repeticiones, en un comienzo, ten-derían a intrigar la curiosidad de los sujetos participantes, sin tener que cam-biar por ello el carácter de las respues-tas. Esto llevó a los sujetos a cuestionarse acerca de las contestacio-nes originales, de tal modo que se vie-ron obligados a suministrar una segun-da y hasta una tercera respuesta. No surtieron efectos significativos como en el caso de los sujetos hipnóticos. Cada investigación y posición fue aceptada como una unidad completa en sí misma y no relacionada con ninguna otra cues-tión o investigación sobre el mismo tema. Este descubrimiento hizo posible la realización de muchos otros tests con sujetos hipnóticos, si bien dichas repe-ticiones no fueron incluidas como ex-perimentos adicionales. Los únicos re-sultados experimentales que fueron de-jados de lado, fueron aquellos prove-nientes de sujetos no hipnóticos que consideraban que la formulación de la pregunta antes mencionada no tenía el menor de los sentidos. Los sujetos, en-tonces, optaban por rechazar la pregun-ta, o quedaban sorprendidos, dando a propósito respuestas también sin senti-do, como, por ejemplo “¡Que lo cuel-gue Papá Noel!”. No obstante, unos pocos sujetos, respondieron de esta for-ma ya que la tendencia general era acep-tar la acep-tarea como una simple pregunta
directa sin ningún significado en espe-cial.
Más de 2.000 personas participaron de este experimento. En sólo tercio de ellos, surgió la posibilidad de que en-trasen en un estado de trance somnambulístico, y de ello siempre se logró en relación con algún otro jo hipnótico. A veces, este “otro traba-jo hipnótico” era sólo llevar a cabo una tarea de capacitación de hipnosis pro-funda.
Esta capacitación de hipnosis pro-funda consistía en el uso de expresio-nes verbales tradicionalmente ritualísticas de técnicas de inducción hipnóticas que continuaron durante un par de horas y que luego se repitieron durante varias jornadas para estar se-guro de que los sujetos se encontraban en un “estado de trance hipnótico pro-fundo”. Los criterios a seguir para al-canzar un “estado de trance profundo” eran estos: una completa amnesia posthipnóticas para experiencias de trance; una pronta actividad ideomotora, tal como la escritura auto-mática, y una actividad ideosensorial, tales como las alucinaciones visuales y auditivas. A veces, se optó por emplear una efectiva anestesia hipnótica sobre las manos y brazos según lo testeado por los choques eléctricos. Por lo gene-ral, se les pedía a los sujetos que
recor-dasen algún hecho lejano y casi olvida-dos en sus memorias, y tal hecho, lue-go, sería analizado posthipnóticamente como una prueba de la amnesia posthipnótica de cada sujeto en parti-cular. Se cumplió con el esfuerzo de verificar la validez de la recopilación de los datos contenidos en la memoria de los sujetos. Además, se efectuaron una innumerable cantidad de tests hipnóticos menores sobre las sorpren-dentes respuestas que proporcionaban ciertos sujetos, a fin de determinar al-guna retención deliberada del contacto con el medio ambiente circundante. En este caso, el experimentador le pedía al sujeto que “durmiese plácida y profun-damente, como si usted estuviese aho-ra en medio de un sueño profundo, en el medio de la noche, luego de una jor-nada muy agotadora. Quiero que ahora se duerma tan profundamente como un tronco”. Esta era la sugestión o instruc-ción más requerida. Los motivos para tomar tal medida fueron los siguientes: Aquellos individuos que estaban en un trance leve encontraron que era difícil mantenerse en ese estado de trance si tenían que abrir los ojos y realizar una tarea relacionada con la realidad exter-na; sentían la necesidad de despertarse del estado de trance para cumplir con la tarea; y ellos expresaron la creencia de que en verdad “lo harían mal”, si in-tentaban mantenerse en el estado de trance, tal lo pedido por el
experimen-tador. Aquellos que estaban en trance medio también no se sentían demasia-do inclinademasia-dos a cooperar ya que, según ellos, el abrir los ojos y el hacer algo determinado, que no estaba en relación con ellos mismos, los molestaría y los despertaría; ellos deseaban hacer cosas que los afectasen como personas pero sentían que cualquier manipulación que se hiciese de los objetos externos sería una carga inadecuada para ellos mis-mos. Sin embargo, ante la insistencia, ellos aceptaron la decisión, aunque de mala gana, debiendo la mayoría de ellos aliviar el estado de trance o despertarse de él. Por tales motivos, se decidió em-plear a sujetos que se encontraban to-talmente en un estado de trance somnambulístico. Esto exigía un arduo trabajo y un prolongado lapso de tiem-po para garantizar la presencia de va-rios de estos sujetos. No obstante, hubo una recompensa adicional en el sentido en que dichos sujetos somnambulísticos habían sido utilizados para otros estu-dios experimentales y para demostra-ciones de conferencias sobre el tema de la hipnosis.
Resultaba vastamente posible garan-tizar resultados negativos con gran fa-cilidad a través de una sobreentusiasta presentación de las instrucciones, a las cuales se les debe agregar un énfasis no intencional así como un mal manejo de los sujetos intervinientes. La corrección
que el experimentador deseó efectuar sobre los resultados negativos se llevó a cabo con gran dificultad utilizando una práctica que el autor ya había em-pleado en sus comienzos como investi-gador hipnótico. Era una práctica regu-lar que consistía en hacer que los suje-tos sumamente inteligentes que habían sido hipnotizados desarrollasen espon-táneamente el estado somnambulístico durante las primeras inducciones a tran-ce, y que actuaran como críticos de las técnicas de inducción propias del autor mientras que los sujetos se hallaban en el estado somnambulístico y en armo-nía con el autor así como con un nuevo paciente hipnótico quien no sabía que la otra persona que estaba presente en ese momento estaba bajo los efectos de la hipnosis.
Quizás el siguiente ejemplo será la mejor ilustración al respecto: El autor estaba disertando una conferencia con demostración frente a un pequeño gru-po de médicos. Usaba, para ello, como voluntario a un miembro de un grupo similar al que dos días después le daría la misma charla, que se encontraba pre-senciando esta primera charla. Aparen-temente, este sujeto había desarrollado un trance hipnótico, pero el autor notó “una nueva cualidad” en las manifesta-ciones hipnóticas. Pronto, Erickson se dio cuenta de que el sujeto voluntario estaba fingiendo. Tuvo cuidado de no
ejercer demasiada presión sobre el si-mulador y de darle pie para que acep-tara su comportamiento como “válido”. Al final del encuentro, se le preguntó al “sujeto hipnótico” si podría ayudar al autor a capacitar a otros estudiantes al día siguiente. Aceptó prontamente. El autor, por su parte, llegó a un acuerdo con otros tres sujetos experimentados en materia de hipnosis quienes ya ha-bían actuado en hipnosis en diferentes ocasiones como críticos de las técnicas del autor. Les pidió que se encontrasen con el autor para que pudiesen desarro-llar un estado hipnótico conjunto en plena armonía entre ellos mismos y con el autor, pero se había convenido que no debían revelar el estado de trance al recién llegado. Por el contrario, debían presentar una evaluación de su actitud en reaccionar silenciosamente ante las alucinaciones visuales y auditivas ya sean positivas o negativas, ante la cata-lepsia manifestada y ante la realización de una escritura automática. Cada uno de los nuevos 5 voluntarios debía ana-lizar cada uno de estos ítems sucesiva-mente y ellos podían efectuar cualquier clase de comentario si así lo deseaban. En consecuencia, optaron por pregun-tarle al recién llegado si el sabía que ellos estaban en un estado de trance somnambulístico y luego le pregunta-ron si él podía reconocer cuándo se des-pertaría cada uno de esos 5 de su esta-do de trance. El recién llegaesta-do debía
responder en forma separada, recurrien-do a los números ordinales que iban del “1” al “5”, de modo tal que cada uno de los 5 voluntarios tuviese un determina-do turno para despertarse. En el supues-to caso de que el simulador no lograse reconocer el estado de trance de cada uno de los 5 voluntarios que se le pre-sentaron, se lo desafiaría a que respon-diese cuál o cuáles de ellos sería(n) el(los) primeros en despertarse. Si fa-llaba, aquéllos que estaban aún bajo los efectos del trance deberían inspeccio-nar a su grupo y escribir en un anotador el orden correcto (de 1 a 5 ) de cómo se despertaron los individuos participan-tes, agregando el nombre o denomina-ción del estado de conciencia en que se halaban. Tras efectuar las evaluaciones, los individuos tomaron sus anotaciones. Al despertarse, ellos recordarían la si-tuación vivida pero no recordarían, de-bido a una amnesia total, la actuación individual del simulador y debido a las evaluaciones efectuadas, separadas una de la otra y para ser recordada de ma-nera distinta e independiente.
Traducción: IMHEBA Continúa en Rapport Nº 33
REALIDADES HIPNOTICAS
Milton H. Erickson, M.D., Ernest L. Rossi Ph. D.
y Sheila I. Rossi, Ph. D.
1. Publicado por Irvington Publishers. Inc. New York, 1976, ® de Ernest L. Rossi, Ph. D. 326 páginas.
2. Autorización para Rapport por Ernest L. Rossi, Ph. D., Buenos Aires 1993.
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RECONOCIMIENTOS
Queremos reconocer nuestro agra-decimiento por la ayuda recibida de los siguientes amigos y colegas:
ROXANE ERICKSON CHRISTIE ERICKSON JOHN HEDENBERG JACK. A. OLIVER ROBERT PEARSON KAY THOMPSON DEDICADO A
Dedicado a una comprensión siem-pre progresiva del funcionamiento
to-tal de la persona individual dentro de sí mismo separada y simultáneamente en relación con el prójimo y el ambiente total.
MHE
Dedicado a aquellos clínicos e in-vestigadores que exploran más detalla-damente algunas de las aproximaciones aquí descriptas para aumentar los po-tenciales humanos.
ELR
Dedicado a todas aquellas personas que aprenden la hipnoterapia para el crecimiento personal y el desarrollo profesional.
SIR
LA INDUCCION DE LA HIPNOSIS CLINICA
Y LAS FORMAS DE SUGESTION INDIRECTA (1976)
ADVERTENCIA PRELIMINAR
Para los muchos que nunca han te-nido la oportunidad y que no la ten-drán de asistir a workshops dirigidos por Milton H. Erickson, este trabajo les ser-virá como un inapreciable sustituto. Los psicoterapeutas, en general, tanto como los hipnoterapeutas, encontrarán en este trabajo una lectura y un estudio prove-chosos, ya que Erickson es ante todo un psicoterapeuta, y su modus operandi trasciende el hipnotismo clínico. En el caso de los académicos e investigado-res, creo que van a encontrar aquí bas-tante material para pensar e investigar, de modo que se van a mantener algún tiempo ocupados con él.
Mi primer encuentro con Milton Erickson fue en 1954 o en 1955, en una Sociedad para la Hipnosis Clínica y Experimental, en Chicago. Cuando me reuní con él, estaba conversando con un pequeño grupo de colegas en un pasillo del hotel. Yo nunca lo había visto, ni siquiera en fotos. Sin embargo, y de un modo extraño, según me pareció, cuan-do lo vi desde cierta distancia, fuera del campo auditivo, supe que ese era Milton Erickson. He reflexionado so-bre este incidente un buen número de veces. Se puede pensar que yo había oído en alguna parte que él había teni-do polio, y que el hecho de que se apoyara en un bastón haya sido la
cla-ve para identificarlo. No puedo estar seguro, pero me he inclinado a creer que las claves son más sutiles. De algu-na manera, yo ya me había encontrado con Erickson otras veces a través de sus escritos que había estudiado exhaustivamente. A través de ellos, yo había comenzado a apreciar lo singular de su persona. Creo que algunas de las cualidades que han hecho de él el indi-viduo que es me fueron comunicadas a través de esos escritos, y que yo las ex-perimenté en forma más directa de lo que ellas se manifiestan cuando él interactúa con otros.
En los años que siguieron, tuve otras ocasiones, muy pocas como para sen-tirme conforme, de encontrarme con él, de verlo hacer demostraciones, de ver-lo hacer terapia y de escucharver-lo hablar de hipnosis y de otros temas. Más par-ticularmente, tuve la oportunidad de ver por qué‚ con el transcurso de los años él había crecido hasta convertirse en una figura casi legendaria a la que se le había otorgado el título de “Mr. Hipno-sis”. Además he tenido la oportunidad de ver en acción a los famosos hipnotistas del escenario de los años cuarenta y cincuenta, tales como Ralph Slater, Franz Polgar, y otros, muchos de los cuales se anunciaban como el “Prin-cipal Hipnotista de América”, el “Hipnotista más Rápido del Mundo”, etc., quienes exaltaban sus fantásticas
proezas ad nauseam. Buenos actores, sí. Como hipnotistas, sin embargo, alcan-zaron la altura de pobres segundos de Milton Erickson, y ni siquiera en ese lugar secundario, se mostraron más tran-quilos y modestos.
No sorprende, entonces, que muchos profesionales hayan tratado de imitar-lo. Ninguno, hasta el momento, ha te-nido verdaderamente mucho éxito, aun-que unos pocos han llegado a una regu-lar aproximación. Algunas de las razo-nes de esto se aclaran con la lectura de este trabajo. Otras, todavía quedaron sin aclararse. Si los autores han fallado al tratarlas por no alcanzar el nivel que la importancia de ellas exigía, esto se debe solamente al hecho de que no son el tipo de cosas que uno puede enseñar ade-cuadamente sólo con la palabra escrita. Además, se debe también a que no son enseñables y, supongo, a que hay un cierto desgano, por parte de ellas mis-mas y por parte del lector, respecto a su enseñanza.
Como este trabajo lo muestra con más claridad, no es solamente lo que uno le dice al paciente o al sujeto, cómo se lo dice, cuándo se lo dice, y dónde se lo dice, factores, todos sumamente im-portantes en el uso efectivo de la hip-nosis, particularmente en el marco clí-nico y terapéutico. Va a quedar claro que, además de esto, uno tiene que ver
la interacción terapéutica en su totali-dad y no fragmentariamente, y dar un paso más allá hasta verla dentro de la totalidad de su utilización. Esto pone al uso de la sugestión y, en general de la hipnosis, fuera del dominio del uso de simples fórmulas mágicas y las ubica en el marco de la ciencia de las redes interaccionales y de comunicación.
Erickson, no obstante, no es sola-mente un maestro de la comunicación verbal, como lo pone de manifiesto este trabajo. Él es igualmente un experto en la comunicación no verbal, que es uno de los aspectos a los que el trabajo no hace ni, realmente puede, hacer justi-cia. Esto es algo desafortunado, pero inevitable, y no es un descuido por par-te de los autores. Una de las más me-morables demostraciones de su habili-dad en la comunicación no-verbal que ha dado en su carrera, fue en la ciudad de México, en 1959, cuando hipnotizó a un sujeto y mostró con él varios fenó-menos hipnóticos. Era un sujeto con el que la comunicación verbal era impo-sible. Erickson no hablaba el español y el sujeto no hablaba el inglés. Desde el comienzo hasta el fin, la comunicación transcurrió de un modo no-verbal, a tra-vés de la pantomima.
Yo puedo testimoniar personalmen-te la eficacia de sus comunicaciones no-verbales, a través de una experiencia
que tuve con Milton Erickson hace unos 15 o 16 años. Sobre esto, pienso que tendría que aclarar que, que yo sepa, nunca había sido hipnotizado por él, al menos formalmente. Un grupo de no-sotros se reunió en Filadelfia con Milton, en un seminario especial que apuntaba a que llegáramos a compren-der un poco su modus operandi. Una mañana, yo estaba sólo desayunando con él. Estábamos frente a frente, yo un poco oblicuo hacia su izquierda.
Según recuerdo yo hacía más que ha-blar. Mientras hablaba, absorto parcial-mente en mis pensamientos, yo llegaba a ser vagamente consciente, periféricamente, de que Milton hacía ciertos gestos peculiares y repetidos con sus manos. En un primer momento no hice nada respecto a esto, luego, al incrementarse mi conciencia de lo que pasaba, ocurrieron dos cosas, en apre-tada secuencia. Mi mano derecha se movió, casi espontánea, para tomar la cafetera, que estaba sobre la mesa, y comenzó a levantarla. Casi al mismo tiempo, me surge la comprensión de que Erickson quería café. En ese momento, para usar la terminología de este traba-jo, mi “mente consciente” tomó parte de la acción y yo completé‚ el acto, mientras que ahora me doy cuenta que la gesticulación de Erickson indicaba claramente y expresaba literalmente el pedido no-verbal de que se le sirviera
café. Esta clase de cosas, según fui aprendiendo con el tiempo, es una de sus formas preferidas de enseñar o de responder a una pregunta acerca de al-gún tema en cuestión. Es también su modo de controlar la sugestibilidad o hipnotizabilidad de cada individuo.
Además, es su manera de mantener-se en estado, por así decirlo. Yo dije, al comienzo de este párrafo, que nunca había sido “formalmente” hipnotizado por Milton Erickson. Es verdad, si por “inducción formal”, entendemos que no se ha usado ninguna de las técnicas clá-sicas y semicláclá-sicas usuales, descriptas una y otra vez en varios textos de hipnosis. Por razones que empiezo a ver claro ahora, y ciertamente después de leer el presente trabajo, estoy segu-ro de que los autores dirán que yo fui efectivamente hipnotizado por Milton, al menos en esa ocasión en particular.
Hay, por supuesto mucho más que la comunicación verbal efectiva que resulta de decir palabras concordantes según la sintaxis apropiada y las demás reglas lingüísticas, o de la introducción de elementos no-verbales en el momen-to y lugar correcmomen-tos.
En mis experiencias con Milton Erickson, me he encontrado con que su control de rasgos característicos tales como la entonación y la modulación de
la voz, por mencionar sólo estos dos aspectos, forma una parte intrínseca de su aproximación a la hipnosis. Hay que oírlo y verlo para tener el pleno sabor de su manera de hablar. Decir que él habla dulce, aunque incisivamente, pau-sadamente, tranquilamente, suavemen-te, enunciando clara y cuidadosamente cada palabra, algunas veces cada síla-ba, todo con cierta cadencia, sólo pue-de dar una caricatura pue-del sabor pue-del pro-ceso.
Desafortunadamente, no hay mane-ra de que un libro le lleve al lector el tipo de información que permita dupli-car estos rasgos dupli-característicos. Sin embargo, se puede prestar atención a este elemento, de tal manera que, des-pués de estudiar el libro, si el lector descubre que es un poco menos eficaz que Erickson, pese a sus esfuerzos por lograr algunas de las cosas que él hace, no sacará conclusiones pesimistas.
Otro elemento que creo que incluye la efectividad de Milton y que, en mi opinión, este trabajo no lo destaca sufi-cientemente, es la sosegada confianza y a la vez la autoridad, extremadamen-te suficienextremadamen-te, considerando lo permisi-vo de su aproximación, que él rezuma. Hay una convicción que expresan su voz y sus acciones de que algo es o va a ser, como él dice. Quizás, parte de esta convicción rezumada tiene sus raíces en
otro rasgo característico de la interacción de Erickson con sus sujetos y pacientes. Cuando uno lo ve, se vuel-ve mucho más consciente de su habili-dad para comunicarle al sujeto y al pa-ciente que él está participando en algu-na de sus experiencias y que la está compartiendo con él. Esto es particu-larmente evidente cuando obtiene fenó-menos alucinatorios. Cuando uno lo ve a Erickson contarle a un sujeto acerca de un esquiador “allí afuera”, en una distante colina cubierta de nieve que él describe con algún detalle, o acerca de un conejo “allí abajo, a sus pies -y, ¿de qué color es?”, uno frecuentemente tie-ne el misterioso sentimiento de que él también vio al esquiador, la colina, la nieve y el conejo. Entonces, ¿cómo pue-de el sujeto pue-dejar pue-de verlos? Sea que Erickson, o no, realmente comparta las experiencias subjetivas del sujeto, la impresión final, comunicada verbal y no-verbalmente, es la de que lo hace. En mi opinión, esto es un accesorio ex-tremadamente poderoso en su obtención de respuestas deseadas.
Hay que decir, como advertencia a los lectores que puedan esperar mucho más de lo razonable de este trabajo, que creo que hay importantes elementos que Erickson pone en funcionamiento en su producción y utilización de la hipnosis, a los que no se les da la mucha atención que merecen. No digo esto como si se