CHAPTER 2: EDGAR ALLAN POE’S GROTESQUE AESTHETIC
2.4. THREE ELEMENTS OF POE’S GROTESQUE AESTHETIC
2.4.1. The affective reader
Algunos portugueses adquirieron bienes inmuebles, compraron lugares de sepultura en capillas de iglesias, fundaron capellanías o hicieron donaciones a
“mucha cantidad de pesos”. Por su parte, Juan de Acosta se desempeñaba como maestro sastre y pulpero. Había casado en Sevilla con Francisca de Figueroa con quien procreó tres hijos legítimos que serán nombrado herederos en el testamento. Había alquilado -en Lima- una casa y tienda de pulpería con su corral en la calle del convento de Santa Clara, que luego traspasará a otro comerciante. Su caudal se estimó en 1638 alrededor de 200 pesos, no hay indicios de que intentara atraer a la familia. Cfr. AGI, Contratación, 449, n.1, r.12, “Bienes de difuntos: Gaspar Rodrigues y varios”, 1665-1666, fols. 9r-17v; AGN, Prot. Not. 1608, Juan de Rivera (1637-1638), Testamento de Juan de Acosta, Lima, 26-I-1638, fols. 285r-287r, respectivamente.
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Los hijos legítimos, y en pocos casos, los naturales, se constituyeron -a través de matrimonios concertados con gente influyente de la ciudad o del ingreso de las hijas mujeres en conventos limeños- en medio de integración con la elite local y de promoción social de toda una familia. Al respecto citamos un caso: Nuño Rodrigues Barreto había dotado a una de las hijas, Isabel Barreto, con 40.000 ducados cuando la casó con el adelantado Álvaro de Abendaño. Mandó en su testamento en 1596 “que no se le pidan ni demanden cosa alguna a la dicha mi hija ni al dicho su marido […] por cuanto todos recibimos mucha calidad y honra en haberse casado el dicho adelantado con ella”, y añadía que era justa cantidad “porque el dicho adelantado llevó en su compañía cuatro hijos míos para la honrar y aprovechar en su gobernación”, Cfr. AGI, Contratación, 253, n.1, r.13, “Bienes de difuntos: Nuño Rodrigues Barreto”, 1598, fols. 6v-7r.
INCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
diferentes instituciones religiosas y sociales de Lima, que en determinados casos sirvió para perpetuar la buena memoria del benefactor. El 37,66% de los casos conocidos hizo inversiones en bienes inmuebles -casas o chácaras- mientras que el 62,34% declaró vivir en cuartos y aposentos alquilados74. Hubo en este segundo grupo algunos que arrendaron -solos o en compañía- tiendas de pulpería o tierras para sembrar, que al final de sus días solían traspasar a otros comerciantes.
De acuerdo con la muestra analizada, la posibilidad de invertir en bienes inmuebles estuvo reservada especialmente a mercaderes de grueso y mediano trato (50%), capitanes de navío propio (14,29%), dueños de chácaras (10,71%) y clérigos seculares (7,14%), aunque hubo también entre los propietarios, gente dedicada a un oficio específico -soldado, maestro carpintero, barbero, cirujano, maestro de empedrar-, que alternaban su actividad profesional con el comercio (17,85%). La adquisición de bienes inmuebles no fue, sin embargo, una práctica común para todos los casos que tenemos recogidos: algunos portugueses no dispusieron de capital suficiente para ello, y otros, aun teniéndolo, no mostraron interés por comprar bienes raíces en la ciudad de Lima75. Por su estado civil, la mayoría de los propietarios se situó entre los casados y los viudos (78,57%), frente al 21,43% de los solteros. Este dato evidencia la voluntad y el deseo del poblador lusitano de echar raíces en Lima, sobre todo si tenemos en cuenta que en el mayor número de los casos, hubo hijos legítimos, y por lo tanto, herederos forzosos de esos bienes.
Las propiedades inmuebles estuvieron constituidas principalmente por casas (57,45%), tiendas de pulperías (14,89%), chácaras o haciendas de viñas (10,64%)76,
74 Esta realidad coincide con el estudio de Durán Montero, quien a partir de un muestreo de
protocolos para Lima del siglo XVII, ha llegado a la conclusión de que “la mayoría de la población de Lima debía vivir en situación de arriendo a juzgar por los registros notariales vistos”. Cfr. María Antonia DURÁN MONTERO, Lima en el siglo XVII…, pp. 166-174.
75 Se trató sobre todo de comerciantes solteros, y aunque habían fijado su residencia en Lima,
tuvieron una gran movilidad por las ciudades del virreinato peruano. La mayoría testó “estando sanos del cuerpo”, nombran herederos a los parientes portugueses y fundan capellanías en su tierra de origen. Cfr. AGN, Prot. Not. 1972, Pedro de Velorado (1611-1629), Testamento de Manuel de Ris Mendes, Lima, 25-IV-1618, fols. 334r-338r; AGN, Prot. Not. 831, Francisco Hernández (1619), Testamento de Francisco Home de Rivera, Lima, 23-IV-1619, fols. 1617r-1618v; AGI, Contratación, 398B, n.1, r.15, “Bienes de difuntos: Antonio Rabelo Tisón”, 1639-1640, fols. 3r-6v; AGN, Prot. Not. 1925, Gerónimo de Valencia (1633-1634), Testamento de Fernando de Fonseca, Lima, 9-VII-1633, fols. 353r-358v; AGN, Prot. Not. 1863, Antonio de Tamayo (1646-1647), Testamento de Sebastián Delgado, Lima, 31-VIII-1647, fols. 563r-565r; AGN, Prot. Not. 602, Marcelo Antonio de Figueroa (1649), Poder para testar Gerónimo Leal a Manuel Jorge, Lima, 17-III-1649, fols. 517v-519v.
VASALLOS Y EXTRANJEROS
solares (10,64%) y bodegas (4,25%)77. Además uno -Joan de Nolete- era dueño de la quinta parte del obraje de la Mejorada en el valle de Jauja78.
Las casas, destinadas a ser lugares de morada fueron adquiridas tanto en Lima (76,92%) como en el puerto del Callao (23,08%). Las de Lima estuvieron por lo general situadas en la zona céntrica de la ciudad y próximas a los conventos de San Agustín, Santo Domingo y la Merced, y en la calle de los Plateros, cerca de la iglesia de la Compañía de Jesús. Aunque hubo otras en los barrios periféricos de la ciudad como Santa Ana, Nuestra Señora de Guadalupe, San Sebastián, San Lázaro y el Cercado79. Por otro lado, las del Callao se ubicaron próximas a San Diego, en la calle recta del convento de San Agustín y en la “que va a la carnicería”. En lo que respecta a los alquileres, se observa una mayor demanda de aposentos, posadas y cuartos, situados por lo general dentro de la casa del propietario (52,08%), siguen en importancia las pulperías con su casa aneja y las tiendas y trastiendas (22,92%), y por último las casas de vivienda (10,42%) y las chácaras (10,42%)80, que atrajo especialmente a sectores medianamente acomodados desde el punto de vista económico. Los portugueses que optaron por el arrendamiento de bienes inmuebles - o de pequeños aposentos- se situaron en su mayoría entre los solteros (64,58%), y por su actividad económica destacaron especialmente los comerciantes (50%) y los dedicados a la navegación y la milicia (19,05%). Aunque la modalidad habitual de los arrendamientos debió efectuarse a través de un contrato, no fueron raros los casos de portugueses que declararon vivir en casas de amigos o paisanos “sin concierto”, más que en virtud de la confianza y la amistad81, y existe el caso de una portuguesa, Luisa de Jesús Fernandes, quien vivía en un aposento “que me tiene dado el dicho
en el ingenio de Nasca.
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Las bodegas, destinadas por lo general al depósito de botijas de vino, se localizaron principalmente en el puerto de Callao.
78 AGN, Prot. Not. 1038, Miguel López Varela (1656), Testamento de Joan de Nolete, Lima, 17-
X-1656, fol. 1884r.
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De acuerdo con Duran Montero, el alquiler de una casa principal “junto a Santo Domingo” llegó a costar en 1623, 800 pesos anuales, un precio bastante elevado en comparación con el de otra casa pequeña en el Cercado, cuyo valor se estimó, en 1627, en 54 pesos al año. Cfr. María Antonia DURÁN MONTERO, Lima en el siglo XVII…, pp. 167 y 172.
80 Otros alquileres estuvieron referidos a bodegas en el Callao y obraje. 81
Un ejemplo al respecto está representado por Manuel Peres, quien entre sus deudas por pagar tenía una a Melchor de Aguilera de “todo el alquiler de la tienda e tras tienda en que vivo […] y en cuanto al precio que me ha de cobrar por el dicho alquiler lo dejo a su albedrío y voluntad porque no ha habido concierto mediante la amistad que con él tengo, mando se pague”. AGN, Prot. Not. 181, Cristóbal Barrientos (1604-1618), Testamento de Manuel Peres, Lima, 1-X-1606, fols. 310v-311r.
INCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
Francisco Daza para que viva en él todos los días de mi vida sin pagarle arrendamiento alguno el cual me ha dado de limosna”82. El precio del alquiler de cuartos y aposentos (al interior de casas) varió -en el periodo estudiado- de dos a cuatro pesos cada mes; el de una casa (probablemente en función de su ubicación, tamaño y condición), de 40 a 160 patacones cada año, y en el caso de las tiendas de pulpería, se conoce que una situada “enfrente de la esquina de esta portería del convento de monjas de la Santísima Trinidad” fue arrendada, en el año de 1626, en 10 patacones cada mes83. A diferencia de los propietarios de inmuebles, que en su mayoría se situaron entre los casados y con familia en Lima, la posibilidad del arrendamiento se reservó de modo especial a los solteros y a aquellos que habían casado en Portugal o en España, pero que se hallaron solos en esta ciudad.
Las propiedades inmuebles por lo general habían sido compradas de personas particulares, entre las que destaca Juan Lobato, receptor de la Real Audiencia de Lima, una monja profesa de la Concepción y también de paisanos suyos. Otras se adquirieron de instituciones: monasterio de monjas de la Encarnación y convento de Santo Domingo, especialmente84; en menor porcentaje, en almoneda pública, o recibidas en dote. De los casos conocidos, el 72,22% de las propiedades inmuebles estaban impuestas a censo que se pagaban a conventos, iglesias o cofradías, entre éstos: los conventos de San Agustín, Santo Domingo y San Diego; los monasterios de Nuestra Señora de la Encarnación, Santísima Trinidad, Descalzas y Santa Clara y las cofradías de Nuestra Señora del Rosario y Limpia Concepción de Lima. Mientras que el 27,78%, fueron realengas.
De los casos estudiados, queremos citar uno que sin tener descendencia dentro del matrimonio, igualmente invirtió en la compra de bienes inmuebles, y esa voluntad de arraigo tan manifiesta en la nueva tierra, pudo coexistir con el recuerdo
82 Esta portuguesa antes de vivir de limosna había arrendado “una casa del monasterio de Nuestra
Señora de la Encarnación”, de cuyo alquiler, declaró “no debo cosa alguna”. AGN, Prot. Not. 1724, Nicolás Sánchez Márquez (1649-1657), Testamento de Luisa de Jesús Fernandes, Lima, 28-VI-1653, fol. 1325r.
83 AGN, Prot. Not. 173, Agustín de Atencia (1626-1627), Arrendamiento doña Francisca Tufino a
Manuel de Sosa, Lima, 9-XII-1626, fols. 375r-375v.
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Para una aproximación a las propiedades de las órdenes religiosas en Lima, en los primeros años del siglo XVII, véase: Fernando ARMAS MEDINA, “Las propiedades de las órdenes religiosas y el problema de los diezmos en el virreinato peruano en la primera mitad del siglo XVII”, Anuario de Estudios Americanos, XXIII, 1966, pp. 687-721; Pilar LATASA VASSALLO, Administración virreinal en el Perú…, pp. 199-202.
VASALLOS Y EXTRANJEROS
de la patria de origen. En 1597 Antonio de Abendaño, natural de Lisboa y residente en el puerto del Callao estaba en posesión de varios pares de casas -algunas de su morada y otras en alquiler-, bodegas y chácaras; las propiedades habían sido adquiridas por determinado número de vidas85 y algunas estaban impuestas a censo que se pagaban a distintas personas o instituciones religiosas como los frailes agustinos de Lima, las monjas del monasterio de la Encarnación o la cofradía de Nuestra Señora del Rosario. Tenía además un navío, 22 esclavos, un molino, tres carretas, 35 mulas, entre otros. La posesión de estos bienes le garantizó la adquisición de capital, el gozar de la confianza de vecinos e instituciones y la posibilidad de hacer nuevas inversiones. Mandó construir en la iglesia de San Diego del Callao una capilla con la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria instituyendo una capellanía de misas. En esa capilla y “junto al Altar” reposarían sus restos.
El testamento de Antonio de Abendaño resume la vida de un portugués que llegó a “estas partes del Perú” con la intención de quedarse a vivir aquí, dedicado al comercio de diversos géneros y a la administración de sus chácaras, fijó su residencia en el puerto del Callao. Casó con Catalina Ortiz, con quien no tuvo hijos; fue cofrade “de todas las cofradías del puerto del Callao” y participó de las actividades comunes a los españoles que vivieron en su mismo tiempo. Al otorgar testamento en 1597 puso especial cuidado en destinar parte de su capital y de sus bienes a obras de misericordia tanto en el Callao como en Lima, dispuso la libertad de algunos de sus esclavos, cuidando de que aprendieran un oficio con el que pudieran sostenerse, fijó limosnas a cofradías y hospitales y estableció una renta a perpetuidad para casar doncellas huérfanas de la Caridad de Lima. No sabemos cuánto tiempo vivió en el Perú pero sí que supo labrar en estas tierras -y con la ayuda de su mujer- parte de su fortuna.
85 Comprar por varias vidas suponía el tiempo de disfrute de la propiedad, contándose la primera
la de los propietarios que la adquirieron; la segunda, la de los descendientes o las personas que los primeros nombraren, y así sucesivamente hasta completar el número de vidas por la que se compró. Entre las numerosas propiedades de este personaje, destacan “tres pares de casas con un solar que es en la esquina de San Diego y linda con casas mías e por la otra parte llega hasta la carnicería que así tengo por tres vidas […] se entiende la una de ellas mía e de Catalina Ortiz mi mujer e la otra vida la que yo e la dicha mi mujer nombrare y la tercera vida la ha de nombrar la segunda vida como consta de la escritura que de ello tengo”. AGI, Contratación, 295, n.1, r.5, “Bienes de difuntos: Antonio de Abendaño”, 1610-1611, fols. 18r-18v.
INCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
No cabe duda que este portugués, como muchos otros que llegaron al Perú, alcanzó un alto grado de integración, pero este proceso -como lo señalábamos antes- no impidió que Antonio de Abendaño en la redacción del testamento -“estando sano en mi juicio y entendimiento”- se acordara también de su patria de origen y de su madre y hermanos que quedaron allí a la hora de ordenar las mandas y legados. Mandó al hospital de la Misericordia de la ciudad de Lisboa “quinientos pesos de a nueve reales”, 2.000 pesos a su madre Inés de Abendaño, 500 pesos para ser repartidos “por iguales partes” entre los hermanos y 100 ducados de a 11 reales para la lámpara del Santísimo Sacramento del Espíritu Santo del pueblo de los Dos Barqueros en Portugal, todo debía ir consignado al hospital de la Misericordia de Lisboa a quien se le encargaba la ejecución de estas mandas86. Si bien nombró por heredera universal a su madre -por no tener herederos forzosos-, este portugués hizo un reconocimiento especial a su mujer, “natural de estos reinos”, destinándole la mitad de la hacienda y bienes declarados “por haberle ayudado a adquirirlos”. Catalina Ortiz será también su albacea testamentario.
Este caso refleja los distintos medios de alcanzar estrecha relación con la nueva tierra, arraigo. Antonio de Abendaño se quedó de manera definitiva en el Perú, y el nombramiento de la madre en Portugal por su heredera universal, creemos representó uno de los vínculos con la familia originaria que no se perdieron del todo, y -sin ser contradictorio- pudo coexistir con los nuevos afectos adquiridos -o creados- en el Perú. Éste no sería el único caso, aunque cabe señalar que el mayor porcentaje de los portugueses conocidos (80,55%) legó el beneficio de las propiedades inmuebles a los hijos legítimos habidos en las Indias, a la mujer legítima y a la fundación de capellanías en Lima, lo cual significa que la memoria de algunos de estos extranjeros perduraría en esta ciudad más allá del final de sus días, como signo evidente de una verdadera integración con la tierra que les acogió.
VASALLOS Y EXTRANJEROS