El subsistema “tecnológico” también es relevante puesto que describe las formas características en que las escuelas transforman sus inputs en outputs, es decir, los procesos a través de los cuales se realiza la enseñanza, la investigación y el servicio a la comunidad.
Siguiendo a Scott (1987), las tecnologías pueden diferir en términos de: a) complejidad o número de elementos diversos que la organización debe tratar simultáneamente, b) incertidumbre o grado de uniformidad de los elementos sobre los que se hace el trabajo y
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capacidad de predecir los resultados del trabajo y c) interdependencia o grado de interrelación entre los procesos de que esta desarrolla.
Para Birnbaum (1988), aunque las tecnologías utilizadas por las escuelas en el desarrollo de sus diferentes tareas pueden tener elementos en común, también hay ciertos aspectos que las distinguen. Entre estos, el autor reconoce que las propias tareas de docencia, investigación y extensión requieren la utilización de tecnologías diferentes. Por ejemplo, la docencia normalmente implica la enseñanza en clase, las prácticas, las tutorías a los alumnos, la realización de exámenes o la comunicación con los colegas, entre otros. La investigación, por su parte, suele requerir trabajo de campo, de laboratorio y de biblioteca o la comunicación con colegas de la misma u otra institución. Los programas de extensión a la comunidad implican, por ejemplo, trabajos de consultoría y comunicaciones con grupos del entorno.
Además, agrega Birnbaum (1988), las instituciones pueden especializarse en el desarrollo de su misión de forma diferente. En este sentido, algunas escuelas están más orientadas a desarrollar programas docentes con criterios de excelencia y otras pueden centrar sus esfuerzos en las actividades de investigación. En otro ámbito de cosas, la cantidad y la calidad de la materia prima básica del proceso educativo de las escuelas, que se correspondería con su alumnado, influyen decisivamente en el tipo de tecnologías que se pueden utilizar con eficacia. Finalmente, el autor establece que los profesionales que aplican la tecnología en las diferentes instituciones difieren en términos de su preparación y habilidades. En algunas escuelas o centros la mayoría de los profesores cuenta con una
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vasta experiencia en áreas altamente especializadas, en otros, el personal académico puede estar integrado en buena parte por profesionales recién egresados.
Lo planteado hasta este punto expresa una concepción de la organización como un sistema inscrito dentro de sistemas sociales más generales que conforman su entorno. Los sistemas dentro de esta concepción serán entendidos como estructuras normativas que garantizan el desempeño de funciones vitales para el mantenimiento de la organización y el cumplimiento de sus fines.
Estas funciones son desempeñadas por los miembros de la organización, de manera individual o encuadrada en equipos. En este sentido, las organizaciones serían sistemas de roles interconectados sobre los cuales influyen tanto las características técnicas de la organización como las características psicológicas de sus miembros y el entorno.
Esta concepción de sistemas elaborada desde una perspectiva sociológica converge con los desarrollos tanto de la cibernética como de la psicología social. Por su parte, la psicología social había contemplado un creciente énfasis sobre las relaciones humanas desde el final de la segunda guerra mundial. Desde este enfoque se habían abordado problemas “nuevos”–respecto a los planteados por la gestión científica – en el estudio de las organizaciones, como las necesidades humanas, la motivación, la frustración, la moraly las actitudes, las redes informales de comunicación y, de manera especial, el liderazgo, que ya se había convertido en el principal tema de la investigación organizativa. Kurt Lewin (1940) dio un importante impulso a la psicología social siguiendo esta tradición, pero incluyendo también aportaciones de otras ciencias sociales y poniendo el foco principal en
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los problemas relacionados con el cambio en la vida de los grupos sociales y desarrollando nuevos instrumentos y técnicas de investigación social.
Para Lewin (1940), los sujetos exploran activamente su campo perceptivo de manera que su vivencia del entorno es única e irrepetible. En dicha vivencia, además, juegan un papel determinante las relaciones con los demás sujetos. Podríamos decir que, desde su punto de vista, la conducta humana está orientada fenomenológicamente, de manera que no es posible comprenderla analizando exclusivamente las características personales del sujeto, ni tampoco las propiedades del entorno.
Lo que esta idea ponía de manifiesto era que buena parte del funcionamiento organizativo era construido socialmente en el curso de procesos emergentes en los que los significados son negociados permanentemente y sin un guión previo. Otros autores se refirieron a esta idea de las organizaciones como “construcciones sociales” (Lotto, 1990). “Cuando vemos la acción como el emergente de la interacción social, la perspectiva adopta una epistemología fenomenológica –la organización como realidad social compartida-. La idea sería que la realidad no hay que buscarla fuera de aquí para ser descubierta e interpretada, sino que dicha realidad es definida subjetivamente, a la vez que mantiene a través de las interacciones sociales, algún tipo de referencia respecto a cierta realidad objetiva. La diferencia entre realidades subjetivas y objetivas consiste en que la realidad objetiva constituiría la base de una variedad de realidades subjetivas. Las realidades subjetivas se establecen como el orden individual mediante el que se interpreta y da sentido a la realidad objetiva. Mediante el lenguaje y la interacción, se definen e interpretan los
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fenómenos, convirtiéndose en categorías que expresan la realidad tanto subjetiva como objetiva”.
La idea de que los individuos reinterpretan continuamente el mundo social que tienen a su alrededor influyó notablemente sobre los presupuestos y las estrategias necesarias para el análisis de las organizaciones. Esto es importante, porque la forma en que los sujetos construyen su visión de la organización va a influir poderosamente en las acciones que emprendan a continuación. Efectivamente, si hay algo característico de los seres humanos es que asignan continuamente diferentes significados a los hechos que perciben. Esos significados cambian en función de las circunstancias y también, ante el mismo acontecimiento, de unos grupos sociales a otros. Esto implica que en la organización coexisten diferentes visiones sobre esta y sobre su entorno (culturas); visiones que, además, son permanentemente “negociadas”en el interior del sistema social. “Para nosotros, mirar a las organizaciones en términos culturales es entenderlas constituidas y mantenidas simbólicamente, dentro de patrones más amplios de significado. Así como la tarea del antropólogo consiste en interpretar, descodificar y reconstruir los sistemas de significados de grupos específicos, nuestra tarea puede ser entendida coma la de interpretar, descodificar y reconstruir el significado de las organizaciones en la edad moderna. Así como estudiar una cultura significa para el antropólogo estudiar la construcción del mundo [por parte de los sujetos], el estudio de la organización puede significar estudiar la construcción de la organización” (Smircich, 1985).
También Dutercq (2000) señala la importancia de este cambio conceptual promovido por una “sociología pragmática de la organización en las escuelas”: “Al convertirse en una
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sociología de la acción organizada (organizing), la propia sociología de las organizaciones trazó el camino: por un lado las organizaciones, públicas o privadas, solo funcionan en virtud de las decisiones tomadas por sus actores, cuya racionalidad es aleatoria y no están motivados únicamente por cuestiones de poder, sino también por su visión del mundo; por otro lado son las propias organizaciones las que dan sentido a las elecciones de los individuos situándolas en una globalidad que les supera” (Dutercq, 2000: páginas).