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\ esperanza de vida, el analfabetismo o la nutrición. Aunque se acercan un poco más a la realidad de algunos pueblos, su dependencia del su dificultad para medir variables de dependencia o de deterioro ecológico y el carácter etnocéntrico de sus mediciones (¿qué educación se considera, qué alimentación?) siguen escondiendo buena parte de la realidad.

En un m u n d o gobernado por el mercado, el indicador esencial de la pobreza es el acceso a consumos mercantilizados. El resto de consumos, aquellos que se pueden resolver sin dinero -progresivamente dificultados- se desprecian en tanto que La cultura del desarrollo avala la búsqueda de riqueza (es decir, de capacidad de consumo mercantilizado) y desprecia los modos de vida q u e no aspiran a ella (a m e n u d o modos de vida más cercanos a sostenibilidad).

Se insiste en que el crecimiento del PIB, el aumento de la

vidad, el desarrollo tecnológico o el libre comercio reducirán la pobreza. Pero ni el PIB ni el de Desarrollo Humano ni otros indicadores más sofisticados incorporan en sus contabilidades variables esenciales el desarrollo dañó, y que deciden la posibilidad o la imposibilidad de una vida digna. Entre ellas podemos señalar la existencia de una red próxima de apoyo afectivo y material, la relación con la tierra, el grado de deterioro del medio en el que se pretende vivir, la existencia de bienes comunales o servicios públicos de calidad, la organización colectiva, la propiedad y el poder sobre los medios de producción, las reglas sociales relativas al apoyo mutuo, o el riesgo de perder los bienes o la vida.

f "La gente no muere por falta de ingresos. La gente muere por falta de acceso a los Los indígenas en la Amazonia, las comunidades montañesas en el Himalaya, los campesinos cuyas tierras no han sido expropiadas y cuyas aguas y biodiversidad no ha sido destruida por la deuda para crear una agricultura industrial poseen riqueza ecológica, incluso aunque no ganen un dólar al día".

En cualquier caso es innegable que existen millones de personas que han sido expropiadas de la posibilidad de resolver sus necesidades esenciales, de vivir con dignidad, y en muchos casos, de sobrevivir, especialmente en las zonas sobreurbanizadas del planeta (sin acceso a la producción de 2 Vandana Shiva, Cómo poner fin a la pobreza. ZNet, mayo Consultable

LA POBREZA EL ECOLOGISMO

alimentos), donde la economía de mercado es prácticamente la única vía para resolver las necesidades básicas.

A escala mundial, países del Sur se han convertido en pozos de y sumideros de vertidos para el Norte poderoso. El hurto de recursos toma diferentes formas: apropiación directa de la producción de alimentos y otras materias primas, expulsión de las poblaciones de sus destrucción de ecosistemas y desaparición de especies, robo de semillas, uso como hurtos estos, que se hacen visibles bajo el término de deuda Esta apropiación explica que el fenómeno de la pobreza en los países del Sur tenga rasgos específicos.

crecientes migraciones hacia el Norte son uno de ellos. En las ciones actuales de deterioro y escasez de recursos -agravadas por el fuerte

de una minoría-, es necesario despertar una alerta: no sería des- cabellado pensar en un horizonte en el que se defendiera abiertamente la -

de esas poblaciones excedentarias. Es posible imaginar un nuevo fascismo que plantee la propuesta de mantener la sostenibilidad ecológica del planeta (nos referimos al mantenimiento de los recursos y el nivel de vida), pero con una población significativamente más reducida. El cínico "aquí no cabemos todos", pronunciado desde el robo y el despilfarro del

puede hacerse hueco entre los sectores de población más favorecidos, y orientar salidas inhumanas a la crisis ambiental.

Si salimos de este marco sombrío moderno, etnocéntrico o

co que explica la pobreza como una enfermedad a eliminar, encontraremos interpretaciones diferentes. En las principales lenguas del África Subsaharia- na no existe una palabra para designar al pobre en el sentido económico del término. Las palabras que se utilizan para traducir esta palabra a m e n u d o significan Es decir, no carente de dinero sino de apoyo social. No existe término q u e signifique "carente de lo necesario". En el término más cercano a pobreza es faantanya, es decir, "sin poder".

Para las culturas de lo colectivo (buena parte de las culturas centradas en lo local) no es posible una pobreza sufrida de forma individual. Aunque de forma excepcional se puedan pasar periodos de penuria debidos, por ejemplo, a una mala cosecha, no es imaginable que una familia pase ham- bre si a su lado vive otra que dispone de recursos excedentes. La penuria tiene en éstas una dimensión Por tanto es menos frecuente que en 3 Ver campaña Quién debe a www.quiendebeaquien.org

4 Latouche, Serge. La otra Autogestión y apaño frente al mercado Ooze- bap, 2007. 110.

I. CAUSAS DE UNA ENFERMEDAD IDEOLOGÍAS DE LA DESTRUCCIÓN

las culturas individualistas.

La historia y la antropología también muestran cómo la pobreza volun- taria, la vida humilde, no fueron siempre despreciadas o temidas, antes bien, podrían considerarse en muchas religiones y culturas como un estado de equilibrio o de virtud.

Pero conviene tener en cuenta un matiz fundamental. La pobreza extrema es bien diferente de la falta de ciertos medios. El binomio pobre- miserable se representa, por ejemplo, con palabras diferentes en lengua

recibe una valoración muy diferente en cada una de sus acepciones. La pobreza es bien diferente de la miseria. Si la primera no pone en riesgo la vida, pero sí ciertos consumos deseables, la segunda amenaza la dignidad y la supervivencia.

En las economías de subsistencia la pobreza, es decir la dificultad para el acceso a bienes no era una desgracia, sino una expresión de la vida en un m u n d o que tenía sus reglas y sus límites. El despilfarro no era posible en ellas. La vida de las economías de subsistencia puede considerarse pobre, pero no indigna.

La miseria, sin embargo, podría definirse como la carencia de lo básico para vivir, a veces coexistiendo con la propiedad de bienes superfluos, para- dójicamente más Las economías de subsistencia estado, sal- vo excepciones, a salvo de la miseria. Esta se extendió cuando el desarrollo expulsó a las personas del medio vivo que les permitía la supervivencia.

Las categorías opuestas no serían entonces pobre-rico, sino

siendo la miseria un m o d o de vida en situación de carencia, dañino para los seres humanos, y la riqueza un modo de vida en situación de despilfarro, dañino para el planeta, para el colectivo y también para los individuos, no ricos y ricos.

Pero las transformaciones económicas de las últimas décadas han tras- tocado, no sólo el estado y el acceso a los recursos, sino también nuestro sistema de valores, nuestro modo de entender y vivir la escasez. El mercado necesita del motor de la escasez para promover el consumo. Puede ser una escasez material, producida por la privatización de recursos antes comunales o por su monetarización, o subjetiva, inducida por el aparato publicitario. Pero existe un nuevo mecanismo creador de escasez que apenas tiene unas décadas de existencia. Consiste en reducir, deteriorar, envenenar o consumir los recursos en los que se apoya la vida y en consecuencia que resuelven nuestras necesidades más elementales. Hablamos del agua po- table, del aire limpio, de la tierra fértil, de los bosques, de los mares vivos o de la biodiversidad.

LA POBREZA DESDE EL ECOLOGISMO

Si preguntáramos a la Tierra qué significa la pobreza, probablemente nos mostraría territorios deforestados, culturas desaparecidas, cauces secos, poblaciones humanas desplazándose en busca de agua, camiones de mentos alterados con herbicidas, nudos de autovías. Quizá viera también como pobres (sin muchos lugares que nosotros consideramos los

de la opulencia.

Los seres humanos hemos pretendido distanciarnos de la red biótica a la que pertenecemos. El resultado ha sido una pobreza ecosistémica que nos pone a todos y todas en riesgo. Un ecosistema pobre, en desequilibrio, es más dependiente y vulnerable. La destrucción de ecosistemas genera lo que podríamos llamar pobreza ecosistémica, que supone vulnerabilidad del sistema y en consecuencia vulnerabilidad de cada una de las especies que lo habitan. Los ecosistemas aún vivos que habitamos se están empobreciendo

gran velocidad.

Es imposible entender un modo de pobreza ambiental que no repercuta en nuestra vida colectiva o en la de las generaciones futuras. Es imposible por otra parte imaginar un m o d o de organización social que no repercuta

en los ecosistemas vivos. Los problemas ambientales son problemas socio-

ecológicos. Los problemas sociales son también

Sin embargo, curiosamente, la reflexión sobre la pobreza no suele hacerse interdependiente de la reflexión sobre la riqueza. La pobreza como un fenómeno aislado de la riqueza, requerirá soluciones independientes y localizadas, centradas normalmente en el aumento de ciertas rentas o el acceso a determinados consumos. Desde este enfoque

de igualar sólo hacia arriba, la lucha contra a pobreza ha adoptado estrategias de mínimos (salario mínimo, prestaciones mínimas en servicios sociales,

rentas mínimas, cobertura sanitaria, pensiones mínimas), con la pretensión

de situar a toda la población del país o la comunidad por encima de la

linea umbral de la pobreza.

El sueño de igualar siempre hacia arriba sólo cabría en un m u n d o de recursos infinitos, con una tecnología omnipotente y cargado de buena voluntad. En un m u n d o lleno e interdependiente, no es admisible mante-

esta ceguera. Más lado significa menos por otro. Es necesario las estrategias de mínimos con las estrategias de máximos. No es posible la eliminación de la miseria sin atajar drásticamente los altos niveles consumo de buena parte de la población del Norte y una pequeña parte la del Sur, que pueden llamarse despilfarro o riqueza. lucha contra la

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