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4.3 GOA – Global Optimization Approach

4.3.2 The Adaptive Threshold

La renovación del crecimiento durante los años noventa fue notoria, en especial en América Latina, donde el ritmo promedio de expansión del PIB supera el de la década pasada: 3.2% anual entre 1990 y 2000 en comparación con 1.0% en la década de 1980. En el Caribe se observa un aumento similar, pero el ritmo promedio de crecimiento ha seguido siendo más bajo: 2.0% durante la presente década en comparación con 0.1% durante la pasada (CEPAL, 2000b).42

Desde el punto de vista de la apertura de las economías también se observan avances importantes. Aunque la participación de América Latina y el Caribe en el total de exportaciones mundiales sigue siendo de sólo alrededor del 5%, el crecimiento del volumen de las exportaciones reales más rápido de la historia regional —8.9% anual de 1990 a 1999— señala que las economías latinoamericanas y caribeñas se incorporan a la economía mundial, aun cuando los avances en materia de diversificación de sus exportaciones han sido desiguales y en general insuficientes. A su vez, un comercio intrarregional más activo dio lugar a la formación o revitalización de acuerdos de integración económica y libre comercio, siendo especialmente importantes los dos acuerdos subregionales, el Mercosur y la Comunidad Andina, entre 1990 y 1998 (22% y 19% anual, respectivamente), y con menor dinamismo, el Mercado Com Centroamericano (MCCA) y la Comunidad del Caribe (CARICOM). La evolución positiva de la inversión extranjera directa también da cuenta de una mayor integración a la economía mundial, promovida por la desregulación de sectores que hacen uso intensivo de recursos naturales, la privatización de sectores tradicionalmente reservados al Estado, el aprovechamiento de acuerdos de libre comercio o de preferencias comerciales otorgadas por países o regiones más industrializadas y la reestructuración de los sectores productivos. En los años noventa las formas de producción se han transformado con el aumento de la inversión extranjera, la llegada de un gran número de empresas transnacionales, la privatización y la difícil sobrevivencia de las empresas medianas y pequeñas. Se puede reconocer la influencia que en la

42 No obstante, el crecimiento promedio de la región sigue siendo insuficiente para cerrar la brecha que

separa la región latinoamericana de los países más desarrollados y superar los graves problemas de pobreza que aquejan a la región, para lo que tendría que situarse entre un 6% y un 7% anual.

evolución de los asentamientos ha tenido la conformación de conglomerados industriales ( clusters) en el territorio.

El marco de mayor estabilidad y apertura ha potenciado, sin duda, el rol económico de muchas ciudades y reconocido la importancia de la funcionalidad urbana desde la perspectiva de la globalización. El crecimiento urbano se ha traducido en inversiones inmobiliarias y de infraestructura de montos importantes, aunque sujetos a los ciclos económicos en el interior de los países. A su vez, el avance de las tecnologías de información y el crecimiento de un sector de servicios heterogéneo y complejo contribuye a una nueva dinámica urbano-territorial. Sin embargo, y como se indicó anteriormente, las políticas de ordenamiento territorial y urbano no han aprovechado plenamente la oportunidad de liderar o acompañar los procesos de crecimiento, apertura y transformación productiva ocurridos en el espacio regional. Del mismo modo, ha sido escaso su aporte para atenuar algunas flaquezas del proceso económico reciente, como son la lentitud en el mejoramiento de la productividad o la incapacidad de generar suficiente empleo de buena calidad.43 Ello ha conducido a que en las ciudades se profundicen las diferencias en las condiciones y calidad de vida de la población y aumenten disfuncionalidades sociales como la violencia urbana, la segregación y el deterioro de la convivencia e interacción social.

Para los próximos años, la apertura económica y la globalización plantean nuevos desafíos en materia de política territorial. El principal reto será evitar una fragmentación de territorios nacionales y subregionales entre espacios integrados que progresan rápidamente y otros que permanecen excluidos de este progreso, aprovechando las nuevas dinámicas económicas para favorecer un mayor equilibrio territorial. Habrá que convertir al sistema de ciudades en una estructura más eficiente y competitiva que atraiga inversiones en el mercado global y simultáneamente desarrolle un entorno de mayor habitabilidad, ambientalmente sustentable y socialmente equitativo. Al mismo tiempo, se requiere fortalecer a las regiones rezagadas mediante mecanismos de apoyo compensatorio. Algunos países de la región ya muestran avances en cuanto al fortalecimiento de la gestión territorial. En México, por ejemplo, una política de fortalecimiento del federalismo da mayores iniciativas a los gobiernos estatales y locales en materia de desarrollo, ordenamiento territorial integral y ordenamiento ecológico como un instrumento de política ambiental. Se ha establecido un mecanismo de coordinación interinstitucional federal para impulsar el desarrollo sustentable en regiones prioritarias, definidas como microrregiones rurales, y se busca consolidar un mecanismo de gestión que permita articular las iniciativas estatales con una estrategia regional nacional para el desarrollo sustentable (Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, 2000). Por su parte, Trinidad y Tabago ha adoptado una estrategia de crecimiento de polos de ciudades, identificando áreas para un desarrollo diversificado (agricultura, industria, comercio, residencia, recreación y servicios) que reduzca las diferencias urbano-rurales (Sede Subregional de la CEPAL para el Caribe, 2000b). En Cuba, se han actualizado los planes urbanos de las capitales provinciales y ciudades de interés nacional y se los ha integrado en un Plan General de Ordenamiento Territorial y Urbano del Municipio, de alcance regional. Respecto de las ciudades de interés para el ordenamiento territorial nacional, el Plan les asigna un rol en el territorio, al tiempo que identifica sus fortalezas y debilidades para enfrentar el desarrollo o posible crecimiento (Gobierno de la República de Cuba, 2000).

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En efecto, el desempleo abierto aumentó cerca de tres puntos porcentuales durante la década y se elevó súbitamente en algunos países, sobre todo durante las crisis económicas de 1995 en México y la de los países asiáticos de fines de los años noventa. Los indicadores de deterioro de la calidad del empleo son aún más generalizados, según se aprecia en el aumento relativo del empleo en sectores de baja productividad, principalmente del sector informal. Estas limitaciones se produjeron en un período ventajoso para aumentar el empleo y la productividad, en que creció de manera rápida la población en edad de trabajar y se redujeron las tasas de dependencia familiar, y las mujeres pudieron participar más en el mercado de trabajo.