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Chapter 1: Introduction

1.5.4 Adaptive immunity

A la par con la globalización se encuentra el fenómeno de la individualización. Este fenómeno da un giro a la estructura social del continente. Antes la vida social estaba formada por estrechos vínculos y hábitos, con los cuales el individuo desarrollaba su vida social. Los tradicionales vínculos y hábitos eran compartidos y permitían que todos se identificaran, pero ahora con esta insaciable salida al mundo que permite al individuo ensanchar su panorama de experiencias, aumentar sus capacidades de participar en la vida social y desarrollar sus opciones de auto-realización, y la vida social se restringe al ámbito privado.

Esta salida del individuo al mundo significa la expansión de su propia libertad, que consecuentemente afectará la habitual realización comunitaria de antes, pues la expectativa del futuro se vuelve más personal que compartida. El individuo se siente con

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el derecho de lanzarse al mundo en búsqueda de su propia realización, sin embargo, llega a un determinado punto en el que no puede independizarse de las estructuras de la sociedad. Para la realización de tal propósito se necesitan medios, como por ejemplo la educación, los recursos económicos, los vínculos sociales, etc. Quien carece de ellos no llegará muy lejos en sus aspiraciones. El individuo que desconoce la sociedad, no sólo la afecta, sino que termina también siendo afectado por ella, pues los otros no le ayudarán a surgir y un individuo solitario difícilmente llegará lejos.

Como hemos venido anotando, cada individuo construye sus propias normas, sus propios horizontes de sentido, sus propios vínculos y hábitos, de tal modo que surgen infinitudes de mundos. Literalmente cada individuo se vuelve un mundo aislado a cualquier posibilidad de comunicación con los demás. Las pocas clases y fuerzas sociales de antes se vuelven ahora una multiplicidad de actores y una variedad de sistemas de valores y creencias que amplían el abanico de lo posible. Ahora bien, con el individualismo apareció una gama de referentes normativos, que en última instancia dificultan la elaboración de un marco de referencia colectiva.

Todo esto explica la actual presión angustiante de la búsqueda de un “yo” auténtico.

Ya no se habla de la construcción de un orden colectivo, sino que el proceso

constructivo está enfocado en “sí mismo”. Con esta “salida al mundo” quedó apenas una

nostalgia de las épocas en las que compartíamos las mismas experiencias sociales. Si, además, carecen de lazos sociales sobre los cuales apoyarse, no quedaría sino replegarse al

mundo privado y a la familia. La “individualización sin red” tiende a desembocar en una

individualización a-social: proceso que daña no sólo el tejido social, sino que corroe también la imagen de sociedad que se forma la gente.54

Consecuentemente, los latinoamericanos se sienten obligados a crear nuevos vínculos, que para Lechner se trata de vínculos más flexibles y móviles. La sociedad ya no posee aquellas viejas identidades colectivas que tenían sus límites nítidos y con una estructura rígida, por el contrario, ahora la sociedad está marcada por identidades

54 LECHNER, Norbert.

livianas, informales y de geometría variable.55 Ya no existen los marcos de referencia firmes como antes, a tal punto que será una aventura orientarse en este mundo. La única posibilidad será construir una identidad individual. Pues bien, la gran preocupación consiste en descubrir cómo decidir la marcha del país, sin la presencia de un “nosotros”, o sea, de un actor colectivo que impulse el país hacia adelante. Este individualismo, sin duda alguna, es uno de los mayores estorbos para la actual sociedad, es como un cáncer que destruye poco a poco en el silencio todos nuestros antiguos vínculos sociales, rompe con todos los lazos de cohesión social.

Cuanto más agudo sea el individualismo, mayor será la impotencia colectiva que afecta drásticamente a nuestras jóvenes democracias. La propuesta a nuestra gente debe ser la de empezar lo más rápido posible a realizar una experiencia exitosa de acción colectiva.

Además de la erosión de las identidades colectivas, incluso el individuo tendrá trabas en plasmar su propia identidad. La persona necesita del otro indudablemente para encontrarse consigo mismo, el otro sería como un espejo que proporciona un auto- reconocimiento. Cuando trabamos un diálogo, el otro nos transmite informaciones sobre nosotros mismos adquiridas en el diálogo, informaciones de las que quizás jamás nos habíamos dado cuenta. En la intimidad del diálogo abrimos nuestra interioridad inconscientemente, lo cual facilita al otro enterarse de aspectos de nuestra vida nunca antes imaginados. Siendo así, me atrevo a decir que solamente construimos nuestra identidad a partir de los lazos sociales, que es en contacto con el “otro” que construimos

nuestro “yo”. Con la posmodernidad aparece el gran fenómeno de la “psicopatía”, una alteración de nuestras relaciones mutuas, un rompimiento de todo nuestro contacto con la realidad. Vivimos socialmente una ficción puesto que somos incapaces de salir de nuestro propio yo. Donde no hay identidad colectiva no se puede hablar de una autentica identidad individual, ya que la identidad individual se perfila a partir de la colectiva. En este sentido Lechner dirá que nuestro yo liberado del nosotros, se encuentra en una

55 LECHNER, Norbert,

especie de ingravidez societal, y de todo lo dicho resulta un individuo atemorizado, aislado y anestesiado, incapacitado para ser sujeto de la construcción del orden. La sociedad desconfiada en que vivimos actualmente no es fruto del acaso, sino que es una consecuencia de la desconfianza que tenemos en nosotros mismos y en la fuerza de

nuestros lazos. Con el individualismo todo lo que sea distinto del “yo” es visto como un

potencial enemigo, con razón estamos entregados a vivir en la completa desconfianza. En varias ocasiones me he referido a la importancia del vínculo social, pero en ningún momento mencioné en qué consiste tal vínculo. A partir de Lechner se puede entender que el vínculo social representa un patrimonio construido por un pueblo que comparte el mismo modo vivir, este patrimonio son los conocimientos y hábitos, experiencias prácticas y disposiciones mentales que acumulamos en sociedad, y que son reproducidos y transformados a lo largo de generaciones.56 Para que la democracia en América Latina tenga sentido y futuro promisorio tenemos que romper las barreras del individualismo egoísta y empezar por construir lazos de cohesión social, y estos lazos deben ser fundado en los valores de igualdad y solidaridad. En una sociedad sólo será posible establecer relaciones de cooperación en el momento en que se comparta algo común; en tal sentido propongo considerar la igualdad y la solidaridad como bases del vínculo social.

En la Latinoamérica globalizada se da una individualización del tiempo. Predomina la memoria individual, confinada a las vivencias personales e interpretando la historia del país a partir de experiencias muy particulares. Del mismo modo el futuro suele ser encarado en una perspectiva individual. En este caso, la vida se vuelve individualizada y ya no podemos hablar de orden, pues construir un “nosotros” a partir de lo que tenemos

en común ya no es posible. El futuro ya no es pensado a partir de un interés colectivo, sino que toda la acción en vista del futuro se vuelve totalmente personal. El tejido social existente en América Latina no era consistente y con esta megatendencia en vez de robustecerse se ha destruido. El vaivén de nuestra historia nos ha hecho demasiado

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frágiles, nunca hemos vivido una situación deseable, por eso, cuando se avizora un futuro que promete ser mejor, dejamos lo ya construido y corremos tras la alucinación que provoca nuestra sed de libertad en el desierto violento e inhóspito que ha sido nuestra historia. Vamos abandonando la choza construida con sudor y lágrimas por una pretendida mansión que se presenta como el sueño cercano, a punto de realizarse, pero que al final, resulta ser sólo una ilusión. El individualismo se convierte en anonimato peligroso que nos pierde en la manigua de una sociedad capitalista, nos enreda, nos confunde, ahoga nuestros gritos de libertad y nos deja morir solos ahogados en nuestra propia sangre.

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