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Adaptive Feedback Inhibition and Predictive Coding

Antes de entrar en el análisis de los diversos tipos de cazadores recolec- tores podemos proponer una cuestión previa. En primer lugar se puede pre- guntar si el concepto de sociedad de cazadores-recolectores tiene algún tipo de referente empírico. Bernard Arcand (1981 y 1988), sin duda alguna en un intento encomiable «d’epater le bourgeois» ha respondido que no. El hecho de que esta observación haya tenido tan poco éxito entre los antro- pólogos puede ser un índice de su valor científico. No se puede negar la existencia de poblaciones que viven de cazar y recoger sin que dependan en su caza y recolección de animales o plantas domesticados. Pero con esto no se ha hecho nada más que enunciar y de una manera simple y vulgar, un concepto de subsistencia. Desde hace tiempo se ha comprendido la dificul- tad en describir adecuadamente las actividades de subsistencia. Ellen (1982: 170) ha subrayado que:

«… en la literatura etnográfica y comparativa se ha creado gran confusión al asumir que las técnicas de subsistencia predominantes representan la totalidad de estas estrategias y al usar criterios simples para describir las técnicas que permiten la supervivencia. Por ejemplo, se describen los Esquimales, los Hadza o Tasaday como «cazadores-recolectores» y los Nuaulu, Gadio, Enga y Hanunoo como «agricultores itinerantes» mientras que en puros términos de subsistencia las diferencias ecológicas y sociales entre los que pertenecen a un mismo grupo son mucho mayores que las que se dan entre algunos que pertenecen a diversos grupos».

Con esto Ellen está diciendo algo muy importante. Aunque desde el punto de la subsistencia se pueden agrupar estas poblaciones en dos grupos (cazadores/agricultores itinerantes) desde un punto de vista más amplio existen, a veces, más semejanzas entre dos sociedades que pertenecen a grupos distintos que entre otras que pertenecen al mismo grupo.

No vamos a entrar más en la discusión de estos problemas en abstracto. En la descripción de los diversos tipos, o tipologías, sobre los cazadores/recolectores se podrán aclarar algunas de estas cuestiones. En vez de ofrecer un conjunto de tipologías sobre las sociedades de cazadores y después tratar de elegir entre ellas, vamos a plantear la que parece más simple e inclusiva, y, por lo tanto la que se va a aceptar, y posteriormente se van a abandonar otras posibilidades de clasificación, con el convenci- miento de que siempre hay mucho de arbitrario en todo esto.

Aunque se trate de una figura que nunca ha tenido el reconocimiento que se ha merecido, ya sea porque ha tenido una trayectoria científica estrictamente marxista o porque ha habido otras figuras de la misma nacio- nalidad que se han llevado toda la popularidad, pensamos que la contribu- ción de Claude Meillassoux a la antropología se engrandece con el paso del tiempo. Aunque pueda parecer inexacto, pensamos que su contribución al estudio de los cazadores recolectores ha sido central. Es verdad que se basa en datos tomados de otros investigadores, pero una ventaja de la antropo- logía ha sido que las observaciones de carácter empírico ofrecidas por un autor particular han sido inmediatamente interpretadas, a veces de una manera radicalmente diferente por otros investigadores. Los lugares en los que los antropólogos han trabajado no se han convertido nunca en «terri- torios privados». Meillassoux (1967 y 1972) parte de la distinción de Marx (1988: 193-194) entre la tierra como «objeto» e «instrumento» de trabajo. En la Sección Tercera del libro primero del Capital se dice que

«… la tierra se ofrece al hombre, sin que éste participe en ello, como el obje- to general del trabajo humano. El medio de trabajo es una cosa o conjunto de cosas que el trabajador interpone entre él mismo y el objeto de trabajo para que le sirva de guía de su actividad sobre este objeto. La tierra misma es un instrumento de trabajo que, sin embargo, presupone para poder ser- vir como tal en la agricultura un conjunto de otros medios y un desarrollo relativamente alto de la fuerza de trabajo».

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Como se puede observar a partir de las afirmaciones del propio Marx está perfectamente justificado considerar que en las sociedades agrícolas, la tierra es un instrumento de trabajo mientras que en las sociedades de cazadores recolectores la tierra es un objeto de trabajo. Teniendo esto en cuenta, Meillassoux ofrece una observación que va a tener un carácter seminal en la consideración de las sociedades de cazadores recolectores. Basta con decir por el momento, afirma, que el uso de la tierra como obje- to del trabajo engendra un tipo de producción,

«… instantánea» cuyo resultado está disponible de un modo inmediato, per- mitiendo un proceso de compartir los recursos que tiene lugar después de cualquier tipo de actividad. Los cazadores una vez que comparten el pro- ducto común quedan libres de cualquier obligación recíproca ulterior. El proceso no establece las bases para la emergencia de la jerarquía social, el poder centralizado, o incluso la organización de la familia extensa. la uni- dad social básica es una banda «igualitaria pero inestable con poca preo- cupación por la reproducción biológica o social» (Meillassoux, 1972: 99).

En este texto y en los anteriores de Marx se encuentran planteadas dos cuestiones fundamentales en el estudio actual de los cazadores recolecto- res. La primera consiste en la insistencia en que el compartir de los recur- sos, en las sociedades de cazadores/recolectores, tiene lugar inmediatamente después de su obtención. Con ello ya está planteado un tipo de cazadores recolectores de los que vamos a hablar enseguida. Se trata de las socieda- des de cazadores/recolectores que se basan en una «utilización inmediata» de los recursos. Meillassoux (1967) generalizaba esta observación a todas las sociedades de cazadores/recolectores y afirmaba que la poca duración y la repetición esporádica de las actividades lleva a un modo de vida atado al presente, sin ninguna duración y continuidad lo que daba la impresión de que su modo de vida era algo así como instantáneo. Aunque la generaliza- ción de estas características a todos los cazadores/recolectores, por parte de Meillassoux no sea aceptable, no cabe duda que está descubriendo un tipo de sociedad de cazadores que tiene mucha importancia. En contraposición a las sociedades de cazadores/recolectores que, según el gran antropólogo francés, presentaba esa especie de organización instantánea de la existen- cia, se sitúan las sociedades en las que la agricultura es la base de la subsis- tencia, en donde el tiempo, como duración, expectación o repetición cícli- ca, tiene una importancia fundamental, y por esta razón, el futuro se con-

vierte en una cuestión importante y con ello el problema de la reproduc- ción. Con ello, y aunque está aplicado a las sociedades agrícolas, Meillas- soux está dibujando el otro tipo de sociedades de cazadores/recolectores, aquellas que utilizan un cierto horizonte temporal en la utilización de los recursos y de los resultados del trabajo humano.

El otro problema importante que Meillassoux plantea en su texto, y que se refiere a la importancia del fenómeno del compartir en la configuración de la economía de los cazadores será estudiado con más detenimiento en el apartado siguiente.

De todas maneras, aparentemente sin conocer los planteamientos de Mei- llassoux, James Woodburn (1979, 1980, 1988: 12, Kaare y Woodburn, 1999) distingue entre sociedades de cazadores/recolectores con una utilización in- mediata de los recursos y otro tipo de sociedades con una utilización diferi- da de los mismos.

Las sociedades con una utilización inmediata de los recursos son aque- llas en los que se da un espacio corto de tiempo entre la obtención y el con- sumo del alimento. Los individuos tienen un acceso más o menos igual a los recursos y a los métodos para su obtención y la gente usa la movilidad como el método para resolver los conflictos.

«No acumulan propiedad sino que la consumen, la dan, la juegan o la tiran. La Mayoría de ellos conocen las técnicas para almacenar alimentos pero las usan únicamente de una manera ocasional para prevenir su des- composición más que para guardarlos para una ocasión futura. Tienden a utilizar artefactos transportables, fáciles de adquirir y que se cambian fácil- mente —hechos con habilidad pero sin mucho trabajo— y evitan aquellos que están fijos en un lugar, o que son pesados, muy decorados, que requie- ren una manufactura muy prolongada, mantenimiento continuo, o el tra- bajo conjunto de mucha gente» (Woodburn, 1980: 99).

En estas sociedades, se da una clara orientación hacia el presente, más que hacía el pasado o futuro. Aunque esta observación puede parecer psi- cologizante, no lo es, o al menos no se debe interpretar así en este contex- to, en cuanto que a lo que nos referimos es al hecho de que los miembros de estas sociedades utilizan su trabajo para conseguir el alimento que se va a consumir en el día o en los días siguientes. Tampoco se puede decir que estas poblaciones tengan objetos cuyo valor les permita conseguir

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ganancias en el futuro, esto se refiere no sólo a los objetos, sino también a las propias acciones en cuanto que estas no se llevan a cabo con el fin de crear una obligación en el que la recibe, o una dependencia que implique devolver algo en el futuro. Si tratamos de concretizar un poco más esta descripción, podemos traer a colación lo que ocurre por ejemplo entre los Hadza de Tanzania en donde no se pueden acumular bienes muebles de ningún tipo.

Supongamos que una persona tiene más de una camisa o incluso más tabaco del que necesita para unos cuantos días. Estos objetos no duran nunca más de un día o, a lo sumo unos pocos días. Se da una afirmación y convencimiento muy central de que es totalmente inaceptable, desde el punto de vista moral, acumular propiedades más allá de lo estricta e inme- diatamente necesario. Debido a ello, los miembros de la sociedad solicita- rán o pedirán que esa camisa o tabaco, que sobra, sea repartido o dado a otros. De esta manera, la obligación de compartir tiene un efecto inme- diato que es dispersar las posesiones entre todos los miembros de la socie- dad. Con ello, se impide que las personas se diferencien unas de otras por la cantidad de riqueza que poseen. Aquí está la raíz más profunda de lo que se puede considerar como sociedad igualitaria. Otra consecuencia impor- tante es la imposibilidad de utilizar la propiedad con fines sociales, o, lo que podíamos designar con términos más modernos, con la finalidad de crear un «capital social». Con esto se quiere decir que no se puedan usar los objetos para establecer relaciones, crear o responder a obligaciones. Debido a que lo que se tiene, y no se consume o utiliza de una manera inmediata, hay que darlo, es imposible planificar su uso para crear depen- dencias. En última instancia, todas las posesiones de instrumentos, vesti- dos, armas para la caza etc. nunca se producen más allá de lo que se va a necesitar inmediatamente.

Lo mismo que hemos dicho de los instrumentos, se puede decir del ali- mento. Lee (1988: 267) describe muy bien lo que ocurre con respecto a esto y lo califica, bastante acertadamente, como comunismo primitivo.

«Una manera útil de considerar el comunismo primitivo, dice, es que se establece un techo de acumulación de bienes por encima del cual nadie puede pasar, con el corolario de que también hay un límite por debajo del cual nadie puede caer, no se puede dar uno sin lo otro. Si hay algún ali- mento en el lugar, cada una de las personas va a tener algo de él. El hecho

es que la obligación de compartir el alimento, y el tabú contra la acumula- ción, es tan fuerte y omnipresente en el mundo primitivo como el mucho más conocido tabú del incesto. Pero, a diferencia del tabú del incesto que pervive hasta nuestro días, el tabú de la acumulación se ha convertido en una víctima de la evolución social».

Aunque no se puede hablar del «mundo primitivo» como lo hace Lee, es importante subrayar que tiene toda la razón, en cuanto que nos referimos al tipo de cazadores con una utilización inmediata de los recursos. En estas sociedades la carne obtenida por la caza de un animal grande se reparte obligatoriamente entre las mujeres, hombres y niños dentro del grupo. El que ha cazado recibe la misma cantidad de carne que cualquier otro y no se le reconoce como un donante. Lorna Marshall (1976: 295-311) describe muy pormenorizadamente este proceso y por ello nos referimos a su obra. Pero, es importante reconocer cómo se produce esa falta de reconocimien- to del que ha cazado y reparte la caza, o, para decirlo con otras palabras, la imposibilidad de acumular no sólo bienes materiales sino también capital social. Lee (1988: 265-266) lo describe muy bien de la manera siguiente:

«Cuando un conjunto de !Kung están cazando y uno ha cazado un ani- mal y se siente satisfecho por la caza, los que lo acompañan se empeñan en insultar ritualmente lo que ha cazado, minusvalorando tanto la caza como la habilidad del cazador. Cuando se habla de la caza se da el dialogo siguiente: uno dice: es pequeño, no es nada, es mucho más pequeño de lo que yo creía. En el bosque parecía grande, pero en realidad es pequeño. Otro dirá: es tan pequeño que no merece la pena, ¿porque no lo dejamos aquí? Todavía es temprano, podemos salir y cazar un poco más. El cazador puede responder: tienes razón, no es nada. Por qué no lo dejamos y caza- mos algo distinto. Aún un puercoespín o un conejo, cualquier cosa es mejor que esto. Después que todos se han reído, se ponen a trabajar preparan y cortan la carne y la traen a casa».

El reírse y minusvalorar lo que se ha cazado no tiene una función pareci- da a la que tienen ciertos sermones religiosos, es decir el recordar al hombre la nada que es o la modestia de sus obras ante Dios. Se trata más bien de una función clarísima desde el punto de vista económico, impedir la acumulación de «capital social» y de reconocimiento por parte de los que cazan.

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Estas consideraciones nos llevan necesariamente a considerar, aunque sea de una manera somera en estos momentos, el problema del igualitaris- mo. Cuando se afirma que aquí encontramos sociedades igualitarias no se quiere decir que, en todos los momentos, todos los miembros de estas socie- dades sean absolutamente iguales o tengan exactamente la misma cantidad de bienes materiales. Más bien se trata de que cada uno de los miembros tenga un acceso igual al alimento, a la tecnología necesaria para obtener recursos y a las vías que llevan a la adquisición de prestigio. Lo que subrayan los au- tores que han estudiado estas sociedades es que la base del sistema igualita- rio es la «autonomía individual» (Gardner, 1991). Esta autonomía se mani- fiesta en el autogobierno porque, como muy bien subraya Lee (1979: 348) so- ciedades igualitarias son aquellas en las que «cada persona es el jefe de sí mismo». El igualitarismo no es un fenómeno estático que se basa en el he- cho de que no existan jerarquías o estratificación, sino que es algo que se consigue con esfuerzo como ya veíamos en la anécdota contada por Lee acerca de lo que había ocurrido después de la caza. Normalmente se usa el humor para minusvalorar al cazador que ha tenido éxito, las mujeres utili- zan frecuentemente el humor con matices de tipo sexual para mantener a sus esposos a raya. El juego y la petición continua de compartir los bienes mantienen una gran circulación de bienes y previene de la acumulación. Con todo esto, no se ha tratado todo el problema de la igualdad genérica que pre- senta problemas más amplios y que consideraremos en un apartado ulterior.

Como se puede observar, este tipo de cazadores/recolectores responde bastante bien al modelo creado a raíz del congreso Man the Hunter, aun- que hay que tener en cuenta lo que hemos dicho en su crítica. Dentro de los cazadores recolectores actuales responderían a este tipo, en África, los Mubuti, los !Kung y los Hadza, en Asia del sur, los Paliyan, los Pardaram y los Naiken, en el Sureste asiático los Batek y la mayoría de los Aborígenes Australianos, aunque sobre estos se da una discusión amplia de la que ense- guida hablaremos.

El otro tipo de sociedades de cazadores recolectores es aquel en el que se da una utilización diferida de los recursos. Dentro de este tipo de cazado- res recolectores se encuentran las poblaciones de la costa Noroeste de Norteamérica tales como los Kwakiutl, los Tlingit, los Chinook, los Tsimshian etc. Han sido estudiados con detenimiento los Ainu de Hokaido en Japón (Watanabe, 1983) y los Calusa de Florida. Estos últimos tienen

bastante interés porque se trata de una población que llega a establecer uno de los sistemas política y socialmente más complejos entre las sociedades de cazadores/recolectores y sin embargo no practican el almacenaje de ali- mentos (Widmer, 1988) que algunos (Soffer, 1989; Testart, 1982) conside- ran como un fenómeno de central importancia para el desarrollo de la com- plejidad. El análisis de lo que ocurre con estas poblaciones pone bastante en cuestión este punto de vista. Dentro de esta categoría, habría que incluir los cazadores a tiempo parcial en cuanto que, en este caso, la cantidad de tiempo y energía que ponen en la horticultura o la cría de ganado necesita una organización económica basada en una utilización diferida. Puede parecer extraño que se hable de caza y recolección a tiempo parcial, pero un ejemplo puede explicar esto. Se dan poblaciones que habitan en las lla- nuras de Nueva Guinea que limpian un trozo de jungla y plantan básica- mente plátanos y papayas, después se van a vivir de la caza y recolección. Unos meses después vuelven a limpiar la maleza, si ven que lo que han plantado ha crecido, y vuelven a practicar la caza y recolección. Meses más tarde vuelven a recoger lo que se ha producido y se asientan en el lugar por un cierto tiempo. Pero el caso más llamativo quizás sea el de los Apaches del Suroeste de los Estados Unidos, que en el verano cultivan en las partes más elevadas de su territorio y en invierno bajan a las partes bajas del Sur a recolectar. Otros serían los cazadores recolectores sedentarios, los pesca- dores que invierten en barcos o trampas para el pescado, los que se dedican a la recolección de la miel y los cazadores montados como los Indios de las llanuras norteamericanas.

Normalmente, estas sociedades tienen altas densidades de población, son sedentarias o practican una movilidad residencial restringida, cierta especialización residencial, defensa del territorio, propiedad de los recur- sos, explotación de algún recurso de una manera central, frecuentemente el pescado. Los grupos residenciales son grandes y se heredan las posiciones

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