A
pesar de los importantes logros alcanzados durante el último de- cenio en el ámbito del llamado espacio de libertad, seguridad y justicia (2) y en particular en el ámbito de la inmigración, sigue sin existir un conjunto armonizado de medidas a nivel europeo que respon- dan a un enfoque global y abarquen todas las dimensiones que requiere una adecuada gestión de los flujos migratorios.Al mismo tiempo, el cambiante panorama geopolítico en nuestra vecindad –revoluciones en la orilla sur del Mediterráneo, conflicto en Crimea, etcétera–, junto con el incremento de los impulsos identitarios y el repliegue que se observa en partes de las sociedades europeas, hace que las carencias en este ámbito sean aún más patentes.
En los dos últimos lustros, la Unión Europea se ha movido en un escenario incierto a medio camino entre la lógica del mercado y la necesaria integración de la inmigración en las sociedades de acogi- da. Durante mucho tiempo, la posibilidad de establecer una política europea de gestión de flujos migratorios se ha visto frenada por la heterogeneidad de intereses de los estados miembros. En efecto, la
sueño
(1) Todas las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan más que su posición personal.
(2) La creación del espacio de libertad, seguridad y justicia se basa en los programas de Tampere (1999-2004), La Haya (2004-2009) y Estocolmo (2010-2014). Emana del Título V del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que regula el espacio de libertad, seguridad y justicia.
política migratoria afecta al núcleo tradicional de la soberanía estatal, el derecho de los estados a decidir quiénes y de qué forma pueden for- mar parte de ellos. Este carácter esencial de la soberanía nacional sobre la población ha sido un motivo clave de las resistencias de los estados a ceder competencias en esta materia o, dicho de otra manera, para eu- ropeizar las políticas migratorias. Por otro lado, las instituciones de la UE, Comisión y Parlamento, han demostrado en algunas ocasiones no ser capaces de responsabilizarse y ser responsables (accountable) ante la ciudadanía europea en una materia tan sensible como la inmigración y la integración.
Sin embargo, el hecho de que los estados miembros hayan cedido una parte de esa soberanía sobre su población, bien por la pertenencia al espacio Schengen, bien por el proceso de globalización, hace que poco a poco se hayan producido avances en la materia(3). Con todo, la crisis eco- nómica y financiera en Europa ha dejado al descubierto los fallos de la fal- ta de una estrategia y una visión de conjunto en materia de inmigración.
Otro elemento clave en las políticas migratorias es la integración. El éxito en la integración es esencial para el inmigrante, pero también para las sociedades de acogida. Garantizar la igualdad de derechos, de res- ponsabilidades y de oportunidades para todos es el elemento esencial del proceso de integración. Este proceso requiere esfuerzos tanto por parte de los inmigrantes que residen legalmente como de la sociedad que los acoge. Es un esfuerzo bidireccional.
Sin embargo, la expansión de ciertas actitudes de rechazo frente a la inmigración y el ascenso de partidos políticos con idearios claramente xenófobos están conduciendo a la propagación y regreso en el continente de comportamientos discriminatorios y racistas que creíamos olvidados. Paradójicamente, estos sentimientos antiinmigración no se acompañan con la realidad de los datos, como muestran numerosos informes sobre la
(3) Aprobación de las directivas para homologar las normas de admisión y residencia de ciudada- nos de terceros estados en las siguientes categorías: trabajadores altamente cualificados (régimen tarjeta azul); estudiantes; trabajadores en prácticas no remuneradas, alumnos y trabajadores vo- luntarios; investigadores; trabajadores temporeros y empleados de empresas multinacionales que deseen trasladarse a una filial situada en un país de la UE. Así, también, en diciembre de 2011 se adoptó la directiva de permiso único, mediante la cual se garantiza igualdad de derechos para los trabajadores de terceros estados que residan legalmente así como un único permiso de residencia y trabajo.
inmigración y su impacto en la economía(4). La radicalización de algunos miembros de las comunidades inmigrantes y, en ocasiones, su no asun- ción de las leyes existentes es el otro lado del espectro extremista.
El desarrollo del concepto de ciudadanía europea en el siglo XXI será una de las claves de futuro. Rasgo fundamental en este proceso será sin ninguna duda la capacidad de las sociedades europeas para integrar a la población inmigrante en el relato europeo de reconciliación y reunifi- cación del continente, sobre el que hemos construido nuestra Unión. La historia de la humanidad muestra que solo es posible lograr el progreso de las sociedades a través de la incorporación y asunción en los idearios de construcción de las masas de población que paulatinamente se incor- poran. En el caso de la UE del siglo XXI esto pasa, sin duda, por el éxito de la integración de los nacionales de terceros estados.
Para la Europa que queremos, haríamos bien los europeos en re- cordar cómo Kant, en su obra Sobre la paz perpetua, proponía como uno de los artículos necesarios para lograr la paz el desarrollo del derecho cosmopolita «a presentarse a la sociedad que tienen todos los hombres en virtud del derecho de propiedad en común de la superficie de la tierra».
(4) Inmigración y estado de bienestar en España, por Francisco Javier Moreno Fuentes y María Bru- quetas Callejo. Volumen 31 de la colección de Estudios Sociales de la Fundación La Caixa: http:// www.publicacionestecnicas.com/lacaixa/inmigracion/31_es.html