Academic Honesty Statement
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Corría una tarde de calor del mes de noviembre de 1981, y durmiendo la clásica siesta, mi hija María José con sus mascotas conversaba con su amigo Martín en la puerta de mi casa, cuando me avisa que el General Sr Boehme (así lo llamaba y en consecuencia, el reto que di a mi hijo mayor Francisco) que quería hablar conmigo.
visita, generalmente avisaba antes de su llegada, sea por teléfono o por encuentro en el centro de la ciudad. Sabía bien, que no le gustaba entrar en las casas de sus amigos, por un lado estaba bien, ya que en la mía y a esa hora de la tarde, 4 hijos, más los amigos, seguramente estarían jugando o haciendo tareas escolares.
Subí a su camioneta blanca Ford F-100, estaba cabizbajo, meditabundo, apenas me saludó. Dejó para mí las preguntas de ocasión sobre su inesperada visita. No era el clásico Boehme ese día de noviembre, muy serio me dijo que venía a despedirse del hermano Masón y del
amigo Sánchez.
Con tono de alegría, respondí que bueno era realizar un viaje. Con su tono serio me respondió que ese viaje seria para “la transición al eterno oriente” (termino Masón, con referencia a la muerte). Confieso que me asusté al escuchar lo dicho por él, y más cuando abrió la gaveta, mostrando su arma LUGER, envuelta en una gamuza color amarilla. Fueron varios minutos de silencio, hasta que lo rompí diciendo en un tono crítico. “La orden masónica”, no lo aconseja como salida a una crisis, sabe bien cuáles son las consecuencias de aquel que comete un suicidio. A esta edad, decidir hacer un acto de cobardía, no está a mi alcance de entender. Y por
último le diré, que no creo una mierda de que lo vaya a realizar.”
Entré un poco en la clásica retórica de justificar la vida, haciendo una pequeña reseña de su vida. Comencé diciéndole, que quien pretende suicidarse, no lo hace público, y usted lo está haciendo. Un militar de carrera que participó del mayor conflicto armado del siglo XX, Usted es aquel que secuestró al teniente de la SS que mató a su hijo aun en el vientre de su esposa, es aquel que
enfrentó muchas peripecias para salir de la Europa destruida, es el mismo que participó de forma secundaria del atentado a Hitler llamado Operación Valquiria, será el mismo Beohme que en sus historias me contó de las
organizaciones alemanas de las que formó parte, etc. etc. Terminé mi
discurso anti suicidio, diciendo la frase salvadora. “Es el mismo Boehme, que quiere suicidarse, el que tiene una hija en Berlín Oriental, (de un noviazgo con una enfermera alemana durante la
guerra) que la conoce, sólo por fotos, que la pobre, no recibirá nada de su herencia. Discúlpeme pero la verdad le digo ‘me cago en usted alemán de
mierda.’” (ver comienzo de sus relatos). Ya a punto de bajar de la pickup, me pide disculpas por incomodarme, y comienza a llorar, (se comenta que es difícil ver llorar a un hombre) fue la segunda vez que lo vi en esa situación. La primera fue a la semana de la muerte
de su esposa, oportunidad que lo acompañé al cementerio, retirándome unos pasos para dejarlo solo por unos minutos. Y era la segunda vez que
escuchaba de él, la palabra DISCULPA. Lo abracé, y varias veces repitió la palabra disculpe, ya calmo, me
respondió, —es por eso que vine hasta su casa, sabía yo que el hermano
Sánchez, encontraría una salida a mi puta depresión de viejo solitario.
Respondí, siempre en tono serio, —está solo porque es cobarde, teniendo una familia que no acepta, entonces sólo le queda joderse.
—Sabe el amigo Sánchez, que mi esposa sabía todo lo referente a Felicia, pero juré hasta en su lecho de muerte que
después de su transición no formaría un nuevo hogar, me debo mucho a esa esposa alemana, que sufrió mucho por mi culpa. Las promesas son para cumplirlas.
Respeté su decisión, tenía que volver al tema de Alemania, ahí me surge una nueva Idea y le dije: —Boehme, ¿por qué no va a rescatar a su hija alemana, hace la última operación comando de su vida, haciendo un acto de amor?
Por fin, una sonrisa surgió de sus labios, pensé que no sólo la batalla sino la guerra había ganado, ¿por qué no hace un plan de cómo rescatar a esa infeliz, sabe bien que esta vez, podrá realizar el plan solo, prepararlo y ser el
venga de querer ser el ejecutor.
Me habló de que no sería difícil, y que valía la pena el plan dado por su amigo Sánchez.
Continuó hablando de hacer un viaje para despedirse de sus colaboradores durante la Guerra, aquellos que no optaron de venir a la Argentina, ellos serían de ayuda a su plan.
Ya habían transcurrido más de 3 horas de conversaciones, quedamos en
encontrarnos a la mañana siguiente en la confiteríadel Hotel Austral, (lugar de encuentro para tratar temas de
fruticultura y masonería) donde continuaríamos el tema.
Antes de bajar de la vieja Ford F-100, tomé la pistola Luger y me despedí. El
período de ciclotímico, o de maniaco depresivo, había desaparecido, también encontró un nuevo motivo para su vida, y esta aventura le cambio su espíritu de suicida. Antes de bajarme le dije —Con referencia a su Luger se la devuelvo en su cajón de difunto, así como los
egipcios tendrá un camino seguro para los quintos de los infiernos.
Fue al día siguiente, que sentados en una mesa del bar del Hotel Austral, como siempre, el que llegara primero
formalizaría el pedido a la moza. Era cuestión de sentarme y que mi Coca
Cola y mis dos medias lunas
aparecieran en la mesa, junto con la clásica sonrisa de Norma la moza del turno mañana. Boehme fue rápido, no
esperó que la segunda media luna fuera masticada por mí, me comentó que pasó la noche despierto, haciendo un plano del recorrido que pensaba hacer, sacó de su portafolio oficial (que usaba en su día a día) varios papeles oficios, en el primero constaba los destinos a los países que visitaría. Comenzaría con Sud África, donde visitaría un sargento de su Batallón, luego pasaría por
Colombia donde vive un amigo, iría a Nueva York, donde solucionaría los trámites bancarios y desde allí seguiría rumbo a Alemania. La vuelta seria vía Suiza, Francia y Argentina. —Vamos entonces a sacar los pasajes—dije. Respondiendo con un NO rotundo, me aclaró que sólo pediría de aquí hasta
Buenos Aires, y agregó —porque no quiero ser tema de comentarios a que voy a tal lugar o tal otro. Respeté su condición y me ofrecí para llevarlo hasta el aeropuerto de Neuquén. Ya en sus relatos me comenta que era titular de varios pasaportes, uno
Alemán, y otros más, argentino, chileno y boliviano ¿con cuál viajaría esta vez? –me pregunté.
En el viaje hasta Neuquén me agradeció una vez más, los favores que le di. Nunca pensó que yo sería su soporte en la vejez. Me comentó que éste sería su último viaje internacional de esta
encarnación, que estaba muy feliz con la Idea que le había dado sobre la pobre hija que vivía en el lado oriental de
Berlín. Ahora era tarde pero igual así, el iría a rescatarla.
Fueron dos meses, no sentí su falta, hasta que el Sr, Albrech Alvaro Boehme regresó sano y salvo de su última
operación comando, en tierras alemanas. Había sido un éxito no tanto como
operación comando pero si como operación de dólares repartidos en los cerdos comunistas de mierda.
Me mostró varias fotos de su hija, una mujer cuarentona rubia bien conservada, separada, sin hijos. Ella lamentó que un “pobre infeliz sudaca” (yo) fuera el de la idea de rescatarla. Y no su verdadero padre. Visitó La tumba de la amante durante la guerra y ya en Suiza, paso 1.000.000 de dólares a una cuenta que
abrió para ella que se fue a vivir a
Nueva York, se despidieron como padre e hija después de un viaje. Si veo el lucro financiero que ella llevo diría que fue demás, para una alemana comunista, si veo el lado emocional del alemán Boehme, valió la pena. Ella y sólo ella podrá heredar si es que queda algo de sus ganancias terrenales.
Resultado de la operación dijo:
…”SÓLO CUMPLÍ CON MI DEBER DE PADRE”…, gracias a mi AMIGO SÁNCHEZ, lo más importante evité mi SUICIDIO. Volví a la realidad de mi edad, dejé de lado todo aquello que me incomodó durante años.” Sentí que me consideró como un verdadero
Cuentan amigos y conocidos que dejó en su relato sucesorio, una cantidad de dólares para mí, infelizmente, nada de eso aconteció, se hablaba en la época, que intereses sucesorio, dejaron del lado mi parte siendo repartida en la totalidad entre familiares y abogados. En fin, nada por reclamar.
“Él tenía allá 11 hijos, además de nosotras. Cuando fue en el 81 repartió sus bienes a todos los hijos para que no viniesen a reclamar nada. Allí renunció a la jubilación del Ejército y se la donó al Ejército alemán. Mucha plata de la que estaba en el extinto banco Los Andes y que un abogado famoso de Gral. Roca sacó al menos 4 bolsas negras llenas de billetes que metió en
el baúl de un Peugeot 505 marrón.” Nadie nunca sabrá cuál fue el destino de ese dinero. “Órde- nes se cumplen” decía el viejo Soldado Del 3º Reich, Albrech Alvaro Boehme.”
(Relato de una hija de Boehme a la periodista Susana Yappert)