En el siglo XXI, se necesita un modelo educativo que no considere al sujeto de aprendizaje como alguien que solo debe recibir (educación bancaria Paulo Freire), o alguien que es el absoluto sujeto de aprendi- zaje y el docente un facilitador. El proceso educativo es un encuentro personal, donde el educador enfrenta la realidad más frágil de la socie-
dad como es una persona que está en un proceso de despliegue de las propias capacidades. Docente y estudiante son realidades misteriosas y a la vez complejas; sin embargo, el encuentro mismo los lleva a una vida más rica, más profunda y más humana.
Cuando se habla de persona, no se está hablando de cualquier ma- nera del ser humano, sino de su carácter más elevado; es evidente que QRSXHGHDÀUPDUORPLVPRGHRWURVWpUPLQRVWDOHVFRPR©\Rª©VXMHWRª o «individuo». El «yo» puede entenderse como autoconcepto o la idea TXHFDGDXQRVHIRUPDGHVtPLVPR\TXHSXHGHREMHWLYDUVHUHÁH[LYD- mente, e incluso proyectarse objetivamente a otras individualidades. En cualquier caso, el «yo» resulta ser una autorreferencia ideal de la subjetividad.
3RU RWUD SDUWH ©VXMHWRª HV XQ WpUPLQR SURSLR GH OD WUDGLFLyQ À- ORVyÀFD GHO LGHDOLVPR WUDVFHQGHQWDO D SDUWLU GH VX WHRUtD GHO FRQRFL- miento— desde Kant hasta Husserl— y conlleva la referencia al objeto para su comprensión: el «sujeto» se opone al objeto, según se da en la conciencia intencional. En esta misma referencia de singularidad, se da la noción de «individuo», en contraposición a grupo clase o colectivi- GDG(O©LQGLYLGXRªVHGHÀQHFRQUHODFLyQDOJpQHURRHVSHFLHDODTXH pertenece.
/DHGXFDFLyQSXHGHVHUGHÀQLGDFRPRD\XGDDOSHUIHFFLRQDPLHQ- to humano17 y su sentido puede concretarse más, desde la noción de
crecimiento; además, es una exigencia desde la consideración del ser personal.
Desde la noción de persona debe añadirse dos características esen- ciales para poder hablar de perfeccionamiento humano: primero, el ser humano, en cuanto persona, es el origen y dueño de sus actos, es su propio agente perfectivo; segundo, su perfección no consiste en acabar nada, su proceso de perfeccionamiento es permanente.
Comprender el perfeccionamiento humano como una actualiza- ción o realización personal, implica un crecimiento, lo que corresponde con la persona como ser coexistente y donal desde su intimidad. Un ser capaz de darse, desarrollará un verdadero crecimiento y no solo de aumento, sino será también incesante, pues no tiene límites intrínse-
cos; no obstante, la donación es interpersonal, dar es también aceptar, simultáneamente.
&XDQGR6DQWR7RPiVGH$TXLQRGHÀQHDODSHUVRQDFRPRORPiV SHUIHFWtVLPRHQWRGDODUHDOLGDGQRHVWiUHÀULpQGRVHDO\RDOVXMHWRRDO individuo, sino a la totalidad de ser humano. En consecuencia, utiliza el término persona, ya que no hay oposición entre yo, sujeto e indivi- duo respecto de la persona, lo que ocurre es que sobrepasa a los otros conceptos.
La acción educativa debe disponer de las mayores acciones para propiciar el crecimiento personal, de allí que la educación debe buscar la humanización de la persona18. En la educación no cabe hablar de pro-
ducción, sino de formación, porque se trata de dar forma a lo ya forma- do, no en cuanto formado, sino en cuanto incompletamente formado19.
El educador no forma al educando, sino que este se forma con ayuda y orientación del educador que también es una persona. El educador no puede producir ni obtener personas, esto sería negar su dignidad esen- cial. El educador solo puede propiciar o fomentar su formación, ayudar a desplegar su ser. Educare y educere se complementan en el despliegue del sí mismo personal en una permanente relación cultural con otro, que implica caminar juntos.
Por tanto, el sentido de la vida ética y de los valores es solo un constante crecimiento, como parte del perfeccionamiento humano, orientando al bien, la verdad y la libertad, como un agente moral.
Conclusión
Frente a la crisis de la ética y los valores, hoy más que nunca se QHFHVLWDUHÁH[LRQDUHQWRUQRDXQDHGXFDFLyQHQYDORUHVTXHSUHWHQGD humanizar a la persona. La familia es el primer entorno donde el niño se enfrenta con una vivencia de los valores; la coherencia o la contra- GLFFLyQSXHGHQFUHDUXQDPELHQWHGHDUPRQtDRFRQÁLFWRHQHOLQWHULRU pues no solo es un «decir», sino un «vivir».
18 August Messer, Filosofía y educación, p.76
Por otro lado, las instituciones educativas tienen, en muchos casos, claros objetivos o competencias de sus procesos de formación, tanto en el desarrollo de contenidos transversales, como en la vivencia tutorial y la participación cívica; sin embargo, muchas veces se quedan solo en el ámbito de la prescripción y no en la convivencia concreta. No se puede SHQVDUHQORVYDORUHVFRPRXQDPRGDSXHGHWUDHUFRQVLJRODVXSHUÀ- cialidad y lo pasajero, cuando lo esencial es la formación del carácter y la personalidad de la persona.
Las instituciones educativas pueden desarrollar programas sus- tentables en torno a los valores, un aprendizaje para la acción o un aprendizaje para el servicio; aunque existen otros métodos como la cla- ULÀFDFLyQGHYDORUHVODIRUPDFLyQGHOFDUiFWHUHOGHVDUUROORGHOUD]RQD- miento moral, etc. Cada uno de estos son posibles de aplicarlos según la realidad de los estudiantes; sin embargo, no podemos perder de vista que lo más importante es la persona y su sincera y honesta convivencia como docente y estudiante. Los valores fundamentales se sustentan en valores como el amor, verdad y libertad, ya que solo el amor y la ver- dad nos hacen libres.
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