4.2 Preparation Phase Overview
5.1.2 Activity: Characterize Concern and Module Mapping
Hay actualmente entre los mamíferos una especie en la cual la subjetividad es extraordinariamente compleja pues su interés en vivir no se satisface con las condiciones de habitabilidad producidas a lo largo de su coevolución. Esta especie que por supuesto es la humana, además de la salubridad y la comodidad, demanda del entorno la belleza y la busca o la consigue, recorriendo o modificando el espacio hasta encontrarla y habitarla. Inicialmente la belleza surgió en los humanos como un desarrollo de la comodidad. El entorno debía ser cómodo al cuerpo pero además agradable sensorialmente en tanto esa comodidad
era además gratificada por una acción intensiva sobre todos o algunos de los medios de información del cuerpo, esto es, los sentidos. Sin embargo, aunque en el entorno hubiera salubridad y comodidad, para el aparato sensorial podía ser insatisfactorio y buscaba una solución bien sea cambiando de lugar, bien sea modificándolo de tal manera que reprodujera en alguna medida, alguna condición que en otro espacio fue disfrutada con especial agrado. Esa condición sensorialmente gratificante la hemos conocido como belleza, objeto básico de la
estética y es subjetivamente diversa pues sobre ella pesa fuertemente el imaginario, la sensibilidad y la memoria de cada ser humano.
Los seres humanos son entonces los únicos, de entre los millones de seres que habitan la Tierra, que les importa esa noción emotiva, indescifrable y relativa que conocemos como la belleza. Pero hay algo más aún. Actualmente son los únicos que quieren conocer algo que existe más allá de su entorno inmediato, los únicos que se preocupan de lo que ocurrió antes de su nacimiento y especulan sobre lo que ocurrirá cuando desaparezcan. En otras palabras, son los únicos que se ocupan detenidamente del tiempo y del espacio130. Gracias a esta singular capacidad de su cerebro, puede almacenar en éste enormes extensiones de tiempo y de espacio y sobre todo, puede captar y organizar el mundo mediante estructuras conceptuales complejas y también puede elaborar refinadas formas espaciales que le sirven como herramientas de trabajo en el objetivo de intervenir y modificar el espacio para alcanzar las mejores condiciones de salubridad, comodidad y belleza. Así mismo puede elaborar patrones de belleza encaminados a orientar la construcción de todo tipo de refinados espacios. Esta subjetividad humana en torno a la consecución de una habitabilidad bellamente apropiada, viene interceptada por conjuntos de significados los cuales, a su vez, son elaboraciones culturales producidas históricamente en el seno de cada sociedad. Dentro del mundo viviente, la especie humana surgió y coevolucionó de primate a homínido y de homínido a homo sapiens, como una especie social y comunitaria, en un hábitat específico que la ciencia ha localizado en el centro oriente tropical de África. En su objetivo de supervivencia, factores climáticos adversos que alteraron las condiciones de salubridad y comodidad, la hicieron emigrar varias veces hacia el sur y especialmente hacia el norte de ese continente y de allí en múltiples
direcciones hacia el resto del planeta, caracterizándose entonces no solo como una especie social y comunitaria, sino además, como nómada y cazadora- recolectora. Poco a poco, en ese proceso, fue distanciándose de las demás especies por su capacidad de adaptación a diferentes hábitats y de realizar dentro de ellos las modificaciones necesarias para obtener la comodidad y salubridad
apropiadas. La singularidad de esa movilidad espacio-temporal, social y comunitaria la hizo poseedora de múltiples y diversas experiencias de habitar lo que, a su vez, le abrió camino a un desarrollo sofisticado de lenguaje, potenciando su capacidad de intercambiar información hasta alcanzar niveles superiores a los de cualquier otra especie. Dentro de esas circunstancias, la especie humana fue acumulando ricos y abundantes conocimientos de operación espacio-temporal que le permitieron desarrollar una conciencia de sí misma muy particular dentro de todo el mundo viviente.
Gnoseológicamente era obvio que, en lo referente a su capacidad de habitar, la especie humana fuera descubriendo su singularidad dentro del resto de especies, fuera observándose a sí misma como capaz de movilizarse colectivamente logrando no sólo la comodidad, salubridad sino, a partir de las sociedades agrícolas, la belleza donde y cuando fuese necesario. Podía superar las condiciones muy adversas de habitabilidad de algunos territorios, construyendo allí refugios temporales colectivos desde los cuales se facilitaba su movilización hacia mejores condiciones de habitabilidad. Estamos ante una nueva especie que ya no estaba atada al hábitat del cual surgió, pues había logrado desarrollar una singular capacidad de supervivencia comunitariamente dialogada donde y cuando fuese necesario. Gracias al desarrollo de su lenguaje, fue acumulando un saber colectivo único dentro del mundo viviente. Un potencial de lograr bien estar por encima del resto de especies la cual, sin embargo, no derivó en un sentimiento de superioridad, posesión y en últimas, de poder sobre el resto del mundo. Su surgir y coevolucionar había desarrollado una relación Sí Mismo-Otro comunitaria que implicaba un saber comunitario donde todo era reciprocidad y complementariedad, donde se era uno y todo a la vez. A la especie humana le bastaba el hecho de ser- al-estar-en un mundo que le proporcionaba los medios para vivir.
La materia no viviente había podido modificarse a sí misma hasta ser materia viviente, como consecuencia de su interacción asociativa capaz de avanzar y seguir avanzando cada vez más en complejidad. Una capacidad que era un saber comunitario de seres, maravilloso y complejo y del cual surgió el humano que se singularizó por comunicar desde el lenguaje, la conciencia y la experiencia de ser- al-estar-en y de significar el mundo. Su coevolución con el mundo había avanzado hasta el punto de anticipar el resultado de sus acciones encaminadas a seguir siendo y estando, a diferenciarlas haciendo juicios de valor sobre su conveniencia e inconveniencia y a plantear líneas de acción alternativas para asegurarse de lograr únicamente lo conveniente. Ese nivel más complejo, que implicaba crear imágenes mentales de realidades anticipadas, no presentes sino futuras, desde abstracciones que le permitían relacionar sus actos con categorías generales como comunidad y totalidad, todo ello soportado en significados básicos y
profundos, era un saber poderoso para alcanzar y sostener apropiadamente su
salubridad y comodidad.