Hay varias repercusiones útiles procedentes de la «nueva física» y del «paradigma holográfico», incluso si se llega a la conclusión, como creo que debe llegarse, de que este último no constituye nada que se parezca a un paradigma global o ni
11 No cuestiono el hecho de que la percepción y la memoria se den tal ramo sugiere esta hipótesis. No cuestiono en absoluto la hipótesis por esta razón. Cuestiono que, además de eso, la hipótesis tenga algo que ver con las realidades trascendentes. Mi conclusión provisional y personal es la de que sólo parece tener algo que ver con la trascendencia por liis particularidades de las matemáticas y por una manipulación lingüística algo menos que precisa. Resulta bastante cuestionable el salto des- tic «cada memoria personal está distribuida por igual en cada célula del cerebro individual» a «por eso cada mente individual forma parte de un holograma transpersonal». El paradigma holográfico se describe como «uno en todo y todo en uno», donde «uno» significa «memoria-célula Individual» y «todo» significa «todas las células individuales del cerebro». De esta afirmación exacta se hace una rápida sustitución: «uno» viene a significar «un individuo» o «una persona» y «todo» viene a significar, no todas las células del cerebro personal, sino
siquiera adecuado. Pero entre los beneficios están los siguientes:
1. El interés de físicos importantes por la metafísica. Este interés ha tomado dos formas diferentes. Primero, la disposi- ción a postular órdenes inconmensurables e indetectables de la physis que yacen detrás o por debajo de la energía-masa explícita. Éste es el orden potencial-implicado cuántico de Bohm. Segunda, la disposición de los físicos a reconocer la necesidad de referencias en última instancia inclusivas a niveles superiores a la physis en sus explicaciones de la misma
physis. Como dice Wheeler: «ninguna teoría de la física que sólo trate de física explicará jamás la física» (citado por Sarfatti, 1974). Y Sarfatti: «Por eso son absolutamente vitales para la evolución de la física las afirmaciones metafísicas»
(1974), mientras que él mismo introduce la noción de «mente creadora de la materia». Pero aunque eso fuese verdad de la manera que propone Sarfatti, la filosofía perenne le recordaría añadir: «y entonces se necesita lo metamental para explicar la mente, lo que conduce a lo sutil; entonces se necesita lo metasutil para explicarlo, y así sucesivamente hasta que, como si se tratase de una curva asíntota que se aproxima al eje sin alcanzarlo hasta el infinito, se llega a la conciencia como tal».
2. La furia reduccionista de la ciencia mecanicista parece disminuir finalmente, y la física se abre, y por impacto de la autoridad también otros muchos campos, a sistemas abiertos de novedad y creatividad infinitas.
Esto se evidencia especialmente en la obra de I. Prigogine, cuya teoría de estructuras disipativas es tan hermosa como profunda. Estructuras disipativas son sencillamente una manera de permitir la evolución de estados superiores más organizados, a partir de estructuras menos complejas. Las estructuras disipativas no son en realidad explicaciones de la vida o de la mente, como se dice a veces, sino más bien descripciones de lo que ha de ocurrirle a la materia para que se desplieguen esferas superiores. Identificar la esencia de un nivel superior como una estructura disipativa es como decir
en que muestran claramente y permiten por completo modelos superiores de emergencia.
3. Todo el movimiento de la nueva física y el nuevo paradigma demuestra, al menos, que existe un interés profundo, serio y creciente por las preocupaciones perennes y las realidades trascendentales, incluso entre especialistas y campos que hace una década estaban totalmente despreocupados por estos asuntos. Aunque lo que se ha dicho sea prematuro, resulta extraordinario que se diga.
4. Libros como el Tao de la Física y La danza de los Maestros y publicaciones como el Brain-Mind Bulletin de Marilyn Fergu- son, presentan a un gran número de personas, no sólo la intriga de la ciencia y la física occidentales, sino también los aspectos de la sabiduría y del pensamiento orientales, y en formas que sencillamente habrían sido imposibles antes.
De ahí que al criticar ciertos aspectos del nuevo paradigma mi intención no consista en anticipar interés por más intentos. Apelo más bien a la precisión y claridad a la hora de presentar temas que, después de todo, son extraordinariamente comple- jos y que se resisten a su generalización. Y lo digo con cierto sentido de urgencia porque en nuestro comprensible celo por promulgar un nuevo paradigma que en cierto modo se toca con la física en un extremo y con el misticismo en otro, corremos el riesgo de alienar ambas partes, y a todo el que esté en medio.
Desde una punta del espectro: algunos investigadores de orientación mística o transpersonal como Tiller, Harman, W. I. Thompson, Eisenbud, han expresado su desilusión o rechazo total del nuevo paradigma.
Desde el otro extremo: muchos físicos están ya furiosos por el uso «místico» a que se ha sometido la física de partículas. El físico de partículas Jeremy Bernstein lanzó hace poco un ataque frontal contra esos intentos, calificándolos de «superficiales y profundamente engañosos» (1978). Y una autoridad como la de John Wheeler, cuyo nombre se cita siempre en el «nuevo paradigma» y que, en cierto modo, le enfurece, publicó hace poco dos cartas mordaces en las que,