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HARTLAND HIPNOSIS

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LA HIPNOSIS EN MEDICINA Y

ODONTOLOGÍA

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LA HIPNOSIS EN MEDICINA Y

ODONTOLOGÍA

Sus Aplicaciones Clínicas

por JOHN HARTLAND

B. Sc., M.B., CH.B., M.R.C.S., L.R.C.P.

Consulting Psychiatrist (Private Practice); Formerly Visiting Psychiatrist, Hallam Hospital, West Bromwich; President of the British Society of medical and Dental Hypnosis; Life President of the Midlands Branch of the British Society for Medical and Dental Hypnosis; Honorary Fellow of the American Society of Clinical Hypnosis; Fellow of the International Society for Clinical and Experimental Hypnosis; Editor of the “British Journal of Clinical Hypnosis”.

Con un capítulo sobre

LOS USOS DE LA HIPNOSIS EN CIRUGIA DENTAL

Por:

STANLEY TINKLER L.D.S., R.C.S. (Eng.)

Demostrator, Department of Prosthetics, Birmingham Dental Hospital; Chairman of the Midlands Branch of the British Society for Medical and Dental Hypnosis and Dental Hypnosis;

COMPAÑIA EDITORIAL CONTINENTAL, S. A.

MEXICO – ESPAÑA – ARGENTINA – CHILE - VENEZUELA

SUCURSALES, DEPOSITOS Y REPRESENTACIONES EN:

Bolivia - Brasil - Colombia - Costa Rica - Dominicana – Ecuador-El Salvador Estados Unidos - Guatemala - Honduras - Nicaragua - Panamá - Paraguay - Perú

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Título original en inglés

MEDICAL AND DENTAL HYPNOSIS & ITS CLINICAL APPLICATIONS

Traducida por:

ALFONSO VASSEUR WALLS

Revisada por:

DR. JOSE JAVIER CALVILLO GOMEZ-Odontólogo

Edición autorizada por:

BAILLIERE TINDALL-LONDON

© 1971 by Bailliére Tindall-London

Primera edición en español diciembre de 1974

Derechos reservados en lengua española © en Lengua Española-

COMPAÑIA EDITORIAL CONTINENTAL, S.A. Calz.Tlalpan Núm. 4620, México 22, D. F.

MIEMBRO DE LA CAMARA NACIONAL DE LA INDUSTRIA EDITORIAL Registro Núm. 43

Av. REP. ARGENTINA NÚM. 168, BARCELONA 6, ESPAÑA SOLÍS NÚM. 1262, BUENOS AIRES, ARGENTINA AMUNÁTEGUI NÚM. 458, SANTIAGO DE CHILE, CHILE CRUZ VERDE A VELÁZQUEZ, EDIF. CENTRO CRUZ VERDE,

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Contenido

Cap. Pág.

Prólogo por Milton H. Erickson……… 5

Prólogo por Eric E. Wookey……….. 8

Prefacio a la Segunda Edición………. 10

Reconocimientos……….. 12

Introducción: La Hipnosis y la Práctica General………. 14

PRIMERA PARTE HISTORIA, NATURALEZA Y TECNICAS DE LA HIPNOSIS 1 La Evolución de la Hipnosis ……….. . 22

2 La Naturaleza de la Hipnosis ……… 31

3 Principios Generales que Fundamentan la Inducción de la Hipnosis……… 38

4 Principios Generales de la Inducción del Trance ……… 47

5. Métodos de Inducción del Trance por Fijación de la vista……. 66

6 Inducción por Fijación de la Vista (Continuación)………. 75

7 Método de Erickson de Levitación de la Mano y otros Métodos de Inducción: Inducción Mediante Drogas………. 86

8 Profundización del Estado de Trance.……….. 95

9 Otros Métodos para Profundizar el Trance……… 113

10 Sistema Integral de Inducción y Profundización del Trance, Conducente al Acondicionamiento Posthipnótico..……… 127

SEGUNDA PARTE LAS TEORIAS Y LOS FENOMENOS DE LA HIPNOSIS 11 Las Teorías y los Fenómenos de la Hipnosis……… 142

12 Alteraciones en los Órganos Sensoriales: Analgesia Hipnótica .……… 161

13 El Sonambulismo y los Fenómenos Psicológicos de la Hipnosis ……… 175

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TERCERA PARTE

APLICACIONES CLINICAS DE LA HIPNOSIS 15 Consideraciones Generales de la Hipnosis en el Tratamiento

Médico……… 219

16 Enuresis Nocturna y Asma ……… 240

17 Jaqueca e Insomnio……….. 258

18 Logopatías, Tics y Otros Hábitos Nerviosos……….. 274

19 Padecimientos Diversos ... ………. 295

20 Desórdenes Menstruales, Padecimientos Dermatológicos y el Uso de la Hipnosis en Cirugía………. 325

21 La Hipnosis en Obstetricia ... ………… xxx

22 Tratamiento Hipnótico de los Síntomas Psicosomáticos y las Psicopatías……….. xxx

23 Hipnoanálisis y Psicoterapia Analítica………. xxx

24 Los Usos de la Hipnosis en la Cirugía Dental ... ………… xxx

25 Observaciones Generales Sobre el Estado Hipnótico, su Inducción, su Profundización y su Utilización……….. xxx

Bibliografía ... …………. xxx

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Prólogo por Milton H. Erickson

Escribir un prólogo para este libro es un placer y un privilegio inusitados. El libro no sólo está basado principalmente en las ideas de otros hombres con interpretaciones especiales desarrolladas en forma elaborada para explicar los trabajos de-ellos. Tampoco es sólo una revisión de la literatura actual sobre la hipnosis. Más bien es una relación seria, sincera y objetiva de la experiencia de un médico en su práctica profesional que cubre un periodo de veinticinco años, que detalla en forma instructiva, en una forma sistemática y ordenada, las enseñanzas que ha derivado en sus encuentros diarios con pacientes de todo tipo en su ajetreada práctica de la medicina.

Al leer la obra, uno se da cuenta que el autor tiene en la mente un propósito mayor que el de sólo añadir otro libro a la literatura sobre la hipnosis, o el de reseñar únicamente una variedad de experiencias sólo por ser interesantes. En cada página se aclara que se está llenando una necesidad que durante mucho tiempo ha sido descuidada y seriamente despreciada, una necesidad que es de gran importancia en el fomento de la modalidad científica de la hipnosis como un importante adjunto de las artes curativas. Se formula una metodología del uso médico de la hipnosis, de gran valor para el paciente en particular y para la medicina en general, dilucidándola en forma adecuada en el texto. Esto se logra centrándose alrededor de una orientación básica bien ordenada y de corte claro" que familiariza al médico en ejercicio con las variedades de conocimientos hipnóticos pertinentes a la práctica clínica de la medicina, en la forma en que el autor la ha aprendido de un paciente a otro, y de m problema médico a otro. Se hacen toda clase de esfuerzos para presentar en forma clara, amplia y comprensiva la pluralidad de problemas y dudas que se han encontrado en veinticinco años agitados y, se hace en forma sencilla, concisa y sumamente informativa.

Siempre que se juzgo necesario se cita a la literatura en cuanto a su contenido y significado, en relación con problemas médicos espcíficos, no para propósitos especulativos; y el autor no titubea dar pleno crédito a los demás.

En resumen, este libro lo podrá leer con interés el médico, aun cuando sea un novato en la hipnosis, y con provecho intelectual. Se sentirá inspirado a 6

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mejorar su arte medicinal, y después de cada intento regresará al libro para saber lo que más necesita comprender para cuidar de sus pacientes, en forma más adecuada, y para desarrollar una mejor comprensión de los valores personales en el desarrollo médico del bienestar humano.

El autor de este prólogo está preparado médicamente y es bastante experto en hipnosis, habiendo leído el original de esta obra con un sentimiento de interés intenso, de provecho personal y de una profunda satisfacción de que el Dr. Hartland haya escrito tan bien este volumen tan necesario sobre el uso de la hipnosis en la medicina.

MILTON H. Erickson, Doctor en Medicina. Editor Emérito del American Journal of Clinical Hipnosis

1201 East Hayward Phoenix, Arizona 85020 U.S.A.

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Prólogo por Eric E. Wookey

Existe un acuerdo general sobre el valor de la hipnosis como agente analgésico en odontología en donde, sin embargo, es conveniente un estado de hipnosis profunda siempre que sea posible. Es un gran mérito de este libro, para el cirujano dentista, que las técnicas de inducción y profundización estén tan bien descritas.

Los autores de la mayoría de las obras sobre hipnosis, antes de 1940, casi parecen celosos de descubrir los secretos de la inducción, y se encuentran volúmenes pictóricos de teorías (todas especulativas), fenómenos y tratamiento de casos, siendo éstos no controlados y en cantidad inadecuada. El Dr. Hartland, incluso más que los escritores más modernos, no guarda secretos para nosotros y su lenguaje es sencillo y claro, lo cual es una gran ventaja para el cirujano dentista, cuyos recuerdos de estudiante sobre el cerebro y sobre el sistema nervioso han quedado un tanto nebulosos con el paso de los años y con su preocupación respecto a su campo limitado y sumamente técnico. A medida que avance en la lectura del libro se dará cuenta, quizá por primera vez, del significado real de la palabra "psicosomático": está tratando con un ser humano. La enseñanza odontológica a nivel de no graduados tiende aún a ignorar la interacción entre la mente y el cuerpo, y se concentra en producir buenos técnicos. De ahí el valor que tiene un libro como éste para el dentista graduado.

La sección sobre el uso de la hipnosis en odontología ha sido escrita por un dentista en ejercicio y con amplia experiencia. El lenguaje del señor Tinkler, de acuerdo con todo lo demás del libro, es claro y conciso. Las aplicaciones prácticas están tan bien descritas que, en conjunción con las primeras partes del libro, el principiante puede sentir absoluta confianza al incluir esta nueva arma en su arsenal. El uso que de ella pueda hacer depende, en lo principal, de su propio entusiasmo y de su habilidad para organizar el tiempo adicional que se requiera. El aprecio de sus pacientes valdrá el esfuerzo, si bien los efectos terapéuticos en odontología están inexplorados en su mayor parte.

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Sin embargo, no es mucho decir que, ningún dentista que ignore por completo las técnicas hipnóticas, puede considerarse adecuadamente preparado para su trabajo profesional.

ERIC E. WOOKEY

M.C., L.D.S., F.C.S.

Consultor Honorario, Royal Free Hospital, Londres.

Expresidente, British Society for Medical and Dental Hipnosis

51 Lake View, Edgeware, Middlesex

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Prefacio a la Segunda Edición

Desde que fue publicada la primera edición de este libro, hace cuatro años, aumentó mucho el interés en el uso de la hipnosis en medicina y odontología. El público en general parece estar mucho más consciente de las posibilidades que ofrece esta forma de terapia, y a juzgar por el número de inscripciones en todo el país, en los cursos de instrucción que se imparten en las varias ramas de la British Society of Medical and Dental Hypnosis, el interés profesional también aumenta más, ya que cada vez es mayor el número de quienes ejercen la medicina y la odontología, así como de los psiquiatras, que ahora empiezan a darse cuenta de las poten-cialidades de la hipnoterapia en los diversos campos de sus actividades. Como es natural, durante este periodo las técnicas se han ampliado y mejorado, de manera que se ha hecho necesaria una revisión y la inclusión de nuevo material para poner el texto al día. En consecuencia, aun cuando en esta nueva edición se ha retenido el formato original, se han hecho numerosos cambios y adiciones para adaptarlo a los puntos de vista de distintos críticos, a quienes con gusto expreso mi aprecio por tan útiles sugestiones. Sin embargo, debe tenerse presente que el libro fue escrito, en especial, para cubrir las necesidades de quienes se dedican a la práctica general de la medicina, por lo que no creo necesario, o incluso conveniente, proporcionar una relación detallada de los aspectos dinámicos del uso de la hipnosis en el campo de la psiquiatría, omisión que se ha comentado en ciertas críticas. No obstante, para enfrentar en cierto grado esta objeción, se ha ampliado considerablemente el capítulo sobre hipnoanálisis y psicoterapia analítica. Asimismo, para corregir cualquier impresión de que el estado hipnótico sólo pueda ser igualado con la "hipersugestibilidad", se ha agregado un capítulo final para llevar el tema a su verdadera perspectiva.

Se han incluido métodos adicionales de inducción, profundiza-ción e investigación, y algunas de las técnicas descritas con anterioridad se han revisado y puesto al día. Más aún, en vista de la frecuencia con que se ven en la práctica general estas condiciones, las secciones sobre el uso de la hipnosis en el tratamiento de la obesidad, el tabaquismo y los padecimientos 10

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dermatológicos se han ampliado y vuelto a redactar para conformarlos al enfoque moderno. También se ha puesto atención al hecho de que muchas condiciones que pueden tratarse con éxito por medio de la hipnoterapia no se hayan incluido en el texto. Entre ellas, los desórdenes psicosexuales, tales como la frigidez, la impotencia, etc., se han mencionado específicamente. En mi experiencia, he encontrado que estas condiciones suelen requerir un tratamiento analítico y, en consecuencia, es probable que requieran demasiado tiempo para ser tratadas en la práctica general. Más aún, las condiciones de espacio hicieron necesario que se efectuara una selección de los padecimientos que por lo general se encuentran en la consulta promedio. Los que no se mencionan, todavía se pueden seguir tratando con éxito mediante una juiciosa aplicación de los diversos principios, descritos completamente en el texto.

Debido a que la "técnica del fortalecimiento del ego" ha sido ampliamente aceptada en muchos países, y como resultado de muchas solicitudes, se ha aprovechado la oportunidad para describirla y analizarla con mucho más detalle. Aun cuando se han hecho algunas críticas sobre la naturaleza repetitiva de ciertas secciones del libro, se ha recibido un respaldo de la opinión que basta tanto para que el principiante aprecie la utilidad de esto a fin de facilitarle el proceso de aprendizaje, como para persuadirme de que lo dejará sin alterarlo.

Deseo expresar mi agradecimiento por la forma en que ha sido recibido este libro, y para aquellos que han mostrado tan profundo interés en la primera edición. Espero que esta nueva edición resulte todavía más aceptable y útil para promover un interés más profundo en la utilidad de la hipnosis en los campos de la medicina y de la odontología.

JOHN HARTLAND Deganwy, North Wales

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Reconocimientos

Desearía expresar mi gratitud por la ayuda y el aliento que he recibido de parte de muchos de mis amigos y colegas, y por la cortesía de muchos autores y editores al concederme autorización para citar sus obras.

Estoy particularmente en deuda con el Dr. Milton H. Erickson por concederme su valioso tiempo para leer mi original, por las muy útiles críticas que hizo y por su anuencia a escribir el prólogo. También deseo agradecer al Sr. Eric Wookey por su ayuda y aportación de un prólogo; y al Dr. A. Spencer Paterson por sus muchas sugestiones útiles. También debo dar las gracias al Sr. Stanley Tinkler por escribir el capítulo sobre "La Hipnosis en la Cirugía Dental".

A los autores y editores que siguen que me han concedido un generoso permiso para citarlos: George Alien & Unwin por la cita de Psychological Healing por Fierre Janet; Edward Arnold (Publishers) por las citas y material de The Common Neuroses y Analytical Psychoterapy, por el Dr. T. A. Ross;

a The Dental ítems of Interest Publishing Co., por la descripción de la técnica básica de Visualización de Imágenes de Hypnodontics, por Aaron Moss, D.D.S.; al Dr. Milton H. Erickson por el material derivado de sus numerosos artículos y conferencias, en especial por su artículo "Confusión Technique", en el American Journal of Clinical Hypnosis, y también por su autorización para citar el artículo "The Effects of hypnosis on a complicated obstetriccase", escrito por mí y el Sr. Wilfrid Mills, y originalmente publicado en el American Journal of Clinical Hypnosis; a Julián Press Publishers por las numerosas citas de The Study of Hypnosis, por Albert Molí; al Dr. Weitzenhoffer, Gruñe & Stratton, y a John Wiley & Sons, por el material de General Techniques of Hypnotism e Hypnotism; al Dr. Lewis R. Wolberg, Gruñe & Stratton y William Heinemann por su autorización por citar libremente de Medical Hypnosis e Hypnoanalisis; al Dr. Calvert Stein y Charles C. Thomas, Illinois, por las citas de Practical Psychotherapy in Non-Psychiatric Specialities; al Dr. Michael Scott y Charles C. Thomas, Illinois, por su autorización por las citas de Hypnosis in Skin and Allergic Di-seases, al Dr. Herbert Mann por el material de su conferencia A.S.C.H., 1970, "Hypnosis in the treatmenf of obesity"; al Dr. von Dedenroth por el

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material sobre el uso de la hipnosis en Tabacomaniacos en el American Journal of Clinical Hypnosis-, y al Dr. Erika Fromm por el material de "Dissociatíve and integrative processes in hypnoanalysis" en el American Journal of Clinical Hypnosis. También debo mis agradecimientos al Dr. William. E. Edmondston, jr, Editor del American Journal of Clinical Hypnosis por su permiso para tomar material de estos dos artículos; y también al Dr. Jay Haley y Gruñe & Stratton por citas de Strategies of Psychotherapy y Advanced Techniques of Hypnosis and Therapy. Selected Papers of Milton Erickson.

Por último, debo dar las gracias a mi hijo, John, por la valiosa ayuda y consejo que me dio en la preparación de mi original.

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Introducción: la Hipnosis y la Práctica General

Durante muchos años, la hipnosis estuvo condenada por la profesión médica como algo carente de bases científicas y cercana a la charlatanería y al fraude. Con pocas excepciones, su investigación y explotación estaban en manos de operadores no calificados y de actores de variedades, quienes hicieron muchas afirmaciones extravagantes y faltas de apoyo de curaciones notables, lo que inevitablemente la hacía caer en un mayor desprestigio. Sin embargo, tales objeciones ya no son valederas, ya que durante los últimos 20 años se han llevado a cabo tantos trabajos y valiosas investigaciones en este campo especialmente que, incluso en los círculos médicos, al fin la hipnosis ha principiado a investirse con el manto de la respetabilidad. Ahora está aceptada como una forma legítima de tratamiento médico y es empleada con éxito en una pluralidad de condiciones, muchas de las cuales caen dentro del ámbito de la práctica de la medicina general. A pesar de esto, sus posibilidades en este campo se han descuidado mucho, debido principalmente a ciertos conceptos equivocados que tienden a disuadir al médico general de tener un interés serio en el tema. Esta falta de interés en un método que con frecuencia podría resultar muy valioso para tratar muchas condiciones molestas que se observan en la práctica general, parecen originarse en la idea equivocada de que la inducción de la hipnosis no es fácil de aprender, que son muy pocos los pacientes capaces de lograr una profundidad suficiente y que todo el procedimiento consume mucho tiempo para ser de utilidad en una práctica intensa.

El arte de la inducción hipnótica por cierto que no es difícil de adquirir y no toma mucho tiempo aprender las técnicas esenciales. La mayoría de las personas lo puede hacer, aun cuando es natural que algunas tengan más éxito que otras. No obstante, debe uno darse cuenta que esta diferencia depende mucho más de la personalidad del médico individual y del contacto de simpatía que pueda establecer con su paciente, que del dominio de los sencillos principios de la inducción hipnótica.

La segunda objeción fácilmente se puede contrarrestar, por el hecho de que rara vez es necesaria una gran profundidad para obtener resultados

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satisfactorios. Muchos casos responderán con éxito cuando sólo haya sido lograda una profundidad ligera o media. Como más o menos el 90% de la población puede ser inducida a un estado hipnótico ligero, y del 50 al 60% puede lograr la profundidad media con poca dificultad, resulta obvio que esta forma de tratamiento tiene mucho más ámbito de lo que podría pensarse. Incluso estas cifras pueden ser mejoradas y lograr aún más profundidad si se prepara en forma gradual al paciente para que entre en trance. Yo pienso que en el transcurso de dos o tres sesiones de media hora de duración, la mayoría de los adultos pueden ser inducidos a entrar de inmediato en el estado hipnótico profundo, si se les sugiere que así deben hacerlo. Pueden administrarse tratamientos posteriores en 7 u 8 minutos. Yo induzco un estado hipnótico lo más profundo posible, ya que mientras mayor sea la profundidad de la hipnosis el paciente aceptará en forma más implícita todo lo que se le diga y le será menos crítico. En consecuencia, si bien el tratamiento puede emprenderse con éxito en los estados ligeros, existen pocas dudas de que mientras más profundo sea el trance surtirá efectos con más rapidez. El tratamiento de los desórdenes en los niños ocupa gran parte del tiempo del médico, y es afortunado que la mayoría de los niños sean muy buenos sujetos. Con excepción de los muy tímidos o nerviosos, la mayoría de ellos pueden ser inducidos a trances profundos o incluso sonámbulos. En comparación, el adulto medio responde menos, de manera que tanto la inducción de la hipnosis como el tratamiento posterior requieren mucho más tiempo y paciencia que en el caso de un niño. Al tratar con la tercera objeción, respecto a que la hipnosis consume demasiado tiempo para ser de utilidad en la práctica general, prefiero citar mi propia experiencia. Al principio de la década de 1940, estaba usando la hipnosis con regularidad en una práctica industrial general con una lista de personal de unos 3 500 pacientes. Era obviamente imposible enseñar a los pacientes a entrar en el trance hipnótico en el curso de una consulta media, de manera que hubo de arreglar sesiones especiales siempre que era posible, ya fuera dentro de la jomada de trabajo o al final de una consulta rutinaria. Pero una vez que el paciente estaba entrenado, podía recibir su tratamiento hipnótico durante las horas ordinarias de consulta en un tiempo tan corto como el que antes se tomaba para escuchar sus padecimientos y escribir las prescripciones. Más aún, encontré que lejos de consumir mucho tiempo, la hipnosis daba como resultado un verdadero ahorro de tiempo, en tanto que también proporcionaba un firme mejoramiento en la condición del paciente.

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Rara vez se percibe el campo tan amplio que puede cubrirse con el empleo de la hipnosis en la práctica general. Muchos de los pade cimientos comunes que se ven con regularidad en la consulta del médico pueden ser tratados con éxito con este método. Estos incluyen los malos hábitos en los niños, tales como morder las uñas, chuparse el dedo, orinar la cama y los tics; padecimientos tales como el asma, jaquecas, constipación, insomnios y dismenorrea; y ciertos desórdenes .de la piel, tales como algunas equimosis y las neurodermatosis, para citar sólo unos cuantos. La mayoría de éstas responden particularmente bien a la sugestión hipnótica, ya que los síntomas suelen ser penosos para el paciente, si bien carecen de gran valor protectivo por sí mismos. La hipnosis también puede ser de gran valor para disipar temores, eliminar la ansiedad y producir un relajamiento tanto mental como físico. En ocasiones también puede emplearse para aliviar el dolor en procedimientos quirúrgicos menores, pero rara vez se puede utilizar para lograr una anestesia completa en las intervenciones quirúrgicas mayores. Pero en la obstetricia, con la cual el médico general está muy relacionado, suele tener éxito para aminorar los dolores, los temores e incluso la duración del promedio del tiempo de internación. Su ámbito también puede incluir muchos de los leves, aunque persistentes, síntomas y padecimientos psicosomáticos, de manera que su aplicación en la práctica general es mucho más extensa de lo que se podría imaginar. A pesar de esto, no hay nada de mágico e incluso de notable respecto al tratamiento hipnótico. Sólo es una arma adicional en la lucha contra las enfermedades y debe ocupar su lugar apropiado al lado de otras medidas terapéuticas bien establecidas y mejor conocidas. El artesano experto primero clasifica su trabajo y luego elige la herramienta más apropiada de su arsenal; así debe ser con la hipnosis. Menos del 70% de los casos que me fueron remitidos para tratamiento hipnótico eran los realmente aceptados para esta terapia en particular; el restante 30% requieren un procedimiento más ortodoxo. (La selección sólo se hace con respecto a lo adecuado del pa-decimiento para el tratamiento por hipnoterapia, no sobre la proba ble susceptibilidad o alguna otra característica del paciente.) Nunca podrá darse demasiado énfasis a que siempre que estén implicados padecimientos psicológicos o neuróticos, el médico general debe tener mucho cuidado en la selección de los casos que se propone tratar, a menos que posea sólidos conocimientos de psicopatología.

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De vez en cuando todavía se expresan muchas dudas respecto a los posibles peligros de la hipnosis. Estas dudas son completamente justificadas, ya que la hipnosis en sí ciertamente que no es peligrosa. Pero la hipnosis que está lo bastante mal aconsejada y que sale de su línea de demarcación, sin duda que está solicitando dificultades. La mente humana es un mecanismo extremadamente delicado, y su funcionamiento normal puede desequilibrarse por un operador inexperto, aun cuando sea bien intencionado. Sólo por esta razón, considero que, aparte de los médicos generales y odontólogos, nadie debe intentar la práctica de la hipnosis a menos que haya recibido una preparación adecuada en psicología tanto normal como anormal. Incluso entonces, debe tenerse cuidado de no emplearla para propósitos fuera del campo normal de actividades del operador. Los médicos generales deben usarla normalmente en el curso de su trabajo diario. Los cirujanos dentistas serían prudentes si restringieran su uso en la producción de relajamiento, en la eliminación de los temores y ansiedades, y en el alivio del dolor en la silla del dentista. Los malos hábitos en los niños, tales como chuparse el dedo, morderse las uñas o en la enuresis nocturna, suelen ceder con tanta facilidad a la sugestión hipnótica directa que en ocasiones los dentistas pueden verse tentados a emprender su tratamiento. Sin embargo, debe recordarse que estas condiciones aparentemente inocuas son en ocasiones las expresiones exteriores de conflictos mentales inconscientes, en cuyo caso,

la eliminación de las mismas puede ir seguida de sentimientos exagerados de ansiedad e inseguridad. Tampoco es aconsejable tratar de hipnotizar a los parientes de uno o a los amigos íntimos, ya que una vez que la hipnosis es eliminada del campo puramente profesional, pueden resultar muchas complicaciones emocionales inconvenientes, sin importar lo buenas que puedan ser las intenciones.

También se ha presentado la duda de si el paciente que sea tratado con regularidad por hipnosis es probable que llegue a depender demasiado de ella. Mi propia opinión es que, si esto ocurriera, sería por completo por culpa del hipnotista. Ningún médico consciente debe permitir que un paciente llegue a depender demasiado de drogas que formen hábito y que llegara a presentarse la drogadicción. Si bien el peligro es infinitamente menor con la hipnosis, es cierto que debe aplicarse el mismo principio. Además, la total intención de una psicoterapia efectiva es implantar en el paciente una sensación de independencia y capacitarlo para pararse sobre sus

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propios pies todo lo rápido que sea posible. Esto puede facilitarse mucho mediante el uso regular de una sugestión hipnótica adecuadamente elaborada.

En el momento actual, parece que el público general está cada vez más consciente de las posibilidades que ofrece el tratamiento hipnótico. Si la demanda actual probablemente aumente en el futuro es difícil de predecir, pero incluso en la actualidad existen muy pocas facilidades disponibles. Por consecuencia, es alentador observar que un número cada vez mayor de médicos y cirujanos dentistas principien a mostrar más interés en la materia. En ciertas áreas, las solicitudes de conferencias y de cursos de instrucción son cada vez más frecuentes, y es una buena señal que ahora asistan a ellos estudiantes del último año de medicina general y de odontología. Se espera que continúe esta tendencia actual.

Muchos médicos que de otra manera se sentirían inclinados a estudiar la hipnosis médica no lo hacen porque no saben cómo principiar. Si bien se dispone de muchos libros excelentes sobre el tema, algunos son demasiado técnicos o complicados para el principiante, otros no explican cómo aplicar la hipnosis terapéuticamente o están restringidos en lo general al enfoque analítico y poco hacen para ayudar al que principia. La información que más necesita el médico general para animarlo a iniciarse, es una descripción completa de las técnicas precisas empleadas en la hipnosis, y de los métodos que resulten más efectivos en cada una de las condiciones que el médico encuentre. En consecuencia, al escribir este libro mi intención ha sido tratar de tender un puente sobre esta brecha no sólo simplificando la forma de abordar la inducción y profundización de la hipnosis, sino también describiendo las técnicas exactas y las sugestiones que he encontrado más efectivas al tratar con cada padecimiento individual.

No he intentado escribir un tratado completo sobre la hipnosis, ya que el libro está restringido en forma deliberada a un campo limitado y está basado en mi experiencia personal de cerca de 25 años, gran parte de ella obtenida en la práctica general y el resto dirigiendo clínicas en psiquiatría, conferencias y demostraciones dadas durante todo este periodo. Me he reducido a los principios esenciales en los cuales he confiado durante muchos años, y he omitido gran parte del material histórico y teórico, el cual puede ser encontrado en otros textos. Mis principales consideraciones han sido las necesidades básicas del médico genera l y el enfoque individual

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del tratamiento a su paciente. Debo indicar que muchos de los hechos que he enunciado así como las conclusiones derivadas están basadas totalmente en evidencias y reportes clínicos, no en estudios experimentales controlados. Puesto que el libro está dirigido al médico general para su propio uso en la práctica clínica, mi propia orientación y enunciados han sido enteramente de naturaleza clínica.

Puede muy bien presentarse la objeción de que, en la explicación preliminar de la naturaleza de la hipnosis y de la forma en que opera, he sido culpable de una simplificación exagerada al limitarme sólo a las teorías de sugestión y disociación. Si bien esto puede ser verdad, considero que este paso está plenamente justificado al introducir por primera vez un tema al que se juzga difícil y mal comprendido. Por experiencia sé que esto ayuda a que la hipnosis sea más entendida incluso por auditorios no profesionales y favorece mucho a disipar los falsos conceptos y los prejuicios. Más aún, se le proporcionan al lector amplias oportunidades para formular sus propias opiniones y colocar el tema en su propia perspectiva al discutir las teorías alternas en el último capítulo.

Aun cuando en los últimos años he empleado la hipnosis principalmente en trabajos de psiquiatría, he restringido la consideración de sus aplicaciones terapéuticas más bien al tratamiento de los padecimientos ordinarios que encontrará con más frecuencia el médico general en su trabajo diario. He intentado tratarlos lo más completo posible, incluyendo tan sólo la psicopatología y la psiquiatría que es probable que ayude al médico a comprender y a seleccionar por sí mismo los casos que se crea competente para su tratamiento. Sin embargo, he incluido una breve descripción de las varias técnicas de hipnoanálisis, sin las cuales no estaría completo ningún estudio de las posibilidades terapéuticas de la hipnosis. Si bien es posible aprender e incluso practicar la hipnosis con éxito sin haber recibido instrucción práctica sobre la materia, no existe la más ligera duda de que así como la medicina se aprende mejor al lado de la cama del paciente y la odontología al lado del sillón dental, la eficiencia en la hipnosis se adquiere mejor observando la inducción y tratamiento real en los pacientes. El método ideal sería asistir con regularidad a una clínica en donde se empleara la hipnosis, pero, desafortunadamente, rara vez es esto posible. El dominio inicial de las técnicas para la inducción del trance y para la profundización de éste puede lograrse sin embargo, asistiendo a un curso de instrucción adecuado. Tales cursos se organizan con regularidad por la Brítish Society of Medical and Dental Hypnosis y sus ramificaciones

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en varios lugares de la Gran Bretaña, y resultan muy útiles en las etapas iniciales. El número de tales cursos está aumentando cada vez más todos los años. Las ramificaciones individuales imparten cursos básicos, intermedios y avanzados en hipnoterapia. Si bien se espera que continúe la demanda por estos cursos, es de lamentar que las oportunidades para las inscripciones individuales todavía sean muy limitadas.

En conclusión, me gustaría hacer una gran recomendación personal. Siempre he sostenido la opinión de que no es prudente para los médicos generales y dentistas demostrar la inducción o fenómenos de la hipnosis ante una audiencia lega. Cuando se les pide que hablen sobre el tema, es muy tentador ilustrar éste por medio de una demostración, e incluso puede afirmarse que esto ayudaría a disipar Rotarios y ante otros públicos, pero siempre he declinado con firmeza los prejuicios. Durante años, he sustentado conferencias ante Clubes pero me niego a hacer demostraciones. No importa lo científicamente que se practiquen las demostraciones de la hipnosis y de sus fenómenos, tienen un fuerte valor de entretenimiento. Puesto que como profesión, siempre hemos deplorado y condenado el uso de la hipnosis en la escena, es mi opinión que cualquier médico general o cirujano dentista que haga demostraciones ante el público, no sólo se coloca en una posición repugnante, sino que hace mucho mal a la causa de la hipnosis.

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PRIMERA PARTE

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CAPITULO 1

La Evolución de la Hipnosis

Sería difícil encontrar un tema de tanta controversia y tan mal comprendido como el de la hipnosis, el cual, a través de muchas vicisitudes, siempre ha despertado, en forma simultánea, más entusiasmo y prejuicios que cualquier otro en todo el campo de la medicina. Incluso en la actualidad, estas actitudes de oposición se mantienen con igual fuerza, ya que entre ciertos sectores del público general y en los círculos médicos no enterados, todavía se cree que la práctica de la hipnosis está un tanto desacreditada y tiene cierto sabor a superchería. La profesión médica en sí debe aceptar cierta responsabilidad por este estado de cosas, ya que su propia renuencia a investigar científicamente el tema fue la causa de que éste pa sara a manos de los actores y charlatanes.

La curación en estado de trance es una de las artes más anti guas de la medicina. Incluso el hombre primitivo la practicó, el que creía firmemente que el trance era de origen divino y que las curas milagrosas eran de naturaleza religiosa. En consecuencia, consideró que eran dioses las fuerzas misteriosas que las producían, quienes se comportaban en una forma muy irregular e impredecible. Debido a esto, las curaciones eran de naturaleza tanto incierta como caprichosa. Pero a medida que los conocimientos científicos progresaban con lentitud, el hombre empezó a aprender la forma de tratar algunos de los padecimientos más sencillos y a manejar casos tan elementales para los cirujanos como fracturas y dislocaciones. Pero quedaban muchas enfermedades para las cuales todavía permanecía la creencia de que tendría que invocarse la ayuda de los dioses. Con frecuencia esto significaba viajar largas distancias hasta los santuarios de curación, tales como el Templo de Esculapio, en Epidauro, que contenía una estatua que se creía dotada de poderes de curación milagrosos. Los pacientes, después de arduos y penosos viajes, acostumbraban colocar valiosas ofrendas a las puertas del Templo, después de lo cual se purificaban en las aguas de la fuente. Pasaban una o dos noches orando y suplicando, después de lo cual eran admitidos al Templo en sí. Ahí, se les aconsejaba por medio de los oráculos o en forma de sueños profetices. Esta atmósfera de misticismo y 22

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ceremonial era muy importante, y pronto se verá claro su significancia. Incluso en la Edad Media, se pensaba que las curaciones mila grosas eran efectuadas por las estatuas sagradas, arroyos curativos, fragmentos de la verdadera cruz o de los huesos de un santo. También se podían hacer milagros por virtud del rango exaltado de un individuo. Tanto los reyes de Inglaterra como los de Francia tenían la facultad de curar mediante la "imposición de manos". A esta práctica se le conocía como "toque del Mal del Rey". Por cierto, esta creencia en la curación milagrosa ha persistido hasta el siglo xx. Incluso en la actualidad, las curaciones reportadas por las fuentes milagrosas de Lourdes apenas si son menos notables que las ocurridas en el Templo de Esculapio muchos siglos antes de Cristo. El poder de la sugestión también fue conocido en los tiempos bíblicos, y es probable que muchas de las curaciones hechas por los profetas y santos estuvieran basadas en este poder. Pero aunque los fenómenos del estado de trance, que ahora reconocemos como de carácter hipnótico, todos han sido observados como hechos aislados, nunca se le ocurrió a nadie que pudieran obedecer a una causa común o natu ral. En consecuencia, se creyó que eran manifestaciones religiosas supernaturales, resultados de encantamientos mágicos u obra de espíritus malignos. No se buscó mayor explicación sino hasta el año de 1530, cuando Paracelso formuló su teoría relativa al efecto de los cuerpos celestes sobre la humanidad —en especial sobre sus enfermedades—. A partir de esto, se desarrolló otra teoría sobre que no sólo las estrellas influían sobre los hombres, sino que éstos ejercían una influencia mutua a través de poderes magnéticos.

En 1765, Franz Mesmer aprobó sus exámenes en medicina con honores, habiendo sustentado una tesis basada en la influencia de los planetas en la salud humana. Creía que esto ocurría mediante un fluido magnético — una especie de gas invisible en el que se encontraban sumergidos todos los cuerpos— y principió a investigar el efecto de estas fuerzas magnéticas tratando a sus pacientes con imanes conformados para ajustarse a las diversas partes del cuerpo. Los resultados fueron tan dramáticos como sorprendentes. Los pacientes que sufrían de retención urinaria, dolores de muelas, de oídos, depresión, trances, ceguera temporal y ataques de parálisis, y que hasta entonces se habían considerado incurables, perdieron los síntomas por completo. Sin embargo, tales curaciones asombrosas no podrían ser efectuadas sin una gran notoriedad. Por cierto, despertaron tanta hostilidad entre sus colegas médicos que Mesmer pronto se

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vio obligado a abandonar Viena. Se mudó a París, en donde estableció una de las clínicas más famosas de Europa, en donde trataba toda clase de enfermedades. Una breve consideración de lo que sucedía en esta clínica, nos ayudará a entender los sucesos posteriores y los principios esenciales que fundamentaban las curaciones, Pierre Janet, en su libro Psychological Healing, nos da la descripción que sigue sobre el procedimiento de Mesmer:

Mesmer utilizaba un complicado aparato, y su práctica revestía un ceremonial similar al empleado en los santuarios milagrosos. Se introducía a los pacientes a un salón en el cual todas las ventanas estaban cubiertas con espesos cortinajes, de manera que prevaleciera la oscuridad. En el ambiente flotaba una melodía quejumbrosa procedente de un piano. En el centro del salón se encontraba una gran tina de encino, la famosa "baquet" de Mesmer. Esta se encontraba llena de una mezcla de agua, limaduras de hierro y vidrio pulverizado. Tenía una tapa con agujeros por los cuales salían unas varillas de hierro articuladas. Los pacientes, a los cuales se les imponía un silencio absoluto, aplicaban las varillas a la p arte enferma y se tomaban de las manos. Entonces aparecía Mesmer, el gran magnetizador, vestido con una bata de seda de color lila pálido y llevando en la mano una larga vara de hierro. Pasaba lentamente entre la multitud fijando la vista en los pacientes, pasándoles la mano sobre sus cuerpos o tocándoles con su varilla de hierro. Muchos pacientes no lograban notar grandes resultados y afirmaban que no sentían absolutamente nada. Pero algunos de ellos tosían, escupían y sentían como si tuvieran insectos corriendo sobre la piel. Por último, algunos, en especial muchachas jóvenes, caían y entraban en convulsiones, de manera que el salón merecía, en efecto, el nombre de "infierno de convulsiones". Este estado convulsivo, acompañado de hipo, explosiones de risa y, en ocasiones, delirio, constituía lo que se llamaba crisis y se suponía que era sumamente saludable. Después de dos o tres sesiones de esta clase, muchos declaraban que habían sido curados de las enfermedades más variadas.

Ahora, por más que este procedimiento haya sido teatral, debe tenerse presente que aunque Mesmer no entendía el verdadero carácter de los fenómenos que inducía, por lo menos pensaba que eran debidos a una causa común. Se figuraba que el cuerpo humano estaba influido por los planetas a través de un fluido magnético invisible. También pensaba que la voluntad humana era capaz de poner a trabajar a este fluido —retirarlo de una zona para concentrarlo en otra—, produciendo así notables efectos en las 24

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criaturas vivientes. Llamó a este fluido, que tenía muchas propiedades que se asemejaban a las de un imán, fluido del magnetismo animal. Consideraban que las enfermedades eran provocadas por una distribución no armoniosa de este fluido en el cuerpo del paciente. En consecuencia, al hacer sus "pases" a pocos centímetros de la superficie del cuerpo, Mesmer pensaba que el fluido magnético invisible fluía de las puntas de sus dedos y penetraba al cuerpo del paciente, logrando la redistribución necesaria y restaurando el equilibrio. Una vez que esto se lograba, el paciente recuperaba la salud.

No existe ninguna duda de que Mesmer en realidad tenía éxito en la curación de muchos que habían sido considerados como incurables y, como es natural, su fama se extendió con rapidez. Los pacientes llegaban a su clínica de todas partes de Europa, con gran disgusto de parte de la profesión médica que una vez más se volvió extremadamente hostil. Esto dio como resultado que, en 1784, Luis XVI designara a una Comisión para investigar el mesmerismo, o el magnetismo animal, como entonces se llamaba. Entre sus miembros se encontraba Lavoisier, el famoso químico, el Dr. Guillotine, el inventor de la máquina de ejecución que lleva su nombre y Benjamín Franklin, el científico americano.* Como era lógico, la Comisión no pudo descubrir ninguna evidencia concreta del magnetismo animal ni de la existencia del fluido supuestamente invisible. En consecuencia, se concluyó que los fenómenos no comprendían nada que no pudiera ser explicado por la imitación y la imaginación, y que a largo plazo, los efectos del tratamiento no podían dejar de ser dañinos.

En la actualidad, parece desafortunado que la Comisión eligiera investigar los aspectos erróneos del trabajo de Mesmer. Si hubiera intentado descubrir si las curaciones de Mesmer eran en realidad genuinas y qué parte había tenido la imaginación al efectuarlas, se hubiera arrojado mucha luz sobre el tema y no se hubieran retardado los futuros desarrollos, como de hecho lo fueron, durante más o menos los 60 años que siguieron. El informe de la Comisión dañó gravemente la reputación de Mesmer y la moda se volvió en su contra. Recibió el golpe final cuando la Facultad de Medicina de la Universidad de París lanzó un decreto en el sentido de que todo médico que se encontrara culpable de practicar el magnetismo animal

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* Constituían la comisión los doctores Joire, Sallin Arcet, Guillotine y los delegados de la Academia de Ciencias: Franklin, Leroi, Bailly, De Bory y Lavoisier (N. del T.)

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sería excluido de la profesión y perdería su licencia para practicarla. Esto obligó a Mesmer a abandonar Francia y, cuando después quiso regresar, encontró que su lugar ya estaba ocupado. El magnetismo animal había sufrido cambios y había entrado a una nueva fase.

El segundo periodo del magnetismo animal data desde más o menos 1787. Por aquel tiempo se hicieron dos descubrimientos de importancia. Uno de los seguidores de Mesmer, el Marqués de Puységur, describió un estado que llegó a ser conocido como sonambulismo artificial. La principal característica de este estado era una clasede sueño en el cual las ideas y las acciones de la persona magnetizada podían ser dirigidas por el magnetizador. Después, a principios del siglo xix, Bertrand describió esto como debido por completo al trabajo de la imaginación del sujeto. Esto fue aprovechado por el abate paria, quien fue el primero en inducir el sonambulismo en sus sujetos con sólo decirles "deseo que duermas". Sin embargo, a pesar de esto, la oposición inquebrantable de la profesión médica obligó al mesmerismo a permanecer en sueños durante más de 60 años. Du-rante este periodo, sólo fue explotado por los actores en las ferias ambulantes, quienes acostumbraban hacer demostraciones de los fenómenos del trance.

En 1841, el magnetizador francés, Lafontaine, visitó Manchester y dio una demostración de experimentos magnéticos. James Braid, un cirujano local bien conocido, aconteció estar presente con un colega. Observaron que una muchacha en apariencia entraba en trance, y Braid estaba tan enfadado que subió al escenario para demostrar que era un completo fraude. Para su gran asombro, encontró que el trance era perfectamente genuino. En consecuencia, inició una serie de experimentos con sus parientes y amigos, y encontró que pronto pudo producir un estado de trance similar con bastante facilidad, induciéndolos a fijar la vista en un objeto brillante, tal como el estuche de su bisturí. También encontró que obtenía muy buenos resultados cuando hacía uso del trance para propósitos médicos y quirúrgicos, y en 1842, ofreció leer un artículo para la British Association (para el progreso de la ciencia) que celebraba una asamblea en Manchester. No es necesario decir que su oferta fue rechazada y su escrito calificado de ridículo, junto con sus reportes de curaciones de contracturas y alteraciones de la sensibilidad, tales como la sordera.

Varios años después, la misma inflexible oposición de la profesión médica hizo que el médico Elliotson fuera expulsado de su puesto en el University College Hospital, Londres, debido a que eligió el hipnotismo para 26

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su Alocución Haveriana. Más o menos en la misma época, James Esdaile, que ejercía la cirugía en la India, envió un reporte al Medical Board, de 75 operaciones practicadas sin dolor bajo anestesia hipnótica, pero nunca se le dio reconocimiento a su carta.

La importancia del trabajo de Braid se encuentra en el hecho de que pronto se dio cuenta que ningunos fluidos misteriosos estaban involucrados en la producción del trance. En vez de ello llegó a la conclusión de que los resultados eran puramente de naturaleza subjetiva: los fenómenos se debían sólo a la sugestión, actuando sobre un sujeto cuya sugestibilidad había sido incrementada en forma artificial.

Si examinamos las implicaciones de este enunciado, veremos con toda claridad la forma en que Mesmer obtenía en realidad sus resultados. El ritual impresionante, el ceremonial, la propia personalidad de Mesmer, su notable bata y, sobre todo, su gran reputación, sugerían fuertemente a sus pacientes que iba a suceder algo extraordinario, y por supuesto que sucedía. Bernard C. Gindes resume la situación en forma admirable al sugerir la fórmula que sigue: Atención desviada + Creencia + Expectación = Estado Hipnótico A esto podemos agregar Imaginación, que es el factor integrante que une la creencia y la expectación para formar una fuerza irresistible. Ciertamente que este mismo principio tiene que ser aceptado en la actualidad, sin importar que la recuperación se efectuara mediante la hipnosis, la Ciencia Cristiana o los milagros reportados desde Lourdes. Esto nos pone frente a frente con una verdad de la mayor importancia: ninguna curación psicológica tiene lugar en ausencia de la creencia. Fue James Braid quien finalmente desechó los términos mesmerismo y magnetismo animal sustituyéndolos por un nombre de su propia invención —hipnotismo— que ha persistido hasta el momento presente.

Desarrollos posteriores se originaron del trabajo del Dr. Liébeault, en Francia, quien bien puede ser considerado como el verdadero padre del hipnotismo moderno. Era un modesto médico general en Nancy, que llegó a interesarse en los fenómenos del hipnotismo y del magnetismo animal. Igual que Braid, pronto refutó las teorías de éste, y en consecuencia, llegó a ser el fundador de la terapéutica de la sugestión. Ciertamente fue el primero en demostrar el valor curativo de la hipnosis en gran escala. Logró esto desistiendo de honorarios en su totalidad si el paciente aceptaba el tratamiento hipnótico en vez de procedimientos más ortodoxos. En realidad, sus trabajos llegaron a ser tan bien conocidos que llamaron la atención del profesor Bernheim, famoso neurólogo, cuando

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trató con éxito un caso de ciática que había estado al cuidado de Bernheim. Este estaba tan molesto por las afirmaciones que se hacían, que decidió visitar la clínica de Liébeault para exhibirlo como charlatán. Pero quedó tan sorprendido de lo que observó que se convirtió por completo y aceptó plenamente los puntos de vista de Liébeault sobre la importancia de la parte que desempeñaba la sugestión en la hipnosis. Pronto llegó a ser una de las mayores autoridades en la materia, y era tal su reputación como médico en toda Europa, que por primera vez la profesión médica fue incapaz de ignorar sus opiniones y de mantener su actitud de hostilidad. En 1886, publicó su famoso libro, De La Suggestion; en él proporcionaba muchos ejemplos de los efectos curativos de la hipnosis, que aceptaba plenamente como de naturaleza física por completo. El trabajo de estos dos hombres, a continuación del de Braid, formó las bases sobre las cuales se construyó el desarrollo moderno de la hipnosis.

Ninguna relación de la historia de la hipnosis, por breve que ésta sea, quedaría completa sin hacer mención de los trabajos del profesor Charcot, el neurólogo, y de sus colegas en el Hospital de la Sal-pétriére, de París. A pesar de sus facultades excepcionales como clínico, parece que Charcot comprendió poco la verdadera naturaleza de la hipnosis. Hizo lo máximo para idear pruebas científicas para ella, como resultado de las cuales sacó en conclusión que la hipnosis era un fenómeno patológico similar a la histeria y, en consecuencia, producto de una constitución nerviosa anormal. Como Charcot utilizó un número limitado de sujetos más o menos entrenados, sus observaciones carecían de validez y cayó en muchos errores. Sin embargo, como resultado de estos descubrimientos se entabló una lucha sorda entre las escuelas rivales de Charcot y Bernheim. Finalmente prevalecieron los puntos de vista de la escuela de Nancy, los métodos y conclusiones de Charcot y de sus seguidores Se exhibieron como no científicas, y la hipnosis llegó a ser considerada como una manifestación normal.

Sin embargo, durante este periodo se hicieron muchas afirmaciones sobre la hipnosis que no eran científicas y carecían de fundamento. Nunca se comprobó lo permanente de sus resultados, debido más que a todo, a la falta de estudios de continuación de los pacientes supuestamente curados. En aquella época nada se conocía sobre el valor defensivo de los síntomas ni de la forma en que éstos solían ayudar al individuo para que ajustara sus dificultades. En consecuencia, la hipnosis sólo se utilizaba como porra

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para aplastar las quejas del paciente, y parece probable que los fracasos eran más frecuentes que las curaciones.

Sin embargo, por 1880, el Dr. Breuer, médico general vienes, introdujo una innovación importantísima en la terapia hipnótica, que extendió la aplicación de la hipnosis mucho más allá del alejamiento por sugestión de los síntomas. Accidentalmente descubrió que cuando uno de sus pacientes era inducido a hablar con libertad, mostraba una profunda reacción emocional seguida por la desaparición de muchos de sus síntomas. Cuando se llamó la atención de Freud sobre este caso, se unió a Breuer para investigarlo más a fondo y tuvo éxito en confirmar los resultados. La importancia de este descubrimiento se encuentra en el cambio del énfasis subsecuente en la hipnoterapia de la eliminación directa de los síntomas a la eliminación de sus causas aparentes. En realidad, el hecho de que las ex-periencias traumáticas reprimidas puedan actuar como focos de dificultades emocionales ha atraído cada vez más la atención hacia las posibilidades del afloramiento hipnótico de recuerdos sepultados. Más tarde, Freud se desilusionó de la hipnosis ya que no pudo inducir un trance lo bastante profundo en muchos de sus pacientes, y posteriormente lo rechazó por completo a favor de su propio descubrimiento: el psicoanálisis. Este hecho, aunado al desengaño originado por el fracaso de la hipnosis al no producir una cura permanente de la histeria, casi logró éxito al asestarle un golpe mortal. Sin embargo, la grave escasez de psiquiatras durante la Primera Guerra Mundial, exigía una forma mucho más abreviada de psicoterapia. La hipnoterapia revivió una vez más y se usó tanto en la eliminación directa de los síntomas como para la restauración de las experiencias trau-máticas reprimidas. En realidad, las neurosis de guerra proporcionan uno de los ejemplos más dramáticos de lo efectiva que puede ser la hipnosis en la desaparición de los síntomas mediante el desahogo de los eventos de una experiencia traumática, y el éxito que se logró creó una oleada de entusiasmo por los métodos hipnóticos, la cual ha persistido hasta la actualidad.

No es fácil predecir el futuro de la hipnosis ya que, durante su larga historia, se ha visto sujeta a muchas altas y bajas. Pero hay pocas dudas de que durante los últimos años la hipnoterapia haya ganado terreno lentamente. La Ley sobre Hipnotismo (Inglaterra), de 1952, que limitó estrictamente las condiciones bajo las cuales podrían hacerse demostraciones públicas de la hipnosis, ha reducido mucho el número de

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ejecutantes teatrales. Más aún, en 1953, la British Medical Association designó un subcomité de su Psychological Group Committee para investigar el uso del hipnotismo en la medicina contemporánea. Se encontró que los fenómenos hipnóticos habían arrojado una gran cantidad de luz sobre la función desempeñada por la mente inconsciente al determinar el comportamiento humano, y después de lanzar una admonitoria sobre las afirmaciones exageradas e injustificadas, el Comité declaró que, en su opinión, el hipnotismo no sólo era útil, sino que incluso podría ser el método a elegir en ciertos padecimientos psicosomáticos y psiconeuróticos. También creyó que en ocasiones podría desempeñar una función en la cirugía, en la obstetricia y en la odontología, como analgésico y anestésico. Sin embargo, no debe ser considerado como una especialidad independiente que sustituyera a otros métodos de psicoterapia. Por último, el Comité recomendó que se incluyera el hipnotismo en los cursos de psiquiatría en las escuelas de medicina y, posiblemente, en los cursos para ginecólogos y anestesistas. Pensaba que había necesidad de una mayor investigación organizada en los aspectos neurofisiológicos y psicológicos de la hipnosis, e indicaba ciertos campos que garantizaban la investigación clínica y de laboratorio.

Este reporte ha hecho mucho para darle un sitio a la hipnoterapia en la terapéutica moderna, aun cuando algunas de sus últimas recomendaciones no se hayan llevado a cabo en su totalidad. Sin embargo en los últimos años se han hecho valiosas investigaciones de nuevas técnicas, en especial en América, y esto está ayudando a que gradualmente la hipnosis de su antigua atmósfera de misticismo y supersimplificación. La historia de la hipnosis ha demostrado en forma concluyente que no es algo maravilloso sino que, despojada de sus reivindicaciones exageradas, todavía puede ser un valioso instrumento terapéutico.

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CAPITULO 2

La Naturaleza de la Hipnosis

Antes de estudiar las diversas técnicas para inducir el estado hipnótico, es necesario conocer algo sobre la naturaleza de la hipnosis y de la parte importante representada por la sugestión, tanto en la verdadera inducción del trance como en la terapia posterior. Existen muchas distintas teorías con relación a la naturaleza del estado hipnótico, las cuales se presentan en el Capítulo 11. Aquí, me propongo tratar sólo la teoría de la sugestión, ya que hace que sea más fácil de entender todo el proceso de la inducción hipnótica.

El primer paso es tratar de aclarar lo que entendemos por sugestión y por sugestionabilidad. Las definiciones son siempre torpes y rara vez son completas, pero como son necesarias para un completo entendimiento del tema, he intentado proporcionar una explicación sencilla, pero viable de estos términos.

Sugestión es el proceso mediante el cual un individuo acepta una proposición que se le hace, sin tener la más mínima razón lógica para hacerlo. En otro sentido, también se usa el término para describir una idea presentada a un individuo para que la acepte sin reservas.

Sugestionabilidad es el grado hasta el cual se inclina hacia la aceptación sin reservas de ideas y proposiciones. En otras palabras, es una medida del grado hasta el cual reaccionará un individuo a lo que se le dice, sin emplear sus facultades de crítica.

Quizá pocos de nosotros nos damos cuenta de que pasamos todos los días de nuestra vida expuestos a sugestiones de varias clases. Los artículos editoriales en los periódicos diarios nos sugieren lo que debemos pensar sobre política; las vitrinas atractivamente arregladas de las tiendas sugieren lo que debemos comprar, los anuncios en revistas, "posters" en tableros o en las pantallas de televisión nos sugieren qué cigarrrillos debemos fumar, qué clase de cerveza beber o qué pasta de dientes en particular usar. No importa a dónde vayamos no podemos escapar por completo de esta batería de sugestiones que tiende a influir sobre nuestros pensamientos diarios y sobre nuestras acciones, en su mayor parte en forma totalmente incons-ciente. Por cierto, el efecto de una sugestión en ocasiones puede ser muy retardado, como lo mostrará el ejemplo que sigue:

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Supongamos que se tiene la costumbre de usar determinada marca de pasta para los dientes. Se ha usado durante años —y estamos muy satisfechos con ella, por lo que no tenemos la más ligera intención de cambiarla—. Un día, camino al trabajo, usted ve un nuevo "poster" notable con una leyenda sumamente ingeniosa anunciando la última novedad en pastas para dientes. No puede menos que observarlo —piensa que es un anuncio muy bueno y atractivo—, y ahí es donde está el asunto. Usted no tiene la menor intención de comprarla: se encuentra muy satisfecho con la marca que está usando. Unos seis meses después, sale de paseo, y cuando llega a su destino se da cuenta que ha olvidado su pasta de dientes. Va a la tienda de la localidad y pide su marca acostumbrada. Está agotada y le ofrecen varias alternativas de entre las cuales selecciona la que vio anunciada hace algunos meses. Mucho después que ha olvidado el anuncio original, todavía influye en usted para que compre ese producto en particular.

Es un error suponer que la sugestión sólo es probable que actúe sobre personas de voluntad débil, o sobre las que sean demasiado susceptibles. Incluso el individuo de voluntad firme puede ser influido por sugestión si ésta se hace en forma tal que la persona no tenga idea de que está siendo influido. Por ejemplo, si deseo influir en un hombre que tenga opiniones muy fuertes y decididas, nunca- trataría de convertirlo a mis opiniones intentando convencerlo de que las suyas están equivocadas. En el curso de la conversación no haría yo más que plantar una semilla de duda en su mente respecto a si las conclusiones que está adelantando eran, en realidad, todo lo correctas que creía. Esto, ciertamente que no influiría en él por el momento, así, sólo dejaría caer el asunto y dejaría que lo que había dicho le penetrara. Ahora, cualquier idea introducida en esa forma es probable que esté latente por algún tiempo; pero cuando al fin surta efecto es probable que la persona adelante opiniones en completo acuerdo con las mías y creerá firmemente que se han originado en él. Mediante la sugestión indirecta de esta clase, no tendrá la más ligera sospecha de que yo tuve algo que ver con la modificación de sus opiniones. Uno de los mejores ejemplos de sugestión insidiosa que opera en esta forma se encuentra en una de las obras de Shakespeare, cuando las sutiles y mortales insinuaciones de lago hacen efecto en la mente de Ótelo. Y aquí descubrimos una verdad muy significativa y de importancia: el poder de la sugestión se aumenta en forma tremenda cuando actúa sobre la mente inconsciente más que sobre la consciente.

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La razón de ello la descubriremos enseguida. En vista de estos hechos parecería que estamos justificados al sacar como conclusión que las curaciones de Mesmer no dependían de las varillas de hierro o de los fluidos magnéticos, sino de la creencia implícita en la recuperación que se instilaba en la mente del paciente debido a que su sugestionabilidad se había incrementado mucho por lo misterioso del ritual y del ceremonial. Ahora es necesario aventurar una sencilla definición del estado hipnótico, la cual, con todo lo incompleta que pueda ser, cubrirá en forma adecuada muchos de los hechos observados.

La hipnosis es esencialmente un estado especial de la mente que por lo general es inducido en una persona por parte de otra. Es un estado mental en el cual las sugestiones no sólo son aceptadas con más facilidad que en el estado de vigilia, sino que actúan en forma más poderosa que la que sería posible en condiciones normales. En otras palabras, el estado hipnótico siempre va acompañado por un aumento en la sugestionabilidad del sujeto.

Ahora se presenta el asunto de por qué las sugestiones se aceptan más y actúan con más facilidad en el estado hipnótico que en el estado de vigilia. En forma muy breve, la respuesta se encuentra en el sencillo hecho siguiente: en el estado hipnótico, la facultad de crítica está parcial o totalmente suprimido.

Para entender la forma en que esto ocurre, primero debemos aceptar el concepto de mente inconsciente. Este postula que existe en todos una porción de la mente que siempre está influyendo sobre nuestros pensamientos y nuestra conducta y cuya existencia por lo general ignoramos. La mente consciente es la parte de la mente que piensa, siente y actúa en el presente. Es la parte de la mente que estoy empleando para escribir esta página, y es la parte de la mente que usted usa para leerla. La mente inconsciente es la mayor parte de la mente y que por lo general estamos por completo ignorantes de su existencia. Es el asiento de todos nuestros recuerdos, de nuestras experiencias, y de todo lo que hemos aprendido. A este respecto se parece a un gran archivero al cual podemos consultar para refrescar nuestra memoria siempre que tengamos necesidad de hacerlo. Bajo ciertas circunstancias también puede desempeñar la mayoría de las funciones de la mente consciente, con una excepción de importancia —el poder de crítica. Sin embargo, por el momento regresaremos con nuestra comparación con el archivero. En él existe una gran cantidad de información almacenada y para la

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