3. Results and discussion
3.2 Biological processes performance
3.2.6 Activity test results
Mousseaux, el que escribió en 1886 el prólogo de la segunda edición del libro resonante: Le Juif, le Judaisme et la Judaisation des peuples chrétiens, me suministró datos emocionantes.
Tuve la buena suerte de relacionarme con el Sr. Chauliac en el curso de mis enredos con nuestro ministerio de Relaciones Exteriores, cuando ése severo guardián de los secretos de Israel me negó el derecho de consultar los archivos del proceso de Damasco.
Algún tiempo después, mientras publicaba una serie de artículos sobre el crimen ritual, y habiendo recibido una advertencia anónima así concebida: "¡Cuidado!, recuerde que como castigo de su libro Gougenot des Mousseaux fue ejecutado por los judíos”; le escribí al Sr. Chauliac para obtener antecedentes y datos.
El escritor me invitó a que lo visitara, cosa que me apresuré a cumplir.
Nogent-sur-Marne. Una calle y una casa que no tienen nada de campesina; pero desde el cuarto piso de esta casa que habita el Sr. Chauliac; la vista abarca un amplio horizonte encerrado con suavidad por las ondulaciones boscosas al pie de las cuales serpentea coquetamente el río Marne.
- “Me sorprende usted revolviendo papeles, me dijo el Sr. Chauliac después de haberrme recibido amablemente. Estoy pegando artículos de diarios que releeré con interés más adelante".
¿Más adelante? . . . Miro al dueño de casa. De mediana altura, el espíritu tan alerta como el cuerpo, con su bigote y su barbita blanca, me hace recordar á un oficial zuavo o de cazadores a pie que acabara de retirarse. Pero más tarde, cuando lo veo saltar ágilmente sobre un taburete para buscar sin anteojos, en los estantes superiores de su biblioteca, unos libros que quiere mostrarme, tengo la impresión de que si allí hay un oficial, podría muy bien estar en actividad.
Me entero, por otra parte, que el Sr. Chauliac sirvió como capitán en el cuerpo de zuavos pontificios.
- "Le rogué que viniera, me dice, porque aunque no tengo más miedo que Ud. del mauvais café, * hay cosas que no me gusta confiar al correo.
Es precisamente un asunto de mauvais café lo que me trae.
Sí: leí la esquela que me hizo llegar, y no podía dirigirse Ud. a persona más acertada para recabar precisiones sobre el acontecimiento que le interesa. Yo ya era amigo de Gougenot des Mousseaux cuando fue editado por primera vez su libro le Juif, en 1869.
- ¡Su joven amigo! creo deber interrumpirlo, después de un cálculo rápido que me hace remontar a cuarenta y cuatro años atrás.
- ¡Oh!, su joven amigo . . . ¿Sabe Ud. que voy a comenzar mi octogésima tercera primavera?".
Me admiro, y en seguida saboreo todo lo que había de confiada serenidad en el “más adelante” del comienzo.
No se sabe qué admirar más en este octogenario, si la seguridad de su memoria, su lucidez de espíritu, su robustez o sus largas esperanzas.
- "No todo es invención en la esquela que me sometió, retoma el Sr. Chauliac, y va a poder decir cosas que nunca fueron dichas, esclarecer un punto interesante de la Historia: es muy cierto que Gougenot des Mousseaux fue sorprendido en plenavida, en plena actividad cerebral y física, que su muerte es un acontecimiento por demás extraño y misterioso. Pero no nos anticipemos y sigamos el orden cronológico de los hechos, ya que tengo otras cosas curiosas que decirle.
Remontémonos, si quiere, al año 1871. Le Juif había aparecido hacía ya dos años; pero no lo parecía, era como si la edición hubiese sido escondida en un sótano. No incrimino a nadie: sólo constato.
Es en esa fecha que el azar me hizo testigo de una transacción singular. Obedeciendo a mis instintos de hurgoneador y de bibliófilo, estaba en tren de búsqueda en un negocio de viejos libros situado bajo un portal con el N° 5 de la calle Casimir Delavigne. No recuerdo el nombre del librero que estaba establecido allí, en donde hoy se levanta una hermosa casa de renta.
Mi sorpresa fue grande al asistir a pesar mío a un coloquio entre el comerciante y unos clientes, coloquio que tenía por objeto la compra en bloc de la edición de Le Juif. Sin duda, los interesados me tomaban por un empleado, ya que no eran por demás discretos en la discusión.
Cuando estos hombres se fueron, pude hacer la adquisición de tres ejemplares
# Café malo. Expresión turca que significa asunto venenoso. (N. del T.).
con con los que corrí a casa de Gougenot des Mousseaux que vivía en la calle Godot-de-Mauroy, cerca de la Madeleine.
En cuanto el gran escritor se enteró de la conversación que la casualidad me había hecho sorprender:
- "Corra en seguida a lo de su librero, querido amigo, me dijo mientras me ponía un billete de mil francos en la mano, y salve todo lo que pueda con esto".
Tomé un coche, y aunque era la hora del almuerzo corrí a la calle Casimir Delavigne.
- “¡Demasiado tarde! . . . me respondió el librero después de haberle expuesto mi requerimiento; todo fue desmenuzado y enviado al depósito para pasta de papel!” Fuera de los tres ejemplares que salvé providencialmente, no existe de esta primera edición más que algunos pocos ejemplares expedidos por Mousseaux, sobre todo al extranjero.* A propósito de ésto, puede Ud. reírse de los que se atreven a invocar la autoridad de la Santa Sede contra lo que ellos llaman la leyenda del crimen ritual.
Después de cada una de sus obras, mi amigo des Mousseaux recibió el más entusiasta de los estímulos por parte del Vaticano; después del Le Juif, en donde son reveladas con segura documentación las prácticas sangrientas, el gran Papa Pío IX, aparte de animarlo, le otorgó la más alta recompensa que se pueda conceder, la cruz de comendador de su Orden.
Gougenot des Mousseaux, yendo yo a menudo hasta Coulommiers, lugar que había elegido para retirarse.
Hacia fines de Setiembre de 1876, fui a pasar cerca suyo toda una semana. Durante esta estadía, me dijo que recibiría una feliz noticia de Roma, que ya le habían avisado telegráficamente. 'El había enviado una obra al Vaticano para su aprobáción, y ya en ese momento el secretario de Estado le había hecho saber: - "Recibirá próximamente su manuscrito; el Santo Padre quiere hacerle una corrección con su propia mano". En efecto, algún tiempo después recibí mi trabajo. A continuación de mi firma, Pío IX había añadido de su puño y letra: "Caballero de San Gregorio Magno."
Esa era la corrección anunciada por el secretario de Estado; era la buena nueva de la cual me hablaba discretamente des Mousseaux.
En la noche del 3 de Octubre de 1876, me despedí de la familia, pero mi amigo se empeño en acompañarme a la estación.
Algunos minutos antes de dejarme, es decir, hacia las diez de la noche, me mostró una esquela que había recibido unos días antes.
- "¡Lea! "me dijo riéndose. El papel decía así:
"No coma nada, no beba nada antes de haber hecho probar su alimento al perro, ya que durante una reunión secreta mantenida ayer, Ud. fue condenado a muerte por los judíos"
* Uno de ellos ha llegado felizmente a nuestras manos. EDITORIAL MILICIA publicará a la brevedad esta obra fundamental que nada menos que Alfred Rosenberg editara en Alemania en 1927 (Nota del Editor)
- "Es la obra de un bromista, seguramente, le dije al devolverle la advertencia, pero, sin embargo, ¡quién sabe! . . . ¡Sea prudente! querido amigo”.
- "Estamos en las manos de Dios", contestó mientras se alejaba. ¡Nueve horas después, estaba muerto! . . .
- ¡Muerto! ... pero, ¿sobre esta muerte fulminante, tiene Ud. detalles?
- Los que le relataré. Gougenot des Mousseaux asistía a misa y comulgaba todas las mañanas, a las siete, en la capilla privada del hospicio de Colonnniers, misa oficiada por .el capellán, salvo ausencia. Comulgó el 4 de Octubre de 1876 en la misa de las siete, como de costumbre, es decir que estaba en ayunas, y al salir de la capilla, cayó para no levantarse más.
- ¿Hubo autopsia?
- ¡Oh, no! Aterrorizadas, la Sra. des Mousseaux y su hija prohibieron que se hablara de la misteriosa advertencia.
- ¿Des Mousseaux estaba habitualmente sólo al tornar la comunión en esa misa matinal?
- Tan es así, que la víspera de mi partida, el 2 de Octubre, como yo quise acampañarlo a tomar la comunión, tuvo que avisar a la sacristía para que el
capellán tuviera dos hostias consagradas en lugar de una. - ¿Había allá un sacristán? ¿Algún niño del coro?
- Es muy probable, pero confieso no haber guardado ningún recuerdo de ello. - ¿Gougenot des Mousseaux cayó en la capilla o en la calle? ¿Murió en su casa? - No tengo ninguna seguridad al respecto; pero juzgue Ud. Ya le dije que la mitad estaba aterrrada por esta ejecución que había seguido tan de cerca a la advertencia: temían otras represalias.
Llevó su inquietud para hacer el silencio sobre las circunstancias de esta muerte hasta el extremo de decir que el escritor había muerto, después de quince días de enfermedad, de una embolia; otra vez, que se había tomado un vomitivo en su casa. ¿Por qué un vomitivo? La realidad es que des Mousseaux comulgó en la misa de siete, que nunca puede durar menos de veinte o veinticinco minutos pero veinticinco minutos de camino lo separaban de su castillo, muriendo a las siete y media. ¡Saque Ud. una conclusión!
- Concluyo que murió al salir de la capilla. Pero, ¿cómo no se sospechó que la ejecución podía haber sido hecha par medio de una profanación, de una sustitución de hostia?
- ¡Misterio! que quedará lamentablemente como un misterio . . . Prosigo:
Después del deceso de mi querido arraigo, el 12 de Octubre su viuda me hizo partícipe del deseo de su marido y me encargó la reedición de sus obras, y en primer lugar de su libro Le Juif et la Judaisation des peuples chrétiens Gougenot des Mousaeaux había conservado uno de los ejemplares que yo había salvado del naufragio, ejemplar que estaba ya en mis manos.
Acepté de todo corazón la misión que se me encomendaba, y mi primer trámite fue confiar la obra material de esta reedición a la misma casa que había impreso por primera vez el libro; pero cuando llegué a la calle Garanciere para ofrecer el trabajo al Sr. Plon, ante mi gran sorpresa se negaron con el pretexto bastante vago de la falta de tiempo, otros trabajos importantes por terminar, etc.
Como me pareció que el impresor tenía todo el derecho de tomar o no un trabajo, no insistí, diciendo que iría a otro lado.
A ésto el Sr. Pion contestó que no solamente no quería imprimir el libro, sino que además prohibía que se imprimiera en cualquier otro sitio!
Le expresé la extrañeza que me causaba una pretensión que nada parecía justificar; fue entonces cuando el Sr. Plon me mostró un tratado acordado en 1869 con des Mousseaux, por el cual él era el único autorizado para hacer reimprimir el libro Le Juif, como y cuando lo quisiera.
"La primera edición de este libro me costó bastante cara, me explicó. Los Rothschild me retiraron por esta razón, la provisión de los impresos de la Compagnie du Nord, es decir que me infligieron una pérdida anual de 40.000 francos. No quiero volver a tener otros contratiempos de ese estilo".
Añadió que al oponerse a la reedición del libro, esperaba congraciarse con sus antiguos clientes.
Le cuento a Ud. todas las cosas tal cual son, sin comentarios inútiles, y sin temor a ningún desmentido.
El tratado que estaba entre las manos del Sr. Plon lo hacía dueño de la situación hasta Abril de 1886: fue, por lo tanto, a la fuerza que tuve que esperar hasta esa fecha para hacer aparecer una nueva edición.
En ese momento me fue muy dificultoso encontrar un impresor, así como un editor que consintiera en poner su nombre en la parte baja de la página del título, y sin embargo no había ningún riesgo pecuniario que correr, puesto que la Sra. marquesa de Saint Phalle, hija de Gougenot des Mousseaux, había tomado a su cargo todos los gastos de impresión.
En el prólogo de esta segunda edición, yo había suministrado algunos detalles sobre la muerte misteriosa del célebre escritor; pero la Sra. de Saint Phalle me expresó el deseo de verlos desaparecer, y a pesar de lamentarlo mucho, debí inclinarme. Es así como Ud. se convertirá en el revelador de este extraño acontecimiento.*"
***
El Sr. Chauliac lo dijo con gran justeza: todo comentario es inútil. Antes de ser un Dreyfusarde** y de asestar sus golpes con encarnizamiento sobre los testigos que acusaban a Dreyfus, la Fatalidad era judía . . .
CONCLUSION
Cuando se quiere discutir a propósito del crimen ritual con lógica y equidad, en primer lugar se debe descartar del debate todo lo que sea protestas y alegatos judíos, y eso por varias razones.
Primero, porque nadie puede ser juez de su propia causa.
Luego y sobre todo, porque las leyes talmúdicas enseñan a los judíos que es un deber engañar a los Goyms cuando el interés de la nación judía está en juego, y particularmente ese es el caso en este debate.
* Que a su vez llega por primera al público de habla castellana a través de esta primera edición en nuestro idioma de la célebre obra de Monniot. (Nota del Editor). ** Partidaria de Dxeyfus. (N. del T.).
Desde el punto de vista documental, conviene descartar todo argumento sacado de las leyes mosaicas, y eso también por dos razones:
La primera es, ya lo hemos visto y eso no puede ser cuestionado seriamente, que sus leyes quedan relegadas al segundo plano -hasta se puede decir anuladas por lo fue pueden aparecer contradictorias- por las leyes rabínicas, ese Talmud que los judíos proclaman su Código moral.
La segunda es que esas leyes mosaicas son todavía comentadas, discutidas en la hora actual por los doctrinarios de Israel.
Si se abre l'Univers Israélite de Julio y Agosto de 1913, se encontrarán largas discusiones sobre las leyes dietéticas de Moisés, sobre las dos prohibiciones fundamentales en materia alimenticia, "nebela y terepha" sobre la extensión progresiva de la prohibicion mosaica de terepha, etc.
Las prescripciones más generalmente admitidas son objeto de vivas discusiones. Si se quiere tener una idea de la multitud de prescripciones con relación a la alimentación, ábrase el Rituel du Judaisme, por A. Nievasky, ministro del culto israelita en Orléans. (75)
Abrase luego Harmonie de l'Eglise et de la Synagogue, por el rabino convertido Drach y se leerá: "Todas las carnes, aún el cerdo, están permitidas a los judíos de acuerdo al Tzaéma-Ur-éna, el libro más popular entre los judíos de nuestras comarcas".
Y eso está confirmado por Maimónides, para las tropas judías que invaden los los países de los Goyms.
Según como se consideren los judíos aquí y allá, como en campaña de guerra o en país conquistado, gozarán de un menú diferente.
Dejemos esas sutilezas en las que tanto se complace la rabulistica judaica. Dejemos que el erudito y piadoso judío Jacques Bahar afirme (le Phare, 23 de Noviembre de 1901, sic): "Para los judíos de Francia, los tiempos han llegado desde 1791 y 1807, y es Napoleón que fue su mesías. Por lo tanto, desde esa época tienen derecho a comer cerdo".
Finalmente, dejemos las leyes mosaicas en el venerable polvo a donde fueron relegadas por el Talmud y los rabinos.
atreverse a una oposición: "Un judío no puede cometer tal crimen, puesto que ley lo prohibe". Pero la ley mosaica es sólo una ley en desuso ahora, reemplazada por el Talmud, según reconocimiento de los propios judíos.
Nos preocuparemos solamente del Talmud y de la tradición oral. Renunciamos a argumentos que podría ofercernos el Pentateuco: no queremos invocar un testimonio que estimamos no puede sernos valederamente opuesto.
Para despejar completamente el terreno del sofisma y de la argucia, distinguiremos dos categorías de crímenes rituales:
1° Los que son cometidos para obtener sangre con vistas a los ritos de Pascua, y que son generalmente, pero no necesariamente, ejecutados en las proximidades de esta fiesta;
(75) Una calificación que podría justificar un grave debate. Los Judíos ortodoxos demostrarán que no hay culto judío, que no lo puede haber, y que un rabino no es de ninguna manera un ministro del culto.
2° Los que sólo tienen por objeto la tortura y la inmolación de un cristiano, por odio hacia la fe de Cristo.
¿Podemos admitir como otros autores que esos crímenes solamente son cometidos por sectas fanáticas, y que sería injusto cargar con la responsabilidad a todo el judaísmo?
¡No! ¡Cien veces no!
Hacer esa 'concesión seria proclamar que el Talmud no incita, no prescribe la inmolación del cristiano en todas las circunstancias, o que ese Talmud no tiene ninguna autoridad en Israel: es la demostración contraria a la que hemos hecho,- irrebatiblemente.
Por otra parte, esta tesis lenitiva es desmentida por los mismos judíos que afirman su solidaridad y se levantan en masa en todo el universo cada vez que se produce una acusación ritual.
La verdad es que el rito sangriento de la Pascua parece un poco caído en desuso entre las naciones civilizadas, y eso por razones múltiples.
Primero, las oportunidades de impunidad son menores. La más elemental prudencia ordena la abstención, y el aprovisionamiento en las lejanías para los que son amantes del pan sangriento.
Por otra parte, sobre todo, este rito sangriento de la Pascua, aunque estuviera comprobado en el Talmud, no está prescripto (76): deriva de la tradición oral que los rabinos pueden y deben dejar de enseñar en los países en donde el judío no podría obedecerlo sin poner en peligro el poder de Israel.
***
Nos encontramos frente al incuestionable y triple testimonio de los textos, de las personas y de los hechos.
Los textos, que no hay que buscar en las ediciones ahora expurgadas, son formales y no pudieron ser discutidos. No se puede cuestionar que el Talmud prescribe la inmolación del goy, como un sacrificio agradable a Dios, cada vez que las
circunstancias permitan descontar la impunidad. Invocar las prescripciones relativas al amor al prójimo es argumentar.miserablemente, puesto que está dicho explícitamente que el prójimo, para. el judío es solamente el judío, y no el goy, el extraño, el idólatra -y en esta última categoría figura en primera línea el cristiano- que no es más que semilla de ganado.
Sólo hay un texto que podría oponerse a las odiosas prescripciones talmúdicas, y nadie que yo sepa, pensó en producirlo, ya sea que los abogados de Israel hayan tenido una idea demasiado vaga en el conocimiento de su expediente, ya sea que hayan tenido solamente una débil confianza en el valor del argumento.
(76) Quiero dejar bien asentado aquí en qué medida tengo la inquietud de quedar más acá más