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conservadoras que de ningún dato proveniente de una investigación mínimamen- te rigurosa. Richard HERRNSTEINcomienza poniendo de manifiesto que “la inven-

ción de los tests de inteligencia hizo posible reunir los datos necesarios para apo- yar las tres primeras premisas”. Seguidamente extrae un pronóstico fantasioso como el siguiente: “El silogismo y sus corolarios apuntan hacia un futuro en el que las clases sociales no solamente se mantendrán sino que llegarán a consolidar- se aún más sobre las diferencias innatas ... A medida que crezcan la riqueza y la complejidad de la sociedad humana, irá precipitándose de la masa de la humani- dad un residuo de baja capacidad (intelectual y de otros tipos) que será incapaz de dominar las ocupaciones corrientes, que no podrá competir por el éxito y que probablemente serán hijos de padres también fracasados” (cit. en Hans J. EYSENCK, 1987, pág. 165).

Aunque matizando algunas de las exageraciones de Richard HERRNSTEIN,

Hans J. EYSENCKtiene claro que, como la inteligencia es hereditaria, no podemos plantearnos ideologías sociales que ignoren tal constatación. Hasta el propio sis- tema educativo debe planificarse tomándola en consideración; de ahí las críticas que lanzará a los programas de acción afirmativa que se venían desarrollando en

los Estados Unidos para favorecer la integración y hacer frente a las desigualda- des de las que eran objeto las mujeres y las poblaciones negras e hispanas. Su obsesión por buscar explicaciones psicológicas a todos los comportamientos humanos le lleva a justificar situaciones laborales que nada tienen que ver con la inteligencia y las destrezas de las personas. Así, por ejemplo, justifica el trabajo de los mineros por el hecho de que “se lleve a cabo en pequeños grupos y de que cada uno pueda determinar en gran medida la organización de su trabajo [lo que] hace aceptables las dificultades para cierto tipo de personalidad”. Una explica- ción semejante ofrece para quienes se ven obligados a trabajar en cadenas de montaje: “El hecho de que el trabajo propio de una cadena de producción proteja al trabajador de la interrupción por parte de otras personas y le deje en libertad para atender tranquilamente a sus pensamientos, acaso se ajuste a su persona- lidad concreta” (Hans J. EYSENCK, 1987, pág. 199).

Estamos, una vez más, ante una estrategia para tratar de explicar científica- mente los modos de funcionamiento de una sociedad y, al mismo tiempo, despla- zar la mirada para no poner en cuestión su funcionalidad y, sobre todo, su nivel de justicia. Algo que viene siendo una constante llevada a término con gran agresi- vidad y con una publicidad muy sesgada durante todo el sigloXX. Si damos crédi-

to a este tipo de razonamientos pseudocientíficos, cualquier opción política que intente llevar adelante modificaciones en las estructuras laborales de esa socie- dad tendría que ser considerada “contra natura” (Jurjo TORRESSANTOMÉ, 1981).

La naturaleza históricosocial del ser humano queda relegada a un segundo y secundario plano, pues pasan los determinantes biológicos a ser los motores de la historia. Las explicaciones de lo que acontece en nuestras sociedades tendrían que buscarse principalmente en la biología y psicología.

La biologización y/o psicologización de los problemas sociales se convierte así en una estratagema para legitimar las opciones políticas hegemónicas y con- vertirlas en las únicas verdaderas y posibles.

Obviamente, la institución escolar no va a escaparse de esta moda, de ahí los intentos de explicar el fracaso escolar y la presencia de determinados estudiantes en las aulas, especialmente a medida que avanzamos en las diferentes etapas del sistema educativo, buscando el aval de la inteligencia heredada. Algo a lo que tam- bién recurren Hans J. EYSENCKy Leon KAMIN, quienes llegan a declarar que “los

niños nacidos de padres de clase media tienen CI más altos, en general, que los nacidos de padres de la clase trabajadora, a pesar de la regresión; y si las pla- zas universitarias son distribuidas sobre la base de las promesas intelectuales de los estudiantes, se sigue, necesariamente, que debe existir una mayor proporción de niños de la clase media que de la clase trabajadora que asistan a la univer- sidad” (Hans J. EYSENCKy Leon KAMIN, 1986, pág. 122).

Un razonamiento similar, fruto de este tipo de convicciones, es el que expre- sa el Presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, ante la denuncia que se había hecho pública a través de la prensa de unas oposiciones para el cuerpo de funcionarios de la Diputación Provincial de Ourense; plazas que fueron otorgadas a hijos de altos cargos del Partido Popular, entre ellos al del Presiden- te de la Diputación de Lugo y a los hijos de varios alcaldes pertenecientes al Par- tido Popular de diferentes municipios. La explicación de Manuel Fraga fue con- tundente: es cuestión de linaje y de genética; “los hijos de padres preparados y prominentes salen con más posibilidades” (El País, 9 de Marzo de 1998).

Una proclama biologicista muy semejante aparece también en el libro La

libertad de elección en educación (1995) de Francisco LÓPEZ RUPÉREZ; en él

podemos leer argumentaciones como la siguiente: “Sin entrar a discutir el detalle de su proporción, los factores de naturaleza genética constituyen la primera, en el tiempo, de las causas de la diversidad ante el rendimiento escolar y, por exten- sión, ante el hecho educativo”, pero, a continuación declara: “... No ha podido aportarse hasta el momento una refutación decisiva a la tesis de la existencia de una cierta dependencia biológica del talento” (pág. 175). El autor asume que tie- ne certezas, pero no le importa si están o no confirmadas por el desarrollo de la ciencia actual. Un razonamiento similar está detrás de las concepciones racistas y clasistas de quienes vienen tratando de buscar evidencias empíricas de peso a lo que no son sino actos de discriminación e injusticia.

La obsesión de esta modalidad de psicología conservadora sería la de tratar de demostrar que la actual estratificación de la sociedad, el éxito socioeconómi- co, al igual que las patologías sociales, son consecuencia de la dotación genéti- ca intelectual, eximiendo a cualquier estructura social de responsabilidades. En consecuencia, todo intento de tratar de compensar desigualdades estaría aboca- do al fracaso, pues no podríamos ir contra natura.

Otro alegato clasista y especialmente racista de enorme impacto en la déca- da de los noventa fue la publicación de The Bell Curve. Intelligence and Class

Structure in American Life (1994), un libro escrito por Richard J. HERRNSTEIN y

Charles MURRAY. Este último autor, Charles MURRAY, era un ideólogo conservador

integrado en The American Enterprise Institute, y un “gurú de la Administración Reagan en materia de welfare” (Loïc WACQUANT, 1999, pág. 14) y que antes ya se

había hecho famoso por la edición en 1984 de Losing Ground: American Social

Policy, 1950-1980, uno de los libros con el que los republicanos liderados por

Ronald Reagan justificaron la destrucción del Estado del Bienestari1. Richard J.

HERRNSTEIN, como antes dijimos, fue profesor de psicología en la Universidad de

Harvard hasta su muerte en septiembre de 1994, momento en el que esta obra llega a las librerías. Este libro que firman a la par llegó a ser un best seller; en muy poco tiempo llegaron a venderse 500.000 ejemplares. La tesis central que pre- tenden demostrar es que hay diferencias genéticas mensurables en los niveles de inteligencia de las diferentes razas. Con lo cual tratarían de justificar que en los Estados Unidos, pero es algo que sería extensible a cualquier otro país, no exis- te discriminación por el hecho de que los principales puestos de trabajo estén desempeñados por personas blancas anglófonas. Estamos ante un intento más de demostrar que el racismo es una invención de la izquierda, ya que la actual estructuración de la sociedad no es más que el fruto de la herencia genética de las personas que la componen, no una consecuencia de los modos de los que nos dotamos para organizar las distintas sociedades.

n

1nSegún Loïc WACQUANT(1999, pág. 15), el Manhattan Institute le ofreció treinta mil dólares por

escribir Losing Ground, luego esta institución llegó a organizar en Nueva York un gran simposio sobre esa obra, convidando a periodistas y especialistas en políticas públicas y ciencias sociales, con unos honorarios extremadamente generosos. Charles MURRAYfue paseado por todos los programas de televisión de mayor audiencia, tratando de convencer de sus ideas al pueblo americano. Una vez más vemos el enorme poder de los medios de comunicación para convertir en pensables determinados contenidos culturales y no otros.

Richard J. HERRNSTEIN y Charles MURRAY tienen muy claro que “el cociente

intelectual es heredable. El estado del conocimiento no permite una estimación precisa, pero después de medio siglo de trabajo, ahora contamos con centenares de estudios empíricos y teóricos, que posibilitan una conclusión certera: que el componente genético del cociente intelectual es improbable que sea más peque- ño del 40 por ciento o más alto del 80 por ciento... Pero para los propósitos de esta obra, nosotros adoptaremos una estimación del 60 por ciento de heredabili- dad” (Ibídem, pág. 105).

Una de las pruebas que aducen es que, cuando las personas viven en ambientes normales, los niños y niñas acaban siendo muy parecidos a sus pro- genitores, las familias se parecen entre sí en cuanto a sus niveles de inteligencia. La primera de las cuatro partes en que está estructurado el libro, tiene ya un título significativo, “la emergencia de una élite cognitiva”, en la que se aventuran a diagnosticar que las personas venían siendo clasificadas atendiendo a la clase social a la que pertenecían, pero ahora podemos pronosticar que “el mundo del sigloXXIse caracterizará porque las habilidades cognitivas serán la fuerza diviso-

ria decisiva” (Richard J. HERRSTEINy Charles MURRAY, 1994, pág. 25).

Asumiendo que cada vez más estudiantes acceden a los beneficios de la educación, es preciso reconocer, dicen ellos, que su selección se hará de una for- ma más eficaz si lo hacemos atendiendo a sus habilidades cognitivas (Ibídem, pág. 33). Un criterio semejante es el que defienden para la selección de personal en las empresas. Después de revisar la literatura científica disponible sobre la relación entre medidas de inteligencia y productividad en el trabajo, constatan que se puede concluir que hay una correlación muy alta. Dado que el éxito en el mercado laboral es consecuencia de un alto cociente intelectual (Ibídem, pág. 72), lo lógico es asumir que la empresa se dedique a escoger a trabajadores y traba- jadoras atendiendo a la posesión o no de altos cocientes intelectuales.

La capacidad intelectual de las personas tendría también mucho que decir en cuanto a las probabilidades de llegar o no a vivir en situaciones de pobreza. Quie- nes tienen un cociente intelectual más bajo presentan comparativamente un alto riesgo de llegar a pobres. “Si un niño blanco de la próxima generación pudiese realizar una elección entre vivir en una situación de desventaja en su estatus socioeconómico o en sus niveles de inteligencia, no hay duda de cuál sería la opción correcta que elegiría” (Ibídem, pág. 135). Obviamente, esto significa que las situaciones de pobreza existentes en nuestra sociedad, no serían otra cosa que el resultado lógico del comportamiento de personas que han nacido con un bajo nivel de inteligencia.

Esta medida de la inteligencia sería también la que sirve para explicar el por- qué de la delincuencia y el crimen. Personas de un bajo nivel de inteligencia son las que, según las estadísticas, aparecen detrás de las situaciones delictivas. El hecho de que la criminalidad tienda a concentrarse en barrios concretos, normal- mente en las zonas con menos servicios y más degradadas de las ciudades, no sería sino la consecuencia de que allí tienen su domicilio las personas con más bajo cociente intelectual.

Pero, según ambos autores, el problema para los distintos países se agrava, en la medida en que los fenómenos de inmigración están favoreciendo que nue- vas personas pobres, o sea con bajo nivel intelectual, lleguen, se instalen y con- tribuyan a la degeneración de esos países. En Estados Unidos, por ejemplo, los

inmigrantes de la actualidad ya no son aquellos de antaño, “valientes, capaces de trabajar duro, imaginativos, capaces de hacerse a sí mismos, y con un alto cociente intelectual” (Ibídem, pág. 341), ahora pertenecen a las clases más bajas en sus países de origen y van a contribuir a degradar aquellos lugares a los que emigran.

Asimismo, Richard J. HERRNSTEINy Charles MURRAYsostienen que el cocien-

te intelectual de la población negra es, por término medio, 15 puntos inferior al de la blanca. Algo que demostrarían los resultados de la aplicación de un sinnúmero de baterías de tests destinadas a medir la inteligencia. Pero lo que, éste y otros estudios semejantes no toman en consideración son las condiciones de vida de estas personas de raza negra que puntúan tan bajo; cómo les afecta el hecho de vivir en barriadas degradadas, en hogares sin unas mínimas condiciones de habitabilidad y salubridad, en el seno de familias en situaciones de pobreza, asis- tiendo a colegios que no reúnen unas mínimas condiciones para ofertar una edu- cación de calidad, viéndose objeto de toda clase de expectativas negativas, cacheados continuamente por la policía, repudiados por los integrantes de aque- lla población que se considera “digna”, etc.

De la misma manera, tampoco se les ocurre someter a investigación la utili- dad y rigor de los tests que están usando y que numerosos estudios critican con argumentos convincentes (Alan GARTNER, Colin GREER y Frank RIESSMAN,

Comps., 1999; Stephen Jay GOULD, 1997; Michel TORT, 1977).

Es preciso tener en cuenta que su estudio se realiza, como ellos ponen de manifiesto, después de bastantes años en los que se vienen aplicando medidas de discriminación positiva. Cuando un Estado se compromete con políticas de justicia social semejantes se ve obligado a recaudar impuestos para hacer frente a tales compromisos. Con demasiada frecuencia este incremento de impuestos es fuertemente criticado por los grupos conservadores, que en nuestras socieda- des son, asimismo, los que están ocupando puestos de trabajo mejor remunera- dos. A partir de la aparición del libro de Richard J. HERRSTEINy Charles MURRAYel

partido republicano empezó una agresiva campaña para tratar de frenar los pro- gramas de ayuda a los colectivos sociales más desfavorecidos. El argumento era claro, la sociedad no tiene ninguna responsabilidad en la falta de oportunidades o en el fracaso social y escolar de quienes lo sufren. Sería posible, por tanto, pro- mover una campaña para reducir impuestos. A las pocas semanas de la aparición de esta obra, el partido republicano consiguió que el Congreso de los Estados Unidos aprobase medidas de recorte en las partidas presupuestarias destinadas a las madres sin recursos, así como en las de numerosos programas sanitarios y de ayuda en alimentación a personas en situación de pobreza.

Obviamente, un alegato racista y clasista como éste, tratando de pasar sus afirmaciones y pronósticos como resultados de investigaciones científicas riguro- sas, es una poderosa arma en manos de los grupos conservadores, cuando gozan de cierta hegemonía.

Pero la producción de este tipo de literatura pseudocientífica tuvo otro punto álgido también en la década pasada con la obra de Peter BRIMELOW, el autor de

uno de los alegatos racistas más publicitados en las últimas décadas: Alien

Nation. Common Sense About America’s Immigration Disaster (1996). Este autor

es, además, el editor de la revista “patriótica” en internet VDARE, (http://www.vda- re.com) y el Presidente del Center for American Unity (http://www.cfau.org), una

organización que tiene entre sus objetivos principales preservar la unidad de los Estados Unidos de Norteamérica recurriendo para ello al reforzamiento de la len- gua inglesa como único idioma oficial.

Merece la pena subrayar que el nombre de la revista electrónica VDARE, obe- dece a su fascinación por la historia de Virginia Dare, quien según la tradición es la primera persona inglesa que nace en el Nuevo Mundo, en agosto de 1587, en la costa del norte de Carolina, lo que para Peter BRIMELOWes una buena prue-

ba del brío de aquellos colonizadores que se atrevieron a viajar con una mujer embarazada; algo que él considera como el equivalente a una expedición lunar de las de nuestro tiempo.

El autor, hijo de una familia británica, pero que en la actualidad vive en los Estados Unidos, considera que esa “nación-estado” debe ser “una especie de familia extensa” (Peter BRIMELOW, 1996, pág. XXI), pero que los procesos de inmi-

gración a los que se ve sometida tienen el enorme riesgo de convertirla en una especie de “nación extranjera o de alienígenas”, en el sentido de que los ciuda- danos norteamericanos se verán unos a otros como extranjeros y, por tanto, sur- girán muchísimas dificultades para convivir y ser gobernados.

En realidad, el libro Alien Nation toma su nombre de una serie de televisión, “Nación Alienígena”, donde un ser muy extraño, pero familiar, llega a la tierra y, a partir de ahí, se dedica a causar problemas de todo tipo, desde dejar a las perso- nas en situación de pobreza hasta cometer asesinatos. La tesis de esta obra se centra en que puede explicarse el porqué de la degradación de la sociedad nor- teamericana, en la que el crimen y la delincuencia no cesan de aumentar, a la par que muchos ciudadanos y ciudadanas “nativos” pierden sus puestos de trabajo, por la llegada de inmigrantes.

El autor insiste en que las actuales oleadas de inmigrantes son la principal amenaza a la integridad social y cultural de los Estados Unidos, por lo que pro- pone su deportación y poner fin a la entrada de nuevos contingentes. Olvida, sin embargo, que la historia y conformación de ese pueblo no puede explicarse sin la inmigración.

Peter BRIMELOWcritica a la población inmigrante de traer sus propias creen- cias y valores, lo que dificulta que puedan llegar a asimilar la cultura norteameri- cana. Cae, no obstante, en contradicciones flagrantes, porque al mismo tiempo se queja de la existencia de un reducido número de inmigrantes europeos, lo que, de ser mayor, podría ayudar a mantener el actual equilibrio.

En realidad, para este autor, el problema es la población inmigrante no cau- cásica; le preocupa cómo “la población asiática está creciendo en la bahía de California —representan el 29,1 por cien del Condado de San Francisco— y en la megalópolis de Los Ángeles. ... La población negra se está concentrando en grandes ciudades como Washington, Atlanta y Dallas, donde hay una fuerte cla- se media negra ... Los hispanos ocupan un gran arco desde el valle Central de California hasta Texas. Todas las razas se están moviendo a Florida” (Peter BRI- MELOW, 1996, pág. 69). Análisis en esta línea le llevan a predecir que, si las cosas

siguen como hasta ahora, en el año 2050 esta población pasará a ser mayorita- ria, con lo cual predice que los ideales y valores norteamericanos desaparecerán. O lo que es lo mismo, que el crimen, la delincuencia y la degradación se exten- derán ampliamente a lo largo de todo el territorio. Algo a lo que llega después de recurrir a estadísticas nada rigurosamente analizadas en las que trata de argu-

mentar que, dado que las cárceles están ocupadas mayoritariamente por perso- nas de raza negra e hispana, y que los delitos más horrorosos son realizados por este tipo de personas, eso quiere decir que en sus genes llevan la semilla de la degradación; semilla que extienden peligrosamente debido a que, además, sus tasas de natalidad son mucho más altas que las de la población blanca anglófona.

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