Y TIPOLOGÍA LINGÜÍSTICA
SINTAXIS Y M ORFOLOGÍA V E R S I Ó N E S P A Ñ O L A DE A U G U S T A A Y U S O B IB L IO T E C A R O M Á N IC A H IS P Á N IC A E D IT O R IA L G R E D O S MADRID© BERN A RD C O M R IE, 1981.
First published 1981 by Ba s i l Bl a c k w e l l Pu b l i s h e r Li m i t e d, Oxford.
© E D IT O R IA L G R E D O S, S. A ., Sánchez Pacheco, 81, 28002 M adrid, 1989, para la versión española.
Título original: LA N G U AG E U N I VERSA L S AN D LING U ISTIC TYPO LO G Y. S Y N T A X A N D M O RPH O LO G Y.
Depósito Legal: M. 44769-1988.
IS B N 8 4 -2 4 9 -1 3 7 5 -2 .
Impreso en España. Printed in Spain.
Después de un tiempo en el que la invesiigación lingüística pare cía ceñirse principalmente al análisis de la sintaxis del inglés, duran te la última década se ha producido un notable resurgir del interés por los problemas de los universales lingüísticos y por la tipología de las lenguas, empleando datos provenientes de una amplia varie dad de lenguas. A pesar de la cantidad de trabajos realizados dentro de este marco, hasta la fecha no ha habido ningún trabajo general de introducción que intentara sintetizar las características principales de esta propuesta para los estudiantes de lingüística, los cuales tienen que recurrir, desde el principio, a artículos especializa dos sobre temas monográficos. Este libro aspira a llenar este vacío y a proporcionar, a los estudiantes de los últimos cursos y a los graduados, un panoram a de las principales propuestas en relación con los universales lingüísticos y la tipología de las lenguas, ponien do de relieve tanto los éxitos logrados con este método como sus posibles riesgos.
En el campo en el que, en un período de tiempo relativamente corto, se ha producido tanta bibliografía, ha habido que hacer una cuidadosa selección de los temas a tratar en este libro, prefiriendo tratar algunos de ellos en profundidad, en vez de ofrecer un pano rama superficial de todo el'cam po. En general, me he limitado a tratar trabajos recientes sobre universales y tipología, en vez de ha cer una consideración histórica de los primeros trabajos producidos
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8 Universales del lenguaje y tipología lingüistica
en esta área, aunque se mencionan algunos de estos primeros trab a jos, siempre que no hayan sido superados por investigaciones más recientes. Es indudable que esta selección refleja mis propias incli naciones, bien hacia aquellas áreas en las que he trabajado, bien hacia aquéllas en las que creo han de producirse resultados intere santes. El libro trata, casi en su totalidad, de universales sintáctico- semánticos, aunque alguna vez se utilicen, para ejemplificar, uni versales fonológicos. Creo que resulta más valioso discutir crítica mente el trabajo realizado en pequeñas áreas, que dar una relación sin comentar de las afirmaciones vertidas sobre los universales y la tipología de las lenguas, aunque dicha relación fuera exhaustiva.
Los dos primeros capítulos tratan los temas de form a general. En ellos se presenta y discute mi opinión de que el estudio de los universales lingüísticos puede resultar mucho más provechoso si, como base, tomamos datos procedentes de una gran variedad de lenguas, incluyendo el estudio de los universales sintáctico- semánticos en una propuesta integradora del lenguaje, en la cual no se trata de buscar explicaciones a los universales dentro de las propiedades formales del lenguaje, sino relacionando las propieda des formales del lenguaje en varios niveles (incluyendo el sintáctico y el fonológico) con el contexto extra-lingüístico en que funciona la lengua. Los capítulos siguientes se dedican fundam entalm ente a los tipos de construcción particulares o a otros fenómenos sintácti cos, tales como el orden de palabras, las oraciones relativas, las construcciones causativas, la marcación casual, considerados desde el punto de vista de la investigación sobre universales y tipología que utiliza datos procedentes de una amplia variedad de lenguas, dentro de una propuesta de integración. La elección de temas ha sido bastante arbitraria, y refleja mis propios intereses, pero si bien dicha elección no es mejor que otras, puedo decir que tam poco es peor. Me resulta difícil dar una relación completa de todos aqué llos que han contribuido al desarrollo de este libro y a las ideas que contiene: el estudio de universales y tipologías está necesaria mente interrelacionado con trabajos sobre otros aspectos del len
guaje y de la lingüística, por lo tanto, y a pesar mío, no puedo dar una lista de todos los que han influido en mi modo de conside rar la lengua. Mi agradecimiento va, pues, dirigido a todos ellos, además de a aquellos otros que se detallan específicamente en las notas de los distintos capítulos, que han influido en mis ideas sobre universales y tipología y también en el modo particular de presenta ción que he adoptado en este libro.
Mi deuda con Joseph H . Greenberg (Univesidad de Standford) se hace patente casi en cada página: fue él, más que ningún otro lingüista, quien despertó el interés actual por trabajar sobre los uni versales lingüísticos, tom ando como base una amplia variedad de lenguas, y quien persistió en la defensa de esta propuesta incluso en épocas en las que esto no estaba de moda. Edward L. Keenan (Universidad de California, en Los Ángeles) me hizo ver que el interés por lenguas muy diversas no es incompatible con el interés por los estudios teóricos y formales. Mis colegas del Departamento de Lingüística de la Universidad de California del Sur, que se per cataron muy pronto de mi convicción de la necesidad de una pro puesta integradora de la lengua en su contexto, me han ofrecido su estímulo para el desarrollo de estas ideas.
Aunque a veces critico en este libro la propuesta de universales lingüísticos que adoptó la gramática generativo-transformativa, es pecialmente las propuestas de Noam Chomsky, no puedo ni quiero negar la deuda contraída con dicho método y con los que me lo enseñaron. A pesar de mis diferencias con algunos de los principios del modelo descriptivo y de sus puntales ideológicos, está claro que ha elevado el análisis sintáctico a un nivel de rigor y agudeza sin el cual no habría sido posible escribir este libro. Lo mismo puede decirse del modelo sintáctico propuesto por la gramática relacional: aunque no esté de acuerdo con el énfasis que esta gramática pone sobre la estructura interna para explicar generalizaciones sintácti cas, ni con otras conclusiones parciales o totales, esta forma de acercarse a la sintaxis me ha proporcionado una serie de agudas sugerencias sobre la estructura sintáctica, que de otro modo es pro
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bable que se me hubieran escapado. Debo reconocer con orgullo que, si los modelos sintácticos formales marchan, me parece que la gramática relaciona! puede marchar aún mejor.
Por otra parte, han sido muy beneficiosas para mí las discusio nes entabladas con otros lingüistas, pertenecientes a diversas insti tuciones e interesados en el estudio de la tipología y universales lingüísticos, con los cuales he podido intercam biar trabajos. Quiero mencionar especialmente a los participantes en la Sociedad de Lin güística del Instituto Americano de Lingüística de la Universidad del Estado de Nueva York en Oswego (1976), uno de cuyos focos de interés es la tipología; al «Proyecto de Universales» (Stanford
Universals Project); al «Proyecto sobre Universales» ( Universalien- Projekt) del Departamento de Lingüística de la Universidad de Co
lonia, y al «Grupo de Tipología Estructural» del Instituto de Lin güística de la Academia de Ciencias de la URSS, Sección de Lenin- grado. El material recogido en este libro proviene, en gran paite, del utilizado con los estudiantes que. asistieron a mis cursos y semi narios sobre tipología y universales lingüísticos. Por lo tanto, mi agradecimiento también a todos los estudiantes, a los miembros de la facultad y a otras personas que asistieron a estos cursos en la Universidad de Cambridge, a la Sociedad Lingüística del Instituto Americano de Lingüística de la Universidad de Illinois, en U rbana- Champaign (1978), a la Universidad de California del Sur y a la Universidad Nacional Australiana. Asimismo, este libro se ha bene ficiado de las sugerencias de lectores anónimos para Basil Blackwell y la University of Chicago Press.
Por último, quiero expresar mi gratitud a los numerosos investi gadores de campo y a los lingüistas hablantes nativos, que han tra bajado fuera de los caminos trillados y de las principales corrientes lingüísticas. Ellos me han proporcionado un material de incalcula ble valor para mi trabajo, y me han animado a realizarlo con su interés y con su disposición a un diálogo constructivo. Espero que se hayan dado cuenta de que mi objetivo no ha sido tom ar de su lengua una oración de relativo o una construcción causativa, sino
poner en práctica mi idea de que, cuanto mayor integración se con siga entre la lingüística general y la descripción de las lenguas parti culares, mayor será el beneficio para ambas, pues una no puede desarrollarse sin la otra. Dicho de forma más general: la lingüística trata de las lenguas, y las lenguas las habla la gente.
L^s Ángeles, enero de 1981.
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN
Esta segunda edición me ofrece la oportunidad de actualizar las referencias bibliográficas y de corregir algunos errores de imprenta y otros de poca importancia (que afortunadam ente no afectan a los puntos explicados), así como de m ejorar algunas formulaciones poco claras. Además de las observaciones realizadas por los críti cos, mi agradecimiento a los comentarios de Winfried Boeder, Pe- ter Colé, R. M. W. Dixon, Andrew Goodson, Herbert H. Paper, William Rutherford y Sandra A. Thompson.
Los Ángeles, octubre de 1982.
UNIVERSALES LINGÜÍSTICOS
1 .1 . P R O P U E S T A S S O B R E U N I V E R S A L E S L IN G Ü IS T IC O S
1 .1 .1 . La s d o s p r o p u e s t a s m a s d e p o r t a n t e s.
En este apartado contrastarem os las dos propuestas metodológi cas más im portantes, respecto«^, los universales lingüísticos, que se han adoptado en los estudios lingüísticos más recientes. El contras te entre ambas propuestas puede realizarse de acuerdo con cierto número de parám etros, de los cuales los principales son los siguien tes: los datos en que se ha basado la investigación sobre los univer sales lingüísticos (una amplia variedad de lenguas, o bien una sola lengua); él grado de abstracción del análisis que se requiere para establecer los universales lingüísticos (por ejemplo, si se trata de estructuras sintácticas de superficie, o de estructuras sintácticas pro fundas), y las distintas explicaciones sobre la existencia de los uni versales lingüísticos. Estos parámetros individuales* y otros más, serán considerados de nuevo en distintos apartados. A unque, lógi camente, cada uno de estos parámetros es independiente de los otros, las dos propuestas más importantes realizadas últimamente repre sentan, cada una de ellas, un conjunto coherente de dichos parám e tros. Por una parte, algunos lingüistas consideran que para
investí-16 Universales del lenguaje y tipologia lingüística gar sobre universales lingüísticos es necesario tener datos de u n a amplia variedad de lenguas. Los lingüistas que defienden esta p ro puesta han tendido a concentrarse sobre universales determ inables más en análisis relativam ente concretos, que en análisis m uy abs tractos, siendo más proclives, o por lo menos eclécticos, a las hipó tesis que se pueden form ular respecto a la existencia de universales .lingüísticos. P or o tra parte, hay lingüistas que consideran que la mejor form a de aprender algo sobre universales lingüísticos es m e diante el estudio detallado de una sola lengua. Estos h an defendido también la determinación de los universales lingüísticos desde el punto de vista de las estructuras abstractas (tales como las estructuras sin tácticas profundas de la sintaxis generativo-transform ativa), y se han m ostrado más inclinados hacia la teoría del innatism o p ara explicar los universales lingüísticos. La prim era de estas dos p ro puestas suele asociarse al trab ajo de Joseph H . Greenberg y a los inspirados en él, y refleja asimismo la orientación de este libro. La segunda se relaciona más con los trabajos de N oam C hom sky y con aquellos directam ente influidos por él, que puede co n siderar se como la po stu ra transform ativa ortodoxa.
A prim era vista, y por lo menos en lo que respecta a la base de datos para trabajar en universales lingüísticos, parece que la p ro puesta de Greenberg ha de ser necesariamente correcta, pues para establecer que algo es universal en el lenguaje se necesitaría consi derar una am plia variedad de lenguas —si no, por supuesto, todas las lenguas— . Sin em bargo, la argum entación no es tan simple co mo todo eso, y sobre este punto volveremos en el ap artad o 1.1.2. En lo que resta de este apartado, perfilarem os los m otivos p o r los
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que se adopta la propuesta de C hom sky sobre universales lingüísticos. A unque esta argum entación, como m ostrará la discusión subsi guiente, tiene puntos vulnerables, ta n to teóricos com o prácticos, representa u n a postura coherente en relación con los universales lingüísticos que no puede ignorarse.La descripción generativo-transform ativa de una lengua, o más específicamente de la sintaxis de una lengua (aunque argum en
tos parecidos pueden trasladarse a una descripción fonológico- generativa), supone que, además de los niveles relativamente con cretos (próximos a la superficie) de la representación sintáctica, hay también niveles de representación mucho más abstractos y muy ale jados del análisis de la estructura superficial: ellos form an la estruc tura profunda, así como varios niveles intermedios de representa ción entre la estructura profunda y la superficial. A pesar de que el grado exacto de abstracción de la estructura profunda ha sido, y sigue siendo, objeto de controversia, la m ayor parte de las. versio nes de la gram ática generativo-transform ativa se caracterizan por la existencia de tales estructuras abstractas. Cuando se tom a en con sideración la existencia de tales representaciones para discutir la for ma en que los niños adquieren su lengua m aterna, surge un proble ma im portante. Si la m ejor form a de caracterizar la estructura de una lengua incluye las estructuras abstractas subyacentes, parece justificado suponer, que, al adquirir una lengua, el niño interioriza dichas estructuras abstractas. Esto implica a su vez, que también debe interiorizar las reglas para pasar de las estructuras abstractas a los niveles de análisis más concretos. C ontinuando la argum enta ción, y desde nuestro conocimiento actual de la capacidad de apren dizaje, se ve que no hay form a de que el niño (que sólo tiene los datos de los adultos que le rodean, cuando emplean la lengua) pue da inducir dichos principios abstractos a partir de esos datos. A de más, se ha argum entado que las reglas necesarias para pasar de la estructura p ro fun da a la superficial están sujetas a cierto número de restricciones muy específicas: nuevamente nos encontramos con que no está claro cómo puede inducir el niño estas restricciones, de naturaleza muy abstracta, a partir de los datos en bruto que el discurso de los adultos le proporciona. Dicho de form a más ge neral, si se considera al niño simplemente como una tabula rasa, sin tener predisposición para analizar los datos de acuerdo con un sistema formal o con cualquier otro, resulta difícil, o imposible, explicar cómo llega el niño a adquirir la prim era lengua en un pe ríodo de tiempo relativamente corto.
18 Universales del lenguaje y tipologia lingüística
El problem a de la capacidad de aprendizaje desaparece, si se asume el supuesto básico que subyace en la o b ra transform acional ortodoxa sobre universales lingüísticos. La razón por la que el niño adquiere la prim era lengua sin ningún esfuerzo es que los abstractos principios básicos de la gramática generativo-transform ativa son in natos: están a disposición del niño desde su nacim iento (o, quizás, lo están a partir de un período determ inado después de su naci m iento, como parte del proceso de m aduración, pero, en cualquier caso, program ados con anterioridad al nacim iento), de form a que el niño-no tiene que aprenderlos,, pero puede utilizarlos, deduciendo qué lengua en particular, de las perm itidas por la teoría general de la gram ática generativo-transform ativa, se está hablando en su com unidad lingüística: aunque la teoría general (y, en form a equi valente, el conjunto de principios abstractos innatos interiorizados en el niño) permite un número infinito de lenguas posibles, los tipos de lenguas se lim itan a aquellos que perm iten las restricciones que im pone la teoría.
D ado que los niños aprenden su prim era lengua tan fácilmente, cabría preguntarse si no puede hacerse u n a afirm ación más ro tu n da, la de que la lengua en su conjunto es innata. Esto supondría que un niño nacido en una com unidad lingüística dada está ya pre- program ado para conocer la lengua de su com unidad, habiéndola heredado, probablemente, de sus padres. Sin em bargo, una obser vación más detenida muestra que este argum ento no puede ser co rrecto, aunque simplifique el problem a de la capacidad de aprendi zaje. Ello im plicaría que un niño sólo podría aprender, o al menos aprendería mucho más rápidam ente, la lengua de sus padres, pres cindiendo de la lengua de la com unidad que le rodea. Pero, obser vando a los niños, se ha visto que adquieren, prácticam ente con la m ism a facilidad, la lengua de cualquier com unidad lingüística en la que crezcan, independientemente de la lengua de sus padres o de sus más rem otos ancestros; esto puede verse más claram ente en el caso de los niños que son educados po r hablantes de una lengua diferente de la de sus padres. P o r lo tan to, la lengua en
su conjunto no puede ser inn ata — hay que destacar que esto se ha establecido por observación em pírica y no por especulación teórica— . En el m ejor de los casos, serían innatos ciertos principios comunes a todas las lenguas hum anas, lo que facilitaría la tarea del niño de adquirir una lengua, cualquiera que ésta sea, sin prefe rencia por una u otra. Esto nos lleva al últim o eslabón del argu m ento: como los principios abstractos que se pretende son innatos, son los mismos para todos los niños, con independencia de su en torno étnico, tienen que ser neutrales con respecto a las diferencias entre las lenguas, es decir, tienen que ser universales. De esta forma se puede establecer una ecuación entre los universales lingüísticos y las ideas innatas: los universales lingüísticos serían los principios lingüísticos innatos que facilitan al niño el aprendizaje de la lengua.
Establecida esta ecuación, no qued a m ás que un paso para justi- ficar la m etodología adoptada por C hom sky en la investigación de los universales lingüísticos. Como los universales en los que se está interesado son principios abstractos, no hay form a alguna de que los análisis de las estructuras superficiales de una amplia variedad de lengüas den datos relevantes. Más bien se investigarían las rela ciones entre los niveles de representación abstractos y los más con- cretos, & fin de establecer los principios abstractos que restringen la estructura de la lengua (y que son, p o r lo tan to , universales lin güísticos o, en equivalencia, ideas innatas). En principio, se puede argüir que ésto conduciría al estudio detallado de las gramáticas generativo-transform ativas de cierto núm ero de lenguas, pero, dado lo limitado de los recursos dedicados a la investigación lingüística, en la práctica no resulta factible. Si consideramos el alcance de las lenguas sopesando su extensión y su profundidad, la postura aquí expuesta se decanta a favor de la profundidad, prefiriendo el estudio detallado y abstracto de u n a sola lengua, más que lanzar una red muy extensa, pero sin pro fu n d izar. De aquí proceden los principios metodológicos generales esbozados al comienzo de este apartado: la form a más provechosa de estudiar los universales lin güísticos es estudiar una sola lengua en profundidad, desde el pun
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to de vista del análisis abstracto de esa lengua — los universales mismos son de naturaleza abstracta (restricciones abstractas de un sistema que implica niveles abstractos de representación)— ; al igua- larse universales lingüísticos e ideas innatas, éstas nos dan u n a ex plicación obvia de aquéllos, con lo cual, lo que resta es preguntarse si hay explicación para las ideas innatas.
En los apartados 1.1.2-3, se considerarán las razones prácticas por las que esta estrategia de investigación de universales lingüísti cos, a pesar de su coherencia interna, adolece de serios defectos, que harán que en este libro se la rechace. P ero, p ara concluir este apartado, examinaremos algunos puntos débiles de la argum enta ción que ha llevado a este modelo de investigación, que provienen, principalmente, del hecho de que la argum entación es casi to tal mente apriorística, sin apenas datos reales que sustenten la po stu ra que se arguye: el apelar solam ente a los hechos, es decir, que los niños aprenden cualquier lengua con parecida facilidad, no sirve más que para establecer un no universal (la lengua específica en su conjunto no puede ser innata). N aturalm ente, en toda ciencia es necesario establecer hipótesis que, en las prim eras etapas, pueden ser apriorísticas, pero después hay que com probarlas, p ara ver has ta qué punto coinciden con el conjunto de datos que hay que expli car. El auténtico problem a que presenta este tipo de argum entación apriorística que se resume en este ap artad o es que, con las técnicas de que se dispone, no puede someterse a ningún tipo de p ru eb a empírica, es decir, no puede confirm arse eficazm ente. Más específi camente, las afirmaciones sobre lo que es inherentem ente fácil o difícil de aprender no se basan en ninguna investigación real sobre la mayor o m enor capacidad de aprendizaje, de form a que se puede aceptar sencillamente que algunas cosas se aprenden fácilmente, otras menos y otras tal vez sea imposible aprenderlas. Finalm ente, com o se verá más detalladamente en el ap artad o 1.1.3, cualquier argu mento basado en un análisis abstracto no es más eficaz de lo que lo es el análisis abstracto en sí mism o, y d ada la gran variedad de análisis abstractos que com piten en, p o r ejem plo, la sintaxis in
glesa, debemos lim itarnos a confiar en que hay un análisis que, más que otro, es el psicológicamente real (o, al menos, el mejor que, dado el estado de nuestros conocim ientos, puede presentarse como el análisis psicológicamente correcto). Así pues, el modelo de investigación esbozado en este ap artad o se caracteriza por una serie de supuestos discutibles que son cruciales para la argum enta ción, supuestos que en su m ayor parte no pueden verificarse, con lo que la aceptación de este modelo se convierte en cuestión de fe.
1 .1 .2 . La b a s e d e d a t o s.
En este apartado estableceremos algunas de las razones prácti cas por las que el estudio de los universales del lenguaje tiene que operar con datos obtenidos de una am plia variedad de lenguas, y consideraremos algunas de las implicaciones que esto tiene en la investigación sobre universales lingüísticos. A priori, no parece ha ber ninguna razón para suponer que la investigación de los univer sales lingüísticos exija trabajar con lenguas diversas —en el ap arta do 1.1.1 esbozamos un modelo coherente que no cumplía este requisito— o no, pudiendo hallarse fácilm ente afinidades con otras investigaciones p ara cualquiera de las dos posturas. P or ejemplo, si se quieren estudiar las propiedades químicas del hierro, es lógico suponer que se utilizará para el análisis una sola m uestra de hierro, y que no se analizarán grandes cantidades de piezas de hierro, a menos que se intente obtener una m uestra representativa del hierro en el m undo. Esto refleja nuestro conocim iento (basado, presumi blemente, en la experiencia) de que todas las muestras de una subs tancia dada son homogéneas con respecto a sus propiedades quím i cas. Por otra parte, si se quiere estudiar la conducta del ser hum a no sometido a tensión, probablem ente no nos limitaremos a anali zar la conducta de un solo individuo, puesto que sabemos por expe riencia que personas distintas se com portan de form a diferente en condiciones de tensión parecidas, es decir, si se quieren obtener ge neralizaciones sobre las tendencias globales de la conducta del ser
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humano sometido a tensión, será necesario trabajar con una mues tra representativa de individuos (aun cuando ei estudio se limite a una sola sociedad, menos aún en un estudio de culturas com para das).
Como una de las cosas que pretendemos con el estudio de los universales lingüísticos es encontrar el grado de variación hallado a través de las lenguas y los límites impuestos a dicha variación, sería un error metodológico im portante introducir en nuestro pro grama de investigación supuestos apriorísticos sobre el grado de va riación. Además, como veremos en los párrafos siguientes, las in vestigaciones básicas sobre universales lingüísticos evidencian que, en ciertos casos cruciales que han surgido hasta la fecha, los datos procedentes de una amplia variedad de lenguas fueron realmente necesarios para poder dar validez a determinado universal lingüís tico.
En primer, lugar, hay ciertos universales lingüísticos que no pue den afirmarse de una lengua individual, especialmente los universa les implicativos. En el apartado 1.2.2 consideraremos con más deta lle los universales implicativos, por el momento basta con destacar que un universal implicativo siempre incluye, por lo menos, dos propiedades lingüísticas, que pueden simbolizarse como p y q, rela cionadas una y otra como una implicación (condición), es decir, «si p, entonces q». Podemos tom ar el siguiente ejemplo real: si el orden básico de palabras de una lengua es verbo-sujeto-objeto (VSO), tendrá entonces preposiciones (en vez de posposiciones). E n este ejemplo, la propiedad p es «tener como orden básico de pala bras VSO» y q es «tener preposiciones». La com binación de estas dos propiedades puede verse, por ejemplo, en el galés, con una frase como gwelodd y dyn y cwcw, «el hombre vio el cuco», literal mente «vio el hombre el cuco», y una frase preposicional como
yn y ty, «en la casa». Sin embargo, hay que señalar que el galés
no da ninguna evidencia que permita establecer el universal como ^ implicación: indudablemente, si sólo estuviéramos investigando el galés, podríamos concluir que una lengua tiene que tener el orden
de palabras VSO y que tiene que tener preposiciones. Pero al inves tigar otras lenguas vemos que esta generalización es falsa. El inglés, por ejemplo, tiene el orden de palabras sujeto-verbo-objeto (SVO) y preposiciones, como en the man saw the woman, «el hombre vio a la mujer», y in the room, «en la habitación». Por el contrario, el japonés tiene como orden básico de palabras sujeto-objeto-verbo (SOV) y posposiciones, como en Hanako ga Taroo o butta, «Hana- ko golpea a Taroo», literalmente «Hanako s u j e t o Taroo o b je t o
d i r e c t o golpea», lo que ilustra tanto el orden básico de palabras
dentro de la frase, como la existencia de posposiciones (tales como
ga marca de sujeto y o marca de objeto directo). La cuarta posibili-*.
dad lógica —que una lengua tenga el orden de palabras VSO y posposiciones— queda excluida por el universal implicativo.
Si basáramos nuestro estudio sobre una sola lengua, hubiéramos hecho una afirm ación más rotunda que el'universal implicativo, co mo señalamos más arriba en relación con los datos del galés. Sólo el considerar los datos procedentes de una amplia variedad de len guas nos permite ver que, de las cuatro combinaciones lógicas —(a) orden VSO y preposiciones, (b) orden VSO y posposiciones, (c) un orden de palabras distinto de VSO y preposiciones, (d) orden de palabras distinto de VSO y posposiciones— una, a saber (b), no aparece nunca. Naturalmente, cada lengua individual debe ser consecuente con un universal implicativo, de lo contrario sería un contraejemplo, pero ninguna lengua individual proporciona el tipo de evidencia que se necesita para justificar la postulación de un universal implicativo. (La única excepción a esto sería cuando en una lengua individual dada haya más de una construcción en un área determinada, en cuyo caso sería posible establecer una impli cación de acuerdo con los datos de las dos construcciones dentro de la misma lengua; en el artículo 7 se da un ejemplo de esta posibi lidad para oraciones relativas.)
Además de estos ejemplos en que son absolutamente necesarios datos procedentes de distintas lenguas, incluso apriorísticamente, — para establecer universales lingüísticos, hay otros ejemplos en los
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que el no haber considerado diversas lenguas ha llevado a postular supuestos universales lingüísticos, que se desm oronan tan pronto como se confrontan con datos procedentes de otras lenguas. Como ejemplo, tomaremos un caso procedente de la variante más reciente de la gramática generativo-transformativa, la teoría estándar am pliada. Se sostiene en ella que, si consideramos X como símbolo 'd e distintos tipos de sintagmas (sintagmas nominales, verbales, ad
jetivales), hay entonces una_regla de expansión general (es decir, independiente de la lengua) X — Spec* X, o sea, que un sintagma X (sintagma cuyo núcleo constituyente es X, de m anera que el sin tagma nominal sería N) constaría de los constituyentes inmediatos Especificador-de-X y X. En los distintos tipos de sintagmas reales, si X es un nombre, entonces Espec* sería, por ejemplo, un artículo (determinante); si X es un verbo, entonces Espec* sería un auxiliar. El esquema independiente de la lengua, dado anteriorm ente para la expansión de X, no dice nada sobre el orden relativo del Espec* ni de X, pues éste es un parám etro en el que las lenguas individua les pueden inferir. Sin embargo, este esquema afirm a algo sobre el orden relativo del Espec*. y de X a través de los tipos de frases que hay en una lengua dada. Si se interpreta como un absoluto, un universal sin excepciones (ver apartado 1.2.3), se afirm a que en una lengua dada, en todo tipo de sintagmas, ei Especificador o bien va delante o va detrás, es decir, que o los determinantes preceden a los nombres y los auxiliares a los' verbos, o los determi nantes van detrás de los nombres y los auxiliares siguen a los ver bos. Si se interpreta como una tendencia, se dice que las. lenguas tienden a acatar esta generalización, aunque queda abierta la posi- bilidad de que una lengua individual incumpla el universal. <y
Este universal se propuso originalmente basándose en ios datos del inglés, e indudablemente en inglés se da el caso de que los deter minantes preceden al nombre (como en the book, «el libro») y que los auxiliares preceden al verbo (como en m ust go, «tiene que ir » ) ^ Pero hay claros contraejemplos a la consideración de este principio como universal absoluto: por ejemplo, en malayo ios determinantes
siguen al nombre (v.g. surat itu, «esa carta», literalmente «carta esa»), mientras que los auxiliares preceden al verbo (v.g. sedang
membaca, «está leyendo»; akan membaca, «leerá»). De hecho, en
los últimos trabajos realizados según la teoría estándar ampliada, se suele indicar que tal o cual esquema puede ser una tendencia, en vez de presentarlo como un universal absoluto. Sin embargo, incluso esta afirm ación queda invalidada como intento de caracteri zar la variación interlingüística. El número de lenguas en las que los determinantes siguen a los nombres y los auxiliares a los verbos es reducido, mientras que hay muchas lenguas —incluyendo la ma yoría de las lenguas que pertenecen al extendido tipo SOV (ver Ca pítulo 4)— que tienen determinantes que preceden al nombre, pero auxiliares que siguen al verbo, como en japonés kono hon, «este libro»; aisite iru, «am a», literalmente «am ando está». En otras pa labras, de acuerdo con la distribución real de las clases de orden de palabras en estos dos parámetros (determinante relativo al nom bre, auxiliar relativo al verbo principal), lo que afirm a el esquema es incorrecto, incluso considerándolo una tendencia.
Hay que señalar que el fallo que hemos visto en esta propuesta de universales lingüísticos basados en una sola lengua, no está sim plemente en que un supuesto universal dado resulte ser falso. Esto es casi inevitable, sea cual sea la base de datos que se adopte al investigar universales lingüísticos, puesto que algunos tipos de len guas atestiguadas son muy raros,, y puede que no deban incluirse en una "muestra am plia de lenguas del mundo: v.g., las consonantes con clic sólo existen como fonemas regulares en las lenguas joisan, y en sus vecinas las lenguas bantúes del sur de África; muy pocas lenguas, tal vez solamente las de la cuenca del Amazonas, tienen como orden básico de palabras el de objeto-verbo-sujeto (OVS). La cosa está en que, una vez formulado por los seguidores de la teoría estándar am pliada el supuesto universal en relación con el orden de Espe* y X , no intentaron establecer, considerando otras lenguas en las que el orden de palabras tenga posibilidades distin tas, si su generalización podía ser válida interlingüísticamente. Pero
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26 Universales deí lenguaje y tipología lingüística
aún más inquietante es que, ai intentar atraer sobre estos datos la atención de los partidarios de los universales postulados a partir de una sola lengua, se tropieza con una falta total de interés, sin |que haya intentos de plantear las implicaciones que los nuevos da n t o s pueden tener en el conjunto de la teoría. A unque, en principio, la propuesta de la lengua única siempre deja abierta la posibilidad de que otros lingüistas verifiquen los universales formulados basán dose en el inglés, comprobándolos en otras lenguas, en la práctica es muy raro que esta retroalimentación produzca algún im pacto.
Como punto final, en relación con el uso de una lengua o una am plia variedad de lenguas como base para trabajar en universales lingüísticos, hemos de señalar que dentro de la gramática generativo- transform ativa, e incluso en los mismos trabajos de Chomsky, hay gran diferencia entre los trabajos de sintaxis y los de fonología: mientras que en la primera se ha trabajado casi exclusivamente so mbre el inglés, ei desarrollo de la fonología generativa ha reconocido
siempre la im portancia de los datos procedentes de otras lenguas. Como ejemplo de esto, podemos destacar que en la obra de Chomsky
A spectos de la teoría de la sintaxis, aunque se trata de una obra
más de teoría que de análisis específico del inglés, se utilizan casi exclusivamente ejemplos obtenidos del inglés; mientras que en la obra de Chomsky y Halle The sound pattern o f English, en la cual el título se refiere explícitamente ai inglés, se incluyen referencias a otras cien lenguas, algunas de las cuales han sido fundamentales para resolver cuestiones fonológicas teóricas de alcance general. No parece que los defensores de la propuesta de universales lingüísticos basados en una sola lengua hayan discutido estas discrepancias.
Considerando las deficiencias teóricas y prácticas que ocasiona el trab ajar en universales lingüísticos partiendo de una sola lengua, podría pensarse que el ideal sería basar el estudio de los universales lingüísticos en investigaciones simultáneas de todas las lenguas del mundo. Pero hay dos razones obvias por las que esto es imposible. En primer lugar, sabemos que hay muchas lenguas que han desapa recido sin que haya quedado rastro de ellas, o que lo que se ha
conservado de ellas no tiene valor para nuestra empresa; además, las lenguas existentes cambian, y en el futuro surgirán muchas len guas nuevas, y no podemos disponer ni de unas ni de otras, con lo que un gran número de las lenguas humanas efectivas (a las que se define como lenguas que se hablaron, se hablan o se hablarán) escapa a la investigación. En segundo lugar, se estima que el núme ro de lenguas que hoy en día se hablan en el mundo es tan grande que, si tuviéramos que esperar a investigar cada una de ellas antes de aventurarnos a estudiar los universales, probablemente nunca lo haríamos, pues el cálculo sobre las lenguas existentes, aunque varía mucho, se sitúa alrededor de las 4.000. ( <oSQO j
Así pues, el problema al que hemos de encararnos en la prácti ca, es el de establecer una muestra representativa de lenguas huma nas que permita realizar un trabajo sobre universales lingüísticos que sea factible y que esté libre de los prejuicios que surgen al limitarse a una lengua o grupo de lenguas. La población sobre la que podemos realizar el muestreo está limitada a las lenguas que realmente se hablan hoy día, más algunas de las lenguas muertas mejor-documentadas (aunque, ante la falta de hablantes nativos, necesariamente habrá cuestiones que quedarán sin respuesta). De trás de esta afirmación hay dos supuestos necesarios para dicho trabajo sobre universales lingüísticos, pero que no debieran mante nerse. Uno de ellos es que, al menos durante un período de tiempo de unos cientos de años, en una u otra dirección a partir del presente, el lenguaje humano no se ha desarrollado en ningún aspecto impor tante, es decir, el lenguaje humano en su conjunto, no difiere en esencia, en ningún sentido, del de hace diez mil años; más específi camente, se supone que todas las lenguas humanas que se hablan hoy, representan el mismo nivel de evolución. El supuesto más específico parece razonable, puesto que no se han encontrado ca racterísticas estructurales del lenguaje que puedan correlacionarse inequívocamente con estructuras sociales más o menos civilizadas (mientras que esto último sí está definido). Sin embargo, el supues to más general que subyace en todo trabajo, sea cual sea su
orienta-s
^ 28 Universales del lenguaje y tipología lingüística
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ción, y más allá de la posibilidad de confirmarlo o desmentirlo em- píricamente, es considerar el lenguaje humano _como un fenómeno ^ || homogéneo.
El segundo supuesto es que la gama de lenguas que se hablan hoy en el mundo supone un conjunto lo suficientemente grande y variado como para incluir ejemplos de prácticamente todos los tipos de estructuras que admiten las lenguas. Este supuesto es mu- : ^ cho más discutible que el prim ero, sobre todo porque sabemos que en ciertos aspectos, las lenguas se inclinan decididamente a favor de determinadas estructuras y en contra de otras: así, las consonan tes con clic se hallan restringidas a una pequeña zona del sur de África, las lenguas cuyo orden de palabras tiene el objeto al co mienzo parecen limitadas a una parte de América del Sur, mientras que las lenguas que tienen un ord'en de palabras con el verbo al final pueden encontrarse en todos los continentes. ¿Qué pasaría si este supuesto resultara ser falso? En este caso, la investigación sobre universales lingüísticos sería imposible, y en la práctica, los investigadores que utilicen el mismo modelo de investigación de uni versales lingüísticos que presentamos en este libro, se limitarían a suponer que la gama de lenguas atestiguadas es suficientemente am plia. En la práctica, con este supuesto se han obtenido resultados im portantes. Además, aunque hay desviaciones en ciertos parám e tros, en otros (v.g. en la sintaxis de las oraciones de relativo; véase Capítulo 7), las representaciones de los distintos tipos se encuentran diseminadas por el mundo, de form a que, por lo menos en ciertas áreas, podemos estar bastante seguros de que la totalidad, de las lenguas del mundo representa una población de la que puede obte nerse una muestra razonable —justamente no es el caso que ésta sea la única población que tengamos— .
Suponiendo que tenemos un número razonable de personas, el problem a siguiente es decidir qué clase de muestra vamos a obtener de ellas, dado lo imposible de intentar trabajar con todas las len guas del m undo. Al establecer la muestra hay que evitar ciertos prejuicios, aunque no se haya hecho siempre. Primeramente, es
esen-cial que las lenguas escogidas en la mugstra pertenercan a un grupo de familias genéticas de lenguas. Como los miembros de una sola familia de lenguas tienen, por definición, ciertos rasgos en com ún, porque los han heredado de la lengua que los ha precedido, restrin gir la muestra a una sola familia de lenguas no nos permitiría dis tinguir entre las propiedades comunes que son auténticos universa les lingüísticos y aquéllas que son propiedades aleatorias del grupo genético dado. Igualmente, predisponer la m uestra a favor de una familia de lenguas daría la impresión de que propiedades estructu rales accidentales, comunes a esa familia de lenguas, tienen mayor extensión de la real. E n relación con este tema, hay una propuesta específica de p a n Bell,' que expondremos brevemente.
Sostiene Bell que, aTestablecer una muestra de lenguas, hay que asegurarse de que cada «grupo» de lenguas reciba igual representa ción. Un grupo se define como un conjunto de lenguas génetica- mente desarrolladas, separadas de la lengua m adre, común a todas ellas, por un período de tiempo de 3.500 años. Así, según este crite rio, la familia indoeuropea constaría de 12 grupos. Bell da a cada familia de lenguas el siguiente número de grupos:
Dravídica 1 N a-D en e 4
Euroasiática 13 A ustrica 55 (aprox.)
Indoeuropea 12 Indo-pacífica 100 (estim ado)
N ilo-saharianas 18 A ustraliana 27 (aprox.)
N íger-kordofaniana 44 C hino-tibetana 20 (aprox.)
A froasiática 23 Ibero-caucásica 4
Joisan ( cJUjlJ 4 Ket 1
Amerindia 150 (estim ado) Burushaski 1
(Muchas de estas agrupaciones resultan dudosas, pues se han esta blecido por unidades genéticas —por vjómplo, la amerindia, que agrupa prácticamente a todas las lenguas nativas de las dos Améri- cas, o la indo-pacífica, que reúne a todas las lenguas no austrone- sias de Nueva Guinea—, pero en cuanto a la proporción de lenguas de las distintas famüias, tanto si se considera que cada familia se ha establecido por unidades genéticas como si no, la tabla
propor-.'Jhco d o n a una hipótesis de trabajo razonable.) El número total de gru- pos es de 478, de manera que en una muestra de 478 lenguas cada familia estaría representada por una lengua de cada grupo. En la
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practica las muestras son siempre menores, * fin de llegar a un compromiso razonable entre la profundidad y la extensión de lo que va a estudiarse, aunque, naturalm ente, Tas proporciones deben mantenerse. La desventaja de una m uestra pequeña es que autom
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ticamente quedan excluidas las familias que sólo tienen uno o pocos grupos. En relación con los universales lingüísticos, está claro que las muestras empleadas implican falseamientos que, aunque son su perables, ponen en duda que sus resultados sean representativos de las lenguas humanas en su conjunto. Tenemos así que las lenguas indoeuropeas están super-representadas por razones sociales obvias: es muy fácil obtener tanto hablantes nativos, como gramáticas de estas lenguas. En el otro extremo tenemos las lenguas de Nueva Guinea, que suponen el 20 por ciento de una muestra representativa y que están casi extinguidas^ es muy difícil encontrar hablantes de las lenguas principales fuera de Nueva Guinea y hay muy pocas gramáticas detalladas de dichas lenguas. H asta que los lingüistas que trabajan en universales lingüísticos no dispongan de buenas des cripciones de una gama de lenguas más amplia, en las muestras /seguirá habiendo falseamientos, incluso aunque se reconozca la exis te n c ia de los mismos y sus desventajas.No sólo hay que precaverse contra los sesgos genéticos, sino también contra los sesgos regionales, es decir, contra el hecho de seleccionar un gran número de lenguas, aunque sea de distintos gru- ' pos genéticos, pero procedentes de la misma zona geográfica. Ello . / ' se debe, como se discutirá más en detalle en el apartado 10.2, a que las lenguas que se hablan en la misma área geográfica tienden, /con el tiempo, a influirse mutuamente y llegar, mediante préstamos e innovaciones compartidas, a tener características en común que no son necesariamente universales lingüísticos, o que incluso pue den ser cruces lingüísticos. Un buen ejemplo sería la difusión de las consonantes con clic, que, procedentes de las lenguas joisan, se
han extendido a las vecinas lenguas bantúes. P or lo tanto, además
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de asegurarse de que las lenguas de una m uestra son representativas genéticamente, también deben serlo regionalmente. En la actuali dad no hay sugerencias que apunten a una solución general del pro blema, comparables a las de Bell sobre tendencia genética, aunque puede decirse que, al determinar una m uestra libre de tendencia genética, se debería elegir las lenguas individuales de manera que, en lo posible, no hubiera dos lenguas de las que se sabe que han estado en estrecho contacto regional. En realidad, esto no supone un problema serio en la práctica, aunque hay casos que nos mues tran que hay que estar en guardia, tanto contra la tendencia genéti- ~^>ca, como contra la regional: por ejemplo, la inclusión de un número representativamente grande de grupos de lenguas de Nueva Guinea puede conducir a una tendencia regional a favor de Nueva Guinea.
Además de estas dos tendencias obvias contra las que hay que estar precavido, hay que precaverse tam bién contra algo relativa mente fácil (al menos en teoría, es decir, sin tom ar en cuenta pro blemas prácticos de disponibilidad de material lingüístico), y es que, en una muestra ideal, uno querría protegerse de las tendencias a favor o en detrimento de las clases de lenguas definidas por las principales características tipológicas. Así, por ejemplo, sería bas tante posible dar una muestra de lenguas que fueran representativas genética y geográficamente, pero en. la que todas las lenguas, o al .menos una mayoría abrumadora, tuviera el orden básico de sujeto- objeto-verbo, que es el orden básico de palabras más frecuente en las lenguas de todo el mundo. Especialmente, cuando se sabe, se supone o se sospecha, que una variable tipológica dada puede estar en correlación con el fenómeno que se investiga, hay que tener cui dado y protegerse de tales tendencias tipológicas.
En resumen, para llevar a cabo un trabajo minucioso sobre uni versales lingüísticos, se necesita una muestra de lenguas que sea representativa, definiendo esta representatividad como la falta de tendencias genéticas, regionales o tipológicas.
32 Universales del lenguaje y tipología lingüística 1 .1 .3 . Gr a d o s d e a b s t r a c c ió n.
En el apartado 1.1.1 destacamos que una de las diferencias en tre las dos grandes propuestas actuales para la investigación de uni versales lingüísticos, concernía al grado de abstracción que está im plicado en la determinación de los universales lingüísticos. En la propuesta de Chomsky, los universales lingüísticos estaban prim e ramente restringidos a la relación entre las estructuras abstractas y las estructuras más concretas, es decir, que implicaban necesaria mente un considerable grado de abstracción. Por otra parte, en la propuesta de Greenberg los universales se determinan primeramente según niveles de análisis más concretos. En este apartado ejemplifi caremos estas diferencias con más detalle, concentrándonos espe cialmente en dos cuestiones. La prim era es si tienen alguna validez los universales de estructura superficial, es decir, los universales que sólo requieren un mínimo de análisis abstracto. La segunda será el status empírico de los universales que requieren hacer referencia a análisis muy abstractos. Es im portante tener en cuenta a lo largo de la discusión, que no estamos haciendo una dicotomía estricta entre, por una parte, enunciados abstractos y, por otra, enunciados concretos, sino que debe haber un continuum entre ambos. De esta forma, muchos de los universales específicos propuestos por Green- *berg y sus seguidores, requieren cierto .grado de abstracción.^ La_
contribución original de Greenberg a la tipología basada en el o r den de palabras, con referencia a parámetros tales como el orden relativo de sujeto, verbo y objeto en la oración, supone que.es posi ble identificar el sujeto de una oración arbitraria en una lengua arbitraria. Sin embargo, la identificación del sujeto exige un análi sis hasta cierto punto abstracto (no hay ninguna propiedad física que sea única y común a todos los sujetos en todas las frases de todas las lenguas) e, indudablemente, como veremos en el Capítulo 5, -hay grandes controversias en torno a la identificación del sujeto en muchos tipos de oraciones de muchas lenguas, e incluso sobre la validez de la noción de sujeto. Aunque lo cierto es que cualquier
aserto sobre la naturaleza de los sujetos en estructura superficial es menos abstracto que uno sobre los sujetos en estructura profunda.
La respuesta a la prim era cuestión, la de si hay universales váli dos concretos o no^ viene dada en este libro, pues le atañen nuevas propuestas concernientes a los universales de estructura superficial. Además, como no sólo se discuten propuestas sobre universales del lenguaje real, sino que también se sugieren explicaciones para uni versales lingüísticos en capítulos posteriores, quedará claro que los universales concretos no sólo pueden establecerse con un grado de rigor que no es posible con formulaciones más abstractas, sino que dichos universales pueden integrarse en una perspectiva mucho más amplia del lenguaje humano, que es posible con universales deter minados formalmente, independientemente del grado de abstracción que requiera su formulación.
Por lo tanto, en este apartado nos concentraremos sobre la se gunda cuestión, la validez empírica de los universales abstractos, cuyo punto crucial es que un universal abstracto no tiene más fuer za (e incluso puede tener menos) que el análisis en que se basa, es decir, que si un análisis abstracto determinado resulta controver tido, también lo será cualquier universal que se construya de acuer do con él. En vez de ofrecer una discusión general de los pros y los contras, examinaremos un ejemplo específico tomado de un tra bajo reciente de gramática relacional, ram a de la gramática trans formativa que, aunque rechaza algunos de los principios de ésta, comparte con ella la predilección por establecer universales de acuer do con estructuras abstractas. Algunas lenguas tienen una construc ción llamada de.pasiva impersonal, en la cual en la estructura de superficie el verbo no tiene sujeto evidente, y el agente se expresa, si se hace, mediante un sintagma agentivo; mientras que los objetos verbales, incluso el objeto directo de un verbo transitivo, se quedan como en la oración activa normal. Podemos contrastarlo con el tipo de pasiva (personal) del inglés, en el que hay un sujeto eviden te, que corresponde al objeto directo de la oración activa. Ejempli ficaremos la pasiva impersonal con algunas oraciones del galés:
34 Universales del lenguaje y tipología lingüística (1) Lladdodd y ddraig y dyn.
m a tó el d ra g ó n el h o m b re « E l d ragón m ató al h o m b r e » .
V ^ o
Lladdwyd y dyn ddraig.
mató-PASiVA el hom bre por el dragón
« E l hom bre fue muerto por el d ragón ».
Al establecer la relación entre las oraciones activa y pasiva, una afirmación superficial y directa sería decir que el sujeto de la activa corresponde al sintagma agentivo de la pasiva, con el resultado de que la pasiva no tiene sujeto evidente. Sin em bargo, esto transgrede dos supuestos universales de la gramática relacional. De acuerdo con la ley de suspensión motivada (M otivated Chomage Law), es imposible que el sujeto de la oración activa sea degradado a un sintagma agentivo, a menos que algún otro sintagma nominal se adelante a la posición de sujeto (es decir, la degradación del sujeto depende del avance de algún otro sintagm a nom inal a esa posición). La ley final 1 (Final 1 Law) dice que una oración tiene invariable mente un sujeto final, es decir, un sujeto al final de la operación de todas las reglas cíclicas. La oración (2) carece de sujeto en super ficie, y eso no se discute. Para mantener la validez de estos supues tos universales es necesario asumir, en la gram ática relacional, que en la construcción de la pasiva impersonal se inserta un sintagma nom inal (un sintagma nominal sustitutorio cuyo origen no se discu te aquí) en posición de sujeto, provocando la degradación del suje to original; el sujeto sustitutorio no se m uestra en la estructura de superficie, o al menos, no tiene realización fonológica.
Debemos ahora considerar si este supuesto universal implica al guna afirmación empírica. De acuerdo con los datos y la discusión que hemos propuesto, no la hay. Si el análisis es válido para las construcciones de pasiva impersonal, está claro que es imposible form ar un conjunto de datos que fueran un contraejem plo a la !ey de suspensión motivada y /o a la ley ñnal 1, puesto que los que apoyan estas leyes dicen simplemente que, en un nivel interm e
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dio de abstracción, la oración en cuestión tiene sujeto, pero que dicho sujeto no se realiza nunca de form a evidente. Nótese que no podemos decir que el análisis propuesto en la gramática relacio- nal esté equivocado, en el sentido de que haya contraejemplos, sino que este análisis no supone una afirmación empírica, por lo que es imposible incluso formar un posible contraejemplo a la hipótesis.
En el presente trabajo, mantenemos que. los únicos universales lingüísticos con interés empírico son aquéllos para los que se pue- den construir potenciales contraejemplos. Los supuestos universales que se limitan a probar la capacidad de los lingüistas para llevar a cabo análisis abstráctos que se conformen a cualquier serie imagi nable de datos, pueden decirnos algo sobre los lingüistas, pero no nos dicen nada sobre el lenguaje.
1.2. C L A S IF IC A C IÓ N D E LO S U N I V E R S A L E S L IN G Ü ÍS T IC O S
1.2.1. U n i v e r s a l e s f o r m a l e s y u n i v e r s a l e s s u s t a n t i v o s . En la bibliografía generativo-transformativa sobre universales lin güísticos, ha jugado un papel importante la distinción entre univer sales formales y universales sustantivos. Aunque esta distinción no es importante para esta obra, será .necesario discutirla, aunque sólo sea para situarla en un contexto más amplio.
Los universales sustantivos son aquellas categorías, tomadas en sentido amplio, que se afirma son universales lingüísticos. Por ejem plo, en sintaxis . pueden serlo categorías tales como verbo, nombre, sintagma nominal, sujeto, objeto directo, verbo principal. En fono logía, los rasgos pertinentes de la fonología jakobsoniana serían un claro ejemplo. Los universales sustantivos delimitan la clase de lenguas humanas posibles en relación con la clase de lenguas lógica mente posibles, y pueden hacerlo de dos formas. Por una parte. un universal sustantivo puede ser una categoría que tiene que estar presente en cada una de las lenguas humanas individuales (en fono logía, la vocal sería un buen candidato). P or otra, el conjunto de
36 Universales del lenguaje y tipología lingüística
universales sustantivos de un área determinada podría representar un conjunto del cual las lenguas individuales seleccionarían un sub- conjunto, es decir, definirían la escala total posible para las lenguas naturales, y todo lo que queda fuera de esta escala se elimina. Esta segunda posibilidad queda representada también por la teoría de Jakobson sobre los rasgos pertinentes, según la cual el sistema fo nológico de una lengua cualquiera nunca utilizará rasgos pertinen tes que no se incluyan en su relación de rasgos, si bien no es necesa r io que una lengua individual cualquiera utilice todos los rasgos (así, el inglés no tiene rasgo pertinente glotalizado). O tra forma de caracterizar la diferencia entre los dos tipos sería la siguiente: uno distingue lo que es necesario en una lengua de lo que es innece sario, el otro lo que es posible de lo que es imposible. Combinán dolos, permiten distinguir las características necesarias de las len guas, sus características posibles e imposibles.
Los universales formales se postulan más bien como reglas gra maticales. También aquí hay que distinguir entre reglas que sean necesarias, posibles e imposibles. Como ejemplo, podemos postular que ninguna lengua puede tener una regla formal que opere invir- tiendo de izquierda a derecha una cadena de cualquier extensión. En términos algo más concretos, esto quiere decir, por ejemplo, que ninguna lengua podría formar preguntas invirtiendo simplemente el orden de palabras, de manera que la pregunta correspondiente a this is the house that Jack built, «esta es la casa que Jack constru yó», sería built Jack that house the is this?, «¿construyó Jack que casa la es ¿Sta?». Parece que este universal form al ha podido com probarse en una amplia variedad de lenguas; se trata de un caso especial de un universal formal más general dentro de la gramática generativo-transformativa, el de que las transformaciones son ope raciones que dependen de estructuras, y sobre el que volveremos en el apartado 1.2.3.
En el desarrollo de la gramática generativo-transform ativa se ha mantenido que las restricciones que delimitan las clases de reglas posibles son universales formales, e, indudablemente, la mayoría
Universales lingüísticos 37
de los trabajos sobre universales que siguen esta propuesta sintácti ca se han interesado por dichas restricciones formales. Sin embar go, se ha sugerido que el problema de la delimitación de los grupos de reglas podría resolverse por universales sustantivos, de tal mane ra que habría cierto grupo de reglas, sujetas a variaciones de detalle en las lenguas individuales, dentro del cual las lenguas individuales harían una selección para formar sus procesos sintácticos funda mentales. Un buen ejemplo lo constituye la pasiva (pasiva perso nal), caracterizada como un proceso en el cual el sujeto primitivo es eliminado o degradado a sintagma agentivo, mientras que el ob jeto original se adelanta a la posición de sujeto; más allá de este hecho fundamental, las lenguas individuales pueden variar, por ejem plo, en si m arcan el cambio de voz en el verbo o en los sintagmas nominales y cómo. Así, el inglés utiliza el auxiliar be con el partici pio pasado para denotar el cambio de voz en el verbo, y la preposi ción by para señalar el sintagma agentivo en la pasiva, como en
the man was hit by the woman, «el hombre fue golpeado por la
mujer», mientras que el latín utilizaría una terminación distinta pa ra el verbo principal, además de cam biar el caso de los sintagmas nominales, es decir, la activa mulier (n o m i n a t i v o) hominem (a c u
s a t iv o) videt, «la mujer ve al hombre», en pasiva hom o (n o m i n a t i
v o) a mullere (preposición + a b l a t iv o) videtur, «el hombre es visto
por la mujer». La existencia de tales universales sustantivos juega un importante papel en este libro, como podrá apreciarse al tratar temas como la comparación interlingüística de construcciones de relativo (Capítulo 7).
1.2.2. U n i v e r s a l e s i m p l i c a t i v o s y n o i m p l i c a t i v o s .
Hay algunas propiedades de las lenguas de las que parece que podemos determinar si están, o no, fundadas en el lenguaje natu ral, sin hacer referencia a ninguna otra propiedad de la lengua da da. Por ejemplo, la afirmación de que todas las lenguas tienen vo cales orales no se refiere a ningún otro elemento que pudiera estar
38 Universales del lenguaje y tipología lingüística presente. Estos universales son no implicativos. P or el contrario,
muchas otras afirmaciones sobre universales lingüísticos relacionan la presencia de una característica con la presencia de otra, es decir, establecen que una característica determinada tiene que estar pre sente si alguna otra también lo está. En el apartado 1.1.2 se dio un ejemplo de universal implicativo: si una lengua tiene como or den básico de palabras VSO, tiene que tener preposiciones; este ejemplo se estudiará más detenidamente partiendo de la tipología del orden de palabras. Hay dos características implicadas: la pre sencia o ausencia de VSO como orden básico de palabras, y la pre sencia o ausencia de preposiciones. Simbolizaremos la presencia del orden de palabras VSO como p Oa ausencia de este orden de pala bras VSO es no p) y la presencia de preposiciones por q (la ausencia de preposiciones es no q). Podemos simbolizar el universal: si p, entonces q. Lógicamente, tenemos cuatro posibilidades de com bi nación de estos parámetros:
(a) (b) (c) (d) p y q p y no q no p y q no p y no q
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La aserción implicativa debe interpretarse (por definición) de form a estricta, de acuerdo con la interpretación de la implicación m aterial del cálcúlo proposicional, lo que significa que si la aserción impli cativa «si p, entonces q» es verdadera, las posibilidades (a), (c) y (d) son correctas, pero (b) es errónea. En el apartado 1.1.2 dem os tramos que éste era el caso con un ejemplo determinado: hay len guas, como el galés, con VSO y preposiciones (tipo (a) ); hay len guas, como el inglés, que no tienen orden VSO pero con preposicio nes (tipo (c) ); hay lenguas, como el japonés, que no tienen ni VSO ni preposiciones (tipo (d) ); pero el tipo (b) —VSO, pero sin preposiciones— no está atestiguado. Al formular universales impli cativos, es im portante que se siga una interpretación estricta de la implicación material y en particular, hay que destacar que una