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3.4 Analysis & Results

3.7.4 Additional experimental description

¿Cómo son las narraciones sobre la persecución? ¿Cómo aparece la noción de “desaparecido potencial” y a quién se aplica? Dado que es frecuente que dentro de una familia haya más de un desaparecido, por relatos como el de Daniela sabemos que la primera desaparición solía hacer que todos “se guardaran”. En su caso, luego volvieron a reunirse, primero “citándose” según las prácticas de la militancia clandestina, “mi- rando para todos lados”. El deseo de no “comprometer” a los familiares no militantes apareció fuertemente después de la primera desaparición. Sin embargo, volvieron a “frecuentarse”, a “aparecer” hasta que se dio una nueva desaparición poco después. La segunda desaparición hizo que volvieran a “esconderse”... “se perdieron”.

La desaparición transforma las relaciones inmediatas de los familiares como ya antes lo había hecho la clandestinidad y de alguna forma la mi- litancia. Con la clandestinidad, el aumento de la responsabilidad política hace que Isabel tenga relaciones cada vez más “esporádicas” con su hermano. Al desaparecer él, los vínculos con toda la familia se vuelven prácticamente imposibles pues ella debe abandonar su ciudad. Logrará encontrarse con su familia en otra ciudad y luego de varios meses. Las familias son vigiladas y, por lo general, perseguidos los demás familiares,

28 Un acontecimiento vivido (afirma Walter Benjamin) puede considerarse como terminado o como mu- cho, encerrado en la esfera de la experiencia vivida, mientras que el acontecimiento recordado no tiene ninguna limitación puesto que es, en sí mismo, la llave de todo cuanto acaeció antes y después del mismo” (Benjamin, 1933 en Portelli, 1991: 5, las cursivas son para esta edición). La desaparición como un “hito” encarnado en la “última vez que lo vi” y el secuestro mismo, formará parte de las explicaciones de una serie de acontecimientos que integran la narración del “después” de la desaparición, mientras que el “antes”, la militancia, también es interpretada en función de la desaparición, esta vez como causa. La desaparición de un familiar es un acontecimiento periodizador que divide el tiempo personal de sus familias, pero las desapariciones dividirán también el tiempo colectivo al separar en dos bloques la historia nacional argentina. En este sentido, Halbwachs (1950: 56) manifiesta que existen acontecimientos nacionales que modifican al mismo tiempo todas las existencias, son raros, pero, sin embargo, pueden ofrecer a todos los hombres de un país algunos puntos de referencia en el tiempo, como es el caso de la dictadura militar o el Proceso para los argentinos.

especialmente los de la misma generación del desaparecido. “Rajar” es una de las estrategias más comunes ante esta situación:

Medio como que la familia, viste, eh, todos rajaron de casa...

Daniela cuenta como la hermana menor y su pareja se mudaron a otra provincia. Este desplazamiento, estar “escondidos”, habría evitado la des- aparición: “se salvaron por eso”. Luego de la desaparición de Magdalena las cosas cambian. Elena sostiene que su hermana menor “se exponía” en “la boca del lobo”, andaba “boludeando”, “no tenía adónde ir a dormir, no tenía dónde meterse”, porque era “chiquita”, “muy joven”, una “borre- ga, pobrecita”. Finalmente, sus hermanos “deciden” por la joven pareja, les “pegan una patada”, “los llevan”, “los mandan” porque si no los iban a “borrar”.

Esta forma de colocar en un lugar pasivo y de inmadurez a los militan- tes es común. Elena nos habla de su hermano desaparecido durante la clandestinidad, subrayando que actuaba de la misma forma que antes y por eso desapareció. A la hermana de una secuestrada que también era militante “la perseguían, andaban buscándola” en su lugar de trabajo, por lo que tuvo que irse a otra ciudad “si no también hubiera sido... en este momento hubiera estado desaparecida”.

En principio, un relato enlaza militancia con secuestro y desaparición, señalando como congruente que no “se llevaron” a Juana que no milita- ba, ni a Daniela que había dejado de militar en una etapa política previa a la militarización de las “organizaciones”. Sin embargo, en la misma frase se afirma que a Juana “podrían haberla llevado también”, relativizando así la relación causal. De hecho, Daniela fue interrogada sobre sus cuña- dos y su pequeño hijo, lo que muestra que no solo eran perseguidos los familiares militantes. Sin embargo, la persecución aparece mediada por el familiar desaparecido: probablemente fuese a partir de “información” dada por Magdalena bajo tortura que fueron a preguntar por todos sus hermanos.

Después de Magdalena se fue ella (Daniela).

La frase expresa otra forma de la desaparición experimentada por una hermana que “salió desesperada”, “se fue”, “no volvió más”, “dejó todo lo que tenía”. “Anduvieron por ahí, por una villa”, cambiaron de ciudad y por mucho tiempo sus familiares no dijeron dónde estaban. En una aparente paradoja se hacía imperioso “desaparecer” para no desaparecer. Alicia, que no militaba, tenía una hermana que era una militante y acompañaba a su pareja, ambos desaparecidos. A partir del golpe y las desapariciones de compañeros de estudio, el “miedo”, el “terror” formaba parte de su

vida cotidiana. La posibilidad de desaparecer ella misma estaba siempre presente: de la facultad “sabía que entraba pero no sabía si salía”. Tales situaciones de persecución, sea empírica o psicológica, explican que a veces los familiares se definan como “sobrevivientes”. Esta categoría que suele utilizarse para referir a los parientes de los muertos, está implícita en Angélica, cuando manifiesta que:

Ellos tranquilamente hubieran podido venir a buscarnos y, sin embargo, no pasó.

¿Era de esperarse que la desaparición afectara también a los familia- res? Parecería que sí a juzgar por la reflexión de Silvia:

Después de que se los llevaran a ellos, a casa jamás vino nadie.

A pesar de que su hermano desaparecido:

Siempre siguió con la libreta de enrolamiento con la dirección de mi casa.

Pura tiene dos hijos desaparecidos, Gabriela y Jorge. Cuando secues- tran a otro de sus hijos que no militaba, ella no entiende el porqué, ya que “no tenía nada que ver”, “no había hecho nada” y aun así lo “llevaron”, lo “tuvieron”, “le decían: nosotros lo tenemos a Jorge”. Incluso cuando no lo torturaron y lo “largaron”, quedó marcado por el “tabique” del CCD. De hecho, estuvo desaparecido, pero transitoriamente, si bien esa podría haberse convertido en su condición permanente, “ese también”.

Pura narra con claridad la experiencia de la persecución que violentó su casa, “sin permiso”, “se metieron todo un grupo en mi casa”, “aden- tro”, en una “época terrible”, una etapa que se inaugura con la prime- ra desaparición, pero sigue luego, haciendo incluso que la categoría de “desaparecido” se aplique asimismo a quienes luego fueron liberados. Tales los casos del hijo menor de Pura o el novio de su hija, desaparecido hasta ser “blanqueado” en una cárcel.

La desaparición trasciende al desaparecido, como lo haría cualquier otro cambio de estado del tipo del matrimonio, la maternidad, la muerte: es un umbral, un pasaje para todos, una de las transformaciones más importantes que sufre la familia. Luego de una desaparición no solo cam- bian las relaciones familiares, sino que determinados familiares son cons- truidos narrativamente como potenciales desaparecidos. Cuando son militantes, los familiares perseguidos refuerzan las condiciones de clan- destinidad. En este sentido, coincidimos con Hertz (1990) en que existe una simetría entre la condición del cuerpo y el alma del desaparecido y el estatus de sobrevivientes de quienes realizan el duelo, ya que la des-

aparición puede ser considerada como proceso social familiar. En efecto, con posterioridad a la desaparición, las narraciones comienzan a girar en torno a la persecución de la familia, que adquiriría alguna de las ca- racterísticas del militante. Ciertas prácticas corresponden al ámbito de la clandestinidad puesto que muchos deben mudarse a causa de suce- sivos allanamientos y presiones, la persecución pesa sobre algunos de sus miembros (potenciales desaparecidos) y sobre todo deben sumirse en el aislamiento a partir del estigma que los marca. En continuidad con la desaparición del militante se podría hablar, pues, de una desaparición familiar del ámbito público.

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