C. Reasonable Accommodation
3. A Second Chance
Incluimos dentro de esta categoría tanto los duelos retardados, como los latentes, distorsionados, crónicos y patológicos si bien éste se tratará más adelante.
El duelo retardado o enmascarado.
Es un fenómeno en que se experimentan sensaciones semejantes al duelo y que aparece algún tiempo después de la pérdida. Es considerado como una respuesta en ausencia de duelo. O Enmascarado con síntomas somáticos o conductuales. Como indica el nombre, el/la doliente no es consciente de que sus síntomas se deben a un duelo no resuelto. Aquí el /la profesional debe lle- gar a ver las causas de ese duelo no resuelto.
Es el caso de una joven que estaba trabajando en una capital de provincia y su padre fallece de forma imprevista tras una intervención que no tenía a priori mayores complicaciones pero que de forma sorpresiva derivó en una infec- ción fulminante. Dado que esta joven estaba trabajando en una empresa im- portante a la que había llegado hacía no mucho tiempo, la familia ocultó la operación pues no creía que tuviese importancia. Al complicarse, la familia le avisa pero cuando acude, el padre ya había fallecido. Cuando llega la joven a su casa se encuentra a todos los familiares sumidos en el dolor y el llanto por esa repentina pérdida, todos inmóviles y dolosos por lo cual comienza a ocuparse de los asuntos bancarios, documentos, etc. y se mantiene alejada de la casa en que se palpaba el dolor. Tras ser enterrado el padre, vuelve a su casa en la ciudad sintiéndose triste pero sin haber podido hablar con su madre ni herma- nos acerca de lo sucedido. Pasados unos años, tras un período en que estaba algo aislada, comenzó a experimentar algunas emociones como vacío, miedo
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irracional y tristeza sin causa aparente. Estas serían las emociones y la pena por la muerte de su padre que no pudieron expresarse y se elaboraron luego de forma retardada.
El duelo latente..
Duelo latente es aquel en que a pesar de todo, nada vuelve a ser como antes, no se recobra la mente “preduelo”11, aunque sí parece llegarse con el tiempo
a un duelo latente, más suave y menos doloroso, que se dispara en cualquier momento ante estímulos que recuerden la pérdida.
Es el caso de una mujer de 45 años, casada y con dos hijas, que tras la muerte de su madre y tras pasar por una serie de reacciones que se consideran nor- males como llanto, luto, pensar frecuentemente en ella, etc., ha conseguido volver a su vida normal, atender a sus hijas, ir a trabajar, etc. Pasados un par de años, la recuerda con cariño y cada aniversario se entristece un par de días en la típica reacción
de aniversario, ya descrita. En ocasiones, especialmente cuando tiene que re- gañar a alguna de sus hijas, recuerda las palabras de su madre y se echa a llorar. No puede evitar tenerla siempre presente cuando actúa como madre severa con sus hijas, recordando sus palabras y su actitud constantemente lo cual le sume en un sentimiento de pena profunda de manera reiterada.
El duelo distorsionado o exagerado.
En este tipo de duelo, las reacciones suelen presentarse de forma despropor- cionada. Existe una distorsión de la percepción en el doliente quien suele ser un individuo que ha tenido al menos un duelo previo no resuelto. Ese duelo anterior reaparece y es evocado por la nueva crisis, reforzándola. Cuantos más factores de riesgo de duelo complicado se sumen al duelo anterior no resuelto, mayor será la distorsión. Es lo que sucede con bastante frecuencia en perso- nas que ya han tenido una pérdida muy signifi cativa, por ejemplo la muerte de un padreo madre o de alguien muy allegado, que parece superada pero que frente a una nueva pérdida, por ejemplo de un tío o un amigo, reacciona de una forma desproporcionada, más intensa que lo que se esperaría, según el vínculo.
Una mujer de 46 años entra en un proceso de profunda tristeza y afl icción al enterarse que un compañero de trabajo ha sido diagnosticado con un cáncer de próstata. No podía dejar de pensar en ese compañero (con quien tenía un trato esporádico) y cuando lo hacía, los ojos se le llenaban de lágrimas. Duran-
11Olmedo, M.S., “El duelo y el pensamiento mágico”, Madrid, Editorial Máster Line,
te la convalecencia, lo llamaba casi a diario, preocupada por su estado. Cuan- do fue operado, le visitaba en la clínica como si se tratara de un hermano. Poco después, tras la mejoría de este compañero y tras comentarlo con una amiga profesional, cae en la cuenta que “había llorado más que cuando ope- raron de un cáncer de colon al hermano hacía unos 7 años”. Decía que enton- ces “se sentía tranquila” porque “sabía que no iba a tener un desenlace fatal”. Su necesidad de negar esa posibilidad frente a la enfermedad del hermano la llevó a no estar tan afectada como en este caso en que la menor implicación afectiva con el enfermo le permitió expresar el dolor, desproporcionadamen- te, de manera distorsionada, como si hubiese pedido prestada la energía que “restaba sin elaborar” del anterior duelo.
El duelo crónico.
Es el duelo que se arrastra durante años. El/la deudo queda absorbido/a por los recuerdos siendo incapaz de reincorporarse a una vida normal. Este tipo de elaboración se caracteriza por síntomas y reacciones de afl icción similares a las de las primeras fases del duelo, éstas no han cambiado a pesar del paso del tiempo. Cambia el carácter y la persona permanece en un profundo do- lor como estilo de vida. Estas reacciones son frecuentes en mujeres mayores que enviudan habiendo sido muy dependientes de la persona desaparecida y manteniéndose esta relación de dependencia aún tras la muerte, imposibili- tándose la resolución. En algunos casos, el superviviente prefi ere mantener la dependencia sea de quien sea, en lugar de poder ser autónomo y controlar su vida.
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3.3.1. El duelo patológico o psiquiátrico. Terapia en el duelo.
Muchas personas no consiguen adaptar dentro de sí la nueva situación ni acomo- darse frente a la pérdida o asumir el cambio generado, pudiendo caer en un duelo patológico de tipo psiquiátrico. Este tipo de duelo no tiene un tiempo previsto para su resolución sobrepasando los 18 meses de duración como es habitual en un duelo no patológico. La persona no puede superar la pérdida, no puede establecer rela- ciones sustitutivas.
No se pueden prever las consecuencias ni las secuelas, en ocasiones se llega a un cuadro denominado “duelo psiquiátrico”. El duelo psiquiátrico es más intenso en relación directa con una personalidad alterada previa añadiéndole los factores pro- pios del duelo.
El tratamiento de este duelo es distinto a los otros. La meta del asesoramiento es facilitar la consecución de las tareas o fases del duelo, en la terapia de duelos patológicos el objetivo es identifi car y resolver los confl ictos de separación que im- posibiliten la realización de las tareas para su superación.
Se debe realizar terapia en duelo en situaciones que se encuentran dentro de estar tres categorías:
Vemos que el duelo complicado se manifi esta como duelo prolongado.
Observamos que la persona manifi esta algún síntoma somático o conductual
enmascarado.
El duelo se manifi esta con una reacción exagerada del dolor.