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comunión, un modelo de transmisión de la Revelación (DV 8)

18

El siglo XX ha sido testigo, por muchas razones, de un giro decisi- vo para la humanidad entera. El discurso teológico no podía dejar de ver- se afectado e impelido a repensar profundamente desde sus bases funda- mentales hasta sus mínimas aplicaciones. Para la teología católica, el Con- cilio Vaticano II fue el acontecimiento emblemático que dividió las aguas y marcó el ritmo y los tonos del proceso reflexivo de aggionamiento que se vislumbraba ya como inevitable. Se erigió tanto en un punto de llega- da, al que convergían vientos frescos de renovada reflexión (movimiento litúrgico, bíblico, retorno a las fuentes, teología del laicado, teología de las realidades terrenas) como en un (no fácil) punto de partida moviliza- dor, donde todo era sometido implacablemente a un replanteo radical.

El Concilio Vaticano II, más allá de lograrlo satisfactoriamente o no, quiso ser una honesta formulación de lo que la Iglesia, en una atenta escucha

18. Z. ALSZEGHY, “El sentido de la fe y el desarrollo dogmático”, en: R. LATOURELLE(ed.), Vatica- no II...,105-116. D. VITALI, Sensus fidelium. Una funzione ecclesiale di intelligenza della fede. Dis- sertatio ad doctoratum (PUG), Brescia, 1993. Id., “Universitas fidelium in credendo falli nequit (LG 12. Il sensus fideliumal concilio Vaticano II, Gregorianum86,3, 2005, 607-628. F. ARDUSSO, “La totalidad de los fieles no puede equivocarse en la fe”, en: Id., Magisterio eclesial. El servicio de la Palabra, Madrid, 1997, 52-74. S. PIÉ-I-NINOT, “Sentido de la fe”, en: DTF1348-1351. -La Revelación como epifanía de Dios en Jesucristo “con palabras y

obras” (DV 17)

-Este misterio, escondido en el tiempo, ha sido revelado por el Es- píritu Santo a “los apóstoles y profetas” para que prediquen el Evangelio – susciten la fe en Cristo – congreguen a la Iglesia (DV 17).

-La superioridad de los Evangelios respecto del resto de las Escritu- ras en cuanto “testimonio principal de la vida y la doctrina de la Palabra hecha carne” (DV 18; DH 4225).

-El evangelio “cuádruple” y su “origen apostólico”(DV 18). -La historicidad de los Evangelios es afirmada “sin dudar” (DV 19).17 -El Concilio reconoce que existe una historia de la formación de los evangelios, con tres fases principales (DV 19).

2.7. Capítulo VI: La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia (DV 20-26)

DV 21. La Iglesia venera las Sagradas Escrituras

-La única mesa de la Palabra de Dios y del cuerpo de Cristo. -Se acentúa la potencia de la Palabra de Dios.

DV 22. Se recomiendan las traducciones bien cuidadas

-”Los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura” (DH 4229)

-Se tiene en cuenta la posibilidad de realizar traducciones “en cola- boración con los hermanos separados” (DH 2429).

DV 23. Deber apostólico de los católicos doctos

-Esfuerzo de investigación y finalidad pastoral: exégesis integral. -Anima a que se multipliquen los ministros de la Palabra

-Reitera la idea de DV 21 de la Escritura como “alimento” del pue- blo de Dios: “que alumbre el entendimiento, confirme la voluntad, en- cienda el corazón en amor a Dios” (DH 4230)

17. DV 19 hace suyas las afirmaciones principales de la Instrucción “Sancta Mater Ecclesia” de la PCB de abril de 1964 (AAS 56, 1964, 712-718). Se trata de documentos kerygmáticos con implicaciones históricas, es decir, se trata de “predicaciones” que anuncian acontecimientos sig- nificativos y que han sido escritos a la luz del acontecimiento pascual, por inspiración del Espíri- tu Santo. No se trata de una narración neutra de eventos pasados.

te a una posible reconfiguración de una función atribuida casi exclusiva- mente al magisterio de la Iglesia en la inteligencia de la fe, al problema teológico del disenso y la consiguiente contraposición entre magisterio y teología).22Más bien todo parecería indicar que el tema se fue debilitan-

do y perdió fuerza en la vida de la Iglesia postconciliar, terminando por oscurecer, en lugar de iluminar, la tercera función interpretativa indicada en DV 8 y el vínculo dinámico y fecundo que debería existir entre teolo- gía, magisterio y sensus fidelium.23

Acoger la doctrina del sensus fidelium significa reconocer y promo- ver un rol positivamente activo del pueblo de Dios. La doctrina del sen-

sus fidelium y el modelo de Iglesia-pueblo-de-Dios son correlativos. Un

modelo de pueblo que se sabe enriquecido en la diversidad, donde exis- ten distintas funciones y ministerios, y en el que estamos llamados a aprender a convivir, sin dejar de crecer en comunión.

CLAUDIAMENDOZA 02-11-2005

22. Hecho tanto más sorprendente si se recuerda que apenas doce años antes de la apertu- ra del Concilio PÍOXII había proclamado el dogma de la “Asunción de María” apoyándose –como antes PÍOIX al definir el dogma de la “Inmaculada Concepción de María– en el “(perpetuus) sen- sus Ecclesiae” atestiguado por la Iglesia universal, habitada por el Espíritu de la verdad que la con- duce infaliblemente al conocimiento de las verdades reveladas. Esta solemne proclamación ha- bía encendido en la etapa preconciliar un movimiento de intenso estudio que tenía en el sensus fideliumsu centro de interés.

23. Los documentos magisteriales post-conciliares han mencionado poco el tema del sen- sus fidelium. Cabe resaltar que el nuevo Código de Derecho canónico no menciona el sensus fi- deliumni en el libro II sobre el pueblo de Dios ni en el libro II sobre el “munus docendi” (cf. D. Vi- tali, “Universitas fidelium in credendo falli nequit [LG 12]..,618). Además del CCE (91-93; 99; cf. 785; 889; 67), el sensus fideliumsólo aparece explícitamente considerado en dos documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe: “Mysterium Ecclesiae” de 1973 y “Donum verita- tis” de 1990. Ambos documentos –surgidos en sendos momentos particularmente ásperos de disenso– manifiestan preocupación por una lectura ideológica del sensus fideliumtendiente a contestar la autoridad del magisterio en nombre de una especie de dimensión magisterial de la teología y reivindicando también una suerte de autoridad doctrinal de los fieles (cf. los números monográficos de Concilium: 17, 1981/8: “Chi ha la parola nella chiesa?”, y 21, 1985/4: “Autorita dottrinale dei fedeli”). El clima de enfrentamiento no favoreció ni contribuyó al necesario esclare- cimiento de esta importante cuestión. Parecía más importante discutir quien prestaba “voz” al pueblo y no quién lo escuchaba competente y reverentemente.

de la Palabra en el Espíritu (pero también de la historia contemporánea y de los signos de los tiempos) comprendía y decía acerca de sí misma. Muchos sa- bios investigadores coinciden ampliamente en afirmar que uno de los puntos característicos de la identidad del replanteo teológico conciliar fue la recolo- cación del tema eclesiológico “pueblo de Dios” en todos los documentos cla- ves. También en Dei Verbum. En este marco, la categoría sensus fidelium sin duda expresa de un modo claro un aspecto fundamental del modo de la fe del pueblo de Dios y de su participación (¿activa?) en la función profética (¿sa- cerdotal?) de Cristo. Un gran especialista insistía hace muy poco en afirmar que la recepción de la categoría sensus fidelium es un modo privilegiado de ve- rificar la efectiva recepción del Concilio Vaticano II.19

Dada la estrechísima conexión del tema sensus fidelium con la fe (de allí con la Revelación, de allí con la transmisión de la Revelación, de allí con la inteligencia eclesial de la Revelación, de allí con el Magisterio...), aparece como un punto íntegramente abarcador. La Constitución Dei

Verbum, en su número 8, reconoce concretamente que el sensus fidelium,

junto a la teología y al magisterio, cumple una función específica en “el crecimiento de la Tradición apostólica”20. Lamentablemente no termina de dejar claro cuál es esa función y, sobre todo, cómo se articula ese “sen- tido de fe de los fieles” con la función magisterial.21

El período post-conciliar sorpresivamente, no parece mostrar una seria inquietud por aclarar esta álgida cuestión (que tocaría esencialmen-

19. “Uno dei temi sicuramente piú forti è quello del sensus fidelium, perché esprime in modo chiaro la partecipazione attiva alla funzione profetica di Cristo, segnando il tramonto della distin- zione unilaterale tra magisterio e fedeli, Ecclesia docensde Eclesia discens, che aveva sempre piú caratterizzato in senso restrittivo la teologia e l’esperienza di chiesa del secondo millenio. Co- sì la recezione del sensus fideliumpuò dirsi un termine privilegiato di verifica ...della efettiva rece- zione del concilio” (D. VITALI, “Universitas fidelium in credendo falli nequit” [LG 12].., 617).

20. “Esta tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es de- cir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las con- templan y estudian repasándolas en su corazón ...y cuando comprenden internamente los miste- rios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cum- plan en ella plenamente las Palabras de Dios. ...Así Dios, que habló en otros tiempos, sigue con- versando con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evange- lio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo...” (DH 4209-4211).

21. “A lo largo de toda la constitución, la palabra ‘fiel’ –empleada ocho veces en sentido es- tricto y otras ocho con expresiones análogas, vgr.: ‘hijos de la Iglesia’– se toma en un contexto en el que el creyente es objeto de la acción de la jerarquía o sujeto de deberes. Así, por ejemplo, se dice que es ‘alimentado, instruido, informado, exhortado...’. El laico ve que se le atribuye una fun- ción receptora de la Palabra instituida, de alumno y de aprendiz necesitado” (G. DEFOIS, “La Cons- titution Dei Verbum et les fonctions sociales de l’Ecriture”, RechScRel, 1975, 478).

LA CONSTITUCIÓN PASTORAL GAUDIUM ET SPES

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