Adolescent Attachment Networks
5.2 Attachment Reorganization During Adolescence
5.2.4 Age, Sex, and Romantic Status Differences in Attachment Reorganization
En la conferencia Tiempo y Ser nos encontramos, en primer lugar, con una pregunta que se hace Heidegger: ¿Ha llegado a ser perentorio un pensar sobre aquello de donde recibe su determinación todo lo demás?96 Heidegger piensa que sí, que se torna necesario el intento de pensar el ser sin lo ente, sin tomar en consideración una fundamentación del ser a partir de lo que es, de lo ente. Argumenta que lo contrario no permite la posibilidad de traer con propiedad a la mirada el ser de aquello que hoy es, ni de determinar suficientemente la relación del hombre con aquello que hasta ahora llamamos ‘ser’.
Pero, ¿por qué considera Heidegger que ese momento ha llegado? La explicación la resume en el artículo El final de la filosofía y la tarea del pensar,97 artículo que trata de configurar de una forma más originaria el planteamiento de Ser y tiempo. La pregunta ahora sería: ¿En qué sentido ha llegado la filosofía a su final en la época presente? La Filosofía, es decir la Metafísica, piensa a la comunidad del ente en el ser. Desde el comienzo de la filosofía, el ser del ente se ha mostrado como fundamento, como principio. El fundamento es aquello por lo cual el ente es lo que es y cómo lo es. El fundamento se muestra como presencia, el ser trae al ente a su estar presente.
Heidegger entiende el final de la filosofía como el acabamiento de la metafísica y no como la detención de un proceso o como la decadencia e incapacidad de éste. Este acabamiento no significa, en ningún caso,
96 Heidegger, M. (2001): Tiempo y Ser, p. 19. 97 En Heidegger, M. (2001): Tiempo y Ser, p. 77.
perfección ya que no podemos hablar con propiedad de la superación de un pensamiento por otro. El significado aquí de acabamiento es el de lugar, que genera un espacio en el que se reúne la totalidad de su historia en su posibilidad límite. Acabamiento, en alemán Ende, se refiere a esa reunión. Nietzsche caracteriza su filosofía como platonismo al revés y Karl Marx, con la inversión de la metafísica, alcanza la posibilidad límite de la filosofía, de forma que cualquier intento de pensamiento filosófico no será otra cosa que un renacimiento epigonal98. El final, como acabamiento, es la reunión de las posibilidades límite. Un rasgo determinante de la filosofía, el que supuso la formación de las distintas ciencias, pertenece al propio acabamiento de la filosofía. De esta forma, la filosofía se transforma en ciencia empírica del hombre, que permite la obtención de objetos experimentables de su técnica. Pero este desarrollo no significa la desintegración de la filosofía sino que supone su acabamiento. La filosofía finaliza en la época actual, encontrando su lugar en la cientificidad de la humanidad, cuyo rasgo fundamental es su carácter cibernético, técnico. La verdad científica se equiparará a eficacia de los efectos producidos en su aplicación. Las ciencias hablan cada vez mas del ser del ente, al suponer necesariamente su campo categorial, aunque no se diga así.
Pero, ¿hay para el pensamiento una primera posibilidad de la que salió el pensar como filosofía? Esta tarea no sería, no ha sido, accesible a la filosofía en cuanto metafísica, y mucho menos a las ciencias. Esta tarea tendría un carácter preparatorio, no fundante. Despertaría una disposición humana a una posibilidad, cuyo planteamiento sería oscuro y su llegada
98 “El final de la filosofía y la tarea del pensar”, en Heidegger, M. (2001): Tiempo
incierta. Debería tratar de conocer lo que le queda reservado y entregarse a ello, sin tratar de predecir futuro alguno. Se trataría de indicarle algo al presente que fue dicho ya en el comienzo de la filosofía y que ésta nunca lo pensó propiamente. Preguntar por la tarea del pensar significa determinar aquello que concierne al pensar, lo que es cuestionable para él, aquello con lo que tiene que habérselas el pensar en el caso presente. Sin embargo, la metafísica ha tratado la cosa de la filosofía como el ser del ente, su presencia bajo la forma de substancialidad y subjetividad.
La primera transformación que nos indica el camino a seguir resulta del pensar el ser en el sentido del estar presente99. Pero es preciso pensar el ser, no parlotear sobre él, como si lo hubiésemos entendido. Heidegger dice que hemos caracterizado el ser así ya desde siempre, sin nuestra intervención, sin nuestro mérito. Estamos atados a esta caracterización ya desde el inicio de la desocultación del ser como algo decible, pensable. Desde el inicio del pensar occidental todo el decir del ser y del es está guardando memoria de una determinación, de una vinculación del ser con el estar presente. Esta misma determinación vale también para el pensar que gestiona la técnica y la industria, aunque sólo en cierto sentido. El ser como estar presente, en el sentido de lo que cuenta como stock de mercancías, como depósito calculable de utilidades disponibles se ha universalizado, aunque algunos no sepan siquiera de dónde viene semejante determinación.
Pero no percibimos al ser como estar presente en la primera exhibición del desocultamiento, que llevaron a cabo los griegos. Nos percatamos del
estar presente simplemente en toda sencilla reflexión, libre de prejuicios, sobre el estar delante y el estar a mano de lo ente. Estar a mano y estar presente son modos del estar presente y éste nos muestra, de manera inquietante y apremiante, que hemos de reflexionar sobre el hecho de que el estar presente determina un estar ausente.
El despliegue de la plenitud de transformaciones del ser se asemeja a una historia del ser en la que lo histórico de la historia del ser se determina por la manera como se da el ser. La sentencia de Parménides “Es preciso decir y pensar que el ser es”100 nos muestra que es ciertamente pensado el ser, mas no el ‘se da’. La traducción del griego de esta sentencia sería mas apropiada cambiando el ‘es’ por ‘puede’, entendiendo poder ser como dispensar y dar ser. El ‘se da’, sin embargo, se retira a favor del don, que se da, y será este don el que posteriormente será pensado y conceptua- lizado como ser referido a lo ente.
Heidegger propone un término para este dar que se limita sólo a dar su don y que se retira y se reserva a sí mismo. A un tal dar lo denomina ‘destinar’ (schicken). El ser que se da es lo destinado y lo histórico de la historia del ser se determina desde lo destinable de este destinar y no desde un acontecer al que se considera indeterminado. El destinar y el Se o Ello que destina se abstienen o contienen en su manifestación. Abstenerse o contenerse se dice en griego epoché, aunque época no tiene en este contexto un significado temporal sino que se trata de un rasgo característico del destinar, el guardarse a sí mismo a favor de la perceptibilidad del don.
100 Martínez Marzoa, F. (2000): Historia de la Filosofía I, Ediciones Istmo, S.A., p. 34.
Estos encubrimientos del ser a lo largo de las distintas épocas del ser permiten al pensar mirar precursoramente a lo que después se desvela como el destino del ser, representado como historia y ésta como acontecer. El camino para interpretar este acontecer es pensar anticipadamente los ulteriores pensamientos sobre el destino del ser, en definitiva, la destrucción de la doctrina ontológica del ser de lo ente, expuesto con anterioridad en el trabajo Ser y Tiempo. La tradición de la metafísica no es la del ser sino, al contrario, la de la nada y desde ahí no es posible hacer la pregunta sobre el ser. El lenguaje metafísico, su sintaxis y su semántica no permiten siquiera preguntar acerca del ser. La metafísica tradicional conduce al nihilismo, término que para Heidegger significa que la concepción metafísica del ser, que ha eliminado cualquier otra concepción posible, ha alcanzado un punto con la tecnología en el que ya no se permiten líneas de acción posteriores. Desde Platón, los filósofos han intentado alcanzar la verdad, aquello que permite explicar todo y este planteamiento nos ha llevado, finalmente, a una concepción actual del ser mediante la cual todo se mide en términos de eficacia, donde todo ha de ser lo más apropiado posible para resultar eficaz. Según esto, una entidad racional debe perseguir utilizar al máximo sus posibilidades para encajar perfectamente en el sistema de la tecnología y la cibernética moderna. Heidegger dice, definitivamente, que es preciso superar esta concepción metafísica del ser proponiendo no ya una superación sino un abandono de la metafísica a sí misma.
Las sucesivas representaciones del ser a lo largo de la historia no son sino palabras del ser que responden a su apelación en el destinar que se oculta a sí mismo, en el ‘se da’. El ser queda desocultado al pensar en cada
uno de los casos, retenido en la destinación que se retira. Considerando la conjunción ‘tiempo y ser’, el ser como presencia determina un rasgo temporal que da pie para conjeturar que el Se o Ello que da ser pudiera hallarse en lo que denominamos tiempo en el título ‘Tiempo y ser’.