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Part 3: Current practices on technical, operational and price aspects of access to the

A. Requirements for regulatory intervention in regard of Art 11a EC Directive 2008/6/EC

5. Access to Information on Change of Address / redirection

y la psicología de la Gestalt

Habitualmente marginada en la historia de la psicología, al entender ésta como una ciencia del espíritu y no como una ciencia natural, la psicología comprensiva ha encauzado sus pasos a la búsqueda de un conocimiento descriptivo, cualitativo, comprensivo, vivencial e intuitivo, esto es, un saber cercano al dado en las ciencias de la cultura.

Como máxima figura de esta escuela se ha de señalar a W. Dilthey (1833-1911), que entendía que la vida psíquica no se ajusta a los modelos que se formulan en la fí- sica y que son propios de la ciencias naturales; lo que justifica dada la peculiar natu- raleza de la mente y la imposibilidad de someter a ésta a genuinas observaciones (Sán- chez-Barranco, 1999). Y es que, para Dilthey el hombre no es una cosa (Caparrós, 1980), sino un sujeto situado en la historia, cuya vida transcurre en un mundo sim- bólico y cultural, que sólo puede comprender pero nunca explicar, de ahí que Dilthey acercara la psicología a la historia, la ética, la literatura y las artes y no a las ciencias naturales (Wolman, 1970).

Todo ello abocó en el alejamiento de esta corriente psicológica de la psicología científica, aunque ciertas aportaciones de carácter clínico, como las de Karl Jaspers (1883-1969) con su tratado de psicopatología, ejercieron y ejercen gran influencia en el campo de la psiquiatría. Otro autor que también debe recordarse por su gran in- fluencia en la psicología fenomenológica o comprensiva es E. Husserl (1859-1938). Con el objetivo de paliar la crisis del wundtismo, lo que también intentó solventar el psicoanálisis o la psicología comprensiva, surgió en EE UU la llamada psicología funcionalista o funcionalismo, movimiento psicológico que tomó sus raíces intelec- tuales prioritariamente del espíritu pragmático de los norteamericanos y de las teo- rías evolucionistas de Darwin, y cuyo objeto de estudio es la consciencia, aunque tra- tada de forma distinta a los enfoques mentalistas de Wundt y de Titchener, al ser juz- gada como un conjunto de funciones biológicas nacidas para la adaptación y super- vivencia de la especie. En este sentido, uno de los pioneros del funcionalismo fue W. James (1842-1910), quien insistió en que la mente humana había surgido para el logro de una mejor adaptación del ser humano al entorno, elevando así las posibili- dades de supervivencia al capacitarnos para elegir, lo que indudablemente suponía ha-

blar de la voluntad. Trató también de conectar la consciencia a sus fundamentos neurofisiológicos, en un intento de superar el dualismo cartesiano, que desde varios si- glos atrás defendía la idea de una mente y un cuerpo cada uno regido por leyes de fun- cionamiento diferentes.

En todo caso, para hacernos una idea más exacta de lo que les interesaba a los fun- cionalistas, nos serviremos de la síntesis que llevó a cabo J. R. Angell (1869-1949), uno de los autores que contribuyó a la consolidación de este movimiento, que en un trabajo de 1907 titulado El área de conocimiento de la psicología funcionalista ex- presaba como principales presupuestos del funcionalismo:

1. La psicología funcional está interesada en las operaciones mentales y no en los contenidos, persiguiendo establecer sus antecedentes y sus consecuentes. 2. La psicología ha de ser juzgada como una ciencia de las utilidades fundamen-

tales de la consciencia (lo que suponía concebir la mente como algo dinámico, al servicio de una función), que intenta esclarecer la mediación que existe entre el organismo y su medio. La función de la consciencia es, en todo caso, la adaptación.

3. Existe una cierta interacción entre lo biológico y lo psíquico, debiéndose re- chazar el dualismo cuerpo-mente, aunque metodológicamente (es decir, con fi- nes de investigación), puede ser útil tal distinción.

Ello no evitó, sin embargo, que los funcionalistas desaparecieran de la psicolo- gía, al ser incapaces de establecer formulaciones precisas y ceñidas de su objeto y método de investigación, y no llegando tampoco a elaborar esquemas conceptuales adecuados y bien sistematizados que dieran cuenta de lo que investigaban (Sánchez- Barranco, 1991a).

En cuanto a la psicología de la Gestalt, como trabajo fundacional suele mencio- narse el elaborado por M. Wertheimer titulado Estudios experimentales sobre la visión de movimientos (1912), en donde con elegancia queda evidenciado que, al menos en ciertos fenómenos perceptivos, como el movimiento aparente (mejor llamarlo fenó- meno phi, para evitar así interpretaciones confusas, como por ejemplo entender el fe- nómeno como una simple ilusión) el todo es más que la suma de las partes, lo que im- plica que un fenómeno mental no puede ser investigado a partir de sus unidades o contenidos más simples, sino como un todo.

Como ejemplos de esto último puede referirse que, cuando a un sujeto le mostra- mos un dibujo con tres líneas abiertas, dos de ellas inclinadas y otra situada debajo de las anteriores en posición horizontal (/_\,) al preguntarle qué ve, suele responder que un triángulo, de lo que se deduce que unió las tres líneas para darle un significado a la figura, lo que no hubiera sido posible a partir del análisis aislado de cada una de las lí- neas, de ahí que se diga que el todo no es igual a la suma de las partes, y ha de ser el sujeto quien dé sentido a lo que percibe. De igual forma, cuando nos han mostrado una fotografía en la que aparece el rostro de una mujer, unos hemos visto una mujer joven, y otros la cara de una vieja, según nos hayamos fijado en el fondo o figura de la fotografía para emitir nuestro juicio, forma de actuar que los gestaltistas llamaron ley de la figura-fondo.

Es por ello por lo que estos últimos apostaron por la observación de la experiencia inmediata desde una posición neutra, esto es, libre de toda teoría prefijada, gracias a la

que se tendría acceso a los fenómenos significativos de la consciencia de una forma global, de tal forma que para la psicología de la Gestalt la psicología debía ocuparse del estudio de la experiencia inmediata del organismo, aunque no de forma analítica o atomista (es decir, tratando de llegar a las últimas unidades mentales), sino como to- talidades, tal y como la experiencia venga dada. Asimismo, se entiende que los fenó- menos psíquicos son totalidades dinámicamente constituidas, en la que el todo es algo más que la suma de las partes, poseyendo tales totalidades o configuraciones (Ges- talten) propiedades genuinas que no están presentes en las partes, por lo que deben ser descritas e investigadas de forma diferente (Marx y Hillix, 1969; Leahey, 1982).

La psicología de la Gestalt, encabezada por M. Wertheimer (1880-1943), K. Koffka (1886-1941) y W. Köhler (1887-1967) alcanzó bastante prestigio en Alemania, no así en EE.UU. donde sus líderes emigraron huyendo del nazismo. Juzgada de os- cura y nebulosa, tras la muerte de sus creadores, prácticamente desapareció; gracias a K. Lewin (1890-1947), que transformó muchos de sus postulados, logró sobrevivir en Norteamérica, si bien algunas ideas de la Gestalt han sido incorporadas a la actual psi- cología cognitiva.

1.3.5. El conductismo de Watson y las versiones posteriores