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Additional research methodologies

EVIDENCING TRADEMARK DILUTION

4.3.2 Experiments as research strategy

4.3.2.3 Additional research methodologies

¿Qué tipo de convergencia es la que podría existir entre el otro estado que Robert Musil describió, primero en su ensayística y después literariamente en El hombre sin atributos y el concepto de experiencia histórica sublime desarrollado por el historiador y teórico de la historiografía neerlandés Frank Ankersmit?414 La respuesta a esta interrogante quizá nos permita entender con mayor claridad el planteamiento del autor austrohúngaro.

La experiencia histórica sublime es indisociable de la obra historiográfica de Johan Huizinga, colega y compatriota de Frank Ankersmit, especialmente, del texto que lo consagraría como uno de los más grandes medievalistas, El otoño de la Edad Media.415 Y dicho vínculo, por tanto, nos sitúa de nuevo en el primer tercio europeo del siglo XX, espacio geográfico y temporal en el que tuvo lugar la discusión sobre esa experiencia anímica y sensitiva que trasciende el ámbito intelectual y lingüístico y que Musil definió como otro estado, inicialmente, en su ensayística y después en su literatura.

La problemática consistente en representar narrativamente una experiencia no lingüística, como apunta Wittgenstein, nos ubica en el terreno de la mística. Sin embargo, ésta para Musil no se circunscribe a la definición que la ecclesia nos ofrece de ella, sino que abarca a la experiencia humana en su totalidad y su comprensión se dirime en términos históricos.416 Al respecto, Johan Huizinga escribe:

Y aquí tenemos el núcleo del problema. La comprensión histórica encierra un elemento muy importante, cuya mejor denominación podría ser el término ‘sensación histórica’. Podríamos llamarlo también ‘contacto histórico’. ‘Imaginación histórica’ dice demasiado, y lo mismo ocurre con la expresión ‘visión

414 Frank Ankersmit, La experiencia histórica sublime, UIA, México, 2010 (traducción de Nathalie Schwan y

presentación de Luis Vergara) [publicado originalmente en 2007].

415

Johan Huizinga, El otoño de la Edad Media. Estudios sobre la forma de la vida y del espíritu durante los

siglos XIV y XV en Francia y en los Países Bajos, Alianza Editorial, 2004 (versión de José Gaos y traducción

del francés medieval de Alejandro Rodríguez de la Peña) [publicado originalmente en 1919].

416Robert Musil señala: “Debemos presuponer un segundo estado concreto e insólito, de gran importancia, que

el hombre es capaz de alcanzar y que es anterior a todas las religiones. Por otra parte, las iglesias –concedió-, es decir, las comunidades de hombres religiosos, han tratado siempre este estado con una desconfianza semejante a la que siente el burócrata hacia la empresa privada. Jamás han reconocido sin reservas esta experiencia mística, antes al contrario, han dedicado grandes esfuerzos, en apariencia justificados, a poner en su lugar una moral reglamentada y comprensible. Así, la historia de este estado comporta una negación y una atenuación crecientes, que recuerdan la desecación de un pantano”, El hombre, vol. 2, p. 114.

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histórica’, ya que la descripción concebida como concepción visual es demasiado restrictiva.417

Para Ankersmit, la definición de “sensación histórica” formulada por Huizinga posibilita una representación lingüística de la experiencia sublime. Y en este sentido, apunta que fue durante la visita a una exposición de arte en la ciudad de Brujas, en 1902 (justo el año en el que Lord Chandos expresaba su incapacidad narrativa), cuando después de observar los grabados del artista neerlandés Jan van de Velde, Huizinga infirió que la historia medieval tardía era radicalmente distinta a lo que consignaba la historiografía de aquella época.418 Empero, la cabal comprensión de ésta tendría lugar poco después “durante una de sus caminatas a lo largo del canal de Damster en su ciudad natal Groninga, cuando se imaginó la Edad Media tardía repentinamente como un punto final, y no como la promesa protorrenacentista de un nuevo comienzo”.419

Aunque la comprensión y la representación no coexistan simultáneamente, ambas se derivan de un mismo proceso, a un tiempo, intelectivo y anímico420 cuya característica fundamental es su brevedad.421 Y la escisión temporal entre ambas operaciones puede

417 Frank Ankersmit, op. cit., p. 116. Johan Huizinga agrega: “Una sensación tan profunda como el gozo

artístico más puro, una sensación… casi extática de ya no ser yo mismo, de confundirme con el mundo de mi alrededor, el contacto con la esencia de las cosas, experimentar la Verdad por medio de la historia […] Es una emoción perturbadora, una embriaguez momentánea… Usted la debe de conocer, pues en miles de sonetos ésta ha sido mencionada como motivo. De esta naturaleza es también lo que denomino la sensación histórica”,

Ibíd., p. 123.

418Frank Ankersmit apunta: “La vida en esta Edad Media tardía, la vehemencia, la fascinación por los

extremos, la resistencia de descubrir nuevas formas tras esos extremos, todo eso lo cogió desprevenido y lo sobrecogió del mismo modo que la música es capaz de abrumarnos… Esto fue lo que lo llevó a escribir El

otoño de la Edad Media”, Ibíd., p. 124. 419 Ibíd., p. 125.

420 Como precisa Frank Ankersmit: “En tales situaciones, no puede separarse la propia experiencia del acontecimiento que se experimenta: el pasado sólo se configura porque determinado mundo social o mental se experimenta como tal. Es decir, no existe primero un pasado y a continuación se registra una experiencia de él (de la manera que primero existe una silla y posteriormente nuestra experiencia de ella). La experiencia del pasado y el propio pasado (en su calidad de objeto potencial de investigación histórica) en tales situaciones nacen exactamente en el mismo instante, lo que hace que la experiencia resulte constitutiva del pasado. Así se configura el pasado”, Ibíd., p. 99.

421 Y es justamente por esta condición temporal que el otro estado no debe de ser equiparado con el tipo de

existencia resultante de la extrapolación permanente de un principio artístico a la vida cotidiana, al respecto, Mijail Bajtin nos ofrece un ilustrativo ejemplo: “Los bufones y payasos, como por ejemplo el payaso Triboulet, que actuaba en la corte de Francisco I (y que figura también en la novela de Rabelais), no eran actores que desempeñaban su papel sobre el escenario (a semejanza de los cómicos que luego interpretarían Arlequín, Hans Wurst, etc). Por el contrario, ellos seguían siendo bufones y payasos en todas las circunstancias de su vida. Como tales, encarnaban una forma especial de la vida, a la vez real e ideal. Se situaban en la frontera entre la vida y el arte (en una esfera intermedia), ni personajes excéntricos o estúpidos ni actores cómicos”, La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de Francois

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dilatarse significativamente, como lo ilustran los dramas de Karl Kraus o la reflexión filosófica de Ludwig Wittgenstein o de forma definitiva, como lo sugiere la breve carta ficcional de Hugo von Hofmannsthal o la novela El hombre sin atributos de Musil, que, pese a su colosal extensión quedo inconclusa.

Ankersmit sostiene que la experiencia histórica sublime posee un nexo más íntimo con los estados anímicos que con el intelecto y que, por tal motivo, es más ontológica que epistemológica y que dicha cualidad se expresa en la ausencia de “un sujeto estable de la experiencia”, e incluso, algunas veces la intensidad de esta experiencia puede anular por completo a la “individualidad”.422

Finalmente, Ankersmit se pregunta si algún día la experiencia se librará en definitiva de la cárcel del lenguaje,423 Musil, en cambio, trató de conseguir la libertad para la experiencia justamente a través de la palabra, específicamente, de la narración literaria y El hombre sin atributos es en tal sentido su mayor logro, pues, configuró una relación simbiótica radical entre ideas y sentimientos en la relación de los hermanos Ulrich y Agathe lo que, a su vez, representó su contribución al establecimiento de una racionalidad y de una ética cualitativamente distintas a las establecidas por el positivismo y por el pragmatismo, como veremos en los siguientes apartados.