La persona será más creativa cuando se sienta motivada por el interés, el gozo, la satisfacción, el reto que representa el trabajo mismo y no por las presiones externas.
Tenemos dos formas de aprender: una mecánica, tradicional, memorística y otra creativa, nueva, significativa. La forma memorística es superficial. Hace que el alumno domine el contenido de un tema; no importa cómo. No existe preocupación por la comprensión, sino por el resultado en una prueba (examen, exposición en la clase, etc.).
La forma significativa o creativa, como contraposición a la anterior, busca un aprendizaje profundo que implica prioritariamente la comprensión del contenido o información. Se pretende que el propio alumno/a construya, cree, descubra, halle los conocimientos a través de su personal forma de pensar. Lo prioritario es la elaboración de estructuras sólidas y estables de conocimiento, aunque con una actitud de flexibilidad que le permita el cambio ante la nueva información significativa. Interesa lo fundamental, las ideas básicas más que los conocimientos accesorios y la retención que prevenga de la memorización comprensiva.
La creatividad también es un proceso de formulación de hipótesis, de verificación de las mismas y la comunicación de los resultados, convirtiéndose así en un proceso investigador que se desarrolla dentro del mismo individuo.
Siempre que orientemos la labor educativa al desarrollo de la creatividad descubriremos que la creación es una vivencia única, personal (sale de dentro), que tiende a comunicarse a través de un producto. Este producto es una elaboración del sujeto y puede ser un objeto, un juego, un conocimiento, etc. Es el punto de llegada del proceso creativo. Por todo lo expresado, es necesario que la actividad docente se aborde desde una metodología creativa, por ello tomo las ideas y palabras expresadas por David Del Prado (1997), como una de las formas más adecuadas para una labor pedagógica dedicada a la infancia:
La metodología tecnocrática se sitúa en las antípodas de la enseñanza informativa, reproductora de lo establecido, de la cultura y formas predominantes. Los fundamentos básicos de la tecnocrática son la libertad e iniciativa personal y grupal, la experimentación lúdica continua, la información amplia y contrastada con la práctica, la espontaneidad desinhibida y liberada de miedos y perjuicios, la rotura transgresora de normas, moldes y formas preestablecidas, etc. La tecnocrática requiere y estimula un ambiente permisivo y liberador, innovador y rico, apreciador y encauzador de lo nuevo, lo absurdo y lo imposible, lo irracional y lo fantástico, lo racional y lo convencional, lo rutinario y controlado, lo posible y lo real ya es conocido.
La necesidad de una educación creativa viene dada por un mundo en constante cambio. Las situaciones nuevas fuerzan nuevas respuestas y soluciones nuevas antes desconocidas. Una persona o personas dan a un problema una solución creativa cuando generan una respuesta de nuevo cuño que no conocía con anterioridad y que resuelve el problema de que se trate (si no resuelve el problema no es una solución creativa). El proceso por el que se llega a la solución suele pasar por los pasos creativos que el individuo va dando hasta llegar a la solución correcta, ya que a ésta se llega a través de tentativas que van superando las imperfecciones de las soluciones anteriores.
Como profesores o padres de familia preocuparnos sólo por factores externos de aprendizaje (ambiente y recursos) nos lleva a limitar el acto educativo. Igual o más valiosos aún son los factores internos (disposición psicológica, pensamiento lógico, auto concepto, interés, motivación, autoestima, creatividad…).
Afianzar el aprendizaje creativo demanda cuatro factores: 1. Buena disposición psicológica
2. Buen ambiente de estudio
3. Uso de métodos y técnicas apropiadas
4. Buen empleo de herramientas mentales (atención, concentración, interés, pensamiento, imaginación…)
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conjunción de los aspectos cognitivos y afectivo-emocionales. La construcción cognitiva no se ha aislado de los factores afectivos y volitivos. Ellos operan correlacionados, de manera que la modificación en uno de ellos comporta una alteración en los otros. Un aumento afectivo y emocional posibilita un conocimiento más penetrante y una decisión más eficaz. Una comprensión más cabal eleva el caudal afectivo y volitivo. Tradicionalmente se considera las habilidades intelectuales como el factor clave para el aprendizaje, pero la investigación sobre la relación entre lo intelectual y lo emocional, evidencia que el campo afectivo es el que abre la puerta de lo cognitivo, y que la autoestima es uno de los aspectos más cruciales en esta relación.
El proceso de aprender creativamente lleva consigo motivaciones fuertes y estimulantes como implicación personal en algo significativo. Curiosidad y deseo de saber ante lo que sorprende, lo inacabado, la confusión, la complejidad, la falta de armonía, la desorganización y otras cosas por el estilo. Simplificación de la estructura o diagnóstico de una dificultad por medio de una síntesis de la información conocida, formando nuevas combinaciones o identificando fallos. Elaboración y divergencia, que planteen nuevas alternativas, nuevas posibilidades, etc. Posibilidad de juzgar, evaluar, contrastar y comprobar. Desechar las soluciones condenadas al fracaso, erróneas o no prometedoras. Elegir la solución más adecuada haciéndola atractiva y estéticamente agradable. Comunicar los resultados a otros. La predisposición a aprender de cada uno está determinada por factores culturales, personales y motivacionales. El profesor debe tener en cuenta estos factores para actuar con mayor acierto y profesionalismo.
El trabajo del docente no consiste tan sólo en transmitir
información, ni siquiera conocimientos, sino en
presentarlos en forma de problemática, situándolos en un contexto y poniendo los problemas en perspectiva, de manera que el alumno puede establecer el nexo entre la
solución y otras interrogantes de mayor alcance. Delors: 1996
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