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ser engatusado e influido por un buen número de influencias, el siguiente debate puede resultar un argumento irrebatible sobre el tema.

Cómo el lenguaje da forma a nuestras percepciones

Shakespeare escribió: «¿Qué es lo que hay en un nombre? Aunque diéramos a la rosa otro nombre seguiría teniendo el mismo dulce aroma». Según la profesora de psicología Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, eso no es exactamente así. Centrándose en las diferencias gramaticales de género existentes entre el alemán y el español, Boroditsky indica que el género de una palabra establece unas determinadas diferencias en los nombres, que nos dan de modo inconsciente las características que ese nombre tiene de acuerdo con su género gramatical.

Tomemos, por ejemplo, la palabra bridge (puente, en inglés); en alemán se dice «die brucke», que es un

sustantivo femenino; sin embargo, en español es «el puente», sustantivo masculino. Afirma Boroditsky que cuando

se nos pide que se describa un puente, los alemanes utilizarán adjetivos como hermoso, elegante, esbelto; los

españoles, por su parte, emplearán para el mismo término adjetivos como fuerte, firme, sólido. Lógicamente, esto también funciona en sentido inverso. El término key (llave, en inglés) tiene género masculino, en alemán, y femenino, en español. Así pues, si se le pide a un alemán que describa una llave utilizará los calificativos pesado, duro, metálico. Por el contrario, un español dirá de la llave que es dorada, intrincada, hermosa. Boroditsky incluso llegó a crear su propio idioma (llamado «Gumbuzi») con sus calificativos gramaticales de masculino y femenino, para testar la hipótesis partiendo de cero. Después de estudiar el nuevo lenguaje durante tan soloun día los participantes empezaron a hacer descripciones de nombres influidos por su género gramatical. El estudio llevado a cabo por la profesora Boroditsky indica que la forma cómo vemos el mundo se encuentra fuertemente influenciada

por la gramática que aprendemos desde nuestra más tierna infancia 7.

¿Qué pasaría si le dijera que el juicio que usted pueda tener sobre el bien («lo bueno») y el mal («lo malo») están fuertemente influenciados por el hecho de que sea usted zurdo o diestro? E n realidad, este no es un descubrimiento nuevo. E studios anteriores han demostrado que, de hecho, somos proclives a establecer juicios que se corresponden con el lado con el que solemos trabajar más cómodamente. L as personas que utilizan la mano derecha prefieren aquellos objetos y personas que se encuentren a su derecha; lo mismo sucede con los zurdos, es decir, los que utilizan la mano izquierda. L a pregunta que podemos hacernos es ¿por qué? ¿S e encuentran estas preferencias fuertemente impresas en nuestro cerebro desde el principio, o son producto de un aprendizaje posterior? L os investigadores Daniel Casasanto y E vangelia Chrysikou, de la New S chool of S ocial Reseca y la Universidad de P ennsylvania investigaron este tema utilizando una serie de experimentos que comprobaron ambas posibilidades 8.

P ara analizar la cuestión de si estas tendencias se encuentran fuertemente impresas en nuestro cerebro desde el principio los investigadores escogieron a trece pacientes que utilizaban la mano derecha y que habían sufrido daños cerebrales que habían debilitado o paralizado una parte de su cuerpo. Cinco de ellos seguían siendo diestros, es decir, seguían utilizando la mano derecha. E l resto había perdido el uso de su lado derecho y se volvieron zurdos. S e les mostró a los pacientes una viñeta en la que se veía la cabeza de una serie de animales que se encontraban entre dos cajas vacías, y se les dijo que a los que les gustaban las cebras era porque eran buenas, y a los que les desagradaban los pandas porque eran malos (y viceversa). Después se les pidió qué escogieran sus animales preferidos y que los metieran en su correspondiente caja, la de la derecha o la de la izquierda. Todos los pacientes que seguían siendo diestros pusieron a los «buenos» animales en la caja de la derecha. De los que se habían vuelto zurdos, todos menos uno pusieron a sus animales en la caja de la izquierda.

¿S e deduciría de este experimento que las preferencias del cerebro (derecha o izquierda) pueden verse definitivamente alteradas? ¿E s debida esta modificación a un ajuste neuronal, o a un nuevo aprendizaje? Para descartar que la respuesta se debiera a la impresión cerebral, los investigadores escogieron a un grupo de cincuenta y seis personas sanas que utilizaban la mano derecha. Les pidieron que la mitad se pusiera un guante de esquí en la mano izquierda, y la otra mitad en la derecha. S e les pidió después que cogieran de una caja dos fichas de dominó, cogiendo simultáneamente una ficha con cada mano, y las colocaran de forma simétrica sobre unos puntos que estaban distribuidos a lo largo de una mesa. S i una de las fichas de dominó se caía tenían que ponerla de pie utilizando tan solo la mano correspondiente. S e comprobó que la mitad de los diestros se habían vuelto zurdos a lo largo del experimento. Después se les llevó a otra habitación y se les presentó la misma caja de los animales que anteriormente se había mostrado a los pacientes con lesiones cerebrales. L os resultados fueron que tres cuartas partes de los que tenían la mano derecha sin guantes pusieron a los animales buenos en la caja derecha, y dos tercios de los que se habían vuelto temporalmente zurdos los metieron en la caja izquierda. Fueron necesarios doce minutos de entrenamiento para cambiar, a un porcentaje significativo de los participantes, sus tendencias de mano derecha a mano izquierda.

L o que nos dice este estudio, y otros similares, es que incluso nuestros juicios básicos cotidianos se ven influidos por factores aparentemente tan inocuos como puede ser la utilización de nuestra mano preferida, o más utilizada. ¿S ignifica esto que no podamos confiar en nosotros mismos para tomar decisiones serias y responsables? No. P ero sí quiere decir que la mayoría de nuestras decisiones, opiniones y juicios se ven afectados por muchas más influencias de las que nos damos cuenta. Y como ahora vamos a ver, esto también significa que nuestro cerebro es propenso a crear «gérmenes» psicosociales.

Capítulo 11

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