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Call for action to each of the different stakeholders

Yo dibujo puentes para que me encuentres. Un puente de tela, con mis acuarelas… Un puente colgante,

con tiza brillante… Puentes de madera,

con lápiz de cera… Puentes levadizos, plateados, cobrizos… Puentes irrompibles, de piedra, invisibles… Y tú... ¡Quién creyera! ¡No los ves siquiera! Hago cien, diez, uno... ¡No cruzas ninguno! Mas... como te quiero... dibujo y espero. ¡Bellos, bellos puentes para que me encuentres!

Elsa Bornemann, PUENTES

Introducción

¿Cómo se construye un puente? ¿Desde cuál de sus extremos comenzarías a construirlo? ¿O será que la magia de los Puentes está en los espacios que comunican? ¿Cómo un niño transita su recorrido con otros, sino a través de puentes vinculares? ¿Cómo apuntalar un puen- te, cuando éste se muestra tambaleante?

Desde los ribetes con que el arte ofrece palabras para nombrar los mínimos detalles, esta poesía de Elsa Bornemann nos llevó a pensar por una parte, en la importancia del reconoci- miento de los otros significativos en el desarrollo de todo niño. Destacando con ternura las marcas múltiples e insistentes del encuentro, que supondrán como condición necesaria la pre- sencia y el contacto. Cada puente, con su material y sus características serán una oferta, una invitación a transitar un recorrido, a reconocerse, a mirarse y encontrarse allí, donde el camino mismo se construirá en trayecto. Por otra parte, esta poesía parece acercarnos con palabras e imágenes al despliegue que los niños y las niñas realizan al momento de jugar, de dibujar

puentes. Momento que se convierte en un acto creativo singular, en tanto el niño como autor y

protagonista de su obra, pone al servicio de la realidad sus propias fantasías y pensamientos. Es así, que desde la atmósfera poética que esta artista introduce, las diferentes modalida- des que los puentes adquieren nos permite pensar también en el amplio horizonte de caracte- rísticas que el juego puede presentar, (cuando este se ha propiciado con sus requisitos meta- psicológicos) y en lo necesario de la existencia de otros que estén disponibles a significar ese encuentro en tanto acto creador.

El juego y el dibujo, herramientas técnicas clásicas y particulares de la clínica con niños, evidencian los movimientos que éstos realizan al trazar las líneas de su juego, colores, telas, crayones, tizas y juegos, en tanto instrumentos de producciones simbólicas en las que poner a jugar sufrimientos subjetivos.

Los hilos del amor y la espera, como materiales necesarios, la intervención de un analista y los aportes de otras disciplinas para propiciar el trazado en aquellos puentes donde el trayecto aparece dificultado.

En el presente capítulo, nos proponemos delimitar el estatuto singular que cobra el juego en el dispositivo clínico con niños y adolescentes, intentando situar los alcances y también, las limitaciones, que el mismo conlleva, solidario del trabajo analítico en tiempos de neogénesis (Bleichmar, 1993)del sujeto psíquico.

Hablar de juego en la clínica psicoanalítica con niños y adolescentes, lejos de ser una cues- tión trillada, interpela y convoca a los psicólogos y psicoanalistas a reposicionar y repensar los fundamentos teóricos que guían su práctica, pues el modo de concebir teóricamente éstos fundamentos, y por consiguiente sus intervenciones, da cuenta de cómo es pensado el sujeto psíquico y su sufrimiento.

Ya sea que se trate de invitar a jugar, de dibujar o simplemente a tomar la palabra, sigue siendo hoy una polémica viva, aún no zanjada en su totalidad y controvertida en cuanto a sus alcances y resultados, cuando el protagonista de la experiencia carece de la posibilidad de expresar su subjetividad en el jugar en sentido amplio.

Ahora bien, pensando el juego como herramienta clásica del Psicoanálisis con niños, nos preguntamos: ¿Qué estrategia/as diseñar o implementar ante aquellas presentaciones clínicas que subvierten el dispositivo clásico de trabajo propuesto por el Psicoanálisis? ¿Cuáles serán las maniobras posibles ante lo imprevisto del malestar que irrumpe de maneras diversas, según el modo singular que cada quien ha encontrado de metabolizarlo?

FACULTAD DE PSICOLOGÍA  |  UNLP    74 

Si el jugar como posibilidad, es solidario de la experiencia fundante para el niño de recortar- se del campo del Otro, ¿cómo damos fundamento a la experiencia clínica de reunir padres e hijos, juntos en un hacer común?

Interesados en la temática del juego, como artificio clínico, en tanto temática general y orde- nador base del presente libro conjunto, nos centramos en el siguiente capítulo en una modali- dad específica de aplicación del juego para pensar dimensiones que hacen a su uso, funda- mento y posibles efectos.

A partir de los aportes de la teoría psicoanalítica, estableciendo a lo largo del capítulo un breve recorrido histórico respecto al lugar y función que diversos autores han dado al juego en los abordajes terapéuticos de niños y adolescentes, así como también recuperando algunas de las premisas básicas que el Psicoanálisis vincular ofrece, (enfatizando su lectura en las tramas de interrelación imposibles de reducirse a un único sujeto), es que nos proponemos pensar teóricamente la particularidad del uso del juego en un dispositivo clínico singular.

Partimos de pensar al Psicoanálisis vincular, y sus herramientas, como aquel análisis donde la escucha y la mirada no se focalizan en los sujetos sino en el “entre” del vínculo, en la pro- ducción conjunta que el encuentro favorece y propicia. Es a partir de recuperar lo intersubjetivo, sin perder sin embargo de vista las dimensiones intrasubjetivas y transubjetivas en juego, que la óptica se enriquece.

Isidoro Berenstein dirá “No son dos sujetos previamente instituidos que van al encuentro sino que se instituyen como nuevos sujetos desde el vínculo y no previamente a él” (2007, p. 107). Es decir, ni lo uno ni lo otro, sino los dos y en simultáneo.

Desde esta tesis central y destacando la constitución del psiquismo en el imprescindible en- cuentro con otros significativos, es que proponemos considerar la experiencia que analizare- mos, un acercamiento interesante para complejizar al juego como artífice destacado del devenir subjetivo, así como su uso en la práctica clínica.

Si la dimensión del encuentro hace énfasis en las producciones conjuntas que no pueden reducirse a los elementos que las componen, sino a la complejidad de los procesos en juego ¿Cómo pensar un juego sin otros? ¿Cómo no destacar al encuentro como potencializador en la complejización del aparato psíquico? ¿Cómo no pensar las intervenciones más allá de la singu- laridad de cada sujeto?

Tomaremos en consideración, con la intención de zanjar los diversos interrogantes antes mencionados, la singularidad de una experiencia enmarcada dentro de un taller de juego vincu-

lar, que supone una propuesta concreta de trabajo conjunto entre niños/as de 2 a 4 años y sus

padres, en un dispositivo clínico de carácter grupal. Este taller fue llevado a cabo, durante el año 2017, como parte de la propuesta terapéutica en un dispositivo interdisciplinario de Salud Mental en la Fundación “EICE” de La Plata, específicamente en el CEDYT (Centro de Diagnós- tico y Tratamiento). La mayoría de los casos que se abordan en esta institución, se correspon- den con severos trastornos en la constitución subjetiva siendo la oferta de tratamiento integral, intensiva e interdisciplinaria.

La propuesta de taller de “Juego Vincular” fue llevada a cabo por un equipo interdisciplinario conformado por un profesional psicólogo, un fonoaudiólogo y un musicoterapeuta, y un terapis- ta ocupacional, además de auxiliares que ofrecieron apoyo en la intención de llevar adelante una tarea conjunta, a partir de consignas que involucraron una apuesta de juego compartido.

La teoría no es la clínica, ni la clínica una teoría, de manera que en aquellas situaciones clí- nicas en las cuales no es posible aplicar de inicio el dispositivo clásico propuesto por el Psicoa- nálisis, se nos presenta la exigencia de un revisar el mismo, y fundamentar nuestras interven- ciones. El desafío de “crear” un dispositivo que no es en el vacío sino que se sustenta en la particularidad que el caso nos propone, y una perspectiva clínica que incluye la posibilidad de elaborar un proyecto terapéutico transformador.

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