Part II. Other Information
INTER PARFUMS, INC (AS AMENDED)
3. Administration Of The Plan.
Ángela Herrera
Entra al box una niña de 10 años, aunque su aspecto parece de 7. Su nombre es Andrea y en la ficha clínica aparece como diagnóstico un trastorno adaptativo, producto del abuso sexual recibido por su padrastro durante los últimos 5 años. Hace menos de un año está viviendo en un hogar de menores, luego de que se fugara de su casa con su hermana mayor (15). Por otro lado la madre (32) nunca creyó lo que estaban viviendo e incluso, ante una visita social, se remitió a defender a su pareja negando la versión de las niñas. Fue entonces cuando dejaron su casa y al resto de sus hermanos, teniendo como última noticia de ese lugar que el padrastro había sido detenido.
Llega derivada por los problemas que ha tenido para aprender a leer y escribir. La tía con la que acude al consultorio comenta que está en 3º básico y no se explican porqué no aprende a leer. Sin embargo, al conversar con la niña me queda claro que en su curso no recibe la estimulación necesaria, dado que se da por hecho que a esa altura la mayoría ya adquirió la capacidad lecto-escritora.
En la tercera sesión la niña llega con marcado entusiasmo; al salir la tía del box, Andrea me explica que venía “preparada”, sacó una bolsa con 2 cuadernos y una caja de lápices y, luego de ponerlos en la mesa, me expresa que la tía los había
comprado para que los usara conmigo, porque yo le iba a ayudar para que lograra leer y escribir. Ante tal situación y pese a mi asombro, no podía dejar sin uso aquel material, dado que funcionó como motivador para la niña y porque era una muestra de que la tía estaba interesada en estimular a la menor.
No obstante, el destinar una tarea de tipo diario de vida o bitácora se hacía irrealizable, puesto que justamente el motivo de derivación a terapia radicaba en las dificultades que la menor presentaba para ello. En consideración con estos dos factores, se le otorgó un uso distinto a cada cuaderno, cada uno recibió un nombre: el “cuaderno de las letras” y el “cuaderno de las emociones”. El primero estaba destinado a las clases de reforzamiento al que la paciente ingresaría en la escuela; mientras que el segundo fue destinado al trabajo post sesión, luego de cada una de las clases y en función de lo que se haya tratado, esbozaría un dibujo (utilizando con esto sus recursos, entre ellos, el interés por las artes) que representara lo que sentía.
Esta tarea fue muy ventajosa para que la niña fuera reconociendo sus distintas emociones y lograra tomar contacto con su mundo interno, el que mantenía un tanto bloqueado; todo aquello de una forma simple y poco amenazante, que le fue posible en función de sus capacidades. Junto con esto, la idea era que en la medida que avanzara la terapia, pudiéramos volver a los dibujos, pudiendo diferenciar las características de cada cual y notar en ellos los avances.
Por otro lado, me preguntaba cómo explicarle a la tía que mi rol en ese momento no se dirigía al reforzamiento de la lecto-escritura, sino más bien a trabajar sobre la elaboración de sus emociones, sin embargo, creo que al nombrar la palabra
“emociones” algo le hizo clic y comprendió; de todos modos le agradecí mucho la preocupación que tuvo al facilitarle los materiales a la niña, diciéndole que serían de gran utilidad para el trabajo que realizaríamos, sobretodo en cuanto a la expresión de “emociones”. Agregué que como a todos nos importaba el bienestar de la niña, realizaríamos un trabajo en conjunto, para que superara las vivencias por las que pasó y junto con eso le resalté que su labor era vital, ya que ella sería un vínculo entre lo que pasa en la escuela y en las sesiones conmigo, en las que trabajaríamos temas “emocionales” e internos de la niña, mientras que en la escuela reforzaría lo académico, formando con esto un complemento para que Andrea progresara.
En conclusión, creo que es importante tener en consideración la concepción que tienen los consultantes respecto al rol que juega el psicólogo. En este sentido, no es necesario desechar la imagen con la que llegan, sino poder utilizarla como un instrumento y, en la medida que se avanza en el proceso, la idea inicial de nuestro trabajo como psicólogos podrá ir siendo transformada.
14. Carta a una amiga.
Un caso de abuso sexual infantil.
Cecilia Asenjo
Andrea es una menor de 13 años que sufre de retardo mental. Vive en un hogar de menores como medida de protección pues hace dos años fue violada por su padre. El objetivo de la intervención fue fortalecer sus habilidades de autocuidado, que aprendiera a conocer su cuerpo y a reconocer aquellas partes que no deben ser tocadas; sin embargo, debido a que ella rehusaba hablar sobre la violación, esta experiencia no pudo ser tratada directamente. Se diseñó entonces un trabajo metafórico, indirecto, creando para ello una “muñeca de plasticina” llamada Joselyn, con la que se realizaron diversas actividades a lo largo de la terapia.
La quinta sesión se llevó a cabo en la sala de espejo de la universidad, yo creía que esto podía inhibir a Andrea pero no fue así. Nos sentamos una frente a la otra y comencé a leerle una carta que le había mandado Joselyn. La menor me contemplaba mientras yo leía la carta y sus ojos se llenaron de lágrimas al escuchar que Joselyn se sentía muy triste ya que no sabía qué hacer con un secreto: su vecino Don Mario le había tocado sus genitales. Joselyn le pedía a Andrea que la ayudará, ya que no sabía si al contarlo le iban a creer. Andrea, muy emocionada después de leer la carta, comenzó a decirme cómo Joselyn podía contar el secreto a sus papás o a su abuela.
Luego de esto, espontáneamente la menor me dijo: “a mí me pasó lo mismo”, “mi mamá estaba tomando en la cocina y mi papá me encerró en la pieza y me violó, por eso Joselyn tiene que contarlo”. El relato de Andrea me impactó, ya que ella no había hablado de la violación durante toda la terapia, lo que más me sorprendió fue la tranquilidad que expresó al relatarlo. Finalmente, empezamos a dibujar para que volviera a un estado de serenidad tras su relato. Minutos después le comencé a preguntar por qué creía que Don Mario había hecho eso, me respondió “porque es malo igual que mi papá”.
Cuando comencé a recolectar información de Andrea para realizar mi informe psicoterapéutico, me percaté que los anteriores informes psicológicos realizados, señalaban que la niña en ningún momento había calificado la acción de su padre como algo malo. Esto para mí significó un gran avance en el proceso de reelaboración de la experiencia abusiva de la menor y una mejora notable en la expresión de pensamientos y emociones.
La técnica utilizada permitió que la paciente se identificara emocionalmente con la experiencia abusiva y fue beneficiosa para la relación terapéutica, ya que me manifestaba que se sentía más aliviada, se mostraba más expresiva conmigo y con más disposición a participar.
Esta estrategia definitivamente fue un riesgo, sin embargo, este riesgo me dio grandes frutos.