Cristian BITEA
8 Administrative Code: article 467, paragraph 2.
pájaro que cante cuando tiene hambre o frío o cuando su fre de otra manera, ni aun el ruiseñor, la golondrina y la abubilla, cuyo canto se dice que es efecto del dolor. Pero ni estos pájaros cantan de tristeza, y menos los cisnes, a mi juicio; porque como son propiedad de Apolo, partici pan del arte divinatoria, y la presciencia de los bienes del Hades, por lo tanto, les hace cantar y regocijarse en aquel día más que nunca. En cuanto a mí, pienso que soy con siervo de los cisnes y sacerdote del mismo dios; que no menos que ellos he recibido de nuestro común dueño la facultad divinatoria, y que rio siento mayor enojo del que sienten ellos al dejar esta v id a."27
Por correr el "hermoso riesgo" que lleva consigo esta “gran esperanza" (καλός κίνδυνος, ελπίς μεγάλη) vale la pena emplear toda la vida en purificar el alma, a fin de hacer todo lo perfecto que sea posible su parentesco con lo que puede haber en el reino de ultratum ba. En esta conversa ción prosigue Sócrates hasta la hora del crepúsculo, que es también para él la hora del valor y la serenidad. La úl tim a escena nos la dejó Platón con una simplicidad tan conmovedora, que sería un crimen, o un sacrilegio, el querer enmendarle la plana, o glosarlo de cualquier modo. Dejémosle n a rrar a é l y a él tan sólo, lo que con toda razón se ha llamado la Pasión de Sócrates.
"Que tenga, pues, confianza en cuanto a la suerte de su alma —es aún Sócrates quien habla—■ el hombre que du rante su vida ha dado de mano a los placeres del cuerpo y sus adornos, y los ha mirado como extraños y maléfi cos, y que, por el contrario, se ha entregado a los placeres del conocimiento, y que ha adornado su alma no con ajeno sino con su propio ornato, como la templanza, la justicia, la fortaleza, la libertad y la verdad. Semejante hombre debe esperar la hora de su partida para el Hades, pronto para ponerse en camino cuando quiera que el destino le llame. Vosotros, Simias, Cebes y los demás, haréis más tarde el viaje cada uno, cuando le llegue su tiempo. En cuanto a mí, es ahora cuando, como diría un poeta trági-
27 84e-85b. Que Sócrates se llame a sí mismo όμόδουλος των κύκνων καί ιερός τον αύτοΰ θεοϋ, es algo que está muy en consonan cia con lo que él mismo nos dice en la Apología sobre su con sagración a Apolo. Tan evidente estima Bumet esta conexión, que no le parece siquiera discutible la hipótesis de que todo ello pueda ser invención de Platón. "The view that Plato invented this does not merit discussion." Plato’s Phaedo, p. 80.
EL RELATO DEL "FEDÓN” 167
co, me llama el destino ; y ya es tiempo de que me vaya al baño, pues me parece que es m ejor no apurar el veneno sino después de haberme bañado, con lo que ahorraré a las mujeres el trabajo de lavar mi cadáver.
"Cuando Sócrates hubo acabado de hablar, Critón, to mando la palabra, le dijo: Bueno, Sócrates; pero ¿no tie nes nada que recomendarnos a m í o a estos otros sobre tus hijos o sobre otra cosa cualquiera en que podamos prestarte algún servicio?
"Nada más, Critón, que lo que os he recomendado siem pre, que es el tener cuidado de vosotros mismos, y así haréis un servicio a mí, a mi familia y a vosotros mismos, aunque no me prometierais nada en este momento ; mien tras qüe si os abandonáis y no queréis vivir siguiendo el camino de que acabamos de hablar ahora como en otro tiempo, de nada servirán las promesas más vehementes que pudieseis hacerme.
"Pondremos todo nuestro empeño en conducirnos así; pero ¿cómo quieres que hagamos tus funerales?
"Como os agrade, con tal que podáis cogerme y no se os escape mi cuerpo. Y mirándonos luego con una dulce son risa, dijo: No logro, mis amigos, convencer a Critón de que soy yo el mismo Sócrates que ha conversado con vos otros y puesto en orden todos sus argumentos ; se imagi na, por el contrario, que soy el otro Sócrates cuyo cadáver estará dentro de poco ante sus ojos, y por esto m e pregun ta cómo me ha de enterrar. Todo este largo discurso que acabo de dirigiros para haceros ver cómo después de haber bebido el veneno ya no estaré con vosotros, sino que os abandonaré para irm e a gozar con los bienaventurados, parece como si lo hubiera dicho en vano para él, y sólo para consolaros o para consolarme. Os suplico, por tanto, que seáis mis fiadores cerca de Critón, pero de contrario modo o como lo fue él de mí cerca de los jueces. Allí, en efecto, respondió él por mí de que no me fugaría, en tanto que ahora quiero que vosotros respondáis por mí que me iré de aquí tan pronto como muera, a fin de que Critón lo lleve con más tranquilidad, y que al ver quemar m i cuer po o darle tierra no se desespere como si yo sufriese gran des males, ni vaya a decir ante m i tum ba que expone a Sócrates, que lo lleva o que lo entierra. Porque es bueno que sepas, mi querido Critón, que hablar impropiamente no es sólo una falta contra el lenguaje, sino también un