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Part I Theory and Design

6.6 Acknowledgments

A pesar de que hasta la década de los 1960 la agricultura fue el soporte principal de la economía española, el descenso de la actividad agrícola y el auge de los servicios han hecho que España deje de considerarse un país agrario. La ocupación en el sector agrícola se redujo, en apenas 10 años, a casi la mitad, desde cerca de 2 millones en 1984 a algo más de 1 millón en 1994. Pese a ello, debe señalarse la relativamente elevada dependencia que aún se registra en ciertas áreas del territorio español respecto al sector primario, reflejo de la tradicional vocación agraria de una parte apreciable de la estructura productiva de nuestro país. Aunque la media de participación de la agricultura y pesca en el Producto Interior Bruto (PIB) total nacional es inferior al 5%, existen provincias donde se supera el 15%. Cabe destacar también que España es el segundo Estado comunitario en cuanto a extensión agrícola, con cerca de 25 millones de hectáreas de superficie agrícola utilizada.

Las provincias áridas del litoral mediterráneo se han convertido en una de las áreas agrarias más productivas de España como consecuencia del aumento de la superficie de las parcelas cultivables, el desarrollo de los regadíos en las diferentes cuencas hidrográficas y las mejoras en las técnicas agrarias, con la extensión de los cultivos forzados bajo plástico. Un hecho diferencial de la provincia de Almería es la gran incidencia que tiene la agricultura sobre el conjunto de la economía provincial hasta el punto de que, durante años, la evolución de la renta y el empleo provincial han estado determinados por la marcha de la campaña hortícola. Hablar de agricultura en la provincia de Almería es hablar de la producción hortícola en cultivos intensivos, lo que popularmente se conoce como invernaderos o cultivos bajo plástico. En la figura 1.6 se muestran dos fotos de satélite que muestran el gran aumento de la superficie dedicada a invernaderos en el sur de la provincia de Almería desde el año 1974 hasta el 2000. Esta particularidad del desarrollo almeriense cuestiona uno de los tradicionales paradigmas de la economía clásica que vinculaba las posibilidades de desarrollo de un territorio a la industrialización, siendo el componente agrario un lastre y un síntoma de subdesarrollo.

Figura 1.6 Evolución de la superficie dedicada a invernaderos en la provincia de Almería desde

el año 1974 hasta el 2000 (fuente: Programa Medioambiental de las Naciones Unidas, UNEP)

En Almería ha sido el sector primario el que ha logrado, en el último tercio del siglo XX, sacar a la provincia de una prolongada situación de pobreza, consecuencia de la implantación y desarrollo del modelo de agricultura intensiva. En la actualidad, la economía de Almería representa el 1.2% del total nacional, porcentaje que la sitúa en el puesto 25 del ranking provincial. El sector agroindustrial representa de forma directa el 23% de la economía almeriense, frente al 5% que supone en el total de la actividad económica española. La posibilidad de abastecer un mercado importante y con capacidad adquisitiva suficiente para

hacer frente a unos costes de producción y transporte elevados, propició que el desarrollo de la agricultura intensiva de productos hortofrutícolas pudiera alcanzar a los mercados distantes debido a la revolución experimentada en la década de los 60 en los sistemas comerciales, en la logística del transporte y la distribución. El clima subdesértico, los suelos áridos y la escasez de agua no fueron impedimento para que los agricultores y empresarios almerienses desarrollaran un amplio sistema de producción y comercialización que actualmente se traduce en 26.500 Has. de horticultura intensiva, con una productividad media de 9 Kg/m2, una producción anual de 2.500.000 Tm (de la que se exporta un 60%) y una facturación de 1.800 millones de euros; datos del año 2009 según COEXPHAL (Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Almería). Almería es el lugar de Europa con más horas de sol al año, lo que permite cosechar de forma natural todo tipo de hortalizas, cuando en el resto del continente sólo se puede conseguir mediante costosos sistemas de calefacción artificial. De esta manera, además de reducir costes y ser más productiva, Almería es más consecuente con una agricultura sostenible. Asociado al crecimiento de la actividad agraria se ha observado un aumento del uso de plaguicidas en la provincia almeriense en los últimos años. Entre los años 1995 y 2004 se observó un aumento del 30% en el consumo de plaguicidas, pasando de 115.5 kg/Ha a 142.9 kg/Ha. A pesar de que esta evolución está vinculada a procesos de intensificación agraria, el alto consumo de plaguicidas se asocia a un uso ineficiente de los mismos. Durante los años 1980, la aplicación masiva de plaguicidas fue considerada como una revolución de la agricultura. Eran relativamente económicos y altamente efectivos. Su aplicación llegó a ser una práctica común como medida preventiva aun sin ningún ataque visible. Desde entonces, la experiencia ha demostrado que este método no sólo perjudica el medio ambiente, sino que a la larga es también ineficaz. Donde se han utilizado los plaguicidas de manera indiscriminada, las especies de las plagas se han vuelto resistentes y difíciles o imposibles de controlar. Debido a la reciente preocupación por la defensa del medio ambiente, se está restringiendo el uso de los plaguicidas y se están endureciendo los sistemas de control. No obstante, el hecho de que estas sustancias persisten en aguas y suelos durante años con consecuencias aún inciertas sumado a la continua modificación del marco legal cada vez más restrictivo, convierte la contaminación por plaguicidas en un problema prioritario que debe ser resuelto.

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