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5.3 Noise Removal

5.3.4 Adaptive Thresholding

En climas templados con veranos e inviernos claramente diferenciados, la mayoría de los árboles producen un anillo anual de crecimiento, el cual pasa a formar parte de la capa más externa del cilindro de madera. El crecimiento en el grosor del tronco (crecimiento secundario) se inicia en la primavera cuando el cambium vascular[3] se divide y forma nuevas células a cada lado. Las que

se producen en el interior se integran al xilema[19] (o madera), mientras que las otras, al

floema[10] (ver Figura 17). Las células del xilema empujan al cambium, al floema y a los tejidos

de la corteza cada vez más lejos de la médula, provocando que el tronco aumente de diámetro (Martin & Coughtrey, 1982). En otoño e invierno el cambium permanece inactivo, por lo que se detiene el crecimiento.

Figura 17. Crecimiento secundario

43 El tejido del xilema que se forma cada año puede subdividirse en leño temprano (o leño de primavera) y leño tardío (o leño de verano), tal cual se indica en la Figura 18. En las Gimnospermas[11], el leño temprano y tardío de los anillos de crecimiento puede distinguirse por

cambios en el tamaño y la forma de las células que conducen el agua (traqueidas). El leño temprano está compuesto de células relativamente grandes y de paredes delgadas, pero a medida que avanza la estación, las células se vuelven más pequeñas, de paredes más gruesas y, generalmente, de color más oscuro. Esta alternancia entre células pequeñas y oscuras del leño tardío, y las células más grandes de la primavera siguiente, permite diferenciar un anillo anual de otro. Al hacer referencia a las Angiospermas[2], sin embargo, se habla de porosidad difusa,

porosidad anular y porosidad semianular. Cuando la porosidad es anular, los vasos[18] en el leño

temprano son más prominentes que en el leño tardío, mientras que cuando la porosidad es difusa, los vasos tienen aproximadamente el mismo tamaño en todo el anillo, por lo que solamente es posible distinguir el margen del anillo como una línea tenue (usualmente de color claro) (Martin & Coughtrey, 1982). La porosidad semianular es un caso intermedio.

Figura 18. Sector de transcorte de tallo secundario de conífera

Fuente: UNNE (2013)

Al contar el número de anillos es posible, en la mayoría de las especies, determinar la edad del árbol. No obstante, se debe tener precaución ante la presencia ocasional de los denominados anillos falsos (o bandas de crecimiento intra-anual). En la Figura 19 se muestran los diferentes tipos de anillos falsos. La formación de estos anillos falsos puede atribuirse a causas externas que alteran el funcionamiento normal del cambium, como, por ejemplo: heladas tardías, caída temporaria de hojas, defoliación y fluctuaciones climáticas en general (Giménez et al., 2005).

Figura 19. Identificación de anillos falsos

44 La disciplina que utiliza los anillos de crecimiento para datar eventos del pasado es conocida como Dendrocronología, y su aplicación en estudios sobre variaciones climáticas (Dendroclimatología) ha suscitado gran atención. El éxito de la dendrocronología ha despertado el interés de algunos investigadores por estudiar la posibilidad de que los anillos muestren variaciones en la concentración de ciertos elementos químicos, que den cuenta de los niveles de contaminación de los años de formación correspondientes. Claramente si los elementos que ingresan a un anillo de crecimiento persisten en ese anillo, entonces el análisis químico que se realice sobre él debería entregar información con respecto al año en que se formó, permitiendo, de esta manera, monitorear condiciones ambientales del pasado (Martin & Coughtrey, 1982). Según cuales sean las características del hábitat en que crecen los árboles y dependiendo del enfoque del investigador, esta información puede ser empleada tanto para estudiar la contaminación atmosférica, como la contaminación de las aguas y el suelo (incluyendo sus efectos en el crecimiento de los árboles). La subdisciplina de la Dendrocronología que lleva a cabo este tipo de estudios es denominada Dendroquímica, y tuvo su origen en la década de 1960 (Hristovski & Melovski, 2010). Dada la longevidad de los árboles, la Dendroquímica ofrece la oportunidad de estudiar la contaminación de épocas de las cuales no se tienen registros de contaminantes, o bien, en zonas en las que no es posible instalar equipos modernos de monitoreo.

De acuerdo a los antecedentes que se manejan, se han realizado cuatro estudios dendroquímicos en Chile. El primer estudio se desarrolló a principios de los noventa en las localidades de Ventanas y Quintay, y tenía el objetivo de determinar el efecto de la adición antropogénica de Cu en los componentes del bosque esclerófilo, por medio de la cuantificación de la concentración de Cu en los anillos de Peumo (Cryptocarya alba) (Delgado, 1996). Posteriormente, en un segundo estudio, Romo-Kroeger et al. (1996) determinaron la presencia de K, Ca, S, Cu, Zn, As, Br y Pb en diferentes especies de árboles de Santiago, con el fin de evaluar el impacto ambiental de la industria y del parque automotriz. El tercer y cuarto estudio corresponden a los trabajos de Cantin (2003) y Arredondo (2014), respectivamente. En ambos casos se investigó la responsabilidad del Complejo Industrial Ventanas en la contaminación de la zona, a través de la medición de diferentes elementos trazadores en árboles de la especie Ciprés de Monterrey (Capressus Macrocarpa), cercanos a las fuentes de emisión. Cabe mencionar, que, de todos los estudios, solamente el trabajo de Arredondo (2014) emplea el método de cofechado para asignar correctamente un año a cada anillo, además de ser el primero en utilizar tecnología de alta detección para medir iones y metales.

El análisis de los anillos de crecimiento no entrega un registro pasivo de la contaminación, por lo que si se logran buenos resultados o no, dependerá de la especie de árbol seleccionado y de los factores bióticos y abióticos que pudieran afectar la absorción e inmovilización de estos elementos en el suelo y en el tronco del árbol. Conocer los aspectos biológicos implicados en la absorción, transporte y acumulación de contaminantes en los árboles es vital para lograr una correcta interpretación de los datos.

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