5. BEST PRACTICES – ADMINISTRATIVE
5.4 Accessibility
“Quizá la historia universal es la historia de la diversa entonación de algunas metáforas”.
Jorge Luis Borges
En un contexto de democracia radical mediatizada, la historia en tanto saber preinterpretado, aporta a la deconstrucción de las constelaciones hegemónicas. Para realizar tal deconstrucción en un contexto fragmentario es necesario que la historia se muestre como una síntesis de elementos en una narración coherente, que devele la contingencia de los acontecimientos.
La historia como escritura ayuda a develar que la tradición es arbitrariedad y que por tanto es deconstruible, lo que sin duda aporta a la radicalización de las condiciones democráticas.
Para conocer la importancia de que toda narración histórica sea escritura profundizaremos en la relación que existe entre narración histórica y democracia como apertura al futuro indeterminable [I]. Toda narración como escritura es articulación coherente de acontecimientos, que implica por un lado el desplazamiento radical del acontecimiento, y por otro, la limitación de la iterabilidad del acontecimiento en la síntesis de toda narración. [II]. Concluiremos con la noción de narración histórica, como dispositivo central que permite la deconstrucción de toda tradición.
El análisis y exposición en la narración, cualquier tipo de narración, es ordenadora de factores que constituyen una actualidad, ya sea ésta pasada, presente, futura o imaginaria, sin tiempo empírico. Para que una narración sea parte de la archi-escritura, es necesario que los acontecimientos que allí se concatenan, tengan la posibilidad de seguir siendo acontecimientos, seguir siendo radicales, seguir siendo democráticos, en el sentido que estén abiertos a la venida absoluta de otra cosa.
De esta manera, la historia de la sociedad, se funda en el plexo de la llamada herencia, como institucionalización iterante de las decisiones pasadas, de los acontecimientos ya acontecidos, y es referente para las decisiones en la actualidad, opera como vinculante, o bien como factualmente operante, si es que este plexo se torna denso y rígido. Si la historia opera en el espacio público como ley, y no permite el desplazamiento de los significantes del pasado, se institucionaliza como tradición, lo que impide la coordinación de las decisiones contingentes en consonancia con un mundo que es finalmente un meta mundo descentrado.
En este sentido, tal como ha sido discutido históricamente en las ciencias sociales, surge la importancia de las referencias valorativas de toda historia. Desde la discusión clásica, muchas veces logo-fono-céntrica de la epistemología, toda referencia valorativa es metodológicamente inevitable, sin embargo, por más intento posible de neutralidad valorativa, toda historia narrada se erige como objetivamente vinculante70. Ahora bien, desde nuestra perspectiva, consideramos que la neutralidad valorativa en toda narración de la historia, en términos postestructurales, es posible y no, a través del método deconstructivo, método que da cuenta que todo acontecimiento es modificable.
70 Para un análisis de la discusión desde la Filosofía de las Ciencias Sociales respecto a la importancia de la Historia en todo ciencia, véase Habermas, Jürgen. 1998. Capítulo II. Hermenéutica. La lógica de las Ciencias Sociales. Editorial
Todo pasado vinculante, puede seguir siendo huella, différance, si se mantiene la posibilidad de que un “ven se abra”. Desde la observación de Jaques Derrida: “Para que haya acontecimiento e historia, es preciso que un ven se abra y se dirija a alguien, a algún otro que no puedo ni debo determinar de antemano, ni como sujeto, yo, conciencia, ni como animal, dios o persona, hombre o mujer, vivo o no vivo (...)”71. Por tanto, toda constitución permanente de la democracia, de la radicalización de la democracia como espacio vacío del poder, requiere una relación problemática con la Historia, en tanto pasado de acontecimientos.
Tal como planteamos, desde nuestra observación, toda historia, en tanto cuento del pasado, es narración, y se va plasmando de manera contingente en el plexo histórico de la herencia. Decimos contingente, ya que para una democracia radical, toda narración histórica debe ser narración que no implique existencia objetiva o verídica, que no implique presencia. En la actualidad democrática72, toda historia acontecida, se torna un ahora, pero no siempre en el sentido de una actualización de acontecimiento radical, sino como proceso irreversible e irrepetible. La historia queda más bien proyectada sobre el plano de una “sincronía universal” lineal o teleológica, despojándosela así de su función radical. Y desde nuestra apreciación, fue la propia historiografía tradicional la que creó los presupuestos para este operar factual de la historia en el espacio público político73.
71 Derrida, Jacques. 1994 a. Deconstruir la actualidad.Entrevista con Jacques Derrida (Passages, n° 57, septiembre de 1993, pp. 60- 75). Palabras recogidas por Stéphane Douailler, Émile Malet, Cristina de Peretti, Brigitte Sohm y Patrice Vermeren.Trad. C. de Peretti. El Ojo Mocho. Revista de Crítica Cultural (Buenos Aires) 5 (primavera 1994).
72 Para Jaques Derrida – como será desarrollado con mayor detención en el Capítulo IV: Sobre Narración histórica Mediática – La Actualidad es un acontecimiento producido, que ha sido creada, es activamente producida, performativamente interpretada por numerosos dispositivos ficticios o artificiales, jerarquizadores y selectivos, principalmente los que disponen los medios de comunicación: el tiempo mismo, la actualidad es un artefacto, en su mismo acontecer el tiempo es calculado, forzado, “formateado” por un dispositivo mediático”.
73 Para una crítica de la Historiografía Tradicional en Chile, y su operar factual, Véase la obra de Gabriel Salazar. Especialmente Salazar, Gabriel y Grez, Sergio,”Manifiesto de Historiadores”(compiladores).Lom Ediciones. Santiago de
Producto de la importancia de los medios de comunicación de masas en la constitución iterante del espacio político actual, la posibilidad de dislocación de los acontecimientos pasados plasmados en el plexo de la herencia, depende en gran medida de una narración histórica como escritura, en el plano del libro y en el plano de la artefactualidad mediática televisiva (y otras artefactualidades mediáticas no televisivas, como el cine, etc.). En otros términos, la dislocación de todo pasado depende la posibilidad de deconstrucción de la fáctica neutralidad de todo proceso histórico, el que se plasma como tradición operante, y no como herencia vinculante. La historia universal, del estado nación, del sujeto, de las elites, ha quedado así parada como historia efectivamente operante (wis-kungsgeschichte)74.
La historia, la narración histórica en la democracia, da acceso al futuro, pero desde nuestra observación lo neutraliza, como todo tiempo es condensado en toda historia, reduce, presentifica y transforma en objetivamente operante. Trasforma el pasado acontecido en recuerdo, lo que limita la radicalidad democrática, o por lo menos su plausibilidad de constitución, ya que en un contexto de radicalidad debo estar dispuesto a acoger siempre lo nuevo, la
venida de lo otro.
De esta manera, la herencia se erige como un pseudo-plexo objetivado de acogimiento de lo nuevo. En una democracia radical el acontecimiento quedará plasmado, significado, dibujado en la herencia. Pero dicha operación de aglomeración de acontecimientos pasados implica una aporía, ya que en la
Chile. Y las “introducciones” de sus libros: Salazar ,Gabriel y Pinto, Julio. 1999.“Historia Contemporánea de Chile Tomo I: Estado Identidad y Movimiento y Tomo II: Actores identidad y movimiento. Lom Ediciones. Santiago. Salazar, Gabriel. 2000.Labradores, peones y proletario: formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX”. Lom Ediciones. Santiago. Salazar Gabriel. 2003. Historia de la Acumulación Capitalista (Apuntes de Clases). Lom Ediciones. Santiago y Salazar, Gabriel. 1990. La violencia en Chile, volumen I. Violencia política popular en las "grandes alamedas". Santiago 1947 – 1987. Sur Ediciones. Santiago de Chile.
historia no existe futuro, pero en sí misma, como dimensión de la herencia, está ligada a una apertura más grande, a una indeterminación, a un caos, a un abismo. Donde cualquier cosa podría suceder, sin embargo, como historia tradicional, ya ocurrió de esa manera, ya está entonces sucedido, es acontecimiento pasado en el ahora, y es narración del acontecimiento pasado en el ahora, es también aquello que no se ve.
La historia como herencia entonces es parte del espacio público de la democracia, es memoria y se va constituyendo a partir de las narraciones de los acontecimientos del pasado. En la historia como escritura puede suceder cualquier cosa, ha sido, fue y es, continúa siendo acontecimiento, del otro diferente, que es también lo que no se ve venir, lo que se espera sin esperar y sin horizonte de expectativa. Sin embargo, la historia como narración, colabora al ver venir, al futuro-presente, “Poder prever es ver venir la muerte, (o la posibilidad de ver venir la muerte), pero ver venir la muerte puede ser estar ya enlutado, puede ser comenzar a amortizar la muerte hasta tal punto que no puede ya acontecer, ya ni siquiera puede acontecer”. En otros términos, la historia como escritura es constitución de la posibilidad de deconstrucción, la posibilidad de decir de manera radical en la historia: “puedo ver venir la muerte”, pero puede no venir, por más que espere enlutado entonces, puedo esperar la vida.
Una historia como espacio iterante, es temporalidad multidimensional, como una posibilidad abierta, diversifica ilimitadamente las múltiples trayectorias del devenir. Esto debido a que se pone en cuestión la idea misma de inicio u origen así como también la idea de un telos.75
La historia como concepto, para Jaques Derrida, se erige sospechoso por el lastre metafísico que ha tenido clásicamente, y por su ligazón a la filosofía de la historia con fines teleológicos Derrida deconstruye la concepción metafísica de la historia que privilegia el tiempo ahora-presente como conciencia fundadora del sentido de la historia, como origen; que además es concebido como realidad última y como fuente de verdad.76
[II] Narración y acontecimiento
La narración histórica como articulación, cuestiona la idea de origen e indica que el origen - en tanto emergencia de algo - no existe, es puro acontecimiento. Con esto la idea de linealidad o circularidad queda descartada en la historia, en cuanto implica la presencia de un centro orientador, de una presencia y por tanto de un origen y un fin77.
La narración, al articular los acontecimientos de la historia en una unidad de sentido de fragmentos presentes en lo indecidible, configura una unidad y su existencia se justifica en la facticidad con la que operativamente el tiempo fragmentario se configura en una síntesis, que infundadamente define un pasado, un presente; en la actualidad, constituyéndose la narración en una organización, en pseudo estructura78. La narración, opera como una forma contingente, que posee resistencias porosas y movibles; abiertas siempre a la
différance, a la subversión, a la dislocación de los significantes que la
componen79.
76 De Peretti Della Rocca, Cristina. 1989. Op.Cit. Pp. 74-75. 77 De Peretti Della Rocca, Cristina. 1989. Op.cit. Pp. 74-75.
78 Este concepto se refiere a una estructura contingente, que es estructuralmente fallida, pues está vacía, por tanto no se constituye como estructura alguna.
79 La noción de texto o archi-escritura para Derrida se encuentra a un nivel de abstracción mayor y se formula a un nivel más general – pues la archi-escritura incluye dentro de sí al concepto de narración. La archi-escritura finalmente
El sentido que da coherencia a la narración difiere del significado, pues mientras al significado corresponden condiciones de verdad, más allá de su contingencia, el sentido es el trasfondo de los acontecimientos que a pesar de ser repetibles no son extensibles a lo universal, pues guardan su particularidad. Por un lado, el significado otorga unidad y coherencia en base a un valor trascendental que está puesto al centro de la estructura. En cambio el sentido que planteamos en el concepto de narración, que también implica una coherencia dada por una articulación en una unidad, no posee un valor absoluto en el centro, sino que supone fragmentos que se articulan; y en esta trama que surge producto de la articulación se produce el sentido, sin la necesidad de ninguna estructura, aunque la narración emerge como forma (pseudo- estructural) observada.
Los acontecimientos son “otros” que surgen del exterior inalcanzable del sentido, el exterior del discurso, de la narración. Lo que constituye el sentido de la narración está privado de sentido, ya que el sentido es una estructura general, es origen de la razón y de la historia, pero no es racional. Por tanto, lo que es concatenado en una narración - en este caso los acontecimientos de la historia- es necesario que se mantengan fuera de ella, que sigan siendo lo suficientemente otro, que sean acontecimiento para aun tener sentido80. La condición del sentido, es una apropiación finita en la narración, una expropiación. La condición del sentido de la narración, es la tensión de esta doble relación con los acontecimientos: (a) el acercamiento, la intencionalidad y
desplazamiento de las nociones y valores, pues el texto “es tejido, entramado, red nodal de significaciones que remite y se entrecruza con otros textos de forma ininterrumpida e infinita” De esta manera la noción de archi-escritura es más amplia que la de narración y se encuentra a otro nivel de abstracción. Observamos por tanto la disolución de las fronteras o límites de las distintas narraciones, todas ellas son significantes que chocan y se entrecruzan en un juego de diferencias. Son unidades de sentido, que se configuran en la forma de relato. De Peretti Della Rocca, Cristina. 1989. Op. cit. P.144.
80 Derrida, Jaques.1998. Ecografías de la televisión: entrevistas filmadas. Eudebas ediciones. Universidad de Buenos Aires. Argentina. pp. 125-140.
el deseo de asirlos, (b) pero este acogimiento no es sino alejar, es concatenación de acontecimientos en el sentido derridiano.
Es en esta concatenación de acontecimientos en el sentido, concebida como historiografía o narración histórica, donde Derrida plantea la pregunta por el lugar acerca la inscripción del nombre del hombre, desde la gramatología81, que se ha dado principalmente en la configuración de la historia tradicional. Es por esto que se plantea que el ser humano es un acontecimiento dentro de la historia como escritura, pues lo que se inscribe como humano, siempre puede ser de otra manera, y por esto la historia no debe caer en definir irremediablemente al sujeto, pues siempre debe haber una apertura radical a la venida del otro. De esta forma, la gramatología observa el cómo se han realizado las inscripciones de los nombres sobre distintas superficies, recordando que en la historia se ha realizado una inscripción del nombre del hombre.
Sin embargo, la historia tradicional ha inscrito al ser humano (sobretodo al hombre), en la historia como acontecimiento, como sujeto histórico, lo que limita la posibilidad de comprender la historia en tanto lo acontecido, en tanto actualidad configurada en el pasado, como algo relativizable.
Frente a la concepción metafísica de la historia tradicional respecto a los acontecimientos, Derrida plantea que la historia en tanto escritura, se libera del origen y de la presencia. Libera a los acontecimientos y les permite ser otro. Acontecimiento histórico entonces es el nombre, otro nombre para lo que llega en el presente pasado. Acontecimiento no se llega a reducir o a negar, es otro
81 En el capítulo I ya hemos configurado lo que Derrida nos presenta como escritura y gramatología. La gramatología se plantea como la ciencia general de la escritura, como la posibilidad de reevaluar la naturaleza y el estatuto de la escritura; liberándola del logos y de la característica atribuida de ser la representación de de “lo verdadero” y de lo
nombre para le experiencia –que recordemos implica presencia- para la experiencia de la historia, en tanto Geschichte, que es siempre la experiencia del otro.
El “haber” sucedido, el que haya sucedido algo, o no, o más bien nada, compete a la historia como experiencia de los acontecimientos más que a un pensamiento historiográfico rígido. Compete por tanto a la narración histórica que en sí misma es la historia, ya que toda narración del pasado es historia, y toda narración de actualidad es y será historia82.
La llegada del acontecimiento histórico es lo que no puede impedirse nunca. Otro nombre del futuro mismo, no debe impedirse pues acontecimiento en sí mismo es imposibilidad de sujeción. Ahora bien, Derrida no considera “bueno” que la historia se erija como evolución, no es positivo en sí que suceda todo o cualquier cosa, no se propone renunciar a la praxis o impedir que las cosas se produzcan83, ya que no habría decisión. El acontecimiento histórico, en la historia, abre el espacio mesiánico, abstracto, formal, desértico, a la pertenecía mesiánica de la historia. El acontecimiento en la historia es lo que viene, adviene, sobreviene, no basta decir que ese venir no “es”, que no es una categoría del ser. El sustantivo (la venida) o el verbo sustantivado (el venir) no agotan tampoco el “ven” del que vienen”.84 En el postestructuralismo derridiano hay que pensar el acontecimiento a partir del ven, no a la inversa. “Ven” se dice al otro, a otros a los que aún no se estableció como personas, como sujetos, como iguales”85, como procesos, como hechos, como decisiones, como
82 La narración de actualidad será Historia, no en el sentido científico del termino, pero será objeto de análisis de la Historiografía, como antecedente, dato, experiencia plasmada, acontecimiento objetivado.
83 Derrida, Jaques. 1994. Deconstruir la Actualidad. Entrevista a J.Derrida. El ojo mocho. Revista de Crítica Cultural (Buenos Aires), 5 (Primavera de 1994).Palabras recogidas por Stéphane Douailler, Émile Malet, Cristina de Peretti, Brigitte Sohm y Patrice Vermeren. Argentina. En [www.turemanso.com.ar/fuego/filosofia/derrida.html]
84 Derrida, Jaques. 1994. op.cit. 85 Derrida, Jaques.1994.op.cit.
emergencias, como huellas. Es con la condición de ese “ven” que hay experiencia del venir, del devenir, del acontecimiento. Es por eso que existe la historia; de lo que llega y por consiguiente de lo que porque llega del otro, no es previsible, pues la historia no es ley.
Para que haya acontecimiento, para que haya historia como escritura es preciso por lo tanto que un ven se abra y se dirija a alguien, a algún otro que no se debe, ni puede, determinar de antemano, ni como sujeto, yo, conciencia, ni como animal, dios o persona, hombre o mujer, vivo o no vivo, se debe poder llamar incluso a un espectro86.
En la narración histórica como escritura se rechaza el origen. El origen tachado del cual emana la huella debe ser entendido como un rechazo a concebir un punto cero en la configuración de los hechos. De esta forma la historia se concibe como el “cuerpo del devenir”87. Se plantea que es necesario conocer los sucesos de la historia, sus sacudidas y sus sorpresas, pero que junto a esto es necesario librarse de buscar la presencia, pues esto implicaría volver a los presupuestos de la tradición metafísica88.
La permanencia de la historia, y la importancia de la narración histórica se enmarcan en la necesidad de reinscribir, de refrescar su alcance y producir otro concepto u otra cadena conceptual de la historia, que implique una nueva lógica de la repetición y del movimiento de la huella89. Un nuevo movimiento del acontecimiento en la narración histórica como escritura.
86Derrida, Jacques. 1994 a. Op. cit 87 De Peretti Della Rocca, Cristina, op.cit
Por tanto, es imposible la existencia de una sola historia, una historia general, sino que existen historias diferentes en su tipo, en su ritmo y en su modo de