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Chapter 2 Literature review

2.1 The methodology for estimation of cancer prevalence

2.1.7 Additional Methods

La etiología del conflicto en el Tolima nos induce a considerar causas remotas que el observador no puede pretermitir, Y que son:

1. La pugna suscitada por la migración antioqueña, con casos de sangre en algunas comarcas entre colonos y comuneros. «La única revolución efectiva en el campo social y económico de república»8 y

el espíritu avasallador de los recién llegados plenos de empuje y aventurerismo, necesariamente debían chocar con la manera pasiva de algunos elementos que encarnaban la estática del hombre tolimense. A ello contribuirá el prurito latifundista que predominaba en la tenencia de la tierra dentro del área de su llano. No debe olvidarse la manera de ejecutar el trabajo, lenta en el hombre raizal, y nerviosa, rápida, incontenible en el «paisa» que llegaba acosado por el hambre y la pobreza.

Existían además, tierras de nadie o semibaldías sin nítida titulación que permitieron al foráneo caballero del hacha y la barbera descuajar montanas mientras llegaba la tardía solución a los pleitos. 2. La política seguida por algunos terratenientes de la llanura tolimense con sus arrendatarios, al someterlos a implacable desahucio con incendio de ranchos, dándose casos de que mujeres campesinas dieron a luz bajo la fronda de los árboles. Basta recordar sucesos como los del Baurá en Purificación y Villa Restrepo en Ibagué. Aquí hubo choque con la Policía y varios labriegos que- daron muertos en la vereda.

3. La cruzada reinvidicatoria del jefe indígena Manuel Quintín Lame, que en reclamo de las tierras de que se había desposeído a los indios viene desde el Cauca, cruza por Tierradentro, transmonta la cordillera de Calarma hasta San Antonio para repasarla en seguida y asalta a Coyaima, donde alcanza a incendiar cuatro casas a cambio de la vida de algunos de los suyos. El gesto de Lame no ha sido aún valorado por la historia y la sociología en todo el significado que entraña.

4. El viejo litigio de la comunidad indígena de Yaguara, fuente de enconos entre dueños reales o ficticios y los habitantes de dicho sector, que han conservado muy marcadas las características y

costumbres de su raza.

5. La actuación de las Ligas Campesinas en regiones como Limón y Rioblanco (Chaparral) por el año de 1936. No faltaron depredaciones, rocerías de cafetales y plataneras, invasiones a predios de terratenientes, suscitándose cierta pugnacidad de tipo social que enfrentó a dueños y arrendatarios. En 1937 se registró una huelga general de cogedores de café.

6. La huella de las contiendas civiles que en el Tolima arraigan primero y se prolongan demasiado por una modalidad de sus hombres, que se comprometen del todo cuando se empeñan en la lucha. Estas guerras internas laminaron en el alma del pueblo estampas de casi leyenda como las de Tulio

Varón y Eutimio Sandoval, que pasan por el llano entre un fulgurante retintín de machetes. Entre las causas próximas del conflicto en el Tolima pueden citarse:

1. La exaltación política de las gentes, labor de muchos años cumplida a cabalidad por los aspirantes de turno, y el distanciamiento de los dirigentes políticos.

2. La actuación de la policía sublevada el 9 de abril de 1948 en Ibagué y en casi todas las poblaciones del departamento.

3. La deposición de las autoridades en aquella fecha.

4. El tratamiento dado a los sacerdotes: dos asesinados y once aprisionados o retenidos en sus casas, y la profanación y saqueo de algunos templos, entre ellos el de Armero.

5. El incendio de las oficinas del semanario El Derecho, en cuyos archivos reposaba inédita la «Historia de Ibagué» que contenía documentos insustituibles, cuya pérdida lamentará (siempre el Tolima).

6. La alegre irresponsabilidad con que algunos elementos directivos lanzaron a la lucha a un pueblo cuyas reacciones jamás tuvieron en cuenta,

7. La actuación parcializada de las autoridades y la acción punitiva e indiscriminada de las tropas. A estas causas generales se entrelazan modalidades propias de los diversos municipios, que agravan la crisis y la extienden por casi todas las veredas del departamento.

En el año de 1949 con motivo de las elecciones y como reacción por los hechos del 9 de abril, el conflicto se desenvuelve en planos exclusivamente políticos. En el oriente la causa determinante es

el asesinato de la familia Rivera en Los Alpes, Villarrica. En el sur sirven de pretexto el choque armado entre dos ciudadanos de distinta filiación política y las comisiones de policía nueva que inicia su actividad violando hijas de campesinos. En el norte opera el clima de conspiración (sector liberal) y de venganza por los sucesos nueveabrileños (sector conservador). En el centro se combinan la actitud subversiva, la acción policiva y la agitación política que llega a la provincia interpretada, aumentada, mixtificada según las conveniencias de grupo.

La lucha alcanza casi desde los comienzos una ferocidad insospechada. ¿Se opera el fenómeno ancestral que describe Bedoya en su Etnología y Conquista del Tolima?: «En la guerra el olor de la pólvora, el traquetear de las ametralladoras, la sangre, el grito de combate, el desafío, le despiertan al tolimense los instintos del pijao que lleva dentro y se torna feroz, sanguinario e invencible; el amigo de ayer es hoy su enemigo si no piensa como él en materia política; la caridad, la humildad, la moral, todo desaparece en la vorágine de la guerra y no hay una sola cuarta de tierra tolimense en donde no se levante una tumba. El tolimense es el primero en tomar las armas y el último en soltarlas»9.

En efecto, los campesinos traducen la intensidad cruel de la contienda, con la palabra Guerra. No hablan de violencia, sino de la ―primera guerra y la segunda guerra‖ o sea, cronológicamente, de 1949 a 1953 y 1954 a 1956.

El campesino ignora por qué se le envuelve en la lucha, por qué lo persiguen, lo asesinan, le queman el rancho y profanan su hogar. Solo parece que la acción bélica sobre el pueblo tolimense obedeció a una sangrienta consigna: ¡Diezmarlo! ¿Quién dio esa consigna?

El golpe asestado inicialmente por los emisarios oficiales se traduce de inmediato en una cita a muerte entre grupos políticos, sin tregua ni cuartel, por más de diez años. Veamos tales desarrollos en municipios tolimenses claves.

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