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IV. DISTRIBUTION OF BUSINESS INSURANCE

3. Commissions and commission rebating

3.2 Additional fact finding

Hablaré ahora de la estructura. La primera parte puede dividirse en siete escenas o segmentos: Escena I: Gregor se despierta. Está solo. Se ha transformado ya en escarabajo, pero sus impresiones humanas aún se mezclan con los nuevos instintos de insecto. La escena termina con la introducción del elemento temporal, todavía humano.

«Miró el despertador, que marcaba su tictac encima de la cómoda. “¡Dios mío!”, pensó. Eran las seis y media y las manecillas seguían avanzando tranquilamente, incluso pasaban de la media, casi señalaban las siete menos cuarto. ¿Es que no había sonado el despertador?... El siguiente tren salía a las siete; para cogerlo tendría que darse una prisa loca; sin embargo, aún tenía sin empaquetar el muestrario, y no se sentía en absoluto descansado y activo. Pero aunque cogiese el tren, no evitaría la severa amonestación del jefe, ya que el recadero de la empresa habría estado esperándole para el tren de las cinco y haría rato que habría informado de su ausencia.» Piensa decir que está enfermo, pero concluye que el médico del seguro certificará que se encuentra perfectamente. «¿Y qué pasaría entonces? En realidad, Gregor se sentía completamente bien, aparte de cierta somnolencia, desde luego superflua después de haber dormido tanto, y hasta tenía un apetito inusitado.»

Escena II: Los tres miembros de la familia llaman a la puerta y le hablan, respectivamente, desde el pasillo, desde el cuarto de estar, y desde la habitación de la hermana. La familia de Gregor son sus parásitos: le explotan, le devoran por dentro. Esta es su comezón en términos humanos. El ansia patética de buscar cierta protección frente al engaño, la crueldad y la suciedad es el factor decisivo para que se formara el caparazón, su escudo de escarabajo, que al principio parece fuerte y seguro, pero que al final se revela tan vulnerable como lo había sido su espíritu y su carne enferma. ¿Cuál de estos tres parásitos —el padre, la madre, la hermana— es el más cruel? Al principio, parece ser el padre. Pero no es ése el peor: es la hermana, la persona a quien Gregor más ama, pero que comienza a traicionarlo a partir de la escena de los muebles, hacia la mitad del relato. Con la segunda escena empieza el tema de la puerta: «Sonaron unos golpecitos en la puerta que había junto a la cabecera de la cama. “Gregor”, dijo una voz —era la madre—, “son las siete menos cuarto. ¿No tenías que coger el tren?” ¡Esa dulce voz! Gregor sufrió un sobresalto cuando oyó su propia voz al contestar; era la suya, sin duda, con un tonillo lastimero, persistente, chillón... “Sí, sí; gracias, madre, ya me levanto.” La puerta de madera que mediaba entre los dos debió de impedir que se notase desde fuera el cambio de su voz... No obstante, este breve intercambio de palabras hizo saber a los demás miembros de la familia que Gregor, contra toda previsión, aún estaba en casa, y su padre ya se puso a llamar en una de las puertas laterales, suavemente, pero con el puño: “Gregor, Gregor”, dijo, “¿qué te pasa?” Y un momento después volvió a llamar más alto: “¡Gregor! ¡Gregor!” En la otra puerta lateral, su hermana preguntaba con voz baja y quejumbrosa: “¡Gregor! ¿No te encuentras bien? ¿Necesitas algo?” Gregor contestó a los dos a un tiempo: “Ya voy”; y procuró que su voz sonase lo más normal posible pronunciando las palabras con suma claridad y dejando largas pausas entre ellas. De modo que el padre volvió a su desayuno, pero la hermana susurró: “Gregor, abre la puerta, te lo suplico.” Pero Gregor no tenía intención de abrir la puerta, y dio gracias por la prudente costumbre, adquirida en sus viajes, de cerrar con llave las puertas durante la noche, incluso en casa.»

Escena III: Corresponde a la suprema prueba de abandonar la cama; prueba en la que proyecta el hombre pero actúa el escarabajo. Gregor todavía piensa en su cuerpo en términos humanos; sin embargo, ahora la parte inferior del ser humano se ha convertido en la parte trasera de un escarabajo, y

la parte superior de aquél es ahora la parte delantera de este último. Le parece que un escarabajo de pie es como un hombre a gatas. Todavía no ha comprendido e insiste en levantarse sobre su tercer par de patas. «Primero quiso sacar de la cama la parte inferior del cuerpo; pero esta parte inferior, que, por lo demás, aún no había visto y de la que no podía hacerse clara idea, resultó ser demasiado difícil de mover; todo iba muy despacio; y cuando por último, casi enloquecido, apeló a todas sus fuerzas y se lanzó sin cuidado, equivocó la dirección y chocó pesadamente contra los pies de la cama; y el agudo dolor que sintió le hizo comprender que la parte inferior de su cuerpo era sin duda, en su estado actual, la más sensible... Pero luego se dijo: “Antes de que den las siete y cuarto tengo que estar sin falta fuera de la cama. De todas formas, para entonces habrá venido alguien de la oficina a preguntar por mí, pues suelen abrir antes de las siete.” Y empezó a balancear todo el cuerpo a la vez en una serie de movimientos regulares, a fin de impulsarse fuera de la cama. Si caía de esa forma, evitaría hacerse daño en la cabeza alzándola en ángulo agudo en el momento de caer. La espalda parecía resistente, y probablemente la alfombra amortiguaría el golpe. Su mayor preocupación era el ruido inevitable que iba a producir su caída, el cual sin duda causaría inquietud, si no terror, al otro lado de las puertas. No obstante, era preciso arriesgarse... Ahora bien, prescindiendo del hecho de que las puertas estaban cerradas con llave, ¿convenía pedir ayuda? A pesar de lo desventurado de su situación, no pudo por menos de sonreír ante tal idea.»

Escena IV: Todavía se encuentra forcejeando cuando vuelve otra vez el tema de la familia, o tema de las numerosas puertas; y en el curso de esta escena cae finalmente de la cama y se oye un golpe sordo. La conversación sigue un poco el esquema de un coro griego. De la empresa han enviado al jefe de oficina para averiguar las causas de la ausencia de Gregor en la estación. Esta severa premura en controlar a un empleado poco puntual tiene todas las características de una pesadilla. Se repite el hablar a través de las puertas como en la segunda escena. Fijaos en la secuencia: el jefe de oficina le habla a Gregor desde el cuarto de estar, situado a la izquierda; su hermana Grete le habla desde la habitación de la derecha; la madre y el padre acompañan al jefe de oficina en el cuarto de estar. Gregor todavía puede hablar, pero su voz se vuelve cada vez más confusa, y poco después sus palabras dejan de ser inteligibles (en Finnegans Wake, que James Joyce escribe veinte años después, dos lavanderas hablan desde uno y otro lado del río y se van transformando gradualmente en un olmo corpulento y una roca).

Gregor no comprende por qué su hermana sigue en la habitación de la derecha y no se reúne con los otros. «Sin duda, acababa de levantarse y aún no había empezado a vestirse. Bueno; pero ¿por qué lloraba? ¿Porque él no se levantaba y no dejaba pasar al jefe de oficina, porque corría peligro de perder el empleo y el dueño empezaría de nuevo a apremiar a sus padres con sus viejas deudas?» El pobre Gregor está tan acostumbrado a ser un mero instrumento en manos de su familia que no se plantea la cuestión de la compasión: no se le ocurre que Grete pueda estar preocupada por él. Madre y hermana se llaman mutuamente a través de la habitación de Gregor. Envían a la hermana y a la criada en busca del médico y del cerrajero. «Sin embargo, Gregor estaba ahora más calmado. Las palabras que profería no eran ya inteligibles para los demás, aunque a él le parecían bastante claras, más claras que antes, quizá porque el oído se había acostumbrado a su sonido. En cualquier caso, ahora ya creían que algo le pasaba, y estaban dispuestos a ayudarle. La confianza y firmeza con que se habían adoptado estas primeras medidas le reconfortaron. Se sintió nuevamente incluido en el círculo de los seres humanos, y esperó grandes y notables resultados del médico y el cerrajero, sin distinguir demasiado claramente entre uno y otro.»

Escena V: Gregor abre la puerta. «Lentamente, Gregor empujó la silla hacia la puerta, la soltó, se agarró de la puerta para sostenerse —los extremos de sus patas eran algo pegajosos— y descansó contra ella un momento, reponiéndose de los esfuerzos. Luego se puso a girar la llave en la cerradura con la boca. Por desgracia, carecía de dientes propiamente dichos al parecer, ¿con qué iba entonces a agarrar la llave?; pero por otra parte, sus mandíbulas eran muy fuertes; y en efecto, con ayuda de ellas se las arregló para mover la llave sin prestar atención al daño que sin duda se infligía, ya que le salía un líquido oscuro de la boca, resbalaba por la llave y goteaba en el suelo... Dado que había tenido que tirar de la puerta hacia sí, aún no le veían, aunque la puerta estaba ya abierta del todo. Tenía que bordear lentamente una de las hojas, y hacerlo con mucho cuidado para no caer bruscamente de espaldas en el umbral. Todavía estaba empeñado en esta difícil maniobra, sin tiempo para fijarse en otra cosa, cuando oyó al jefe de oficina exclamar un “¡Oh!” claro y distinto —sonó como una ráfaga de viento—, y pudo verlo, era el que estaba más próximo a la puerta, taparse la boca con una mano, y retroceder lentamente como empujado por alguna fuerza invisible y constante. Su madre —que a pesar de la presencia del jefe de oficina aún andaba con el pelo desgreñado y los mechones apuntando en todas direcciones— juntó primero las manos, miró a su padre, luego dio un paso o dos hacia Gregor, y se desplomó en el suelo con las faldas esparcidas a su alrededor y la cara oculta completamente en el pecho. El padre mostró el puño con una expresión feroz en la cara, como amenazando con meter a Gregor en su habitación de un puñetazo; luego miró vacilante por el cuarto de estar, se cubrió los ojos con las manos, y lloró hasta que los sollozos sacudieron su enorme pecho.»

Escena VI: Gregor trata de calmar al jefe de oficina, procurando evitar el despido. «“Bien”, dijo Gregor, consciente de que era el único que no había perdido la calma, “me vestiré en seguida, ordenaré el muestrario y emprenderé el viaje. ¿Usted permitirá que viaje, no es así? Como ve, señor, no soy testarudo y tengo ganas de trabajar. El oficio de viajante es duro, pero no podría vivir sin viajar. ¿Adonde va, señor? ¿A la oficina? ¿Sí? ¿Dará usted un informe fidedigno de lo ocurrido? Uno puede verse incapacitado temporalmente, pero ése es el momento de recordar anteriores servicios, y recordar además que, una vez eliminado el obstáculo, uno trabajará con más interés y dedicación”.» Pero el jefe de oficina retrocede horrorizado y tambaleante hacia la escalera para huir. Gregor intenta avanzar hacia él —el pasaje es maravilloso— apoyado en sus patas traseras; «pero inmediatamente cayó con un pequeño grito, mientras buscaba apoyo, sobre sus múltiples patitas. Tan pronto como estuvo en el suelo experimentó, por primera vez en esa mañana, una sensación de comodidad física; tuvo el suelo

firme bajo sus patas; comprobó con alegría que éstas obedecían en todo momento; que incluso se esforzaban en trasladarle en la dirección que él deseaba, y se sintió inclinado a creer en la solución próxima y definitiva de todo su sufrimiento». Su madre da un brinco, y al huir de él derriba la cafetera que hay en la mesa del desayuno, derramando el café sobre la alfombra. «“¡Madre, madre!”, dijo Gregor en voz baja, mirándola desde abajo. Se olvidó momentáneamente del jefe de oficina; en cambio, no pudo reprimir el dar varias dentelladas en el aire con las mandíbulas ante la visión del café derramado. Esto hizo gritar a la madre otra vez.» Gregor, buscando con la mirada al jefe de oficina, «dio un salto, dispuesto a darle alcance como fuera; pero el jefe de oficina debió de adivinar sus intenciones, pues salvó varios escalones de un salto y desapareció; aún profirió un ¡uh! que resonó en toda la escalera».

Escena VII: El padre empuja brutalmente a Gregor a su habitación, dando patadas y blandiendo un bastón en una mano y un periódico en la otra. Gregor tiene dificultades en cruzar la puerta entornada; pero obligado por su padre, forcejea hasta que queda inmóvil. «Un lado del cuerpo se levantó, y él quedó inclinado en el umbral, con un costado completamente magullado, dejando unas manchas horrendas en la puerta blanca, y no tardó en quedarse atascado, sin poderse mover solo, con las patitas de un lado agitándose en el aire, y las del otro dolorosamente aplastadas contra el suelo; entonces el padre le dio por detrás un empujón literalmente liberador que le arrojó dentro de la habitación, sangrando abundantemente. A continuación el padre cogió el picaporte de la puerta con el bastón, la cerró de un portazo, y al fin quedó todo en silencio.»

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