8. Conclusions
8.2 A Recent Test for our Conclusions
“Dar cuenta” de una investigación es develar lo que se oculta tras la cortina de las metodologías estandarizadas, narrar “la cocina” de la investigación. Tradicionalmente las investigaciones científicas son contadas como un “cuento de hadas”, lineal y con final feliz. Difícilmente se habla de los golpes de timón que nos vemos obligados a dar mientras definimos hipótesis, objetivos y hasta tema de investigación ¡en el trayecto mismo del trabajo de campo! Lo más cercano a una metodología de las prácticas científicas sobre el terreno sería una habitación en penumbra mientras uno avanza a tientas, reconociendo acá un mueble, allá una luz, “más acá” una sombra.
La tradición cualitativa habla, desde el manual, de como la investigación se va construyendo de ida y vuelta: los objetivos orientan el trabajo de campo y este a su vez transforma a los primeros con nuevos hallazgos. En un principio los tianguis los tenía pensados como el espacio donde llevar a cabo mi investigación, no como el objetivo de investigación. Parece una sutileza sin sentido, pero no lo es. Esta investigación nace con el objetivo de hacer “la biografía táctica de los objetos populares de uso cotidiano” y establezco el tianguis como un sitio idóneo de punto de partida.
Conforme avanzo en el trabajo de campo el foco se va redirigiendo de los objetos que salen del tianguis a “el tianguis en sí mismo”. Esto no de forma
caprichosa sino por razones muy específicas. En un principio, siguiendo a De Certeau, creo que los objetos se van transformando debido a los usos cotidianos que hacen de ellos la gente común. Si el objeto estaba pensado para algo las personas llevan a cabo transformaciones sutiles que subvierten su programa original. El consumo no es un acto pasivo. ¿Pero que pasa cuando el espacio de consumo en si ya es producto de una subversión? Esto no lo tiene en cuenta De Certeau por que para él, los espacios de consumo son, “lugares del otro”, mercantilistas, y por tanto es en ellos donde las tácticas del consumidor popular operan, para transformar. Reusar, piratear, hacer bricolage o sincretismos son formas clásicas de la táctica que opera sobre los lugares del otro, aquellos que nos son impuestos.
En sí mismo, el tianguis es ya un “objeto” que subvierte la lógica de una ciudad como Guadalajara. El tianguis ya es indisciplina. Por lo tanto, las prácticas populares que ahí ocurren no son una contradisciplina anti-tianguística como si lo son algunas de las prácticas indisciplinarias que tienen lugar en los negocios establecidos. El lugar del otro que intenta imponer la norma es la ciudad en tanto sistema urbano de coerción y privatización del espacio público. El tianguis, en este sentido, más que lugar, es práctica que opera sobre el espacio urbano.
El tianguis implica un aprovechamiento del momento para instaurar operaciones populares sobre el espacio, cuando las circunstancias están dadas, el tianguis surge. Táctica de calle. Pero mientras dura el acontecimiento-tianguis éste se encuentra “establecido”, es decir, delimitado, en ese sentido es un lugar, pero un lugar efímero (El tianguis solo existe durante unas horas, luego se va: así como las normas del habla se establecen durante el intercambio de enunciados, no antes). Su existencia como lugar es más parecida a un performance que a una catedral. Son estas las sutilezas que me atraen del tianguis y por lo tanto, lo que antes era mera escenografía donde yo podría describir mi teatro de los objetos, en realidad se vuelve el centro de atención. Los actores se funden con la escenografía, formando un todo complejo que es mi objeto de estudio.
Los objetivos de este trabajo no van por la línea de arrojar datos cuantitativamente relevantes sino que busco lo cualitativamente enriquecedor. No me interesa, en ningún momento “hablar por los tianguis”, refugiado en la sospechosa “claridad” de las cifras porcentuales y las medias aritméticas. De la misma manera, la muestra de espacios, usuarios y tiangueros no cumple con criterios de representatividad, sino que cada acontecimiento presentado es importante por lo que en sí mismo revela acerca de la experiencia de tomar la calle y generar redes de sociabilidad y supervivencia. Sin embargo, algunos datos “duros” pueden ayudar a poner en contexto la situación de los tianguis en la Zona Metropolitana de Guadalajara.
El Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) sistematiza los datos cuantitativos más veraces acerca de la cantidad y localización de los tianguis en todo el país. Así, en los Estados Unidos Mexicanos se contabilizan 5,726 tianguis, siendo los Estados de mayor presencia tianguera, y en este orden: el Distrito Federal (Ciudad de México) con 1,415 tianguis, el Estado de México con 1,237, Baja California con 875 y Jalisco con 434. Haciendo un esbozo de explicación de estas cifras se puede decir que en el caso del D.F. y el Estado de México, la gran presencia de tianguis se explica fácilmente ya que se trata de la mayor zona urbanizada y a su vez la más densamente poblada del país.
En el caso de Baja California, el gran número de tianguis se debe al “efecto Tijuana”: el hecho de constituir la frontera “más transitada del mundo” hace que el trasiego mercantil entre México y Estados Unidos se realicé de forma descomunal por lo que las calles de las ciudades fronterizas de Baja California son “tiangui-formes”. Por último, el caso que nos ocupa: Jalisco, es el más difícil de explicar, quizás se pueda decir que la causa radica en que Guadalajara, la capital del estado, es la segunda ciudad del país, pero esto no dice mucho, ya que Monterrey, como tercera ciudad, no se encuentra muy lejos en número de habitantes y en cuanto a tianguis figura modestamente en las estadísticas.
Datos actualizados al 2009. Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática
La razón de la relevancia tianguera de Guadalajara a nivel nacional quizás radique en lo que apuntaba en el primer capítulo respecto a la historia de la ciudad, la antigua capital de la Nueva Galicia, a falta de materias primas encontró su identidad económica en el comercio, actividad que se transformó en vocacional hasta cierto punto de una forma artificial, ya que Guadalajara no tiene puerto, ni se encuentra especialmente localizada en zona de trasiego “natural” de mercancías. Guadalajara se autoconstituyó como núcleo del intercambio comercial entre el centro y norte del país.
Datos actualizados al 2009. Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática
En el caso de Jalisco, de sus 434 tianguis registrados para el año 2009, la enorme mayoría se instalan en la Zona Metropolitana de Guadalajara, distribuidos de la siguiente manera: 59 tianguis en el municipio de Tonalá, 47 en Tlaquepaque, 75 en Zapopan y 165 en Guadalajara; pero si a estos les sumamos los tianguis de los municipios recién incorporados a la mancha urbana tendríamos que agregar los 50 tianguis de Tlajomulco y los 26 del Salto, para hacer un total de 422 tianguis de los 434 que se instalan en todo el
Estado. El tianguis, a pesar de sus connotaciones prehispánicas que a algunos les pudiera remitir a lo bucólico-rural, en realidad se trata de un fenómeno en expansión contemporánea, producto de la urbe y sus contradicciones estructurales.
Así como la mayoría de los tianguis jaliscienses se ubican en la ZMG, gran parte de ellos a su vez se instalan en el municipio de Guadalajara, de hecho casi la mitad del total; y entre esta multitud destacan algunos, considerados los más grandes y de más larga leyenda en el estado y en algunos casos, del país. La cifra de mercadillos en Guadalajara no para de crecer y quizás no lo haría en mucho tiempo si no fuese por que se trata del municipio de menor crecimiento poblacional ya que se encuentra prácticamente “acorralado” por los otros municipios en crecimiento de la gran mancha urbana.
A partir de 1994 se da “el gran salto” en el número de tianguis tapatíos, mientras que a partir del 2003, año en que el INEGI vuelve a dar información al respecto, ésta cifra parece estabilizarse entre los 164 y los 166 tianguis que se mantienen hasta la fecha.30
El número de tianguis en Guadalajara (municipio) da un salto enorme en la información proporcionada por el INEGI debido a que no aparecen estadísticas sobre los tianguis a partir del año 1995 hasta el 2002, así, se pasa de 103
tianguis en 1994 a 166 para el año 200331, incluso, parece que ese año solo el
municipio de Guadalajara le proporcionó información sobre tianguis al INEGI, ya que en el 2003 se contabilizan 166 tianguis en el municipio tapatío y en todo Jalisco. Como sea, existe un salto importante en el número de tianguis en esta ciudad en menos de una década, lo cual tampoco sería extraño si consideramos que 1994 es el año que da inicio una de los peores crisis económicas en el país y no es misterio que ante estas dramáticas coyunturas siempre florecen las tácticas populares de supervivencia.
En la web “tapatíos.com” que es un portal donde buscar temas de interés acerca de la ciudad de Guadalajara existe un apartado acerca de los tianguis32, éste no es especialmente interesante por el listado de tianguis que asciende a tan solo 20 pero llama la atención por las categorías que utilizan para clasificarlos, la mayoría, poco oportuna: “típicos”, “culturales”, “comerciales”, “arte hippie”, “artesanías”, “tradicional” y “ropa”. La verdad es que no tiene sentido clasificar un tianguis por que vende “ropa” y a su vez diferenciarlo de otro tipo que serían los “comerciales”, mientras los tianguis “típicos” y los “tradicionales” aparecen diferenciados ¿como distinguir uno de otro?, ¿bajo que criterios?
Sin embargo, hay una intuición que aparece en esta página y en cierta medida en el imaginario tapatío, que es necesaria explorar: los tianguis hacen uso de un “estilo” y en cada uno de estos, se dan determinadas prácticas, se produce una determinada cultura en cada uno de ellos, lo que conduce a experiencias particulares. Parece algo básico pero no siempre se marca la diferencia “estilística” de los tianguis, sobre todo en aquellos estudios que hacen uso del genérico, economicista y agreste enfoque del tianguis como “comercio informal” (Jaime, 2002; López, 1997; Ramos, 2003; W.I.E.G.O, 2001).
Una relativa excepción, dentro de los estudios de corte sociológico- economicista, es el caso de la investigación de Víctor E. Márquez, del
31 http://www.inegi.org.mx/
Departamento de Economía, Administración y Mercadología (DEAM) del ITESO de Guadalajara donde al menos se mencionan los aspectos culturales como relevantes para entender el tianguis mexicano. Desde el año de 1998 hasta el 2001 Márquez y su equipo que constó de “maestros y alumnos” de la carrera de marketing realizaron 189 entrevistas (no se dice de que tipo ni a quienes), se aplicaron 750 encuestas a la población en general así como 70 encuestas y 20 entrevistas a “comerciantes informales” en 11 tianguis de la ZMG (2001, p.03).
Una de las preguntas del cuestionario aplicado a usuarios de tianguis por parte de este estudio cuantitativo era “¿por qué razón compra usted en el tianguis?”, el 34% de los encuestados refirió que por “los precios bajos”, el 22% se siente atraído por “la variedad de productos”, pero un significativo 18% dijo que “era una de sus costumbres”. Esto y la “diversión”, “entretenimiento” así como la “socialización” a través del tianguis a la que hacían referencia los entrevistados llevó a este investigador a la conclusión de que “estos datos sugieren una explicación todavía más compleja al fenómeno del comercio informal” (Márquez, 2001, p.05). Esto que desde la psicología social es obvio para enfoques más economicistas aparece como toda una revelación:
En las entrevistas realizadas a consumidores y comerciantes informales se identificó que había un elemento de aprendizaje en ellos y que éste se había dado desde sus hogares, los primeros expresaron que sus visitas a los tianguis habían comenzado desde su niñez cuando acompañaban a sus familiares, y los segundos expresaron que recordaban los inicios del tianguis también por vivencias de su niñez, el puesto que atendían había pasado de una generación a otra y las referencias anteriores que tenían del tianguis les fueron comunicadas por sus antecesores [...] ¿Es el comercio informal también una herencia cultural y social? Todo lo anterior nos lleva a pensar que sí. (Márquez, 2001, p.05).
La descripción de las actividades que se dan en un tianguis, en tanto conglomerados culturales inscritos en el paisaje y la lógica urbana, se vuelven prácticas huecas de sentido simbólico cuando son explicadas bajo el austero enfoque económico de las teorías de “la informalidad” que describen a este tipo de prácticas como las propias de un “sector atrasado” realizadas por “pequeñas unidades de producción y distribución de bienes y servicios, situadas en las zonas urbanas de los países en desarrollo” en las que los productores participantes son “trabajadores por cuenta propia que a veces emplean a miembros de la familia” (Ramos, 2003). Reducir el tianguis a la fórmula del comercio informal distrae la mirada de las mil y una formas de hacer que se dan en este.
Así, los criterios de selección no pasan por consideraciones del tipo la cantidad de “unidades de distribución” – puestos – que hay en cada tianguis, ni por la cantidad de trabajadores en cada “unidad” o por la existencia de familiares como parte de la mano de obra subcontratada tal cual dicta la norma de “la informalidad”. Mis criterios para definir los tianguis a estudiar, antes que economicistas serán “socio-estéticos”. Parto de la experiencia de que los tianguis tienen, si se me permite la metáfora vaporosa, una cierta “atmósfera” que los distingue, o si se prefiere un “ambiente”.
De esta manera, los tianguis a investigar son aquellos con “ambiente popular”, término que prefiero antes que hablar de lo “típico” o “tradicional”, palabras que remiten a cierta antropología que quisiera ver al tianguis como “un todo cultural” inamovible y con perenne referencia a los tianguis prehispánicos. Los tianguis son “populares”, en sus dos acepciones: son masivos, es decir, son conocidos y reconocidos por una mayoría; pero también son populares por que son del “pueblo”, es decir, a sus rincones acuden masas ingentes de aquellos sujetos “sin atributos”, los ciudadanos “comunes” que no tienen adjetivos especiales.
Sin duda, es difícil de conceptualizar eso de los tianguis con “ambiente popular”, pero lo intentaré de la manera que suele ser más efectiva: describiendo aquello que “no es” un tianguis popular. La característica más
importante es que un tianguis popular no se ha creado con criterios de “nichos de mercado” ya que en ellos uno encuentra, literalmente, “de todo”. Uno de los primeros tianguis que elegí no visitar en absoluto para ésta investigación fue el autodenominado “tianguis cultural”. Se trata de un tianguis con más de 15 años de historia bajo la iniciativa de jóvenes o bien adscritos a distintas “tribus urbanas” como “punks”, “skatos”, “ravers”, “metaleros”, “góticos”, o bien, miembros de movimientos políticos o asociaciones civiles como “los zapatistas”, comunistas, anarquistas o colectivos ecologistas.
El tianguis cultural de Guadalajara debe ser uno de los tianguis más estudiados por sociólogos y antropólogos locales debido a que su capacidad de movilidad política es “evidente”. También es un tianguis purista, donde se discute pasionalmente y se llega hasta los golpes por definir si es “mercantilizante” o no, introducir en el puestos de comida, o de frutas, como ocurriría en cualquier tianguis popular. En “el cultu”, como se le conoce, se pronuncian en contra de lo que denominan “mercantilización” y una de sus luchas ha sido pedirle al gobierno del estado el ser regulados por la Secretaría de Cultura del Estado y no por la sección de la Secretaria de Promoción Económica que se encarga de los tianguis, como lo hacen todos los demás.
El “cultural” podría explicarse como un tianguis que vende mercancías culturales bajo un sistema, que en cierta medida es “suntuario”, y por lo tanto basado en prohibiciones de venta a manera de los tabús en las economías suntuarias. Como una manera de reafirmar su identidad (sub) cultural la prohibición de la venta de alimentos “generalistas” como tacos o tortas, o de frutas y verduras tiene como objeto crear un espacio mercantil “aparte” y dirigido a un nicho. En mi opinión no es un tianguis que pueda ser definidio bajo la categoría de “lo popular”. Vender fanzines y no bienes de la canasta básica lo transforma en un espacio mercantil de excepción, pero que en todo caso contrasta con mi visión particular de “la mística tianguera” que a partir de lo teorizado por Bolívar Echeverría respecto al mestizaje cultural en America Latina estaría constituida como una práctica popular fundada en el barroquismo y la mezcla.
Otros tianguis con adjetivos serían por ejemplo, “los tianguis artesanales”, los cuales se ubican en la zona de producción artesanal más fuerte de la ZMG, y una de las más importantes del país, como son los municipios tradicionalmente alfareros e indígenas de Tonalá y Tlaquepaque. La mercancía que se vende en estos tianguis (artesanía) determina el tipo de “ambiente” del lugar, el cual es, por un lado hiper-turístico y por el otro, “cultural”, en el sentido de que hay un interés preservacionista por las culturas originarias y su trabajo artesanal. Sería un despropósito tener un puesto de mercancía china en uno de estos lugares. Al igual que el tianguis cultural, se intenta preservar cierta “esencia” del lugar. De fenómeno más reciente están también los tianguis de antigüedades, donde, ya lo dice su nombre, se consiguen piezas de arte, muebles o adornos originales de otros tiempos, a precios considerables y que son analizados por conossieurs. Uno de los más famosos es el tianguis de “Trocadero” ubicado en las chic, zona de Chapultepec. Aquí nunca sonará una cumbia o un reguetón a través de ruidosos altavoces de puestos de música pirata. Es otro estilo de tianguis. Y en mi opinión, cada vez que se le pone un adjetivo a un tianguis, este deja de ser un “tianguis del todo”.
Se puede ser relativista in extremis y afirmar, que así como estos tipos de tianguis tienen un estilo propio, el popular también tiene el suyo, ni mejor ni peor. Esta afirmación tiene toda la razón con la salvedad de que el tianguis popular, incluye estos tipos de tianguis y otros más, es decir, el tianguis popular es un tianguis “subcultural”, de “antigüedades” y de “artesanías” pero no toma en el tipo de mercancías que se venden, su definición. Se trata de un tianguis no especializado, y por su lógica, incluso se puede decir que es rabiosamente anti especializante. El tianguis popular, tiene que dejar entrar todo, por que en eso radica su razón de ser.
El barroquismo es el alma del tianguis y la diversidad en la procedencia de bienes así como el mestizaje de clases sociales, estilos y posturas de sus asistentes es una de sus consecuencias formales y “estilísticas”. El ambiente popular de un tianguis “común y corriente” radica en la mezcla y cuando el tianguis se especializa, mucho de ese mestizaje se pierde. Entonces, uno de