hay concesiones. ¿Qué sentido tienen estas cifras? Sin lugar a dudas el de señalar que el otorgamiento de señoríos en tierras valencianas está ligado a un doble proceso; el de la conquista de la capital y el del intento por asegurar el dominio del territorio tras la primera su- blevación mudejar.
Cuando Jaime I prepara la conquista de la ciudad de Valencia lo hace intentando conformar un ejército lo suficientemente numeroso como para conseguir tal hazaña; con el fin de atraerse el mayor nú- mero de combatientes, ofrece a quienes se alisten en su ejército, poder lucrarse tanto de gracias espirituales como de bienes materia- les. Para lo primero, consigue que se declare cruzada la conquista de la capital, en cuanto a lo segundo se compromete a entregar tierras, casas, castros, alquerías, etc. Sabedor de que sin el concurso de la nobleza, la empresa estaba condenada al fracaso, el monarca atrae a sus feudales con donaciones que, en ocasiones, comportan el señorío de algún lugar.
La preparación de la conquista de la capital del Turia la inicia Jaime I en el año 1237 y, ese mismo año, a partir del 9 de julio, cuan- do se sitúa en el Puig, comienza a repartir señoríos a una serie de personajes e instituciones con el fin de comprometerles en la tarea conquistadora. Se entregan los castros de Chelva, Altura, Villarroya, Ares, Andilla, Chiva, Pedralba y Benaguacil, así como las alquerías de Paterna, Manises, Bétera, Bufilla, Naquera, Foyos, Burjasot, Ras- caña, Sollana, Masamagrell, Masalmardá, Gayuvel, Tales, Picasent, Feilx y Avenaduf. La mayoría de estas donaciones las efectúa el rey antes de realizarse la batalla del Puig,3 por lo que no poseía casi nin-
guno de los lugares entregados. Estamos ante una operación de pro- paganda, el monarca entrega unos lugares que aún no tiene a una serie de nobles y representantes de instituciones eclesiásticas para que le ayuden a conquistar Valencia, pensando que la ocupación de la capital reportaría el dominio de la mayoría de los lugares que había entregado.
La tarea comenzada en 1237 continúa y se amplía a lo largo de 1238. Todavía desde el Puig, el monarca sigue entregando señoríos,
3 Libre del Repartiment, asientos n° 1, 6, 10, 30, 51, 53, 54, 55, 60, 65, 67, 71,
los castros de Azuébar, Montroy, Buñol, Silla y Torrente, las alque- rías de Soto, Nacarella, Lule, Eix, Alcacer, Espioca, Chirivella, Ahín, Veo, Albalat, Algirós, Masamagrell, Turís, Acecha y Borbotó. De todos estos, el monarca podría poseer alguna de las alquerías situa- das entre el Puig y la ciudad de Valencia, como Masamagrell o Bor- botó, pero el resto de lo entregado seguía estando en manos de los musulmanes. El caudal de concesiones aumenta vertiginosamente a partir del momento en que se pone sitio a la ciudad de Valencia; en el corto período en el que los cristianos tienen cercada la capital Jaime
I entrega los castros de Axerra, Villafamés, Mazer, Almonacid, A l -
medíjar y Villamarchante, así como las alquerías de Benicalapech, Roteros, Alboraya, Masanasa, Carpesa, Coscollar, Albalat, Carlet, Alfarb, Arrióla, Almácera, Losa, Benexenut, Artea, Farnals, Gestal- gar, Magüella, Alcudia, Benimaclet, Albalat Aufaquia, Alaquás, Be- nillop, Truilar, Chirivella, Catadau, Alambert, Godella, Serra, Bello- ta, Pardinas, Albalat Aciflia, Beniemen, Cota, Portade, Lauret, A l - buixech y Pardinas. Muchos de los señoríos entregados en esos mo- mentos hacen referencia a alquerías que se hallan en el entorno de la ciudad de Valencia por lo que seguramente estaban ya controlados por Jaime I; ahora bien, el monarca sigue concediendo señoríos en lugares acerca de los cuales no tiene ninguna autoridad.
Obtenida la plaza de Valencia el monarca sigue concediendo se- ñoríos; ahora ya no lo hace para atraer gente a sus filas sino como re- compensa por los servicios prestados. La conquista de Valencia le ha significado al monarca cristiano el dominio de un territorio que llega hasta el rio Júcar y, curiosamente, cuando el rey dispone de un gran espacio para repartir entre sus feudales, es cuando el número de con- cesiones desciende de forma ostensible; a lo largo del año 1239 úni- camente se realizan once donaciones. El descenso en la entrega de señoríos concuerda con el resto de la política del monarca con res- pecto a los asuntos valencianos, Jaime I los abandona momentánea- mente.
El descenso en la donación de señoríos continúa ampliándose a lo largo de los años 1240, 1243, 1244, 1245, 1246 y 1247; la ausen- cia de donaciones coincide con los años en los que se conquista el te- rritorio al sur del río Júcar, hasta la frontera de Biar-Busot. Durante alguno de estos años Jaime I reunió un ejército para cercar localida-
des como Xátiva, Mogente o Biar; actuando con una crueldad desco- nocida hasta entonces, con acciones como el ajusticiamiento de los rehenes de Enguera o la destrucción de parte de la vega de Xátiva. Pues bien, a pesar de que para todas estas acciones el monarca tuvo que contar con la ayuda de la nobleza, apenas si se producen conce- siones de señoríos; contrariamente a la abundancia de donaciones al norte del Júcar, la conquista de las comarcas del sur del citado río apenas si incrementa el señorío ya existente.
La práctica inexistencia del señorío en las comarcas del sur resul- ta difícil de explicar. Se ha puesto de manifiesto que una gran parte de esas conquistas se llevaron a cabo mediante pactos con la nobleza y aljamas locales, por lo que no hizo falta congraciarse con sus feu- dales otorgándoles señoríos; ahora bien, al norte del río Júcar hubo igualmente muchas rendiciones mediante pacto y pese a ello se ex- tendió el señorío. ¿Por qué al norte del Júcar sí y al sur no? Da la sensación de que ante dos situaciones iguales, la conquista de ambos territorios, se producen soluciones diferentes y ello no es así. Existe una diferencia esencial entre ambas empresas conquistadoras, al norte del Júcar se quiere obtener una ciudad de la importancia de Va- lencia y todo lo que ocurre, promulgación de una cruzada, reparto de bienes antes de conquistarse el territorio, levantamiento de sanciones a quienes acudan a conformar un gran ejército conquistador, todo está en función de su conquista. La donación de señoríos es un ele- mento más de esa preparación cuyo fin es dominar la capital del Turia. Al sur del río Júcar no existe una plaza de la trascendencia de Valencia, Xátiva no es comparable con aquella, por lo que no ha lugar a lo realizado con Valencia, incluida la entrega de señoríos.
La atonía en la concesión de señoríos remonta su curso a lo largo del bienio 1248-1249; el aumento viene motivado por la remodela- ción que se plantea en la repoblación llevada a cabo hasta entonces en el reino como consecuencia de la primera sublevación mudejar. Ahora el rey necesita a sus nobles, no para formar un gran ejército, como había sido el caso de la conquista de la ciudad de Valencia, sino para pacificar un territorio que se había sublevado contra él; por eso les entregará fundamentalmente castros y torres, lugares estraté- gicos desde los cuales la nobleza cristiana podría controlar a la po- blación mudejar, evitando así cualquier movimiento social. Con la fi-
nalidad de que le ayuden a controlar el país, Jaime I entrega a sus no- bles lugares tan estratégicos como los de Geldo, Segart, Negret, Crespins, Canals, Corbera, Navesa, Quesa, Avinfierro, entre otros.
El planteamiento que hemos realizado acerca de la concesión de señoríos tiene mucho que ver con la estrategia bélica llevada a cabo por Jaime I y, muy poco, con la repoblación; por tanto, nos hallamos en el polo opuesto a cuantos han venido hablando de la creación del señorío ya que lo suelen relacionar con el afán repoblador del monar- ca. Así lo interpreta, entre otros E. Belenguer, para quien la creación del señorío en las comarcas interiores se debió "a la falta de repobla- dores". Su tesis es: dado que hay dificultades para atraer pobladores a las tierras conquistadas, el rey entrega señoríos a sus nobles para que estos se encarguen de repoblarlos. Esta teoría carece de sentido; nada menos que un 59% de los señoríos entregados por el monarca, lo fueron antes de su conquista, por lo que difícilmente podían crear problemas de repoblación si aún no se habían conquistado. Es más, si examinamos la fecha de las cartas pueblas de los lugares de señorío, tenemos lo siguiente:
Año Lugar Otorgante
1233 Morella Blasco de Alagón 1233 Zorita Blasco de Alagón 1233 Cinctorres Blasco de Alagón 1233 Castell de Cabres Blasco de Alagón 1233 Herbés Blasco de Alagón 1233 Alabor Blasco de Alagón 1233 Perarola Blasco de Alagón 1233 Vallibona Blasco de Alagón
1234 Bel Blasco de Alagón
1234 Calig, Ali Orden del Hospital 1234 La Mata Blasco de Alagón 1235 Cervera Orden del Hospital 1236 Boixar, Fredes Blasco de Alagón 1237 Mola Escaboca Blasco de Alagón 1237 Vilanova Blasco de Alagón 1237 Coraxa Blasco de Alagón 1237 Pena Aranonal Blasco de Alagón
Año Lugar Otorgante 1237 San Mateo Orden del Hospital 1237 Roseli Orden del Hospital 1237 Almazora Hospital Sta. Cristina 1237 Castellfort Blasco de Alagón
1238 Tirig Blasco de Alagón
1238 Salsadella Blasco de Alagón 1239 Benasal Blasco de Alagón
1239 Catí Blasco de Alagón
1239 Albocácer Blasco de Alagón 1239 Castell de Cabres Blasco de Alagón 1239 Villafranca Blasco de Alagón 1239 Benimahomet Nuño Sanz 1239 Carrascal Orden del Hospital 1240 Trahiguera Orden del Hospital 1241 Museros Orden de Santiago 1242 Puzol Assallito de Gudal 1243 Albocácer Orden de Calatrava
1243 Ares Ladrón
1243 Villamalefa Ceyt Abuceyt 1243 Carpesa Bernat Vidal 1243 Cabanes Obispo de Tortosa
1243 Seca Orden del Temple
1243 Silla Orden del Hospital 1244 Culla Guillem de Anglesola 1244 Polpis Orden de Calatrava 1244 Albal Capítulo Seo de Valencia 1245 V. de Alcolea Orden de Calatrava 1245 Sueca Orden del Hospital 1245 Alcudia Orden del Hospital 1245 Saucelles Orden del Hospital 1246 Forcali Pedro de Portugal
1247 Binata Orden del Temple
1248 Moneada Orden del Temple 1248 Alcacer Artal de Fóces 1248 Silla Orden del Hospital 1248 Torrente, Picana Orden del Hospital 1251 Cortes de Arenoso Jimeno P. de Arenos
Año Lugar Otorgante 1251 1251 1251 1252 1254 Alcalá Vistabella Masarrochos Carlet Moncofa
Orden del Temple Guillem de Anglesola Orden del Temple Pere Montagut Guillem de Moneada
De los ciento dieciocho señoríos otorgados por don Jaime entre los años 1237 y 1240, tan sólo uno de ellos se repuebla en una fecha coetánea a la de su concesión; se trata de la pequeña alquería de Be- nimahomet repoblada por el infante Nuño Sanz en 1240; la carta puebla de Museros es del año 1241, mientras que la de Puzol data de
1242. La repoblación del señorío podríamos decir que comienza en 1243 cuando se conceden las cartas pueblas de Ares, Villafranca, Carpesa y Silla, si bien en 1245 vuelve a descender el número de se- ñoríos repoblados ya que únicamente se conceden cartas pueblas para lugares de la Huerta y la Ribera, posesiones todas ellas de la Orden del Hospital. Los señoríos que cuentan con cartas pueblas coetáneas a la fecha de donación por el rey apenas sobrepasan la do- cena.
Otra teoría, esta vez en relación con la cronología del señorío, es la que afirma que éste se implanta primero en el interior y luego en la costa. Quienes mantienen esta afirmación indican que don Jaime entrega primero los castros que están en el interior del país y luego las alquerías, ubicadas en la costa. Así pues, se inicia el señorío en el interior en 1237 mientras que se implantaría en la costa en 1238.4
Según el Libre del Repartiment, la primera donación de un castro la realiza Jaime I el III de las nonas de agosto de 1237,5 mientras que el
VII de las idus de julio de ese mismo año 1237 había entregado las alquerías de Paterna y Manises a Artal de Luna; a estas dos le siguen otras como Bétera, Bufilla, Naquera, Foyos y Burjasot igualmente en la misma fecha.6 En realidad ocurre lo contrario a lo mantenido por
4 E. Belenguer, Jaume 1 a través de la Historia, Valencia, 1984, vol. II, p. 184 5 Libre del Repartiment, vol. I, asiento n° 51.
E. Belenguer y otros historiadores; se produce la concesión de seño- ríos primero en la costa y luego en el interior; ahora bien, la diferen- cia de tiempo entre unas y otras donaciones es tan pequeña que no cabe hablar de prioridad de unas sobre otras. Las concesiones de cas- tros y alquerías entrelazan sus fechas, de ahí que no se pueda seguir afirmando que la señorialización en tierras valencianas se inició en el interior para alcanzar posteriormente la costa.