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CHAPTER 3: RESEARCH APPROACH AND METHODOLOGY

5.4 Access to, and use of, the Internet in Schools

En este aspecto, asumimos integralmente como fundamento, la concepción de la educación democrática, que rescata los principios de participación, equidad,

horizontalidad, derechos humanos, solidaridad, libertad, tolerancia, interculturalidad, educación compensatoria e identidad cultural. Asimismo, asumimos las tesis de la teoría de Educación en Valores, la cual cuestionando los principios de utilitarismo, individualismo e indiferencia, postula los valores de convivencia pacífica, empatía, solidaridad, libertad, creatividad y desarrollo humano autosostenido (Moragues, 2009).

-Educación en valores:

El concepto de la educación en valores es muy amplio, pero en términos generales se refiere al conjunto de estrategias y de dinámicas de relaciones que tienen como objetivo formar en civismo y en modelos de convivencia basados en el respeto, la empatía y la igualdad.

Eso significa que va mucho más allá de la enseñanza de materias relacionadas con el funcionamiento de la naturaleza y de las sociedades. Si estas primeras materias nos hablan sobre el "qué" y sobre el "cómo", la educación en valores nos habla sobre el "para qué".

Como la educación en valores está relacionada con la escala ética y los valores que sirven para ordenar las prioridades, también influye sobre el modo en el que las personas se fijan objetivos que alcanzar mediante los conocimientos que aprenden en el resto de materias.

Entender el valor como la significación socialmente positiva (Fabelo, 1999) es verlo contribuir al proceso social, al desarrollo humano. Esto quiere decir, que la

significación socialmente positiva del valor está dado por la relación en que éste exprese realmente un redimensionamiento del hombre, de las relaciones en que vive, y no de sujetos aislados, grupos o clases sociales particulares. Esta objetividad del valor trasciende los intereses particulares, para ubicar en el centro al hombre como género. Pero ello no es suficiente, pues su objetividad depende de la subjetividad y su carácter social, de la

individualidad, y viceversa, quiere decir, que en el centro de la comprensión de los valores están las relaciones entre lo objetivo y lo subjetivo y entre lo individual y lo social.

Los valores no son pues el resultado de una comprensión y, mucho menos de una información pasiva, ni tampoco de actitudes conducidas sin significación propia para el sujeto. Es algo más complejo y multilateral pues se trata de la relación entre la realidad objetiva y los componentes de la personalidad, lo que se expresa a través de conductas y comportamientos, por lo tanto, sólo se puede educar en valores a través de conocimientos, habilidades de valoración, reflexión en la actividad práctica con un significado asumido. Se trata de alcanzar comportamientos como resultado de aprendizajes conscientes y significativos en lo racional y lo emocional.

El fenómeno de cómo desarrollar y formar valores es un proceso de enculturación (Aguirre, 1995; 498), que dura toda la vida, en el que inciden los cambios sociales que se producen y que provocan transformaciones en las interrelaciones humanas, en las percepciones, y en las condiciones materiales y naturales de vida, es decir, en la calidad y sentido de la vida. Los valores son razones y afectos de la propia vida humana la que no se aísla de la relación de lo material y lo espiritual y, entre lo social y lo individual.

Como se puede observar, la teoría de la educación en valores es pertinente para el desarrollo positivo del liderazgo directivo y de correctas particularidades del clima institucional.

- La teoría de la Escuela Activa: que propicia activismo, vitalismo, criticidad, responsabilidad y globalización a través de los aportes de Froebel, Rude, Ferriére, Dewey, Pestalozzi, Spencer, Key y otros, quienes aportan a la metodología de la

Educación Ergológica un constante flujo de valores, concepciones y procedimientos metodológicos.

La Escuela Activa sustenta la concepción del aprendizaje como un proceso de adquisición individual de conocimientos, de acuerdo con las condiciones personales de cada alumno y en el que interviene el principio del activismo. Supone la práctica del aprendizaje a través de la observación, la investigación, el trabajo y la resolución de problemas, en un ambiente de objetos y acciones prácticas.

El ideal de la escuela activa, según el educador suizo Adolphe Ferrière, en quien confluyen las ideas del pragmatismo, el pensamiento del filósofo Henri Bergson y la influencia de la escuela del trabajo, es la actividad espontánea, personal y productiva. La finalidad del acto didáctico está en poner en marcha las energías interiores del educando, respondiendo así a sus predisposiciones e intereses, en un ambiente de respeto, libertad y actividad.

Se concibe el mundo como un laboratorio en el que el niño desarrolla activamente su propia educación. A partir de 1917, la escuela activa se presenta como sinónimo de “escuela nueva”, ya que ésta encontraba en el activismo su fundamento más distintivo.

Pensamos al respecto que la relación entre el adulto y el niño, para que sea

armoniosa, debe basarse en el respeto a la personalidad mutua. No deberíamos los adultos, en conciencia, exigir ni imponer a los niños el deber de respetarnos en tanto no estemos dispuestos a reconocerles su derecho a ser respetados. Un principio importante de respeto es no inhibir en el niño el descubrimiento del sentido de la libertad. Nos referimos a la libertad entendida como una herramienta que permite el desarrollo de todas las facultades humanas y nunca como las "libertades" que algunas personas o instituciones le han adjudicado a la escuela activa y que no corresponden ni remotamente ni a su filosofía ni a su metodología. La libertad en la Escuela Activa debe entenderse como la no inhibición y

la no represión de la acción física, intelectual y espiritual del niño, a lo cual debe añadirse el ambiente que favorezca el florecimiento de todo ello. Ser libre es hacerse libre. ¿Cómo? Ejerciendo la libertad, mas no la libertad que degrada, sino aquella que construye e integra en el ser humano todo lo mejor y más positivo de su naturaleza (Parodi, 1985).