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2.1.1. Antecedentes medievales de la doctrina de la creación

Al hombre antiguo, que con admiración contemplaba la belleza del mundo, no le era posible concebirla como una obra que le debiera su total existencia a Dios como acto voluntario del amor divino. Por ello, la introducción del pensamiento cristiano significa dejar atrás las antiguas concepciones sobre la eternidad de la materia, y sobre la generación y emanación, que son siempre a partir de algo preexistente. Esto permite la consideración de que todo cuanto existe sea producto de la obra creadora de Dios; y que el mundo tiene un comienzo temporal “en el principio”, puesto que no hay nada que exista desde toda la eternidad junto a Él. De modo que la noción de creatio constituye una innovación en el pensamiento filosófico y religioso, pues implica un cambio radical en la cosmovisión del hombre, de la vida, del mundo, y de Dios.

La doctrina de la creatio ex nihilo surge a partir de la segunda mitad del siglo II d. C., la cual impone que el autor de todo deba ser llamado Creator o Кτίστης. No obstante, Tertuliano afirma que en el siglo III, aún había cristianos que se referían a una creación a partir de una materia preexistente (ex aliqua materia), y no ex nihilo. De modo que la doctrina de la creatio ex nihilo cobra verdadera firmeza, recién en el siglo V, en tiempos agustinianos.

La creación introduce una nueva concepción de Dios, pues ya no se trata de un sujeto que obra por necesidad, sino de un Dios que gracias a su infinita bondad, libremente tiene la voluntad de crear un mundo que desde siempre ama y quiere. Representa a un Padre que, cual obsequio, dona un mundo a sus hijos, a quienes también les regala la vida; y con esto se torna contingente toda cosa creada.

A un lado quedaron los múltiples dioses homéricos y la teología politeísta, que hacían temer a los hombres amenazándolos con infortunios y tragedias. Han quedado sepultados los dioses con un diseño antropomórfico, deidades con caracteres humanos elevados a una expresión superlativa. El medioevo, a la luz de la revelación, concibe un Dios que no es vengativo o envidioso; no es un Dios egoísta que sólo se mira a sí

mismo, sino un Padre bondadoso. Este Dios trasciende al mundo, lo mira, y se enorgullece de su maravillosa obra. No es un súper-hombre, como se lo entendía en tiempos homéricos, sino que es realmente divino, omnipotente, que hace y quiere el bien.

A través de la doctrina de la creación, el mundo se presenta ordenado, bello, bueno, todo en él parece estar relacionado entre sí, y orientado hacia una misma y única finalidad: Dios.

A través del mensaje creacionista, las Sagradas Escrituras nos han sabido transmitir la misión del cuidado de la naturaleza. Dicha misión ha sido encomendada por Dios al hombre, proclamándolo a su vez señor de aquella obra instaurada, en cambio la antigua cosmología se afana en la divinización de la naturaleza. Se pone fin a la idealización de los astros que muchos filósofos, y especialmente Aristóteles, proclaman inteligentes y divinos. La naturaleza no es más que una simple criatura, y al igual que el hombre es absolutamente dependiente del Creador.

Tal magnitud y presencia posee la doctrina de la creación, que acaba por modificar radicalmente la cosmología y mirada entera sobre el universo; cumpliendo su interés desde lo científico y filosófico-natural hacia lo metafísico52. La metafísica siempre tendrá a Dios como verdadera causa final, hacia la que se dirigen todas las cosas que marchan entrelazadas unas con otras. Y también concebirá a Dios como la única causa eficiente, que produce una obra ordenada y armónica: el cosmos se presenta como un auténtico universo en tanto que Dios, causa universal, introduce unidad en la diversidad (unum in diversis)53.

Pero tan importante es el impacto que acarrea el concepto de creatio ex nihilo, que no sólo irrumpe en el terreno religioso y metafísico, sino que por supuesto también revoluciona el ámbito intelectual en general.

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Cfr. Sanguineti,J. J., El origen del universo: la cosmología en busca de la filosofía,Bs. As., Educa, 1994, pág. 51 a 54.

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2.1.2. El concepto de creatio ex nihilo

“De manera más precisa, la creación es el acto por el cual Dios, sin sacar el mundo de su propia sustancia, ni de ningún elemento preexistente, lo hace aparecer fuera de él, allí donde nada aún existía”54.

Esta definición ofrecida por Alfred Vacant en el D.T.C. nos indica que la creación es un acto cuyo agente único es Dios. En la concepción cristiana, el mundo no surge por casualidad, ni por la explosión azarosa de partículas, sino que surge gracias a que un eficiente lo ha pensado y diseñado, lo ha creado. Pero este eficiente no se ayuda con absolutamente nada para poder crear, pues además de no necesitar ningún instrumento, en verdad no había cosa alguna para utilizar como herramienta, ya que aún nada existía. Y por otra parte, hace al mundo fuera de Él, es decir que ni siquiera lo saca de su propio ser. Esto sólo se comprende, si concebimos que aquel agente es un ser supremo y perfecto, quien es capaz de crear la totalidad del ser desde la nada. Si esto último no ocurriese, no estaríamos frente al Dios cristiano, sino ante la presencia de un agente distinto. Dios se presenta como el absoluto creador de todo cuanto existe, como el hacedor de todo el universo; aquel que ha dejado plasmada su huella por el resto de la eternidad.

Este Dios que crea sin utilizar nada para hacerlo es distinto del Demiurgo o Uno. En el caso del Demiurgo, éste genera un ser mirando a las ideas del mundo inteligible, y a sus propias ideas que posee como ejemplos, las cuales imprime en una materia que preexiste y que no depende de Él. Con respecto al neo-platonismo, la hipóstasis Alma,

emanada desde la Inteligencia, y ésta, a su vez, emanada desde el Uno, informa a la materia, que representa el no ser, generándose, así, el mundo.

Tanto el proceso de generación, como el de emanación, se corresponden con una producción a medias. En efecto, ambos se limitan a informar algo que ya existe, a pesar de que la materia neo-platónica ha pretendido representar el no ser. Se trata de producciones a medias que no dan por resultado un ser completamente nuevo, es decir,

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Vacant, Dictionnaire de Théologie Catholique, ob. cit., “Création”, “2º Le concept catholique”: “De maniére plus précise, la création est I'acte par lequel Dieu, sans tirer le monde da sa propre substance, ni d'aucun elément préexistant, le fait apparaitre hors de lui, lá oú rien n'existait”.

no hacen la totalidad de la cosa. El acto de crear, en cambio, es producir todo el ser, sacarlo de la nada, sin siquiera tomar una de sus partes a partir de algo ya existente. Dicha actividad, pues, es siempre absoluta y completa, nunca a medias; y por ello es radicalmente diferente de la generación y emanación.

Aquí, entonces, no haremos referencia a un Artesano que moldea e informa una realidad ya existente, sino a un Dios que crea tanto la forma, como la materia misma, a un ser capaz de realizar la totalidad de la cosa. Y este ser, pues, ha de presentarse como la auténtica causa universal de todo cuanto existe.

De esta manera, la creatio ex nihilo supone y subraya la libertad del Creador. En efecto, si se trata de un eficiente capaz de sacar un ser de la nada, es porque debe ser perfecto, y no le debe faltar nada. De modo que la creación necesariamente se presenta como un acto libre, y no necesario. Dios es un ser suficiente, de modo que decide crear

libremente; distinto, así, de un sujeto deficiente e imperfecto, a quien la emanación se le presenta como un acto necesario.

Téngase en cuenta, asimismo, que múltiples diccionarios han definido al concepto de

“creación” como una “elección”55, en tanto el Creador es libre, y si crea es porque ha elegido hacerlo. El Uno y las hipóstasis no eligen emanar56, lo hacen por necesidad, de modo que todas las cosas que de Él se derivan son necesarias. El Dios cristiano, en cambio, libremente elige crear, por lo que todo lo creado será contingente. Étienne Gilson afirma que “el universo no ha salido de Dios por una especie de necesidad

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Cfr. “creatio, onis” en Macchi, Luis, Diccionario de la lengua latina, Bs. As., Ed. Don Bosco, 1958; también ver “creatio, onis” en el diccionario latín-español online en la pág.: recursos.cnice.mec.es/latingriego/Palladium/5_aps/esplap03.htm; y “create” en Simon and Schuster, Internacional dictionary, USA, Ed. Macmillan, 1997.

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Si bien es cierto que el Uno plotiniano, desde fuera, no está obligado a emanar en tanto nada extrínseco a él lo exhorta a realizar tal acción, desde dentro, el Uno no goza de libertad para actuar, sino que debe necesariamente emanar, debido a su sobreabundancia de ser. De modo que la emanación para el Uno es necesaria. De allí que la concepción neoplatónica de la emanación, es denominada por Juan Cruz Cruz como “paradigma necesitarista”.

Téngase en cuenta, por otra parte, que el sentido emanativo que le ha dado Tomás de Aquino a la creación de la nada, no tiene que ver con el concepto de emanación de la filosofía gnóstica, ni con la neoplatónica. De hecho, el aquinate se cuida de no caer en los errores de aquéllos, manteniéndose firme en la aseveración de que la creación es la emanación de la totalidad del ente, y no sólo de una parte de él; y que es producida por una causa universal, y no por un mero artesano.

Para toda la cuestión sobre el concepto de emanación, consultar Cruz Cruz, Juan, “Sentido original de la creación”, introducción en: Tomás de Aquino, Comentario a las sentencias de Pedro Lombardo, Vol. II / 1, España, ed. Cruz Cruz, Eunsa, 2005, pág. 25 a 43.

natural, sino que es manifiestamente el producto de una inteligencia y de una voluntad”57.

Más aún, de la palabra creador deriva el término “creativo”, pues éste no es otro que aquel que hace bella a la cosa, innovadora, nueva y original. Con respecto a esto último, nótese la asociación de lo original con lo originario. El creativo hace a la cosa desde su

origen, de cero, la inventa en su totalidad, y no a partir de algo.

Ahora bien, si el Creador libremente elige producir su obra, y no la hace exigido por una necesidad, si la realiza sin servirse de nada, luego este Dios trasciende a su obra, pues ésta no le aporta nada nuevo a su ser. De modo que este Dios es trascendente, es mucho más que su obra y es más allá de ella. Nótese, además, que Alfred Vacant en su definición de “creación” dice: [al mundo] lo hace aparecer fuera de él”. Esto significa que el eficiente se distingue de su obra, y no es inmanente a ella.

La auténtica creatio, en verdad, es siempre ex nihilo. Puessi consiste en otorgar todo

el ser a la cosa, el Creador debe inventarlo desde un principio, lo cual le quita la posibilidad de hacerlo a partir de otro ser. De modo que necesariamente toda creación

es un paso de la nada al ser.

Pero la nada no es algo desde lo cual Dios hace al mundo, sino que es realmente nada. La nada no es. En la expresión “desde la nada”, el término desde denota un orden de sucesión, pero no una causa material. Y si se quisiese contraponer el conocido lema griego que enunciaba que “de la nada, nada se hace” (“ex nihilo nihil fit”), tendríamos que decir lo siguiente: si bien es cierto que la nada no puede hacer que de ella surja algo, también es cierto que la creación a partir de la nada sólo supone que un Dios omnipotente pueda extraer un ser desde nada, y esto no significa que lo que no es pueda producir algo.

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