• No results found

Aggregate Signatures

1. INTRODUCTION AND LITERATURE REVIEW

2.4 Inline Packet Modification

2.4.1 Aggregate Signatures

No hay caminos en mi vida, Señor; apenas senderos

que hoy abro y mañana desaparecen. Yo estoy en la edad de los caminos: caminos cruzados, caminos paralelos. Yo vivo en encrucijada

y mi brújula, Señor, no marca el norte. Yo corro cansado hacia la meta

y el polvo del camino se me agarra a cada paso, como la oscuridad a la noche. Yo voy a galope caminando, y a tientas busco un rastro, y sigo unas pisadas. Y me digo: ¿Dónde me lleva el camino? ¿Eres quien ha extendido

a lo largo de mi vida un camino? ¿Cuál es el mío?

Si Tú me lo has dado me pertenece. ¿Dónde me lleva? Si Tú lo has trazado quiero saber la meta.

Señor, yo busco tu camino (sólo uno), y me fío de tu Palabra.

Dame fuerza, tesón a cada paso para caminar contigo.

Yo busco ahora un camino, Señor. Tú, que eres Camino,

da luz verde a mi vida

27. LLEGAR

El desierto y el yermo se regocijarán, el páramo de alegría florecerá, como flor de narciso florecerá, desbordando de gozo y alegría... Se abrirán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como ciervo el cojo...» (Is 35,1.5- 6).

Hoy es el día. Día de los últimos pasos. Día de llegada. Probablemente, día de

emociones. Terminar el camino es, por lo general, una circunstancia en la que se pueden mezclar muchos sentimientos y vivencias.

Hay alegría, porque al fin se alcanza el destino. Y con ello parece que cobran sentido todos los momentos que he podido vivir hasta aquí: las dificultades, las alegrías, los momentos de apretar los dientes y seguir adelante, las ampollas, las conversaciones intrascendentes y las serias, los ratos de reflexión... Todo encaja un poco. Luego, cada cual lo expresa a su manera. Hay quien quiere cantar, hacer ruido, contagiar explosivamente su gozo; y hay quien prefiere un silencio tranquilo. Hay quien se abraza, quien llora o quien calla... Hay quien es expansivo y eufórico y vive la llegada como una explosión; y hay quien, más sereno, está simplemente contento.

Puede haber también (y quizás a la vez) tristeza, una cierta nostalgia por acabar una experiencia que, para muchos, es única en la vida. Si ha habido convivencia, relación, encuentro, uno se da cuenta de que las circunstancias tienen algo de difícilmente repetible. Esta sensación de intemperie, de desposesión, de libertad, de días en los que no hay otras urgencias más allá de vivir la etapa... Esa oportunidad de conversar sin prisas ni interferencias, de hablar y escuchar...: todo eso deja huella. Y por eso da cierta pena terminar. Si, además, has ido entrando en contacto con gente a la que no conocías, y ahora vuestros caminos se bifurcan, ¿cómo no sentir cierta melancolía?

Puede que en algún caso el camino haya sido tan duro, tan exigente o tan complicado que, en este momento, lo que se sienta principalmente sea alivio y ganas de terminar. Incluso en ese caso, llegar es importante... y dejará huella (más de la que uno piensa en este momento).

Hay expectativas: ¿Y ahora..., qué? Quizá la llegada viene asociada a celebrar. Es verdad: la llegada en el camino (ahora pienso en el Camino de Santiago) tiene sus rituales: hacer la Compostela para certificar que uno lo ha conseguido, visitar al Apóstol, participar en la misa del peregrino (y, si hay suerte, hasta ver el botafumeiro). Luego está la celebración gastronómica, de acuerdo con las posibilidades económicas. Lo lúdico y festivo tiene su lugar y su espacio también, aunque el cuerpo no suele estar para demasiados excesos.

Hay la necesidad de dejar que el tiempo lo ponga todo en su lugar. Ahora, como que

se han podido remover muchas cosas. ¿Qué quedará dentro de unos días, de unas semanas, de unos meses? ¿Qué recuerdos y qué posos dejará esta experiencia?

– Posiblemente, hoy no es día para demasiada reflexión. Pero quizá se puede intentar poner nombre a los sentimientos que uno tiene.

– Si tuviese que hacer un resumen rápido de estos días, ¿qué diría?; ¿qué he aprendido?

– En dos o tres palabras, ¿qué he vivido? (sobre mí, sobre los otros, sobre Dios). – ¿Qué ha supuesto para mí llegar?

– Y una pregunta que es tremenda. ¿Y ahora..., qué?

Mi tesoro

He perseguido sueños vanos, he comprado tesoros vacíos. He querido aprisionar amores y he cerrado con llave mi hogar,

para que no me lo invadan

He vestido mis dudas con falsas certezas y he tratado de matar mis miedos

cerrando los ojos, pero al final vuelvo a estar desnudo y temblando,

hasta que, al encontrarte, todo cambia. Tu evangelio es fuego que me enciende, llamada que me pone en camino,

tesoro por el que lo vendo todo y soy tan pobre y tan rico Tu palabra despierta la pasión. Tu vida es lección

que me enseña a vivir, a querer,

a saltar al vacío.

Contigo, los sueños son posibles, los tesoros infinitos,

La puerta está abierta, y el hogar repleto, de momentos, de historias, de encuentros. La fe arriesga, y el miedo calla. Me visto de Ti, en mi debilidad tu fuerza, y todo encaja... José M.ª R. Olaizola, SJ

Epílogo

(Vuelta a casa)

«Jesús se acercó y les habló: “Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Por tanto, id y haced discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles a vivir cuanto os he mostrado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo» (Mt 28,18-20).

Related documents