L a Sociedad R eligiosa de los A m igos -ta l es la denom inación oficial de los cuáqueros- es una co munidad cristiana libre, fundada a mediados del si glo X V I I en In glaterra p o r un h om b re de valía: George Fox (1624-1691).
G eorge Fox es el típico no-conform ista inglés 24.
23 W . Hollenweger, E l Pentecostalism o, o. c„ 345-347 y 413- 423.
24 H. van Etten, George F ox y los cuáqueros. Aguilar, M adrid 1963; P. Damboriena, Los cuáqueros, en Fe ca tólica e Iglesias y
Sectas de la Reforma, o. c., 915-933; J. Sykes, The Quakers. Alian
Wingate, Londres 1958; D. Ricart, A n to lo g ía espiritual. Pendíe H ill Publications, W allingford (Penn.) 1951.
Existe una traducción castellana del diario del fundador, D ia
rio de Jorge Fox. Librería de la Sociedad de Am igos, Friends
Espíritu m ístico, decepcionado de la práctica reli giosa de la Iglesia oficial anglicana y de las otras agrupaciones religiosas, siente la llamada de Dios a provocar en cada ser humano la verdadera relación con el creador sin necesidad de las m ediaciones sa cerdotales, litúrgicas o sacramentales. Fox y sus se guidores son perseguidos por su insistencia en la li bertad religiosa, p or negarse a asistir a los cultos oficiales, ir a la guerra y por no hacer distinción en tre personas ni entre clases sociales. El m ism o Fox pasa seis años en prisión, en varios períodos, rese ñados en su fam oso Diario. Llevado a juicio, incre pa a sus jueces para que tiem blen ante la palabra de Dios. De aquella frase, repetida frecuentemente, recibirán el nom bre de cuáqueros (del inglés to qua- ke, tem blar).
Los prim eros cuáqueros llegados a Massachus- setts son severam ente perseguidos p o r puritanos y congregacionalistas. W illiam Penn (1644-1718) los establece en la colonia que desde entonces (1682) tom a su nom bre: Pennsylvania. Un autor am erica no ha escrito:
«Si todas nuestras ciudades hubiesen sido como Filadelfia y nuestros estados como Pennsylvania, nuestra historia nacional hubiese sido bastante dife rente».
Las co m u n id a d es cu áqu eras son opuestas a cu alqu ier fo rm a de proselitism o. Según cálculos a p r o x im a tiv o s , e x is te n en la a c tu a lid a d u nos 200.000 m iem bros en el mundo. El «Friends W orld C om m ittee», cuya sede se halla en Birm ingham (In glaterra), es el órgano que cohesiona las aspiracio nes y tareas del cuaquerismo.
• Características
- C arácter adogm ático. N unca han profesad o dogm as especiales, aunque sus sencillas posiciones teológicas se contienen en las 15 tesis de la apología, redactadas p o r R obert Barclay (1648-1690). A pesar de sus raíces trinitarias, la corriente unitaria ha es tado presente en muchos m om entos de la historia cuáquera.
- Adm iten, en lo más profundo del hom bre, la luz interior o chispa del Espíritu de D ios. Esta luz habita en cada h om bre y mujer, pero se tiene con
ciencia de su existencia sólo en el silencioso recogi m iento y en la plegaria escondida.
- Buscan retornar a la más pura sim plicidad en las relaciones con Dios, por ello juzgan innecesarios los elementos externos o mediaciones com o los sa cramentos del bautismo y de la eucaristía, el sacer docio ministerial, el sentido de Iglesia com o sacra mento fontal, el culto litúrgico a la palabra, etc. En esta búsqueda de la inm ediatez divina tienen plan teado un problema: el significado de la Biblia. AI- germissen ha dicho que
«la Biblia no es para los cuáqueros la norma y regla última de fe. Están convencidos de que el mismo Es píritu divino que inspiró a los escritores de la Sagra da Biblia ilumina también a todo hombre que esté dispuesto a seguirlo...» 25.
Parece ser que la luz interior vendría a ocupar el puesto que la Biblia tiene en otras form as del cris tianismo.
- N o tienen liturgia especial ni ministros orde nados. Cualquier hom bre o m ujer es considerado m inistro y en las reuniones regulares de culto, ba sadas en el silencio, la m editación y la adoración, puede espontáneamente com unicar a los demás pa labras de amor y paz según su propia inspiración.
- El tema del silencio es fundamental en la ex periencia cuáquera. Pierre Lacout ha escrito en su libro D ios es silencio:
«La palabra tiende a dividir a los hombres que se sienten atraídos más por ella que por su significación. La palabra da nacimiento a los dogmas que tienen la pretensión de las certezas confortables. Las palabras dan nacimiento a las religiones, a las Iglesias que fraccionan en partidos imperiosos y rivales la gran fa milia de las almas simples, a las que debería bastar la adoración amante. La palabra separa, el silencio une. La palabra dispersa, el silencio reúne. La palabra tur ba, el silencio calma. La palabra engendra la nega ción, el silencio invita al propio nihilista a reencon trar la esperanza en la espera confiada de un misterio
25 K. Algermissen, Iglesia Católica y Confesiones Cristianas, o.
c„ 1.135.
interior que puede producirse. En mi silencio activo, me dispondré a escuchar el silencio de Dios» 26. - La unidad básica del cuaquerismo estriba en la fe en Dios y en las enseñanzas de Jesucristo, que reducen al amor, al espíritu de reconciliación y a la igualdad de todos los hombres. Cada ser humano es herm ano, sin distinción de raza, credo o posición social. Su espíritu igualitario les hace rechazar el juram ento, el servicio militar, la lucha de clases y razas, y los sentimientos mundanos. En sus auste ras salas de reunión se hacen lecturas bíblicas, al guna vez acompañadas de cantos, pero siem pre el silencio es la parte fundamental del culto cuáquero.
- El pacifism o de los cuáqueros es tradicional. A lo largo de la historia, ha revestido variadas formas: total oposición a la esclavitud; fundación de hospi tales para alienados; lucha por la hum anización de las prisiones; celeb ración de conferencias p o r la paz; creación del Am erican Friends Service Com m i- tee, cuyos voluntarios han trabajado en heroicos program as de ayuda a todos los contendientes, tan to en las dos guerras mundiales, com o en la civil española, y en la de Vietnam; iniciativas para legali zar a los objetores de conciencia. Sin duda se han ganado la adm iración de las gentes de buena volun tad.
2. Raíces de las divisiones
M ás de nueve siglos co n tem p la n la ruptura, trau m ática en m uchos sentidos, de la Iglesia de oriente con la de occidente. Desde hace cuatro si glos, la cristiandad en Europa está disgregada en varias Iglesias que han roto entre sí, no solam ente aquellas estructuras institucionales que la m antu vieron unida durante m il quinientos años, sino que han perdido la com unión en la m ism a fe. Y desde hace unos tres siglos, las cristiandades del Tercer M u ndo han heredado irrem ediablem ente las d ivi siones de unos y otros.
En el apartado anterior se ha presentado una panorám ica suficientem ente amplia de esos «m u n dos espirituales» tan distintos que se han vuelto ex-
26 P. Lacout, D io s es s ile n cio (V id a in te rio r). Im p. Salvado, B arcelona 1970, 3.
8 0 PARA COMPRENDER EL ECUMENISMO
traños entre sí. A l día siguiente de las separaciones, las Iglesias trataron de justificar sus tomas de pos tura. L a apologética fue un género tan em pleado por las jerarquías y los teólogos de las diversas Ig le sias com o por la clase política de todos los tiempos. El catecismo, la escuela, el libro, el pùlpito, la carta encíclica... fueron algunos de los m edios em pleados para defender la justeza de las propias posiciones y para mostrar la incoherencia o el error de las posi ciones ajenas.
Pero, a pesar de tanto esfuerzo y de tanta ju stifi cación teológica, la realidad es que la ausencia de com unión aparece a los m ism os creyentes co m o un enigm a escondido en la mente de Dios y, para los no creyentes, quizá tam bién com o un escándalo. N adie com o K. Barth lo ha expresado mejor:
«N o existe ninguna justificación, ni teológica, ni espiritual, ni bíblica, para la existencia de una plura lidad de Iglesias genuinamente separadas en este ca mino y que se excluyen mutuamente unas a otras in terna y, por tanto, externamente. En este sentido, una pluralidad de Iglesias significa una pluralidad de se ñores, una pluralidad de espíritus, una pluralidad de dioses. No hay duda de que en tanto la cristiandad esté formada por Iglesias diferentes que se oponen entre sí, ella niega prácticamente lo que confiesa teo lógicamente: la unidad y la singularidad de Dios, de Jesucristo, del Espíritu Santo. Pueden existir buenas razones para que se planteen estas divisiones. Puede haber serios obstáculos para poder eliminarlas. Pue de haber muchas razones para explicar esas divisio nes y para mitigarlas. Pero todo eso no altera el he cho de que toda división, como tal, es un profundo enigma, un escándalo» 27.
El estudio de la historia «m uestra que cada cin co siglos, en un proceso infernal, se produce una nueva ruptura en la Iglesia». La observación es de J. E. D esseaux28. Aparte de los pequeños pero varia dísim os grupos heréticos que aparecen en am bien tes gnósticos durante los siglos I I y III, y poco des pués que el arrianism o y el donatism o asolasen la
27 Citado en J. de Santa Ana, E c u m e n is m o y L ib era ció n . Pauli nas, M a d rid 1987, 72.
28 J. E. Desseaux, 20 siècles d ’H is toire O ecu m éniqu e. Cerf, Pa rís 1983, 13 y 39.
Iglesia, se produce la prim era de las grandes ruptu ras.
Ha con clu ido el concilio de Calcedonia (451). Muchas Iglesias de Armenia, Persia, Siria, Egipto y Etiopía rechazan la form ulación dogm ática conci liar sobre Jesucristo com o verdadero Dios y verda dero hom bre. Desde entonces, las Iglesias no calce- donenses viven separadas de las grandes tradicio nes de oriente y occidente.
Cinco siglos después -e n 1054- se produce la ruptura oficia l entre Rom a y Constantinopla. Ahora oriente y occidente dejan de constituir aquella her mosa realidad que los padres llamaron Iglesia indi visa.
Por últim o, en el siglo X V I, las reform as ecle siásticas del continente europeo y de las Islas B ritá nicas producen tales escisiones que el m apa cristia no en Europa ya nunca vuelve a ser com o había si do. Pero esa alteración repercute a escala mundial cuando la expansión m isionera del protestantism o y del anglicanism o difunde el mensaje de Cristo en tre los pueblos sin herencia cristiana.
Así, pues, cada cinco siglos la profesión conteni da en el más viejo de los credos cristianos: «C reo en una Iglesia, santa y apostólica», parece menos creí ble. ¿Cómo y p or qué se llegó a una situación que contradice radicalm ente el deseo de Jesús sobre sus discípulos?
La respuesta es muy compleja. En las raíces de las divisiones cristianas hay que buscar, con toda evidencia, razones doctrinales. Pero la m era consi deración doctrinal no explica suficientem ente el he cho de las rupturas eclesiales. Son múltiples los fa c tores que deberán tenerse en cuenta a la hora de explicaciones cada vez más coherentes. La política, la geografía, la cultura, las comunicaciones, ade más de la espiritualidad y la teología, son elem en tos que confluyen, cada uno con su peso específico, en ese hecho incuestionable de la división cristiana. Olvidar esas m últiples perspectivas es encerrarse en un callejón sin salida y es hacer, además, que el enigm a se convierta en absurdo.
Y a muchos estudiosos -historiadores y teólogos- han intentado explicar las causas de las divisiones eclesiales. Es un capítulo desgraciadam ente básico en la h istoria del cristianism o. A q u í rastream os
-desde perspectivas globales y por razones de bre vedad- solamente las raíces de dos de las grandes rupturas que ha padecido la Iglesia de Cristo: la ruptura entre Rom a y Bizancio, y la ruptura de la Iglesia de occidente. En ellas se reflejan, aunque no con toda la nitidez que sería deseable, las razones que de una u otra form a aparecen siempre cuando la comunión cristiana se quiebra entre los discípu los de Jesús.
2.1. La ruptura entre Roma
y Constantinopla
N o se puede pretender una explicación definiti va y única de la ruptura entre oriente y occidente. Esa explicación seguramente no existe. Nos acerca mos, en cambio, a algunos factores que posibilita ron aquella situación que, tras el año 1054, y sobre todo 1204, significaba la pérdida de comunión de la que hasta entonces había sido la Iglesia indivisa 29.
a) Factores políticos
H ay que resaltar tres hechos decisivos: el trasla do de la sede im perial de R om a a Bizancio (s. IV), la penetración de los pueblos bárbaros en occidente (s. V ), y la invasión musulmana en grandes espacios de oriente (s. V II).
• Bizancio, capital del im peño
La decisión de Constantino de trasladar su sede a B izancio -llam ada desde entonces Constantino p la - y su conversión al cristianismo, van a signifi car que aquella ciudad, hasta entonces episcopal, se eleve a la categoría de patriarcado. Las grandes se des eclesiásticas eran Antioquía, Alejandría, Jerusa-
29 A. Santos, Iglesias de Oriente. Sal Terrae, Santander 1959, 2
vols. E n lo referente a las «causas de la división», véase I, 23-48; Y. Congar, N e u f Cents après. N otes s u r le 'Schism e O riental'. Ed. Chevetogne, París 1954; Y. Congar, La con cien cia eclesiológica en
Oriente y O ccidente del siglo V I al IX. Herder, Barcelona 1963; E.
Vilanova, H istoria de la Teología Cristiana, I. Herder, Barcelona 1987, véase el cap. I V «L a ruptura entre Oriente y Occidente», 331-345; F. Martín Hernández, Causas ín tim a s de la separación
de Oriente y Occidente: Diálogo Ecuménico, n. 66 (1985) 5-31.