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Addressing Objections to the Proposal 1292

Desde el mismo instante en que un Partido de la clase obrera queda constituido y comienza su actividad revolucionaria, debe precaverse de dos desviaciones po- sibles: la de “izquierda” que lo convierte en una secta divorciada de las masas trabajadoras, y la de derecha que lo castra y convierte en defensor de los soportes básicos de la sociedad de clases.

El PCP, no pudo evitar la fase de “izquierdismo” por la que han pasado casi todos los partidos proletarios, inmediatamente después de su fundación. Ya decía Marx que el trabajo político de teóricos revolucionarios, poco o nada vinculados con las masas trabajadoras, es un fenómeno característico de los primeros pasos de la

lucha de clases del proletariado en cualquier país, y que el sectarismo y el “izquier- dismo” constituyen “la infancia del movimiento proletario, de la misma manera que la astrología y la alquimia son la infancia de la ciencia” (1).

La infancia del PCP duró cerca de un decenio, etapa en la cual sus dirigentes se propusieron ins taurar repúblicas quechua y aymara y un sistema estatal soviético en el país. Tenían la seguridad de que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina. En esta forma se manifestaba el radicalismo de la pequeña burguesía infiltrada en el PCP. Esta confunde la realidad con sus propios deseos.

Con motivo de las elecciones generales de 1939, el grupo dirigente del PCP hizo un viraje de 180 grados. Capitulando ante la presión de la burguesía, dio espaldas a su “izquierdismo” y se puso al servicio de la candidatura de don Manuel Prado Ugarteche. Desde entonces proviene la tendencia de ciertos dirigentes del PCP a echar raíces en el actual sistema social y convertir al Partido en un orga nismo “legal” con casa propia, como máxima aspi ración.

El derechismo, encaramado en la dirección nacional del Partido sufrió un duro gol- pe con la expulsión de Ravines y sus seguidores. Pero al no haber sido extirpado radicalmente, pronto hizo su reapa rición amparándose en la política de unidad nacio nal antifascista, aplicada por todo el Movimiento Co munista Internacional después de la agresión nazi a la URSS. El alineamiento del Gobierno de Manuel Prado con las naciones aliadas en la II Guerra Mundial, unilateralmente enfocado, condujo al Partido a posiciones típicamente reformistas y capituladoras desde an- tes de la aparición del browderismo en el movimiento obrero internacional. No es difícil ve rificar este hecho histórico. Los documentos de la I Conferencia Nacional y los pronunciamientos del PCP durante los años de 1941-1944 son instrumentos probatorios irrefutables. El gobiernismo del órgano "Democracia y Trabajo" salta a la vista.

La obra de E. Browder, titulada "Teherán, nuestra senda en la guerra y la paz", sirvió para que el oportunismo de la dirección del PCP tomara un carácter definida- mente revisionista. Hizo la defensa abierta de la colaboración de clases, en formu- laciones tan opuestas al marxismo leninismo como las siguientes: "El incremento de la producción beneficiará tanto a la burguesía como al proletariado y depende del acuerdo y la colaboración entre ambas clases". "Esta línea ha dejado de ser una línea de clase en el antiguo sentido de la palabra". "La política de unidad nacional consiste en la unión de todas las fuerzas democráticas y progresistas, sin exclu- sión alguna, desde comunistas hasta conservadores". "A la política internacional entre el mundo capitalista y el mundo socialista deberá corresponder una política de colaboración entre la burguesía y el proletariado". "Toda apreciación que nie ga

la base popular del pradismo es falsa. Asimismo pretender organizar la Unidad Nacional sin el pradismo es hacer el juego a la reacción pro-nazi". "Independien- temente de sus vinculaciones partidarias, los obreros tienen en conjunto la tarea histórica de luchar por una alianza con la burguesía". "El Partido Aprista Peruano, hoy Partido del Pueblo en su conjunto es una fuerza popular, democrática y pro- gresista que puede y debe formar parte de la Unidad Nacional" (2).

El II Congreso del PCP, realizado en marzo de 1946, no hizo una autocrítica mar- xista leninista de la desviación browderiana, limitándose a señalar en su X con- clusión que «la unidad nacional que propiciamos hoy, debe superar los errores y debilidades que en su aplicación cometieron ciertos camaradas y determinados organismos de nuestro Partido» (3).

Este abandono del arma de la crítica y la autocrítica, que equivale a un oculta- miento de los errores cometidos, repercutió desastrosamente dentro de la organi- zación partidaria. De hecho la militancia fue puesta frente a un compromiso con- certado desde arriba con el browderismo, no pudiendo en tal situación estimularse la iniciativa y el dinamismo de los cuadros. Esto era imposible en un ambiente malsano, propicio para el surgimiento de una serie de tendencias en las filas del PCP.

Para tener una idea clara de lo que el browderismo significó en el PCP, hay que tener presente que los «abandonos revisionistas», que se presentan bajo diferentes formas y matices, no obedecen a la casualidad, no son simples errores de personas o grupos. Lenin enseña que «no se puede aclarar por completo un error político si no se buscan las raíces teóricas de quien comete ese error, partiendo de determina- das posiciones conscientemente aceptadas por él» (4).

La influencia de la ideología burguesa y la penetración del revisionismo encon- traron terreno abonado en el PCP. Excepción hecha del trabajo de preparación y esclarecimiento ideológico realizado por su fundador, el Partido estuvo pobremen- te pertrechado de teoría. Hubo un claro menosprecio del trabajo teórico y por este motivo se ha venido pagando un alto tributo de errores y desviaciones. La inca- pacidad de elaborar una política científicamente argumentada, puso al Partido a merced de cualquier revisionismo de moda, sin permitirle un impulso enérgico de las acciones de masas desde posiciones definidas de clase. Y de este modo, la misión de organizador, educador y auténtica vanguardia revolucionaria del PCP, se hizo imposible.

De otro lado, en la situación creada por la II Guerra Mundial y el rol decisivo juga- do por la Unión Soviética en la derrota del nazi-fascismo, se produjo un ascenso sin precedentes del movimiento popular y democrático del país que permitió el cre-

cimiento rápido del PCP y su paso a la legalidad. La afluencia masiva de la peque- ña burguesía liberal al Partido, estimulada por las «campañas de reclutamiento», fueron modelándolo y dándole una composición no proletaria. Es aquí donde el revisionismo browderista encontró su base y sustento. Sin cuadros obreros sufi- cientemente experimentados y maduros, la cohesión y combatividad del PCP fa- llaba desde sus raíces. En lugar de un Partido de militantes, de luchadores firmes, honrados y valientes, dispuestos a entregar su vida por la causa del proletariado, se perfilaba una organización gaseosa, de pequeños burgueses reacios a aceptar los preceptos leninistas sobre organización.

Un reconocimiento franco de este proceso degenerativo sufrido por el Partido, fue hecho en la primera Conferencia Nacional, en la que se afirmó que «el nombre actual del Partido no corresponde tampoco a su COMPOSICION SOCIAL. La línea de la Unidad Nacional ha hecho que se incorporara a sus filas CONSIDERABLES CANTIDADES DE INTELECTUALES, EMPLEADOS, PROFESIONALES, COMERCIAN- TES, INCLUSIVE GENTES ACOMODADAS» (5).

Después del II Congreso del PCP era necesario llevar adelante una lucha frontal contra todas las tesis revisionistas divulgadas por el browderismo; había que ha- cer hincapié en el Partido, en tanto que, destacamento de vanguardia y forma superior de organización de la clase obrera, marcando a fuego la práctica social- demócrata de reclutar gente a como de lugar, sin ton ni son, con la obsesión de hacerlo grande y legal.

Las consecuencias del socialdemocratismo, infiltrado profundamente dentro del Partido, se hicieron sentir muy pronto. El año de 1948 el Comité Departamental de Lima, el más fuerte y de mejor composición social, quedó al margen de la organi- zación por decisión administrativa del Comité Central. Las agudas contradicciones internas surgidas no fueron tratadas con el tino y la responsabilidad debidos; se olvidó el principio de que únicamente lográndose la unidad ideológica se puede mantener y robustecer la unidad orgánica y política del Partido. Cuando no hay unidad ideológica, no puede haber unidad orgánica ni política, Y un Partido del proletariado sólo puede lograr su unidad ideológica sobre la base de una absoluta lealtad al marxismo leninismo.

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