- ' . v: .
--
A". - h 'ÿ •V • I-•” dfPI i1
•
disa
. L,j. >r,< i Í1.-
0 i; M tyV V-:I
-1?
. JL s . -+ reditorial
F __
:w: *.—
i.'.'li;jL".rK//KT£
f
:sr-:_
. ___
-T:V71
r; if. p i • , ¡Á
£
"/
->V .,, jp f f f* Bfif % C V , . I ' »H&
.-
r t L*i ri-V7 I / £ .ffil. VI
Í. ! gw if? .IrVIV1£5 X ri, Hit M «*5 .Isaac
Joseph
a- •v «1 :Ml
mm
pipp
Score
la dispersión
y
el
espacio
oublicc
m
• ---I41 . . :.ÿ -v -'Vs IV --v :W5
j-" ITKi* .'-. Sstl
vAT
% -w ,J, -,'.ill
tl.?l W*3 *v-f
•fef
Vi "n
el
aspectoso-
cunstancias, ¿podrándal
nuestramo-
calmar
nuestrased de
dernidad está
sodalidad
total?
Esta
es
agotada.
Unicamente el la
pregunta querecorre
exiliado
yel insomne todo
el
presentee»sayopersisten
todavía
en
pro-a
través del
sonámbulo
clamar
su
sentido,así
ydei
agrimensor.Me¬
se
descubre un
diante
sucesivas
expío-mundo. Ja
“cien-
raciones
el
ensayo
reco¬
las
conversado-
r<-elos
territorios
de
la
»mparadas ,
elsa-
microsociologíadesde
3Tiente
de
las cir- G,Simmel
yG.
Tarde
im.;taE. Goffmao.
En
. cierto
sentido
se
trata
siempre
de
saber
cómo
/ÿ
desempeñaruno
el
pa¬pel
en
público,se
trata
Í!
de conciliar
el
sentido
de
ia
actualidad,de la
wrml.
copresencia y
la
fuerza
de
las
convicciones.
O
en
todo
caso
-ÿse trata
de
4
como
lo SO'(sigue en iü contratupaj
f
gtiE
3 A, H VA Ni *ÿ-A v’ •• i 'W >ÿi. I 'VIvém
’ -V .r Rc ¡ AAm
i b..
[ÿ-. i" 'V ; /,r
V
!fW
.
'ÿr-‘ri..
B I * T-.ÿ Sv.Vri
h r- /y oc 'V V * i V f7 <\ j r ¡wj [ÿ_T-O -í v, serie menor-n I Fr'V . i r y.-> \r~ J ® I!I-JT:-Bota
L JIP i£¿i 'it O Ar f •V ' 'V-.'i , lj J lr(y jf - 5 ,
__
I„r, 1 . LÜ ¡e. .. decir U r- -,. 4.COLECCIóN
EL MAMIFERO PARLANTE
ssm>i 1 ; *r . TI TJFT , 'i I. * víP'G * .«í’-V
c-4
1 ' fc << I MI iÿirml francés;
' f * *ni i onmdérable
1 l>*nur )«ÿ des Meridiens
Kincksieck
&Cie.t
Pans, 1984/ /V>r f/e la colección El
Mamífero
Parlante:Hlineo Verón
TVorfiíccííSÿ Alberto L. Bíxio
Cubierta:
Maqueta de colección:Julio VivasRealización:
Alfredo Landmani
K
%
H'I\W
5TI
-0?
tíEn el interior de ésta célula hay, tú lo sabes, alguien. Prefe¬ riría nohablar de esto.A mi parecer, se trata de una imagen,
En ti, pensamiento inmóvil, cobra cuerpo, brilla y desapare¬
ce todolo quede todosse refleja en nosotros.Desuerteque te*
nemosel mayordelos mundosen cada unode nosotros, pues
todosse reflejanen virtud de uninfinitocentelleoquenos pro¬
intimidad radiante de la que cada uno retorna
Primera edición, 1988, Buenos Aires, Argentina
yecta en una
así mismo,iluminado porelhecho de noÿr másque el refle¬
jo de todos. Y el pensamiento de que cada uno de nosotros es
sóloel reflejodel universal reflejó,esa respuestaa nuestra li¬
gereza, nosembriaga con esa ligereza misma, nos hace cada vez más ligeros, más ligeros que nosotros, en el infinitode la esfera centelleante que,desde1asuperficiea la chispa única,
es el eternoir y venir de nosotros mismos.”
Maurice Blanchot, Le Dernier Homme.
Gallimard 1957, págs.124-125.
Derechos
para todas las ediciones en castellano® Editorial Gedisa, S, A.
Muntaner,
460, entlo., V Tel. 201 6000 08006- Barcelonaf España5
ISBN 950-9113-45-XHecho el depósito que establece la Ley n-11.723
<
U-tí
Armadoconesta ciencia primitiva,elindividuoseencuentra no tantocon un guía para la acción (aunque es probable que en ocasiones lo encuentre) como con un guía para la aten¬
ción...37
i
s
LOImpreso en Argentina
/}nnied in Argentina E. Goffman, La mise en scene de la vie quoíidienne
,
Minuit, tomo 2, 1973, pág.179.
O
tr
"Todoeso sucedió en un instante y dura para siempre. El es¬
pejismodelasfiguras humanasseeleva enel horizonte.Apa¬
la esquina de la calle.”
<
s
recen en
ti,,7.la
í,rohibida la reproducción tota] o parcial por cualquierm,',ii7,de
,mf,re «nfirmaidéntica,extractadaomodificada,en
< natelluno o cualquier otro idioma.
Virginia Woolf, LesVague$t
Stock, tomo 2, pág. 380. oLU
O
-j
CÜ
INDICE
11
i.
EL
EXTRANJERO TRADUCTOR
...
1.
Digresiones
2,El
insomne y
el
sonámbulo
..
3.Movimientos exploratorios
...
4.
Enclaves
5.
El
territorio
de
la
urbanidad
11
13
18
22
25
134
2. ACTUALIDAD
44
;í.ROSTROS
65
1.
PRECARIEDAD80
5. INTERVALO
93
o.
RUTINAS
102
7. RESERVA..
1113
s.
DOBLE LENGUAJE
130
i). REDES143
t
o.
CONVICCIONES
158
I"OSFACIO
1
El
extranjero
traductor
1. Digresiones
Es
frecuente queun
libro comiencecon
una
adverten¬cia
al
lector en la cualse
anuncia lo queel
librono
es. Diceuno
entonces
que elautor se anda
con remilgos, sesospechaque se precave anticipadamente
contra
lasagresionesde
lacrítica, que utiliza estrategias evasivas que no engañan
a
nadie y que confirman la
escala
deevaluación
de
un traba¬jo
intelectual
medianteuna
especiedecelebración desdicha¬
da
o perversa
de ladiferencia
que hayentre
un trabajoreal
y elideal
deuna
obraacabada.
Pero
también puedeconside¬
rarse que esos “remilgos” responden a hermosasintenciones
minuciosas, por ejemplo,
destinadas
al librero para ayu¬darlo a
clasificar
el libroen
sus
estantes
—
o, más general¬mente,
destinadas
al público al cualel
autor
nose
atreve aconvocar
parael
debate sino después de haber limitado lascuestiones
queen
élentran
enjuego.Como
la atención deun
público no
es
la atenciónde un
jurado,como
esa
atención
es
a la vezdistraída
y parcial,el
mejorarbitrio
supone que elautor
subrayeel
carácter incompleto de lo que presenta omuestre
su incompetencia relativa. Demanera
que elautor
sólo interviene enel
debate que abreandando
hacia atrás, retrocediendo,y sólo designael
lugar, quese
suponequede¬
be ocupar, alejándose. En dos palabras,
aborda
su tema re¬curriendo
a una
digresión.Las
páginas que siguen exigirían sin duda quese
hi¬ciera
acentuado
hincapié eneste
tipo de advertencia que yase ha hecho clásico.
En
efecto, aquí seríamenester
no
sólo
117|illI
I
anunciar lo que el
libro
noes
sino agregar que enmodo
al¬guno se
trata
deun libro,
puesto queinstala
en la
digre¬sión.
Y
esto
pordos
razones
de
desigual importancia.En
primer lugar, fue
mediante
esta forma
de
pensamientodi-gresviso,
mediante
esta
manera
de
indicar o
deevocar un
ob¬
jeto
de
pensamiento alejándoseuno de
él(muy
precisamen¬te las
Digressionssur
de
Simmel) cómol’Etranger
comenzó,unos
cinco años atrás,una
reflexión
de
la
cual
este
trabajoes
elremate
provisional.Son
esas
digresioneslas
quela
mantuvieron
constantemente
en
la
tensiónde la
distanciay
de
la
proximidad,como
elestribillo de una cantilena,
en el
límite
del
encantamiento
yde
la argumentación,entre
la
co¬
quetería y
la
reserva
o eltacto,
entre
la figurade lo
munda¬no
yla
figurade
lo
migratorio.La
segunda*razón (y éstaes
decisiva)es
la
de
quebien
se
ve queesos
objetosse
organizanen un territorio
poren¬
tero
paradójico.Para decirlo
en elestilo
deKant, los
concep¬tos de
la
microsociología tienen
unterritorio
en el que sonreguladores, pero
no
tienen un
dominio
en el que legislen.Los
enfoques del espacio público que el presentetrabajo
trata
de
inventariar
partiendodelas
obras
de
G.Simmel,
de
G.
Tarde
yde
E.
Goffman
son en
este
sentido esencialmen¬
te
digresiones. ElExtranjero
deSimmel,
porejemplo,
es una
forma de la
imaginación sociológica queevoca
alactor
socialcuya pertenencia
comunitaria
estárelativamente
indeter¬
minada.
Es,
desde
elcomienzo,
mucho más queun
tipo so¬cial que pudiera
circunscribirse
de una
vez portodas. No
es
un
elemento
de
una
tipología, sino quees
laforma
dela
socialidad
misma
como
relación
másallá
del vagabundeo(nomadismo) y de
la
fijación (solidaridades comunitarias).Trátase
de percibiruna
interacción
cualquiera simplemen¬te consistente
combinando
la
atención y laindiferencia.
Asi¬
mismo, lopúblicoen
Tarde es
mucho másqueuna
categoríade
lasociabilidad
diferente
dela
muchedumbre;es
la
repre-tación de
lo
socialemancipadode lacalle
como
espaciodeproximidad
física,
perotambién
distinto
de
lo
político pues¬to
queTarde,
fiel aquíal pensamientode
las
Luces,
concibe
el espacio público
como
un espaciode
razón sin principiode
est ructuración
trascendente.
Por
fin, lasociología
de
las
cir-Goffman
se
refiere
no
sólo
a
una
regiónme-—
•-™ ii.i imstancMS
en
Goffman se refiere no soio a una regiun me¬nor
del
universode
las estructuras,puesto
que elanálisis
di uinatúrgico de
una situación
de lavida
cotidiana
es
lama¬
líd
estación
de
losocial
en
sutotalidad
como
“orden porfluc-i unción”,
como
“estructura disipante”.En
lostres
casos,el
pensamiento digresivo
recorre
la obra, interrogaa
la socio¬logía
sobre sus
fundamentos,dejándola
sin embargoen
laincertidumbre
en
cuanto
a
sus
objetos yen
cuanto a
su
cam¬
podisciplinario.
Pero
esevidente
que secometería
cierta in¬justicia si
se caracterizaran
esas
obras
demanera
negativay se las
considerara
frágilessíntesis del
pensamiento intui¬tivo (que
es
lo quea
menudo se
ha dicho
de la obra deSim¬
mel),
como
descripcionesfundamentalmente
subjetivas quesólo
tendrían
el interés delocurioso
yde
lo introspectivo(locual reduciría la
obra
deGoffman
a
su
dimensión
etnográ¬fica)o
como
intentosmarcados
poruna
especiede indecisión
ii* ’
i . _
_
•_i__
-ÿdisciplinaria
_______
quevacilaría
entre
la psicología y la sociología(y lo cierto
es
queentre
los sociólogostodavía no se ha levan¬tado la
cuarentena
que pesasobre
los trabajosde
Tarde).Trátase más bien de un modo de
estructuración
que hace explorar fenómenos
situados
en
el
límitedel
po de la sociología dominante; cada una de los
obras
consi¬deradas vuelve a
interrogarse sobre losfundamentos
de la disciplina y llegaa
hacer problemática la noción mismade
relación
social.
inmanente
cam-5
n
2.El insomne y
el
sonámbulo
<
IL.Conviene
decirlo
todoen
seguida: lostresautores
a
losque
nos referimos
son
cualquiercosa
menos
filósofos
del
en¬cuentro
y dela
alteridad.
Los
hemosconvocado
aquía
losefectosde la
restitución
deun
mundo.
Gabriel
Tarde, GeorgSimmel
y ErvingGoffman
se dejaron atrapar lostres
porel
demonio
de la descripciónde
las formas. Los tresse
mani-sensibles
a ladimensión
deabandono
inscritaen lodesconocen la
precariedad
de los<
é
i— O D O sen otestaron
real
mismopuesto
quevínculos
que lo constituyen, puesto que ya no prestan aten¬ción al ir y venir, que constituye la carne
del
mundo,entre
< o JJ O 00 13 I 1 M
tii.m<Jomo y desamparo
de
este
existir en
beneficio
de
lasui uin del ser existente.
En
efecto, sóloatendemos
al
senti-il’i
t'i»iqueestamos
petrificados
en esa
vigilanciainsomnede
lian Imilla I,ovinas, vigilancia
infinitamente
presente
y1 1 e i . que nos mantiene
en
laesfera del desdoblamiento
pú¬late subjetivo y que
nos
entorpece.Kl discurso
del
extranjerono
es pueseldiscurso
de!
exi-|i i ' No es la vivencia subjetivadela
derrelicción
lo queresul¬
ta grave para el espacio público, sino que es el
estado
de..
...
l inndel
mundo,
su desamparo.Prestar
atención
al
1 1 elido (Deleuze) o
no
descuidar
lassituaciones
(GofTman) 11 n iTica,en
efecto, noesperarlotodo
dela experienciadel
in-•
El
espaciodel
insomne estáenteramente
tendido
inn i i lo
alteridad
desu
esencia misma, locual
hacesufuer-/¡i v n la vez su impotencia: su fuerza procede
de
lasexpe-1 11 n1 1:isque lo atormentan,lasexperienciasdel
amor
yde lamuer te;su impotenciaconsiste
en
lamodalidad
de sumovi-.
...
hacia lo otro,movimiento
quesólo
es intenso porque e .tnretraído. El
insomneguarda consu mundo
unarelación
de querellante.
Transforma
—
en
virtud
de una álgebrapró-Huna¡i lade la
reivindicación
—
sucrispaciónen
generosidad
virtual.
El
másinsignificantede sus
pensamientos esun donde si mismo. De ahí su gusto por el énfasis
en
el que loaho¬
ga todo:
sus
gritos,su
dolor,sus deficiencias
estánmmedia-Iámente
marcadas
por el signo de laafirmación.
Pero, ¿esentonces el
presente
lo que constituye la hipóstasis? ¿Cuálla
naturaleza
de
esepresente
indiferenciado
yabsoluta-...inteabiertoque
nos
hacepercibir
elexistir
sóloa
travésde
las formas de
soledad
de loexistente?
El insomne hasta puede hacerse peligroso por
presun-rum. Su crispación existencial, la pareja de la razón clásica
( lo extraño
del mundo
y lasoledad
del
ser
que existe) en la.
se instala
el insomne lo lleva (pordesconfianza
respec¬todel
voluntarismo
de
la razón)a
descuidar
lasformascon¬
cretasdel existir, a subir
indefinidamente
la apuesta ya
en¬
volver de
misterio
su relacióncon el
misterio.Desde este
punto de vista,el espacio público está irre¬mediablemente
truncado.
No
esun
espacio pasional,es un
espacio de
sonámbulos
—
curiosamente estametáfora
estáti 1 1
trivialidad
yrareza.
Eos
tres
lo
captaronen
elmomento
enque se corría
el
peligrode
agotarseen
un pensamientodel
afuera
imposible,en
las
jeremiadasinfinitas
de la
concien¬cia
exiliada.
No
tenemos
ninguna razón paramachacar
sobre
la ex¬
periencia del
desamparo
oderrelicción.
Y
ni siquieratene¬
mos
elderecho
de
suponer quela
complejidad y eldesorden
de
nuestras
vivencias
sean
ajenosal
universode las
formas
que
describe
eldiscurso
científico.1
El
azar
estásobrecargado de
discursos
apologéticos,en
tanto
quela necesidad
fluctúan
te
yano asume
la aparienciaclásica
de
una
madre
severa.
De
ahíla
reorientación
del
dis¬
curso existencial.
No se
trata
ya de pensaren el
individuo,
sino que
se
trata
de
pensaren el
“siempre"del
mundo,
el
siempre
de
lano
coincidencia
yde la
relación.
Y
para estoes
menester volver
a
recorrer
el
camino queva
delas
categoríasde
la
reminiscencia
a las
categoríasde
la repetición.Es
ne¬
cesario preguntarse
lo
quedebemos
emprenderincansable¬
mente,
cuáles
son
lasdemandas
de
nuestrodiario
vivir, losmomentos en
quese
desdobla
bajo el pesodel
sentidocomún,los
momentos en
queel
sujetose
desprendede
la eternidad
fría dela
vigilancia, no pararetirarse
adormir
(parahacer¬
se
conciencia,diría
Lévinas,
paratomar
su
tiempo), sinopara
inventar
nuevos
torbellinos,
paraalimentar
las
inter¬
ferencias
que constituyenla
contextura
del
mundo.
La
experiencia primeradel
espacio públicono
es
la
experiencia privada
de
una
crispaciónexistencial
—
la
sole¬
dad
—
frente
a
la
estructural plenituddel
mundo.Nunca
encontramos
esos
átomos de
pura presenciaen
sí,esos
ele¬
mentos
absolutamente
intransitivos,
“sinintencionalidad,
sin
relación”.2
Lo
quese
nos
da
es
másbien
la experiencia dela
fluidez
de la
copresencia yde
la conversación,de las
pe¬queñas oposiciones
sociales
queson nuestras
vacilaciones,
la
experiencia delexcedente de
socialidad
en_
dad
discursiva.
Lo
quese nos
daes
también
lasin i lllll itH mr (jUÍÍ su materiali-experiencia i
Iíya Prigogine e Isabelle Stengers, La Nouvelie Alliance, N.R.F.,
póg. 21.
1979,
2
E. Lévinas, Le 7Temps et VAutre, P.U.F.,1983,
15
14
!
presenteen
nuestros tres autores
—
quesedesplazan yapre¬henden
las cosas en el infinitivo, El sonámbulo es alguiencuya
vida
derelación
persiste mientrasduerme.
Por defini¬ción
es un serdel
afuera;nos saca delinventario de los esta¬
dos
anímicos del ser existente parahacernos
captardesde
elprincipio
la
riquezaformal
del existir. Función éticadel so¬
námbulo; poner un término a
las
pretensionesfundadoras
de
larelación intersubjetiva,
romper conParménides,
perotambién
conlas
dialécticas
declaradas
o implícitas median¬te las
cuales lafilosofía
occidentaltrata
dedeshacerse
delprincipio
de
identidad
uniéndolo
al principio, patético, de ladualidad
insuperablede
losseres
por obrade
la experienciade
unarelación con
“lo que se escapa permanentemente”.La
fenomenología
del espacio públiconoes lafenomenología del
pudor;esladel
tacto.
Ennada
nosayuda a concebir unaéticade la
desnudez
puesto quedesde
el principiodicha
fenome¬nología se sitúa en un universo de relaciones preformadas,
ya consistentes, se sitúa en una estética
del
socius. Atañea
nuestros “modales”
—
actuaciones rituales endeterminadas
situaciones
—
más que a las “apariencias”, esdecir, a lama¬
nera
en que unactor
social seacomoda
anormas
de conve¬niencia
ydecoro
ligadasa
su condición y posición.3Lo
mis¬mo que el
insomne,
elsonámbulo
no acepta el“fracaso
de lacomunicación”,
pero, porqueha
hecho
mucho más radical¬mente
que elinsomne
suduelo
deuna socialidad fusional,
porque ha
abandonado
el ideal de una transparencia delvínculo social, llega
a
pensar que esefracaso
tiene que vercon el desprecio en que
tenemos
anuestras
civilidades
y conel privilegio que asignamos a lo desnudo
sobre
lo vestido,El
sonámbulo
es un ser pragmáticoen elsentido
deW.
James.
Ha renunciado
aencontrar
elsentido’
loconoce de
antemano
y con exceso, apuesta por la proliferacióninfinita
dela
asociaciones entre las ideas
y entieios hombres,
I a por la profusión cualitativa de lasformas por
más
que és¬tas resulten precarias.
El impulso vital que
caracteriza
un espacio público, por ejemplo una conversación, es sin embargo un impulso con¬tenido. Es,
dice
Simmel, “un impulso devitalidad
conteni¬da”. En
este
sentido,el
horizontede
un espacio público es isiempre un horizonte de paz. Ya se
trate
del
simple“hay”del
mundo, ya se
trate
de la concepción kantiana de la publici¬dad
como
condición de la paz perpetua, por mi parte supon¬go que aquello que me
“desborda”
en unarelación
públicason menos los demás que el
intervalo
mismo que me separa de ellos, elcontexto
en el que se presenta dicho intevalo, elmarco
dentrodel
cual se sitúa lainteracción. Esa es la razónpor la cual la experiencia delespacio público requiere
menos
un guía para la acción que un guía para la atención (Goff*
man).A su
manera
y enla
aparenteligereza desusempeñosy compromisos, el
sonámbulo
no estáliberado
de esaobse¬
sión de la gran catástrofe, laobsesión
de la muerte del mun¬ do que HannaArendt
define como contemporánea de los“tiempososcuros”, la obsesiónen laqueel terror loinvadeto¬
do.4
El espacio público tiene dos límites igualmenteaterra¬
dores:el terror
de
laidentificación
6—
el
espacio públicoes unespacio
de
traidores
y detraductores
—
y elterror
de la inva- ! sión (el espacio público es un espacio de reserva y de cer¬cados). El horizonte de los tiempos
oscuros
nos imponecon:
cebir a
los demás
másallá
de la fusión,nos imponesalvar
el espacio públicodel
desastre de lafraternidad.
Pero la afir¬mación de un espacio público parece reclamar algo más. Esa
afirmación
necesitacertezas
de paz.Y
no hayninguna razónpara
maldecirla
por ello, paraconsiderar
su exigencia comoun lujo, para tildarla de
futilidad
porque trabaja enuna
su¬ perficiede
racionalidad
que persiste en flotar por encima delas grandes
fracturas de
la historia de nuestro tiempo.6 Por
apues-Sobre la distinción de los modales y de la apariencia, véase E.
Goíf-manr
Lamiseenscénede fa vie quotidienne, tomol, págs,31-36y106-110.
El estudio de lasnormasdeconvenienciay decoro seinscribeen el análisis
de1asorganizacionessociales, el estudio
de los modalesenel análisis deles¬ pacio públicoy de sus regiones,
4 Hanna Arendt, Fíes Politiques, Gallimard, colección Essais, Intro¬
ducción.
5 MauriceBlanchot,L’Amitié,sobre el libro de AndróGorz,LeTrattre.
6 *Lascosas vivas en contacto con el aire deben tener una epidermis,
y no podría uno reprochar a la epidermis que no seael corazón”,G.
1
el
contrario, hay quetomar seriamentelas exigencias del es¬pacio público. Hay que tener en cuenta el elemento político
de
lascivilidades.
Precisamente,eseexcedente desocialidad
que
es
lo únicoque permitehablar de
un espacio público,quepermite no
confundirlo con
unarelación
intersubjetiva, es elcontexto
en
el cual se despliegadicho
espacio, es su marco.Nos
es
preciso analizar los marcos quenos
hacenatribuir
una
realidad
singular, una seriedad, una gravedad a nues¬tras relaciones.
Frame
Analysis:¿cuáles
lanaturaleza
exac¬
ta de las membranas que
delimitan
y definen una situación,que aseguran
a la vez
su carácterirreversible
y sucontenido
socializante?
Lo
quese
trata
de restituiresel desbordamien¬to
o profusión de la relación yno
yatan
sólo
el desborda¬miento de las subjetividades que
la
constituyen.Setrata
deoponerel magnetismodelas situaciones al peligrode reducir
el espacio social; se
trata
de
reencontrar
la ética de la mun¬danidad
más allá de los melindres de la lisonja.Esta yaera la intuición de Maurice Blanchot: porcurio¬
so que sea,
los
demás no harán sino darme mucho másde loque yo habría esperado. El espacio público tiene
necesidad
no sólo de la pluralidad
de
las diferencias, sino también desu
enmarañamiento, de losefectos
de movilización o deso-brecargay de inmovilización queaquellas
diferencias
provo¬can. En
suma, la filosofía de la alteridad no basta para esta tarea. Dicha filosofía sólo puede restituirnos el mundo queya hemos perdido.
Sólo
puede volver a subir la cuestadel
di¬ vorcio y la destitución, sólo puede instalarse en los pliegues narcisistasde
la historia: institución, destitución, restitu¬ción.
ayuda
—
y aquí puede pretender,lo
mismo quela cienciacon¬
temporánea, volver a
encantar
el
mundo—
a dirigiruna
mi¬rada
nueva
a la
dispersión.El atender
alas
circunstanciasrompió con las delicias
de
la
multiplicidad,con
los dulceste¬
rrores
de la jauría.Se
trata
de
la atención a las consisten¬ cias,a
las coproducciones, comodiría
Tarde, es decir, a lasformas
de
adaptación quea
veces
afectan la epidermisde lo
social,
esto
es,lo
social
en su inmanentereflexividad.
Uni¬camente
en estesentido las
excentricidades
puedenconside-como prefigurativas. No
se
trata
de
“innovaciones”,rarse
son
movimientos
exploratorios,de análisis de
losocial en
su
tensión:
socialización-desocialización.
De
ahí la propensiónde
la microsociología a analizar las relacionessocialesatendiendoa la
distancia,esdecir, enuna
diastemia
y no yaen
una
proxemia.La
dispersión de lasescenas
tales
como las mira la microsociologíano
equivaleya a la
disolución
o a la desorganización puesto que dichadispersión corresponde a la
naturaleza
mismadel
espaciopúblico
urbano.
Pero ellaes
al
mismo tiempo natural y pre¬caria,y
esto
esdecisivoen el análisisde los
fenómenosde
ati-picidad y para el lugar que
deben
ocuparen
elanálisis
el enfoque descriptivo y elmétodo de
lashistorias
devida.7
En
efecto, la parejasocialización-desocialización
nosobliga a
abandonar el
conceptode
patologíasocial para acep¬tar desorganizaciones parciales y transitorias que
se
sitúanen una
sociología de la adaptación.Todo
síntoma deatipici-dad
o demorbosidad
remiteen
el
casodel
fenómeno atípico3
(y por lo tanto
en
el
trabajo social) auna
forma
deadapta-ción. De ahí que
sea
necesario queel
investigador estéaten-
<
to no
sólo
alas
atipicidades mismas sinotambién
a las vi- ,siones
del
mundoen
las quese
sitúa el ser atípico y que le<
permitentrascender
circunstancias, improvisar partiendo 5de
ellas. En otraspalabras, la parejasocialización-desociali-
cj
zación
nos
obligaa pasar de lopatológicoalpathos,es decir,
sala cualidad
dramática deloscomportamientossociales
auno
cuando
esos comportamientos no correspondan únicamente<
a
los atípicos.
fe-3. Movimientosexploratorios
El pensamiento
del
espacio público, desde su origen enla época
clásica,
se vedó recurrir a un orden fundador (sim¬bólico), pero su enfermedad
infantil
es sin duda elbabelis-mo, el meltingpot de los patrimonios.
La
microsociología nosyana, citado porE. GofFman, La mise en seinede la vie, quotidienne, tomo
1, pág. 7.
3
<
7 David Matza, Becoming Deviant
f Prentice Hall,1969, OjJ
O
18 :n
19 ir*
das y en
el
carácterindeterminado
de una trayectoriaindi¬
vidual
Después detodo»
al lucharcontra
los eugenistas, los sociólogos norteamericanos aprendieronmucho
más rá¬pidamente que
nosotros
adesembarazarse
del demoniode
Aplace:nohayestado
inicialdel
sistema.8¿Setrata
de la in¬fluencia de la mitología del pionero o
de
tener
encuenta
lacapacidad del emigrante para “redefinir
la
situación”
(Tho¬ mas)?Lo
cierto es queel análisisde las trayectoriassociales
en
la corriente
deinteracciones
nunca llegaa
hacersustan¬
tivos y
concretos
alos
actores.
Estos estándemasiado atra¬
pados por la complejidad de los
contextos,
ysus
trayectoriasestán siempre
sobredeterminadas. Sobredeterminación
eindeterminación corren
parejas, o, paradecirlo
de otra ma¬nera,
de las
situaciones
ala
integridad individual, y no inversa¬mente.
Por
otro
lado, si la relación socialización-desocializa¬ción es, no accidental, sino esencial (y
esto
resulta
claro enel
dominio
delos
comportamientos étnicos, por ejemplo) nopodremos atenemos a un enfoque correctivo y explicativo
(las malas condiciones devida son
las
causas de losdesórde¬
nes), Cada vez que distinguimos las características típicas
de un
medio mediante
abstracción analítica nos veremosobligados a matizarlas, a
tener
encuenta
su partede
ironíaode paradoja, de manera que toda intención explicativa nos
llevará
a ladescripcióndetallada de
unahistoria
de vida,deuna situación,
de
un espacio de interacción.Por fin, la pareja
socialización
-desocialización, al ha¬ cer difícil toda tipología concreta de las identidades, nosim¬pulsaconstantemente aexplorar nuestras propiasfronteras
culturales e intelectuales
antes
de catalogar esta o aquella población dando pordescontada
su segregación o su exclu¬sión. En
otras
palabras, nos es preciso explorarlos modosde
expresión social que se unlversalizan en un modo menor,
que son
definitivamente
excéntricos, noses preciso pasarde las poblacionesemigrantesalmundo del
emigrante.Cuales¬quiera que sean las aporías de
la
razón descriptiva (atrapa¬da entre el talento literario y la fascinación por el inventa¬
rio) nos vemos
constantemente
empujados a las fronteras,nos vemos atraídos por
analizadores
cualitativos—
un mo¬mento, un conjuntodecircunstancias singulares, unafigura
o metáfora
—
y hacia formas de transcripción atípicas próxi¬masa loque los norteamericanos
llaman
human documents, que proceden más del testimoniodirecto
que del estudio decasos,
i
el
análisis deuna
trayectoria debe ir dela
integraciónEs seguro
que el“laboratorio
urbano”
en
el
que los so¬ciólogos de Chicago observan
estos
fenómenos de
socializa-ción-desocialización
no es unterreno como
cualquier otro oterreno
de substitución para la antropología repatriada. Y ello es asíaunque másnosea
porquedicho
laboratoriopo-tres movilidades. Primera movilidad: el
hom-un
ne en
escena
bre es un
ser
de locomociónal
quelos
encuentros
ylas
expe¬riencias de copresencia
transforman en
unenorme
ojo.La
ciudad instaura
el
privilegio sociológicodela vista (loquese
hace)
sobre
el oído (lo que se cuenta), pero al conjugar laii-versidad
ylo accesible, laciudad
afecta
lo visible con
un
coe¬
ficiente de
indeterminación
y de alarma. Segundamovili¬
dad:
el habitante
de laciudad
esun
ser cuya relación con ellugar que
habita
es completamente particular;conél
la
mo¬vilidad
social
yla movilidad residencial
seconjugan.El
habi¬
tante
de
laciudad acumula
las residencias yse
deslocaliza
constantemente.
Latercera
movilidad,de
laque volveremosluego
a
ocuparnos,es
la
queSimmel
llamamovilidad
sindesplazamiento, la
versatilidad
del
habitantede
la ciudad,lo pasadodemoda
como
modo
devida. En
elantropólogohaySe
han dichomuchas
tonterías sobre la Escuela deChicago. En particular sehan ensañadoen verenlafascina¬
ción por los mediosatípicos
solamente
los tropismosde filán¬tropos
inveterados
o una predisposición congénita o coyun¬tura!
a
la planificación social.Pero
se hanolvidado de
expli¬car
estacuriosidad
por los movimientos exploratoriosdel
atípico, por las contingencias de su trayectoria.Esa
curiosi¬ dad atestiguaba claramente unacerteza
filosófica muchomás profunda en cuantoal carácter negociado del
orden
so¬cial desde el momentoen queselo
observa en
situaciones da- págs. 276-80.Véase Ilya Prigogine e Isabelle Stengera, La Nouvelle Alliance,8
21
mentalidades, de las instituciones o
del
espacio público 11e-J.JH a
la
comprobación de que losconflictos
tradicionales
de
las
sociedades
urbanasttales
como
son
analizados porlosso¬
ciólogosde
la producción urbana), las “luchas urbanas”,no
destruyen gran cosa,
como
si existiera unestrato
inconmo¬vible de las
sociedades
urbanas, unestrato tibio de costum¬
bres, de prácticas sociales de un género particular que
sólo
se conjugarían
en
el modo infinitivo, sin sujeto y sin objeto,prácticas
inveteradas
más quetradicionales*
El análisis deeste estrato
se refiere menosal peso de lo social que asugra-uedad propia. Por eso,
dicho
análisis
legitima bastantefácilmente
un pensamiento de la restitución,nuestras
nos¬talgias
del
cual serían el buen sentido* Imagina ciudades ca¬parazones,
situadas
en el límite de lo orgánico y de lo mine¬ral y cuya consistencia estriba en regularidades que no son
de tipo
institucional
puesto que toleran una cantidadasom¬
brosa deirregularidades:migraciones intraurbanas,formas
de
territorialización
discreta del espacio abuelito bondado¬so(A* Battegay), pequeños mundos, círculos y sectas, excen¬
tricidades tranquilas que hacen que las
sociedades
urbanasparezcan a veces
mantenerse
al margen de su propia histo¬ria, indiferentes a las trepidaciones de todo lo político.
Para explicarse esta forma pasmosa de adaptación,
esta
combinación deregularidad
yde
irregularidad, desocialización
y de desocialización, el investigador siente latentación deextrapolar partiendo
del
nuevo terrenoque per¬cibe
el
barrio aldea instalado en la periferia del laboratoriourbano. Conviene decir que la sociología de la
sociabilidad
tiene algo de diabólico pues puede transformar una zona de
transición, un suburbio
de
clase media, un arrabal obrero,un barrio de París o de Lyon en otras
tantas
aldeas. Lo cier¬ to es queesta
sociologíaasimiló
el primer postulado de laecología: si las
ciudades
sonbaluartes de
la resistencia a lopolítico,
ello
tal
vez se deba a que lasciudades
están consti¬ tuidas por una pluralidad de nichos. Esta permanencia de lasaldeas
en la ciudad no tiene forzosamente relación con la permanencia devínculos
de parentesco, salvo que tomemoscomo
modelouna
caricatura de la aldea étnica. Las aldeas urbanas no son vestigios sino que son efectos del medio, depuescierta
formación urbana
que lo impulsa a modificar losregistros
—
clásicos
en su disciplina— del espacioy de la cul¬tura
y sobretodo lo
obligan a captarlos
ft-iómenos
socialescomo sistemas de relaciones
deslocalizados
ysobredetermi¬
nados.9
4, Enclaves
Para
comprendereste
cambiode
registro habría quepartir del concepto de
sociabilidad.
Enlos Estados Unidos
esta
nociónsirvió de
eje atoda
una seriede
investigacionesllevada
acabo
por el equipo deRiesman,
a
fines de ladéca¬
da
de
1950,alrededor de
ese“huéspedinvisible”
que penetralas
amistades,las
conversaciones,los
convites más o menosfestivos
y que constituye laafabilidad.
Referida a la sociolo¬gía estructural,
esta
sociologíade
lasociabilidad abarca
dostemáticas:la del Estado mínimo y la
de
la sociedad perdida,el
tema
de la obsesióndel
anonimato yel desierto de las
re¬laciones sociales.
Esa
sociología seinscribe
en
unrecorrido
intelectual que va
desde
el recuerdo de laaldea
a la junglade las
ciudades.
En Francia, el redescubrimiento de las so¬ciabilidades se debe a un
doble
movimiento que pasa por la genealogía de los dispositivosdisciplinarios y porla historia
de
largaduración. En
el primer caso, se atribuye ala
socia¬bilidad
una
función de resistencia a lanormalización
y a laomnipresencia
de relaciones de
poderdiseminadas,
microfí-sicas; y esa
sociabilidad
indica al
investigadorla
vigenciade
fenómenos
de coalescencia enla
superficiede lo social: lo
corrientede
laamistad,
lastrivialidades del intercambio
simbólico,
los
plegamientos de sentido ennuestra
vida
coti¬diana
entrelas bromas
y losrumores,
entre
la ironía que in¬vade las relaciones
jerárquicas y lasrodea
demovilización
de recursos. Paralelamente,
la
sociologíahistórica
delas
9 Sobre todos estos puntos, véase UlfHannerz (
Explorerla ViUet
Mi-nuit1983)que seinspira a la vez en la antropología social y en la Escuela
de Chicagode la cual el autor subraya, a la inversa de loa comentarios ha¬
bituales, la atención prestada altiempo de los procesossocialesy nosólo al
espado en el cual aquéllos se desarrollan.
23
los productos
de
una sociedad fragmentaria en la que el es¬píritu de
barrio
estáconstantemente
redefinido. De
manera
que la
aldea urbana
no es unarealidad
cultural que podríaconcretarse
partiendode
su patrimonio,sinoque esante to¬
do
una forma de resistencia ala
atraccióndel
centro.
Mien¬tras
que elcentro
es
eltorbellino,
el tráfago,la variedad
delenguas,
los barrios aldeas
se
caracterizan por su excentri¬cidad
específica, por suvisibilidad
parcial. No son pues nimicrocosmos
nibunkers
.
Son“áreas
naturales”queresultan
de un proceso de segregación más que de una política de se¬
gregación, y su
naturalidad
es muy precaria.Su identidad
variade
una generación a otra. Estosbarrios aldeas
estánconstituidos
por poblacionestrasplantadas (y laarqueologíade
la sociología urbana redescubreinevitablemente
enlos
primerosfilántropos
del
sigloXIXel estudiode las
patologías,de
las formasde
adaptación al transplante: nuevas raíces,asociaciones
voluntarias
o resurgimientosde clanes
odesec¬
tas),Las
sociabilidades
de laaldea urbana
son puessiempresociabilidades
del “como si”.Por otra
parte, lasaldeas urba¬
nas son entidades sociales yuxtapuestas
,
cuyasfronteras
son siempre negociadas y
constantemente
cruzadas
porotros, fronteras
expuestas a lamirada del
vecino,fronteras
en
descubierto. El
carácterprecariode lasáreasnaturalessedebe
justamente aestas
dos características del mosaico ur¬bano: hecha
de piezasunidasyyuxtapuestas,la ciudad ofre¬ce
el espectáculo de una cacofonía de conmemoraciones envirtud de las cuales cada
“medio” serehace
un recuerdo porgeneración, asícomose rehace la
fachada
de una casa;y, porlo
demás,
laciudadesun enmarañamiento de estilos,un len¬to
mestizaje de los modos devida.
Veremos luego cómo lametáfora del mosaico contribuye a deslizar la hipótesis eco¬ lógica hacia un pensamiento
de la deslocalización
de lasrelaciones
sociales, precisamente porque dichametáfora
permite concebir la conjunción de los procesos de segrega¬
ción y de
moviliad
individual. Aquí agregaremos simple¬mente
que la sociología de losenclaves
contribuyó ahacer
mucho
menos
decisivas las
problemáticas de lacentralidad
y la cuestión del
centro.
Un
mosaicode
territorios es algocompletamente diferente de un espacio organizado
alrede¬
dor deun
centro
con una periferia.En este
movimiento,el in¬ vestigador vecomo
estalla
completamentela
cuestión polí¬tica
reducida
ellatambién
a sus arcaísmos: tribus, clanes,notables y “patrones” locales con sus redes
de
amigos y sussolidaridades
seudocomunitarias.
5.
El territoriode la
urbanidadLas
aldeas, los feudos, los reductos, los guetosson
ob¬
jetos
de
estudiotanto
para elhistoriador
o para el antropó¬logo como para
la
sociología urbana.En
todo caso, esclaro
que lasociabilidad,como
forma inmediata
ycualitativade lo
social, asegura
el
privilegiode
un pensamiento descriptivosusceptible de ser
entendido
portodos
aquellosque noespe-al sociólogo, ya se
trate
de novelistas, yase
trate de
periodistasocineastas.Resulta
igualmenteclaro
que la for¬ mación urbanadel
investigador requiereuna
modificación
de
su mirada que debe serante todo
ingenua, quedebería
captar las cosas mismas
fascinada
porlo social
instatu
ñas-cendi, como
diría Simmel.
En definitiva,este
movimiento
acelera
el trabajo de duelode la
sociologíaestructural
y re¬fuerza la tentación literaria.
Yno se trata
solamente
de lasociología, sino quesetra¬
ta de «o social mismo cuya
naturalidad
se desvanece yde
locual
se anunciala muerte
como se hananunciado
otras
muertes
en
serie en las sociologíasde week-end
.
El mínimo de Estado va acompañado por un mínimo desocialidad.
Elsociólogoseveobligadoa recuperar saberesylenguajes para
reconstruir su dominio,se ve obligadoa realizar incursiones
fuera
de su campo.La
primera reconquista esantilibidinal:
las derivas
no son pulsionables. Según lo indican los diccio¬narios
de
navegación, las derivasnos
impiden ir a unade¬
terminada
parte. Locual
quiere ya decir queel
transeúnteocioso, el paseante callejero tienen recorridos, digresiones
del
texto
urbano
que se disciernen en losrostros
y quefun-según el modo de la reciprocidad inmediata,
como
dice Simmel, en un espacio-
tráfico
que se extiendeentre
lotrivial y lo raro.
La
segunda reconquista se realiza aexpen-raron
cionan
_
modo
de vidaciudadano
insisten por el contrarioen
la inca¬pacidad
del habitante de
la ciudad paramostrar
disposicióna ser abordado.
El habitantedela ciudad, diceSimmel,
esde
un
natural
aburridoy hastiado quese
cierraa
la interacción yseencuentra
en unestado de
indiferencia flotante. Locier¬to
es que laciudad
provoca una"intensificación
de la vidanerviosa”
que rayaen
la esquizofrenia. Elhombre
de la ciu¬dad sólo
puede pues salvaguardarsu
capacidad deencuen¬
tros
recurriendo
a cierto entabicamientode
la
atención y de la mirada.Por
eso vivela
mayor parte del tiempo en “situa¬ción de alarma” (Goffman)y
sus
comportamientosde reser¬
va se
deben
al hecho dequeconstantemente teme
la invasión(el intruso,
el
importuno, el mal encuentro) o la identifica¬ción (¿qué está haciendo él allí?).
Tanto
esas;que ladisposicióna
mostrarse
unoa1a
mi¬rada de los demás es
enteramente
particularen
el medio ur¬
bano;esa disposición se aproxima a las características que
se atribuyen
tradicionalmente a
lamundanidad. Entre las
lisonjas de la
corte
(donde laidentificación
llegaa su
colmoen
el nombre del rey) yel círculo
que exige una abstracciónde identidad, la
mundanidad es desde
la época clásica unrégimen de doble identidad. La urbanidad y la
mundanidad
utilizan
dos técnicas de comunicación,dos maneras
de"do¬
minar
las
impresiones”(Goffman): artede las
apariencias(la cortesía como máscara de la indiferencia, la
reserva
co¬
mo
prevencióncontra
la
dispersión)yla palabra de circuns¬ tancias (comportamientos que sólo tienenverdad en
ciertas situaciones en las que “la ocurrencia”es
la
primera evalua¬ción).
data del siglo XIV; la segunda se refiere a las cualidades del
hombre
de
la
ciudad.Es
este
segundosentido el que continuóusándose
y el que designala
cortesía en!a
queentra mucho
de
afabilidad
natural
yde usanzas
mundanas. El dicciona¬ rio citalas
palabrasde Giraudoux quehablan
del“respetode losdemás
y de unomismo
que a justotítulo
eslo
quesella¬
ma la urbanidad”. Es
significativoel hecho de
queel
primersentido
del término,la urbanidad como
gobiernode una
ciu¬dad, haya desaparecido.
En
todo caso,es
seguro que laso¬
ciología urbana sólo comenzó a constituirse como
discurso
específico negándose a
reducir
la ciudad a las medidas
polí¬ ticas urbanas. Por el contrario, le ha sido necesario postular la hipótesisde
que las ciudadesson
sociedades antesque in¬tervenciones
del
gobernante.En
otras
palabras,la urbani¬
dad designa más el trabajo de la sociedad urbana sobre sí
misma
queel
resultado deun
a
legislacióno
deuna adminis¬
tración, como si la irrupción
de lo
urbano enel discurso
so¬
ciológicoestuviera
marcada
poruna
resistenciaa lo
político.Lugar de alzamientos,
de
revueltas y deturbulencias
o “es¬tado de
espíritu'1,“mentalidad” (Park, Simmel), la ciudades
anterior a lo político, ya está dada. Ei segundo sentido deltérmino
urbanidad
(cortesía, afabilidad,usanzas
munda¬
nas)
es
todavía másembarazoso para el sociólogoqueel
tér¬mino
sociabilidad del
cual está próximo porsu
sentido.
Bien se veen efectoque esta urbanidad seelabora en otroescena¬rio, el escenario
de
la
corte
o
delos
salones y queaun cuan¬
do ella se distinga porsu
cuenta mantiene los ojos vueltoshacia la corte como el lugar superior de los valores cultura¬
les
(Habermas). Habría que decirentonces
que una ciudadsólo
adquiere todasu
verdad en
la
medidaen
quegravitaal¬
rededor
de una
sociedad relativamente inaccesible,una so¬
ciedad
queretrocede en relación con el
espaciode lo
vulgar,una sociedad
que estáen
la
cima de lacascadas de los
ejem¬ plos,como
diría Tarde.La urbanidad
sería pues la ciudadantes de la ciudad, por encima
de
la ciudad, la ciudad supe¬rior y el paradigma
de la ciudad. En
cuantoa la afabilidad
del
habitante de
la ciudad (cualidad que haría de él alguiena quien se pudiera hablar), puede hacer pasar al sociólogo por un
cándido
soñador.Las
descripciones y los análisis delEntonces, ¿no son acaso las sociedades urbanas más
que templosde simulacro, de falsasapariencias?Si
ello
fue¬ra así
habría efectivamente
queadmitir
quela civilización
urbana
no
existe y quetodavía debe
ser inventada;habría
entonces
que confiar estatarea
a un
utopistauna vez
máso
bien
salir a la
conquistade las ciudades como en
unacruza¬
da y ver cómo
los
mártiresluchan
contra loscomediantes.
Pero
ocurre
quela
microsociologíaelaboró
dos discursos quese
proponentranscribir
minuciosamentela riqueza de las ci¬vilidades urbanas, no sólo su diversidad
tornasolada,
sino29