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Additional econometric analysis – benefit dependency

Es común escuchar la frase “salud es belleza” cuando se habla del aspecto del cuerpo. Resulta interesante pensar a la medicina al servicio de la belleza y viceversa, pero la relación entre estas dos es relativamente nueva. Si nos remitimos a un poco de historia, en 1896, nace la cirugía estética como tal con la intervención quirúrgica del médico alemán Jacob Joseph, quien corrigió las orejas separadas de un niño, a partir de ahí se continuaron realizando más procedimientos quirúrgicos de carácter estético en otras partes del cuerpo como en la nariz, o el rostro en general, como la operación realizada en 1906 por Erich Lexer, la cual es considerada como el primer trabajo quirúrgico para disimular las arrugas.

Pero no hay que limitar esta relación con las cirugías plásticas exclusivamente. Por ejemplo, un campo de la medicina en el que la inclusión de la “estética” ha intervenido fuertemente en los últimos años es en el de la odontología, antes, el cuidado de los dientes se limitaba a razones de uso funcional, cuidar de estos y prevenir su temprana caída para

ayudar en el consumo y procesamiento de alimentos, actualmente, además de preservar la parte funcional, el componente estético en ocasiones pasa a ser la prioridad, ahora no solo se busca que los dientes cumplan su función sino que también luzcan bien.

Ahora bien, retomando un poco la frase inicial de “salud es belleza”, me surge la siguiente inquietud: si salud deviene belleza (o viceversa) entonces, ¿enfermedad deviene fealdad? Entonces, según lo anterior todas las personas que tienen una enfermedad visible, manifiesta, como problemas de la piel o amputaciones u otras, ¿son feas?

Como paciente de dermatitis atópica sé que al ingresar búsquedas en Google acerca de mi enfermedad, tratamientos alternativos, maquillaje, productos, etc., los resultados no son muy alentadores ya que me encuentro con la misma información replicada en varios sitios, preguntas respondidas escuetamente en foros que a veces no son especializados, y la ausencia de una comunidad virtual visible y organizada en la que tanto pacientes como familiares y médicos generen continuamente discusiones alrededor de la enfermedad,10 el panorama es mucho más

desalentador si desde las organizaciones que se supone serían las encargadas en proporcionar este tipo de interacción, como la Asociación Colombiana de Dermatología y Cirugía Dermatológica (AsoColDerma) no lo hacen. Así las cosas, hay un grupo de personas que pueden relacionarse a partir de un rasgo característico: su enfermedad, pero hace falta un espacio de confluencia.

Al ser enfermedades evidentes (ya que afectan la piel), es inevitable desligar el aspecto estético de estas. Los brotes causados por el acné, las dermatitis, el liquen y demás, no suelen ser agradables a la vista, por lo tanto es común que

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las personas que padecen este tipo de afecciones, en especial las mujeres, busquen camuflarlo u ocultarlo de alguna forma, y la herramienta disponible para lograrlo es el maquillaje.

Sin embargo, esto tiene algunas limitaciones, ya que dependiendo de lo que se padezca, el uso de cosméticos puede ser restringido por varios factores: reacción alérgica a algún componente, reacción alérgica a los químicos en general, etc. Al tener estas posibles consecuencias, el espectro de opciones se reduce a no utilizar maquillaje, utilizar productos antialérgicos especializados (los cuales no son muy económicos) o seguir un tratamiento profiláctico adecuado. Es en este punto en dónde precisamente resulta de gran utilidad conocer y nutrirse de la experiencia de los demás, saber qué han probado, si ha sido efectivo o no y lo más importante, experimentarlo por uno mismo.

Aunque este tipo de enfermedades no limitan ni condicionan las actividades rutinarias de la vida cotidiana, al ser crónicas, sí pueden generar otro tipo de impactos en aspectos que no se limitan solo al de la salud: tienen un impacto económico, el dinero destinado a los medicamentos, cremas y demás, se convierten en una inversión periódica; psicológico, es común que las personas que sufren alguna de estas afecciones vean afectada su autoestima debido a la apariencia de su piel, lo que produce a su vez, un impacto social, ya que son individuos un poco más retraídos, más tímidos de lo normal y que se sienten poco atractivos.

Con relación al tema de la apariencia, considero aún más pertinente el planteamiento de esta comunidad, ya que se podría fortalecer la idea de que no hay un único y absoluto patrón de lo que es la bello o no, que a partir, precisamente, del reconocimiento de esa pluralidad se podría (re)definir la belleza. El acto de promover este tipo de mensajes sería de gran ayuda para la usuaria/paciente en la aceptación de su enfermedad. Asimilar y entender que el hecho de que su piel no sea o no luzca “normal”, no merece por defecto, el apelativo de “feo”.

Si hay un caso que dibuja a la perfección esa ruptura del paradigma de la belleza, así no esté directamente relacionado con los problemas dérmicos, es el de Aimee Mullins, quien es una estadounidense reconocida por tener amputadas sus extremidades inferiores a causa de una enfermedad ósea que causó el amputamiento de sus piernas al año de haber nacido, no obstante, esto no ha sido impedimento alguno para llevar a cabo y sin ningún problema, sus actividades como activista, modelo y atleta a lo largo de su vida. Su aporte a la discusión dada entre belleza, identidad, discapacidad, puede resumirse, en un fragmento de la conferencia que dio en TED en febrero de 2009:

“(…) y entonces lo supe, supe que la conversación con la sociedad ha cambiado profundamente en esta última década. No es más una conversación sobre superar deficiencias, es una conversación sobre aumento, es una conversación sobre potencial. Un miembro prostético ya no representa la necesidad de reemplazar una pérdida, puede ser un símbolo que el usuario tiene el poder de crear cualquier cosa que quiera crear en ese espacio. De modo que gente que la sociedad antes consideraba discapacitada, pueden ahora ser los arquitectos de sus propias identidades e inclusive continuar cambiando esas identidades al diseñar sus cuerpos desde una posición de poder” 11

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Colección de piernas prostáticas de Aimee Mullins12

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Resulta inspiradora la experiencia de Aimee Mullins al ver cómo siendo vocera y representante de una comunidad, ha logrado replantear no solo el concepto de discapacidad sino también el de belleza, identidad, entre otros, y esa es precisamente una de las metas (pretenciosa, por supuesto) que tiene esta comunidad virtual, mostrar que no hay una sola norma que rija lo que debe entenderse por estético, que una piel con ciertas marcas, cicatrices o brotes es tan “normal” como una que está libre de eso. Esta comunidad no es exclusiva ni para una persona que tenga la piel normal, ni para alguien con algún problema dermatológico específico, precisamente lo que se pretende es demostrar que ambas condiciones pueden convivir armoniosamente y que la belleza puede abordarse desde la enfermedad y viceversa.