Durante el proceso terapéutico con la paciente se hizo evidente su necesidad de utilizar mecanismos que le permitieran hacer frente a la realidad en la que se encontraba, realidad que desde el inicio le significó gran sufrimiento psíquico y que a medida que fue desarrollándose el tratamiento se hizo más intenso. De acuerdo a Freud existen defensas contra las excitaciones que provienen del exterior pero contra las que provienen del interior no existen lo que causa sensaciones de displacer. Todo aquello que sentía que provenía de su interior le causaba una gran angustia que se intensificaba frente a la realidad externa.
Jimena se defendía ante su sufrimiento con mecanismos como la negación, la proyección, la identificación y la evasión. El que más predominaba de todos y que utilizaba con mucha frecuencia era la negación. Hacia el inicio del proceso terapéutico, la necesidad de negar lo que ocurría o evadir la realidad era muy evidente y frecuente y se puede observar en los siguientes fragmentos de sesión:
SESIÓN #11
“J: no mejor no hablemos de eso.
M: bueno y de que quieres hablar?
J: no solo quiero jugar, no mejor, quiero pintar”
SESIÓN #12
Este juego de rellenar marcadores fue un juego que se repitió a lo largo del proceso terapéutico y que se caracterizaba por rellenar con plastilina el orificio que tenían los marcadores en sus tapas. Este juego se presentaba en momentos en los que algo hubiera podido ocurrir con Jimena, por ejemplo cuando su abuelo se fue para Guatemala; y también en momentos en los que durante sesión se tocaban temas que le significaban mucha angustia y un gran dolor psíquico.
Con relación a la proyección y a la identificación esto ocurría cuando necesitaba aplacar la angustia de cualquier tema que le significara dolor psíquico y que afectara su mundo interno. Esto ocurría con mucha frecuencia con Bobby e incluso con la terapeuta en momentos en los que deseaba ser hija de la terapeuta, vivir con ella y que fuera su madre; pues su madre interna y externa se le presentaba muy persecutoria y angustiante.
Respecto a la evasión, este mecanismo de defensa era utilizado cuando el contenido de las sesiones, de lo que se planteaba o se hacía significaba una angustia muy fuerte para ser tolerado. Frente a esto ella siempre pedía que se dejara de hablar, evadía lo que se conversaba y prefería jugar y hacer “cosas divertidas”, algo muy común en ella era que repitiera “siempre eres bla bla bla” con lo que buscaba evadir lo que se conversaba y orientar la sesión hacia otro tema o actividad.
Otro mecanismo que era utilizado para hacer frente a la realidad y al dolor que ésta le causaba era mediante la somatización y las reacciones corporales, comportamientos que fueron muy recurrentes durante todo el proceso terapéutico llevado con ella. Algo característico de este comportamiento es que, de acuerdo a lo referido por la madre, son comportamientos que la niña copió de ella misma pues ella reacciona de la misma manera ante situaciones de mucha angustia.
El hecho de haber perdido a su padre se convirtió en un temor, en la angustia de perder y de ser abandonada por todos sus demás objetos. Según Muñoz (2010) esto también se relaciona a la preocupación por la muerte de los demás seres amados. Adicionalmente, perder al ser querido también se relaciona con fenómenos hipocondríacos pues existe una relación entre estos y los procesos de identificación con objetos dañados que se incorporan. A lo largo del proceso terapéutico, este componente psicosomático fue muy evidente, incluso se conoció que desde recién nacida tuvo complicaciones de salud. Estos comportamientos corporales pudieran considerarse como una enfermedad psicosomática que en Jimena tuvo muchas manifestaciones: gripas, virus, vómitos, alergias, diarreas, etc.
De acuerdo a lo referido por la madre en las entrevistas iniciales, la niña se enferma o deja de comer cuando experimenta angustia o dolor; sufre de gripas constantes, se queja de dolores de cabeza y corporales. Uno de los episodios psicosomáticos que más llamó la atención en la paciente fue uno ocurrido hacia el final del proceso terapéutico en el que la madre había planificado salir a teatro con la familia del padre de Jimena (quien para el momento había reaparecido y se mantenía presente), frente a esto la niña comenzó a decirle que no quería que saliera y comenzó a llorar, al momento de dejarla en la casa le dio fiebre y comenzó a vomitar, episodio que desapareció al día siguiente. Estos episodios permitieron que se pudiera comprender y explicarle a ella cómo actuaba de esa manera cuando desea ser cuidada y protegida por la madre, si está enferma entonces la madre debería estar siempre con ella, cuidándola. Para evitar entonces que su madre saliera ella se enfermaba y vomitaba. Se le mostró que este comportamiento podía ser como la respuesta de la niña ante la separación.
Otro mecanismo utilizado y que también despertó mucho interés durante el proceso terapéutico fue la necesidad de la niña de aumentar la relación simbiótica que tiene con su madre, sobretodo en momentos de mucha angustia y dolor. Esto fue particularmente importante cuando toda la familia de Jimena toma la decisión de mudarse a Guatemala y ella y su madre quedan en un estado de abandono y soledad total. Esto aumentó la necesidad de Jimena de crear una mayor dependencia con su madre, lo que para ella significa protección y seguridad y se constituye como un estado regresivo utilizado por ella en momentos de angustia. Este comportamiento está igualmente instaurado en su madre ya que ambas lo comparten y reaccionan de la misma forma en momentos de angustia. Podría decirse que debido a esto la niña ha copiado la manera de actuar de su madre en momentos en los que la realidad psíquica es muy dolorosa para soportarla. Hacia el final del proceso terapéutico se conoció esta regresión tanto de la niña como de su madre en una entrevista realizada con ella. El siguiente fragmento lo ejemplifica:
SESIÓN # 15: SESIÓN CON LA MADRE
“Mo: en todo lo que nos ha sucedido, volvimos a dormir juntas, oficialmente juntas todas las noches.
M: cuanto tiempo estuvieron durmiendo separadas. Mo: duramos tal vez tres, cuatro meses.
M: pero eso fue mientras estabas con Fernando o qué pasó que definitivamente pudieron dormir separadas.
Mo: incidió todo porque por lo de Fernando, se fue mi papá entonces fue como terapia porque honestamente yo con ella ya no duermo entonces fue como vas a dormir tú en tu cama, yo en la mía, dormimos en el mismo cuarto, nos separa una mesa de noche, ahorita que se fue Fernando que mi papá no está como con todo lo que ha pasado volvió y se me acomodó en la cama y pues ahorita que él nos visita no se hace en la cama de ella siempre es en mi cama, se planta ella en la mitad y de ahí no se mueve entonces ese pedacito fue como volver otra vez al principio porque hay muchas cositas que miro y no funciona, otra vez estamos pasando todo el tiempo juntas pues porque como se fue mi familia, estamos
Por último, un mecanismo que la paciente utilizó hacia el final del proceso terapéutico fue la necesidad casi desesperada de comer, picar e ingerir alimentos constantemente. Esto fue referido por la madre, presentado como una preocupación de ella y de las maestras del colegio al que asiste la niña. Esto pudo entenderse como una respuesta frente a la angustia y ansiedad a la separación, situación que en Jimena ocurre con mucha frecuencia y muy seguido. Volviendo a la etapa oral del desarrollo, con esta necesidad oral se posee un control sobre el objeto, la relación podría establecerse como de poder lo que evita que el objeto pueda ausentarse y separarse del sujeto. En este sentido se puede hablar de un control omnipotente el objeto a partir de la incorporación compulsiva de alimentos. En las últimas sesiones con la niña se pudo observar esta necesidad de comer cuando además de comer dulce, comía piña, bolsas de papas, pudín, chocolatinas, etc.